lunes, 11 de julio de 2005

Se recomienda consumo crítico

Imagínese cómo cubrirían nuestros respetables matutinos la captura por defalco de la mayoría de un concejo en un municipio gobernado por el FMLN. ¿Alguien se puede imaginar que El Diario de Hoy o La Prensa Gráfica cubren esta noticia sin mencionar la afiliación partidaria de los acusados? Yo no.

Veamos La Prensa Gráfica del sábado 9 de julio. En la portada, un titular que nos remite a una noticia en las páginas interiores: "Presión política en Mercado Central. Miembro del FMLN propone sacar a vendedores no afiliados". Aunque conociendo el gobierno municipal de San Salvador me parece probable que hasta los administradores de los mercados sean militantes del FMLN, en la nota del reportero no se menciona su afiliación partidaria. Sólo en la madera en la portada.Sin embargo, la madera principal de la portada y el titular de las páginas 2 y 3 están reservadas para la verdadera noticia del día: la captura por fraude de 4 concejales y 3 funcionarios de la alcaldía de San José Villanueva. En este caso, ni la madera en la portada, ni el titular en página 3 ni el artículo que ocupa dos páginas enteras reporta la afiliación partidaria de los concejales acusados de un defalco de medio millón de dólares. Sólo al final del artículo podemos adivinar que se trata de un gobierno municipal de ARENA, cuando mencionan que "el alcalde Arias, quien busca una sexta reelección, dijo que informó al COENA de la anomalía y que sigue teniendo respaldo para las próximas elecciones. La FGR, por su parte, señaló que cualquier otro implicado será arrestado".

En ninguna parte se dice: "el alcalde Arias, de ARENA...." o "los concejales, miembros de ARENA..."

Nada de esto. Se habla del COENA de la misma forma que se habla de la FGR como si los dos fueran instancias comparables de autoridad. ¿Alguien se puede imaginar que en caso que los concejales acusados fueran miembros del PDC, el periódico hubiera escrito lacónicamente que "el alcalde dijo que informó a la CP", dado que la instancia superior del PDC se llama Comisión Política? Creo que sólo en el caso de ARENA se habla del COENA como si fuera una instancia estatal. Igual que en la Unión Soviética se hablaba del Buró Político o en Nicaragua de la Dirección Nacional y nadie dudaba de qué partidos estaban hablando. Estaban hablando del poder como tal, y así es aquí con el COENA.

Para ser justos, veamos como maneja El Diario de Hoy la misma noticia. La maneja igual. Sin mención del partido ARENA, como si los acusados en San José Villanueva fueran concejales sin partido. Ni siquiera se menciona al COENA. Una noticia aséptica, apolítica, sin tinte partidario, parece.

Uno se pregunta, conociendo el nivel de competencia entre los dos grandes matutinos, ¿cómo hacen para ponerse de acuerdo sobre este tipo de manejos? No creo que tengan un comité secreto para coordinar el trato desigual a los diferentes partidos. Tampoco quiero pensar que existe alguna instancia gubernamental que emite lineamientos al respecto. Tiene que ser por osmosis que asimilan las mismas actitudes...

¿Será casualidad que nunca cuando se refieren al caso Perla, nuestros dos principales periódicos mencionan su destacada militancia en ARENA? Probablemente no, porque cometen la misma omisión en el caso de la OBC: mencionan al señor Sandoval porque es imposible obviarlo, pero no mencionan que era precandidato de ARENA a la presidencia.

Una aclaración: hablo de los dos periódicos de mayor circulación. En el caso San José Villanueva, el diario El Mundo no cometió la misma falacia e identificó correctamente que el escándalo tiene lugar en una alcaldía gobernada por ARENA.

¿La moraleja de la historia? Cuando se avecinan elecciones, los periódicos deberían llevar un banderín como las cajetillas de cigarros, diciendo: el consumo de este producto puede ser nocivo para su salud mental, se recomienda un consumo crítico... (Publicado en El Faro)

lunes, 27 de junio de 2005

La carretera de la chatarra

Uno viene bien galán por la nueva autopista del Boulevard Constitución a Apopa y Soyapango, pensando que por arte de magia ha entrado al siglo 21 y al primer mundo, cuando de repente se termina el sueño y uno, de golpe, regresa a la triste realidad. Digo, a El Salvador. Digo, al caos.
Pasando encima del redondel de Soyapango, el primer frenazo: el carril derecho está ocupado por ventas callejeras y vehículos estacionados. La trampa está bien hecha: sigue la carretera de cuatro carriles con un separador de tráfico en medio, pero lo que era autopista apta para alta velocidad, de un momento al otro se convirtió en boulevard vecinal, con ventas en la calle, con retornos a cada rato, con tráfico cruzando, con camiones saliendo de talleres, etc. Claro, para mantener la sorpresa, no han puesto ninguna señal de tráfico que informa que aquí se termina la autopista.

Estamos en la Carretera de Oro. Durante años era un pedazo de autopista abandonada. La gente la usó para cualquier cosa menos de autopista: para secar maíz, para reparar camiones, para jugar fútbol, para hacer picnic familiar, para montar las ruedas de la feria de Soyapango.
Pero, de repente el MOP incorporó este tramo a su nuevo sistema de autopistas. Por uno de sus extremos, en Soyapango, lo conectó con el nuevo periférico oriental que conecta con Apopa, San Salvador y Occidente. Por el otro de sus extremos, en San Martín, lo conectan con la nueva autopista a Cojutepeque, San Vicente, San Miguel. De repente, este tramo olvidado y desconectado, la Carretera de Oro, viene a sustituir al Boulevard del Ejército y la Panamericana.
Sin embargo, a nadie se ocurrió que para adaptar la Carretera de Oro a su nueva función, habría que hacerle más que una reparación de su carpeta. A nadie se le ocurrió cerrar los 30 retornos que están habilitados en este tramo de sólo 11 kilómetros. A nadie se le ocurrió que en este tramo, convertido en autopista, seguir permitiendo tráfico cruzado, salida de camiones, ventas callejeras, comedores, chupaderos, discotecas, talleres de llanta y retornos cada 300 metros constituye un peligro enorme.

Si es que hay planificadores en el MOP deben saber que sin una separación del tráfico de larga distancia y de alta velocidad (autopista) del tráfico local y conectado con el tejido vecinal de comercio es imposible garantizar la fluidez y la seguridad del tráfico.Es por la violación permanente de esta regla, por parte de las autoridades competentes (MOP, policía, alcaldías, OPAMSS) que la Troncal de Norte entre San Salvador y Apopa, la Carretera de Oro entre Soyapango y San Martín y la autopista a Comalapa entre San Salvador y Santo Tomás se han convertido en carreteras de la muerte. Y además de esto, no cumplen con su función principal: garantizar la fluidez del tráfico interdepartamental.

Para comprobar lo dicho, sólo hace falta comparar los tramos mencionados con los tramos nuevos del periférico que conectan San Salvador con Nejapa y Apopa: no hay mezcla con el tráfico vecinal, por lo tanto hay fluidez y seguridad. No hay muertos y no hay embotellamientos. Pero el desorden ya se avecina: ya hay ventas y hasta restaurantes plegables en el redondel de Naciones Unidas, ya aparecen talleres comedores a la orilla de las nuevas autopistas.
Entonces, ¿se va a dar permisos a maquilas, centros comerciales, bodegas con alto tráfico de camiones, a la orilla de estas nuevas autopistas, así como si hizo en San Marcos a la orilla de la autopista a Comalapa?

¿Vamos a tener entre Apopa y Ciudad Delgado, sobre la nueva autopista, maquilas cuyos trabajadores van a cenar en comedores instalados sobre el carril de emergencia de la autopista, así como ya podemos admirar sobre la autopista a Comalapa? Yo sé que las nuevas carreteras son para crear nuevos polos de desarrollo. Perfecto. Bienvenidos sean. Pero la industria y el comercio no pueden estar situados directamente en las autopistas. Tienen que planificarse zonas industriales o comerciales, donde no se permite que cada negocio esté conectado directamente con la autopista. Estas zonas deben tener accesos alternativos con la red vial local, no directamente con la autopista, y las salidas y entradas a las autopistas tienen que ser planificadas bajo las normas establecidas para autopistas.

En las autopistas no hay y no puede haber salidas para cada casa, cada negocio, cada taller. Ni siquiera para cada colonia o parque industrial. Ni siquiera para cada municipio. En las autopistas, para que sean seguras y permitan fluidez, no hay salidas cada kilómetro, sino cada 10 kilómetros, con una red vial secundaria que conecta con los municipios aledaños, las colonias, las fábricas, los centros comerciales, las residencias. Si cada uno está conectado directamente a la carretera, ya no hay autopista. Nuevamente se mezcla el tráfico local con el tráfico de larga distancia, con todas las consecuencias fatales que conocemos de sobra.

Hay dos cosas que se pueden y se deben hacer inmediatamente: inhabilitar todo el montón de retornos, salidas, entradas ilegales que existen, por ejemplo en la Carretera de Oro. Pero igualmente en la autopista a Comalapa. Segundo, no permitir ningún negocio, ninguna construcción más sobre las autopistas, mucho menos sobre las nuevas. Ninguna salidita a ninguna casita, ningún tallercito o comedorcito.

Y después, ya con más tiempo y más fondos, lo parte más difícil: restablecer el orden donde ya se ha permitido e incentivado el sistemático desorden. Va a ver que construir accesos alternos a los negocios que en San Marcos se han asentado a la orilla de la autopista. A lo mejor una carretera local paralela y totalmente desconectada de la autopista. Esto costará mucho dinero que a lo mejor se hubiera ahorrado si desde el principio se hubiera planificado bien.

En las nuevas autopistas e incluso en la Carretera de Oro todavía es tiempo para evitar el desarrollo caótico que sale tan caro a la sociedad. Mientras el estado no cumple, es totalmente ilusorio esperar que los motoristas cumplan. El estado tiene que establecer un régimen especial de autopistas, con todo lo que esto significa, y cumplir estrictamente su parte. Lo que incluye hacer que la empresa privada, los constructores de parques industriales, centros comerciales y zonas residenciales cumplan por su parte. Entonces, y solamente entonces, puede el estado exigir y obligar a los individuos que manejen como se manda en una autopista. Por el momento, todo mundo maneja en la autopista como si fuera camino vecinal, porque de hecho es camino vecinal. Todo el mundo va por la izquierda como si fuéramos ingleses; todo el mundo traspasa por la derecha, todo el mundo para en plena autopista para beber agua de coco. Todo el mundo cruza la autopista como si fuera el pedazo de calle en frente de su casa.

Lamentablemente lo es. Con el agravante que ahí pasan otros que van para San Miguel o para Santa Ana 100 kilómetros la hora, pensando que están en autopista. No hay campaña de educación vial que puede resolver este problema. Se necesita planificación, políticas y leyes claras, y un estado que garantiza que se cumplan. (Publicado en El Faro)

lunes, 13 de junio de 2005

Ahora o nunca

Ahora, aparte de CD y CSD, tenemos FDR. Todos dicen que son la izquierda democrática. Algunos dicen que son socialcristianos, pero con tendencia socialdemócrata; otros dicen que son socialdemócratas y se llaman así; y los que están sacando del museo el nombre del FDR dicen (en privado) que también son socialdemócratas pero que necesitan la R de revolucionario en sus siglas para que las bases del FMLN no los tilden de derecha.

El CD es el CDU de siempre, en proceso de resurrección de los muertos vía el decreto especial Zamora, más sus viejos aliados de Iniciativa Ciudadana (Héctor, Héctor y Cia.), más algunos demócratas cristianos que no se quería quedar ni con Parker ni con Aguiluz, más grupos y personalidades anteriormente dispersos.

La Concertación Socialdemócrata nace de la unión del Movimiento Renovador, liderado por Facundo Guardado y Pablo Andino Parada, con Salvador Samayoa y un grupo de intelectuales y antiguos militantes del MNR del doctor Manuel Guillermo Ungo. Y el grupo que este fin de semana se presentó como FDR nace de la intención de algunos ex-comandantes como Francisco Jovel y Raul Mijango (quienes abandonaron el FMLN junto con Facundo pero no cabían bien ni en el Movimiento Renovador ni en la Concertación Socialdemócrata), de ofrecer a los a disidentes que recientemente rompieron con el Frente una alternativa organizativa potable para las bases del FMLN que siguen teniendo miedo de asociarse con “traidores” como Héctor Silva o Facundo Guardado.

Cualquiera que no está metido en la lógica interna de estos grupos pero que está esperando, desde hace años, que nazca una izquierda plural, democrática, amplia y fuerte como alternativa a un FMLN cada vez más aislado, más cerrado, menos plural y menos apto a competir contra ARENA, diría: ¿Por qué no se unen todos en un solo partido que desde el inicio nazca como fuerza tan plural e internamente tan democrática que puede aglutinar a toda la izquierda democrática, incluyendo a socialcristianos, a socialdemócratas y a los reformistas que ya no tienen perspectiva dentro del FMLN?

Quienes tenemos amigos en cada uno de estos tres grupos sabemos además que las diferencias programáticas son mínimas: todos son reformistas que no creen que para cambiar la sociedad hay que hacer la revolución; todos están profundamente comprometidos con los Acuerdos de Paz y los cambios pacíficos; todos están convencidos que el país necesita profundas reformas políticas, económicas y sociales; todos han aprendido -en diferentes momentos, de diferentes maneras y con diferentes niveles de trauma- que para producir estos cambios hay que estar separado del Frente y –si es necesario- confrontarlo y sustituirlo.

Todos los diferentes protagonistas de la izquierda democrática, aunque incapaces de unirse en un solo partido, comparten la convicción que para llegar al poder y reformar al país se necesita construir alianzas con sectores liberales de la derecha y del empresariado. La diferencia es más bien: algunos lo dicen y otros prefieren no decirlo. Prefieren mantener discursos más compatibles con las bases tradicionales de la izquierda. Algunos dicen claramente que ya no tienen nada en común con el FMLN, otros todavía hablan de posibles alianzas con el FMLN, sea por oportunismo electoral o por el miedo de que les acusen de traidores, vendidos y derechistas, o por la simple incapacidad de imaginarse una vida sin el Frente.

Entonces, regresemos a la interrogante inocente y provocadora: Si las diferencias son tan mínimas, si el contorno es tan hostil, y si el surgimiento de una nueva fuerza de izquierda es tan urgente, ¿por qué sus dirigencias no tienen voluntad o capacidad de ponerse de acuerdo y ofrecer una sola opción, un movimiento atractivo por su pluralismo y la riqueza de sus debates internos y con la sociedad? Indudablemente sería exitoso. Pensando en elecciones, sería la única forma de participar en el 2006 sin condenarse a desaparecer nuevamente. Ninguno de los grupos por separado tiene la más mínima posibilidad de sacar el 3% necesario para sobrevivir. Si Cambio Democrático, el más consolidado de los grupos, va solo a las elecciones del 2006, está condenado a la segunda muerte. En cambio, si todos van juntos, con un solo programa, una sola bandera, un solo pero pluralista liderazgo, pueden provocar un efecto matemático donde el resultado de la unión de tres partes es muchísimo más que su suma, ya que la unión activa factores de potenciación y apoyo que nadie puede lograr solo.

Una nueva fuerza de este tipo podría atraer a importantes sectores profesionales e incluso empresariales que no están metidos en política partidaria porque no se sienten identificados ni con ARENA ni con el Frente ni con partiditos impotentes. Una nueva fuerza plural pero unitaria podría volver a activar bases históricas de la izquierda que dieron la espalda al Frente y a los grupos minoritarios. Una nueva fuerza de izquierda deliberante y tolerante podría, sobre todo, volver a ganarse tal vez no la incorporación, pero si el respeto, y el acompañamiento de los miles de intelectuales que apoyaron a la guerrilla pero se negaron a dejarse manipular y dirigir por el Frente de la post-guerra.

Si las cosas son así, sigue válida e abierta la interrogante: ¿Por qué la izquierda democrática no se puede o no se quiere unir?

No es que no hubo intentos. Hubo una iniciativa conjunta de dos dirigentes de dos grupos diferentes, Salvador Samayoa y Héctor Silva. Reunieron a todos –los viejos dirigentes del CDU, los nuevos del nuevo CD, los socialdemócratas y los que ahora se presentan como FDR, y les propusieron un mecanismo muy simple: aprovechar la conversión ya programada del CDU en un nuevo partido para hacer algo mucho más grande y mucho más atractivo que Centro Democrático. Propusieron que la refundación del CDU se convierta en la refundación de la izquierda democrática. Y que juntos fueran a participar en el 2006, pero con un plan estratégico para ir a competir en serio en el 2009.

Este intento fracasó, porque los dueños del CDU se negaron. Pusieron miles de trabas para conseguir que primero se constituya el nuevo partido Cambio Democrático, con sus órganos de dirección, sus candidatos a alcaldes y diputados y sus programas, y que después quien quiera entrar entre y les ayude en la campaña.

Que los dueños de la casita que les ha permitido pasar el agua ponen trabas a compartir la casita para que otros la compartan y la terminen de construir, no es tan extraño. Lo extraño es que todos los demás se lo tragaron. Los dirigentes del CD se resignaron y siguen con el plan original de construir un partido capaz de sobrevivir. Los socialdemócratas se retiraron de las negociaciones frustradas y regresaron a su idea original de seguir construyendo en función del 2009; y los otros fueron a los archivos de la izquierda para pedir prestado el nombre y el prestigio un poco dañado del FDR para ofrecerle asilo político a los que ya o se aguantaron a salir del FMLN. Y otros todavía simplemente se aguantaron las ganas y decidieron quedarse en el FMLN porque no ven la alternativa.

Yo hubiera esperado más. A dirigentes y pensadores tan experimentados y definidos como Salvador Samayoa, Héctor Dada, Héctor Silva, Facundo Guardado, Nicolás García, Chico Marroquín, y a varios que no voy a mencionar con nombre ya que todavía están dentro del FMLN, hay que exigir más. Tienen una responsabilidad histórica. Tienen que responder a oportunidades históricas. No pueden ir a su casa y llorar las oportunidades no aprovechadas sin perder su calidad de dirigentes. Corren el riesgo que mañana (o sea, en el 2009), cuando al fin estén listos para lanzarse contra ARENA ya nadie les haga caso.

Todavía hay tiempo para evitar la debacle que espera a Cambio Democrático y al FDR en el 2006, si van por separados o en alianzas mal concebidas, en algunos lugares juntos, en otros con el Frente.

Todavía hay tiempo para sentarse, construir una estrategia común para el 2009 y, a partir y en función de ella, decidir como enfrentar el 2006. Es cuestión de voluntad y de madurez. Si no tienen esta madurez y voluntad, que se callen para siempre.

A los que siguen esperando la izquierda democrática como fuerza motriz del cambio, les recomiendo: entren en huelga política; no apoyen a ningún partidito, para obligar a todos a hacer juntos el movimiento grande que todos están soñando. (Publicado en El Faro)

lunes, 6 de junio de 2005

La mayúscula respetuosa. Introducción a la ortografía política

Siempre cuando me siento con mi hijo a revisar sus tareas, terminamos peleados por culpa de las estúpidas reglas ortográficas que dictan cuándo usar mayúscula o minúscula. Al pobre de mi hijo lo friegan por dos lados, ya que aprende las reglas españolas y las alemanas, que son al revés: en alemán todos los sustantivos se escriben con mayúsculas, cosa que es mucho más fácil de aprender.

Un día de estos que estuvimos peleando porque él había aplicado las reglas alemanas al español, yo le expliqué que en este idioma sólo se escriben con mayúsculas los nombres propios y que esto incluía no sólo nombres de personal, sino también de lugares, países, ciudades, instituciones, e incluso nombres de leyes, etc.

Entonces, mi hijo me trajo La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy y me metió en un gran lío. Sin buscar mucho, me mostró ejemplos como "el Secretario Nacional de Juventud", "el Canciller", "el Gobernante", "el Parlamento", "el Alcalde de Nejapa"...

Primero le expliqué que no hay que creer todo lo que está impreso, mucho menos impreso en los periódicos. Ni en política ni en ortografía. Bueno, me dijo, esto ya lo sé. ¿Crees que soy tonto? Como si alguien cree en los periódicos...

Segundo, le dije, hay que tomar en cuenta que esto es un periódico de derecha. Una de las características de la derecha es el autoritarismo, o el exagerado respeto a las autoridades. Por esto, tienden a destacar a todo lo que representa autoridad, con mayúsculas. En el caso de Dios y todos los sinónimos (el Todopoderoso, incluso Él cuando se refiere al Señor) esto es casi una ley. Pero igual distinguen con la mayúscula de respeto al Gobierno, al Presidente, a la Constitución, la Alcaldía, el Estado, la Policía, la Fiscalía. Porque no hay otra explicación por qué usar mayúscula en estos casos.

Le expliqué que yo, por mis orígenes anti-autoritarios y mi condición de izquierdista trato de no utilizar la mayúscula de respeto a la autoridad. Y que el uso exagerado de la mayúscula respetuosa es un indicador para la concepción autoritaria y derechista del autor. Ah, me dijo, ¿algo así como ponerse la mano en el pecho cuando cantan el himno nacional? Exacto, le dije.
Entonces, ¿cómo tú escribes sobre las autoridades?

Bueno, le contesté, siempre hay que usar mayúsculas para nombres, por ejemplo Ministerio de Gobernación es el nombre oficial de una institución; igual Asamblea Legislativa o Secretaría General de la Organización de Estados Americanos. Las leyes tienen nombres como Código Penal o Ley de Reservas Naturales. Pero, el gobierno no es nombre, ni tampoco lo es el presidente, así que no tiene sentido usar mayúscula...

El día siguiente agarré todo el montón de periódicos en la casa y hice una lectura de mayúsculas. Me di cuenta que es un solo relajo. Se encuentra alcaldías Municipales, Alcaldías Municipales y alcaldías municipales. El Ejecutivo, el Estado, la Constitución son las palabras que más consistentemente aparecen con mayúscula, pero otras como la policía aparece, a veces en el mismo artículo, como la Policía. A la Fiscalía casi siempre le tienen el respeto debido, pero a la policía a veces se la niegan. No siempre es Policía.

En La Prensa Gráfica del día de hoy, 5 de junio, encuentro en Enfoques, en una entrevista a Eduardo Zablah, la siguiente línea: "...no es 'plan de gobierno' pero sí un tema importante dentro del plan de Gobierno...."

En El Diario de Hoy del 27 de mayo, se habla en página 12 de la secretaría general de la OEA y en la página 10 de la Secretaría General de la OEA.

Incluso en los editoriales, escritos supuestamente por plumas muy cultas, aparece "la Administración Saca", y no sólo "el Presidente Saca" (que todavía podría alegarse que en este caso Presidente se transforma en título o rango y forma parte del nombre, como en el caso de "General Ponce" o "el Doctor David Escobar Galindo"), sino además aparece "el propio Presidente dijo" (editorial LPG, 25 de mayo, p. 35). Obviamente aquí ya no es nombre sino la pura mayúscula de respeto.

Pero ni esto es consistente. Mientras en El Diario de Hoy casi siempre el presidente es Presidente, en La Prensa Gráfica aparece más el presidente que el Presidente. Es grande la tentación de sacar conclusiones políticas sobre el grado de cercanía de los periódicos al gobierno. ¿Existe una ortografía política?

¿Cómo interpretar políticamente que escriben "comisión de pesca del Parlamento Europeo" y "la comisión de finanzas del Senado", pero en otra fecha escriben, correctamente, "la Comisión de Medio Ambiente y Salud Pública de la Asamblea Legislativa"? ¿Es menos institucional una comisión del Parlamento Europeo que de la Asamblea Legislativa de El Salvador?

La Asamblea Legislativa lleva mayúscula porque es el nombre de la institución. Pero Parlamento y Órgano Legislativo no son nombres. ¿Por qué voy e escribir "política de nación" y no "política de estado"? Hasta en El Faro me han corregido sustituyendo estado por Estado.

Igual me tienen confundido con la jerarquía dentro del servicio público. Don Antonio Saca es casi siempre Presidente. Don Francisco Laínez casi siempre Canciller, pero a veces lo bajan de nivel y aparece como ministro de Relaciones. Los otros miembros del gabinete siempre son ministros de algo, sólo en casos excepcionales aparecen como Ministro de algo. Para que un alcalde se convierta en Alcalde, no se qué tiene que hacer. Tony Saca, como es el jefe, lleva mayúscula siempre, por lo menos en el más autoritario de los periódicos, lo que nos lleva a abusos ortográficos como "el Gobernante Saca" (EDH, 27 de mayo 2005, p. 14).

¿Qué hago con este ejemplo (LPG, 25 de mayo, p. 22): "Somos la oposición al Gobierno"? Y si el redactor o el corrector es de otro partido, pondría: "Somos la Oposición al gobierno".

¿Cómo salir de este enredo? Muy fácil. Dejar de usar la ortografía para expresar respeto, autoridad, admiración. Escribir con mayúscula sólo nombres de personas, instituciones, leyes, etc. Escribir "Policía Nacional Civil", pero nunca "la Policía", escribir "la Fiscalía General de la República", pero "la fiscalía inició una investigación". (Publicado en El Faro)

lunes, 23 de mayo de 2005

"No basta la buena voluntad"

Dicen que todo era unidad y que sólo hay una voz disidente. No puede ser. Me sumo a la disidencia, no sólo por reflejo y costumbre, sino por razones serias.

Si El Salvador fuera un país con muy baja frecuencia de desastres naturales, tal vez sería suficiente la buena voluntad, así como todos la mostraron ante la amenaza de Adrián. Es cierto, en un país acostumbrado a la polarización y la incapacidad de enfrentar a los problemas del país mediante acuerdos, el hecho que en el momento de la amenaza de Adrián salgan en una sola foto el ejecutivo, los partidos de oposición incluyendo el Frente, los presidentes de los órganos del Estado y los alcaldes, constituye un antecedente prometedor de unidad y de buena voluntad. Igual el hecho que todos los partidos respaldaran en la Asamblea Legislativa el decreto el "estado de emergencia nacional y calamidad pública". Hay, por lo menos, buena voluntad.

Pero El Salvador es un país que sufre de calamidades, desastres y emergencias varias veces al año. Si no es terremoto son inundaciones. Si no son inundaciones son sequías. Si no son sequías son derrumbes. Si no son las colas de huracanes que vienen del Caribe, de repente son huracanes del Pacífico…

En El Salvador, una lluvia fuerte pone en emergencia a las poblaciones vulnerables. En El Salvador, la vulnerabilidad no es coyuntural o accidental sino permanente y estructural.
En El Salvador no es suficiente la buena voluntad.

Un país tan expuesto a desastres, con una población tan vulnerable (sea por su nivel de pobreza, por la insuficiencia de sus viviendas o por los lugares tan expuestos donde habitan) necesita mucho más que buena voluntad: necesita instituciones fuertes y dotadas con capacidades y fondos para hacer frente a los desastres, tanto en lo preventivo como en lo reactivo.

Disculpen que en estos momentos de unidad nacional y mutuas felicitaciones por no haber obstruido los esfuerzos conjuntos, en esta columna diga una cosa tan disonante: mostrar buena voluntad es mucho más barato que construir una institucionalidad que sea capaz de hacer frente a las emergencias. La buena voluntad se muestra con unas cuantas fotos y con un solo decreto. Cuidado, yo no digo que la voluntad mostrada por todos en la coyuntura de Adrián sea de mentira. Pero para mostrar que la unidad y la sinceridad van más allá de la buena voluntad, se requiere pasos concretos y esfuerzos sostenidos e institucionales.

La institucionalidad no sólo tiene un costo financiero y material, también tiene un costo político. Si tuviéramos instituciones consolidadas para prevenir y enfrentar desastres naturales, ya no sería el presidente de la república quien saldría en la tele coordinando la respuesta al desastre sino un grupo de profesionales sin interés político ni partidario; no serían los alcaldes que coordinarían las evacuaciones, ni las esposas de presidentes o alcaldes quienes repartirían víveres o colchas, sino profesionales siguiendo el patrón de planes de emergencia acordados y respaldados por todos. El espíritu unitario residiría en la concertación previa de los planes de emergencia y sus instrumentos orgánicos y financieros, no en salir todos juntos a hacerse una foto en una barranca.

Ya todo el mundo señaló que el país no tiene una legislación adecuada. Cuando no hay una ley adecuada se deja espacio para buena voluntad, improvisación y personalismo. También para la corrupción, el abuso, la partidización.

No se si la propuesta de "Ley de Prevención y Mitigación de Desastres y Protección Civil", presentada por la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) en el 2000 y que ahora el gobierno promete sacar del archivo y despolvar, es la legislación adecuada. Habría que abrir el debate sobre el tema, en vez de correr y aprobar en seis días una ley que ha pasado años relegada al archivo.

Lo que sí es obvio es que el decreto que sirvió a la Asamblea y los partidos para mostrar unidad y buena voluntad, es absolutamente inadecuado. Tan inadecuado que de hecho provoca la sospecha que detrás de la unidad nacional y la buena voluntad no hay más que un cálculo oportunista.

Primero, resulta absurdo que la Asamblea Legislativa tenga la potestad de declarar el estado de emergencia. En el caso de Adrián tuvieron suerte que se anunció dos días antes, cortesía que normalmente no muestran los desastres naturales. Reaccionar ante una emergencia, declarar el estado de emergencia, es tarea del gobierno, no es sujeto a discusión legislativa. La Asamblea puede ratificar después, pedir explicaciones, investigar abusos, pero no sujetar la respuesta a una emergencia a acuerdos partidarios. Ahora que todos estaban de acuerdo, esta aberración no causó daño práctico. Pero, ¿qué pasa si la próxima vez el gobierno quiere activar un plan de emergencia y el parlamento no se pone de acuerdo?

Es un malísimo antecedente. Teóricamente, el presidente hubiera que vetar este decreto. No por no estar de acuerdo con las medidas, sino por razones constitucionales y para evitar que la Asamblea se sienta con el derecho de decidir en casos de emergencia.Imagínese todo los que la Asamblea decreta: que los niños no vayan a la escuela por dos días, asueto para empleados públicos, que el ministro de gobernación coordine el plan de emergencia y que todas las entidades estatales estén obligados a colaborar. Esto es, disculpen la palabra, estúpidamente absurdo. No puede ser que el ejecutivo no tenga facultad propia, sin decreto legislativo, a suspender clases y labores. No puede ser que se necesite un decreta legislativo para decidir quien va a asumir la responsabilidad. ¿Y si la próxima vez el órgano legislativo decreta poner a la cabeza del plan de emergencia al ministro de turismo?

La única cosa importante que había que discutir y aprobar en la Asamblea, el cambio presupuestario para financiar las medidas de emergencia, ni siquiera se mencionan en el decreto legislativo publicado en los periódicos. Si hay una ley obsoleta que obliga al Ejecutivo a buscar aprobación de la Asamblea para declarar el estado de emergencia, tampoco se menciona en el decreto. Lo único que se publica en el excesivo despliegue es la lista de medidas que obviamente no requieren de aprobación legislativa.Toda esa confusión e improvisación es muestra de la falta de institucionalidad. Vimos mucha voluntad, muchas fotos de ministros y alcaldes disfrazados de bomberos, pero hasta ahora poca voluntad política de crear instituciones fuertes para prevenir y enfrentar desastres. Vimos poco voluntad para crear instituciones profesionales que eliminan el peligro que las emergencias se usen para que los políticos de todos los partidos y los gobernantes de todos los niveles estatales salgan en las fotos mostrando buenas voluntades e improvisando respuestas concretas a las calamidades. (Publicado en El Faro)

lunes, 9 de mayo de 2005

Hoy hace 60 años en el parque de un castillo de Austria

Escribo esas líneas un 8 de mayo. Día de la rendición alemana hace 60 años. Día de la liberación, para unos. Hora de vergüenza, por la derrota, para otros. Hora de la vergüenza, por haber sido incapaces de liberarse ellos mismos del régimen dictatorial y genocida, para otros. Hora cero. Para unos, porque se había acabado su mundo: cero futuro, cero esperanza. Para otros, la hora cero del inicio, del arranque hacia un futuro digno. Unos bailando, otros de luto, todos muertos de hambre, sentados sobre los escombros.

Yo cumplí exactamente seis meses de vida aquel día histórico que terminó la Segunda Guerra Mundial, por lo menos para Europa. Mi familia se había refugiado de Poznan, donde vivíamos, evadiendo las tropas soviéticas; después de Berlin, evadiendo la lluvia de bombas, hacía la tranquila provincia austríaca de Kärnten. Ahí la guerra ya había terminado unas semanas antes, con la llegada de las tropas británicas. Del castillo encima del pueblo donde se habían establecido las familias refugiadas de altos funcionarios alemanes, los ingleses nos desplazaron a los establos, poniendo en el castillo su puesto de mando y cuartel.

Aquel día de la capitulación alemana, el 8 de mayo de 1945, yo me convertí en el sostén principal de mi numerosa familia. Así me solía contar mi madre, y así me lo confirman mis hermanos.
Este día llegó, aparte del final de la guerra, el final de las lluvias que acostumbran caer durante todo el mes de abril. Salió el sol. Mi hermana me acostó en un destartalado cochecito y me puso a solear en el parque del castillo. Ahí me dejó solo, saliendo en su bicicleta a visitar las granjas afuera del pueblo para ver si canjeaba los últimos restos de la valija de la familia por víveres. En vano. A las horas regresó, sin nada de comida. Me encontró felizmente dormido, en medio de una gran fiesta campestre con la cual los soldados británicos estaban celebrando la victoria. Mi coche estaba repleto de provisiones: latas de atún, leche en polvo, aceite, fruta enlatada, chocolate, cigarros, hasta una botella de ron de 80 grados de la Royal Navy (la cual ese mismo día mi hermana llevó a una de las granjas para regresar con una enorme jamón ahumado, mientras los cigarros las convirtió en papas y repollos).

Lo que había pasado es lo siguiente: cuando los británicos recibieron la noticia de la capitulación alemana y salieron al parque para celebrar, me encontraron abandonado, sudado y llorando. Entonces, me mudaron a la sombra y como no dejé de llorar, me comenzaron a llenar el cochecito con regalos...

Mis hermanos me confesaron años después que a partir de este día me llevaron al parque todos los días, procurando que tuviera razones de sobra para llorar, o sea por hambre o por frío o por calor o por sed, recogiendo de esta manera todos los días provisiones que, de paso sea dicho, los soldados aliados tenían tajantemente prohibido regalarlas a la población alemana o austríaca. Confraternización se llamaba el delito.

¿Por qué cuento ésto? Es mi manera de decir que para mí, el 8 de mayo siempre ha sido un día para festejar. Festejar el regreso de la paz. Paz concebida como la oportunidad que los hombres, incluso los guerreros, vuelvan a actuar como humanos. Festejar el colapso del régimen totalitario más criminal de la historia.

Este día, en el parque de un castillo de Austria, no sólo terminó la guerra. El 8 de mayo de 1945, en este parque hermoso en Kärnten, nació Europa. La Europa que hoy está unida como nunca, borrando fronteras geográficas, políticas, lingüísticas, culturales y mentales. Para que este proceso de unificación se diera, primera había que derrotar al principal obstáculo: el nacionalismo criminal llamado fascismo que se había apoderado no sólo de Alemania, Austria e Italia, sino también de España y de amplios sectores de países como Francia, Croacia, Hungría, e incluso Inglaterra y Estados Unidos.

Este monstruo todavía no está del todo muerto. Vive todavía en minorías en casi toda Europa, levantó la cabeza en los conflictos en la ex Yugoslavia. Pero aquel día 8 de mayo de 1945, cuando los soldados británicos desobedecieron órdenes y dieron de comer a una familia alemana, este monstruo fue vencido, abriendo un proceso que ha llevado a una Europa en la cual hoy una generación de europeos se olvida de las fronteras. Siguen existiendo las fronteras pero ya no detienen a nadie. Los jóvenes europeos hoy buscan noviazgo, empleo, universidad, diversión a donde les da la gana en Europa. O donde hay chance.

Tengo un amigo que tiene pasaporte alemán, casa en Holanda, trabajo en Bélgica, esposa italiana y además un chucho de origen húngaro. Maneja un carro producido en Inglaterra por una compañía alemana. Si no me equivoco, fuma cigarros españoles y toma Whiskey irlandés. Ama la cocina alemana, pero detesta el sistema escolar alemán, razón por la cual se mudó para Holanda, donde además puede comprar marihuana en tiendas. Su hijo habla alemán, holandés, inglés, italiano. Su hija estudia en Polonia y está por casarse con un portugués que trabaja en la República Checa para una compañía española. Sus nietos, cuando nazcan, serán simplemente europeos. Tendrán un pasaporte emitido por algún país particular, pero esto importará no más que el sello de la alcaldía que habrá emitido su DUI.

Los señores Adolf Hitler, Benito Mussolini, Francisco Franco, Henri Philippe Petain y sus camaradas estarían dando patadas si podrían ver a esta generación de ciudadanos europeos. Pero igualmente se morirían nuevamente, pero esta vez de rabia y desilusión, los señores Joseph Stalin y Walter Ulbricht y sus compeñeros, porque este citado amigo europeo nació en la Alemania socialista de ellos, estuvo preso en aquel paraíso de los obreros por tratar a cruzar la frontera-muro y, peor aún, por difundir ideas de izquierda pero muy radicalmente democráticas.
Por todo esto y mucho más que no cabe en esta columna, hoy domingo 8 de mayo me echaré unos tragos para celebrar lo que pasó hace 60 años en el hermoso parque de un castillo en Kärnten. (Publicado en El Faro)

lunes, 2 de mayo de 2005

Se provee política exterior incluyendo transporte

No tener política exterior es como no tener soberanía. Si de todos modos empeñamos la política exterior, supeditándonos al State Department, mejor de un sólo pidamos que nos den el estatus de Puerto Rico de estado asociado a los Estados Unidos. Si de todas formas ya no hay soberanía ni en política monetaria, ni en seguridad nacional ni tampoco en relaciones exteriores, como estado asociado, aunque seríamos casi colonia, por lo menos gozaríamos de los beneficios de la sumisión. Mejor educación, acceso ilimitado al mercado de trabajo de Estados Unidos...
¿Le parece muy cínico este razonamiento? Sí lo es. Pero viene a la mente observando la manera como el gobierno salvadoreño trata de vender la total sumisión a Washington como política exterior salvadoreña. Lamentablemente, en este campo Tony Saca no ha roto con las malas políticas heredadas de Francisco Flores.

Primero, la candidatura de Flores a la Secretaría General de la OEA. Era obvio desde el principio que Flores no era el candidato idóneo para este cargo. Era obvio también que lanzarlo y promoverlo, con todo el aparato de la diplomacia salvadoreña, no correspondía al interés nacional salvadoreño. Por nada hubiera convenido a la imagen de El Salvador tener en la Secretaria de la OEA a un hombre como Flores, tan incapaz de construir consenso y tan visiblemente dependiendo de Washington.

La candidatura de Flores y todo el discurso de la unidad centroamericana que el gobierno Saca empleó para promoverla, tenía un sólo propósito: evitar que a la secretaría general de la OEA llegara alguien con una visión de política regional independiente de Washington. Para esto lanzaron a Flores, y para esto lo retiraron. Para crear una correlación favorable al candidato de Washington que obviamente no era Flores sino el canciller mexicano. Y para evitar que el continente respaldara al candidato chileno que representa las aspiraciones de los gobiernos suramericanos de tendencia socialdemócrata de crear un organismo continental que respete la pluralidad y la soberanía de los países americanos.

El fracaso de la política exterior salvadoreño no reside en el hecho de no haber logrado llevar a Flores a la Secretaría General de la OEA. El fracaso de la política exterior de Tony Saca y Francisco Laínez reside en no haber logrado llevar a este cargo al canciller mexicano. La maniobra cuadriculada entre Washington, México y San Salvador fracasa. Después del empate en las primeras rondas la balanza se inclina hacía el candidato socialdemócrata que representa al bloque Chile, Argentina, Brasil, Uruguay. Para suavizar la derrota, Washington deja caer a Derbez y abraza a Insulza quien de todas formas hubiera ganado. Condoleezza Rice recibe el primer revés en su nuevo cargo de secretaria de Estado. Lo asume con cierta elegancia, poniendo buena cara al golpe, estrechándole la mano a Insulza, segura que con esto no se acaban los recursos de Washington para mantener en inercia a la OEA. Mostrando la generosidad de los poderosos, permite incluso que el canciller salvadoreño, Francisco Laínez, salga en la foto de Santiago de Chile. No sólo sale el niño en la foto con los grandes, incluso le suben al Air Force Three para viajar como los grandes. Gobierno y prensa en El Salvador interpretan el hecho que la princesa del país de las maravillas le haya dado aventón al canciller salvadoreño como un honor y como "reconocimiento al país." ¡Vaya dignidad!

Tony Saca y su canciller presentan cada uno de los fracasos de su política exterior como triunfos. Se retira Flores de la carrera a la OEA, y en vez de callarse y humildemente asumir el costo que indudablemente tiene cuando un gobierno latinoamericano queda en evidencia como peón sacrificado en el ajedrez geopolítico de Washington, declaran en voz alta que la campaña de la diplomacia salvadoreña en favor de la candidatura de Flores era exitosa, permitiendo adquirir experiencias y llegar a conocer todos los países del continente y del Caribe. Como si la cancillería es una especie de agencia de viajes.

Y cuando al final Washington también deja caer al otro candidato en beneficio de cual se armó todo esta charada de mover a Flores por el tablero y luego sacrificarlo, de nuevo regresa nuestro canciller al país con una gran sonrisa. No sólo lo dejaron viajar en el avión de la princesa, sino que, más allá de este triunfo de la política exterior salvadoreña, aquí regresa un canciller que ha participado en la solución de la crisis de la OEA. Que todos los tiros de esta batalla les fueron por la culata y al final asumirá la dirección de la OEA el hombre que a toda costa querían evitar, ya no importa. Salimos en la foto de Santiago de Chile, viajamos primera clase, y trajimos a tierras salvadoreñas a la princesa Condoleezza, aunque sólo por una especia de escala técnica de tres horas. Por lo menos, como declaró Tony Saca, "la condición de amigos entre ambas naciones queda ratificada." Vaya sorpresa.

En este caso, por suerte el interés nacional se impuso a pesar de los esfuerzos del gobierno salvadoreño. A El Salvador le conviene que en la OEA no gobierne un político salvadoreño que amigo de George Bush. Conviene a todos los países del continente, incluyendo El Salvador, tener al frente de la OEA a un hombre como José Miguel Insulza, un diplomático que ha probado que no recibe órdenes de Washington pero tampoco cae en las tentaciones anti-norteamericanos de las izquierdas ortodoxas y populistas. Conviene a todo el continente que gane fuerza e influencia la tendencia socialdemócrata, concertadora e integracionista que representan el presidente chileno Lagos y su ministro Insulza.

Sin embargo, la falta de una política exterior propia de El Salvador, a pesar de que en el caso de la OEA no logró producir el daño deseado, sí arrojó resultados negativos para el país. Jugar como se hizo en el caso de la campaña de Flores con la unidad y los intereses de Centroamérica es un pésimo antecedente. Jugar como se hizo con los sentimientos patrióticos de un sector de la población que quiere ver a un salvadoreño en un cargo internacional importante, es peligroso. Lanzar a un candidato supuestamente representante de Centroamérica y andarlo promoviendo de capital en capital, sólo para sacrificarlo en beneficio de otro candidato más idóneo para representar los intereses de Estados Unidos, no construye confianza sino desconfianza y desunidad.

PS: Como El Faro espera que siempre cumplo con mi deber de crítico de medios, aquí una mención de honor a La Prensa Gráfica. En todo el contexto de la visita de Condoleezza Rice a El Salvador, la Prensa se llevó el premio: "Grupos de izquierda no prevén protestas para hoy" es el título, y el artículo comienza así: "El FMLN guarda silencio. Este partido no ha programado ninguna actividad ni ha organizado ningún pronunciamiento por la visita de la secretaria de estado de EUA, Condoleezza Rice."

Hasta ahora, todos sufrimos esta horrible limitación del periodismo noticioso de sólo poder cubrir lo que pasa. Hoy la Prensa rompe barreras y comienza a cubrir lo que no pasa. Pronto leeremos titulares como: "El Papa no piensa casarse" o "No hubo asesinato ninguno en Sonsonate" o talvez "En el 2006 no habrá alianza Arena-FMLN"... (Publicado en El Faro)