lunes, 10 de julio de 2006

Sin ambigüedades, por favor

Mucha gente, con las mejores intenciones, está haciendo llamados “a reflexionar sensatamente sobre esta incontenible espiral de violencia” (citado de un comunicado de la UES), refiriéndose a la muerte de dos agentes antimotines de la PNC a manos de un comando armado que actuó desde adentro de una manifestación y después se refugió en la Universidad de El Salvador.
Bueno, reflexionar siempre es bueno. Y sensatamente, mejor. Pero, ¿quién dice que esta violencia del 5 de julio es incontenible? Mucho cuidado con estas afirmaciones: Ni es incontenible ni es espiral. Los policías muertos no son resultado de una espiral de violencia, sino de una espiral de estupidez, confusión y ambigüedades.

El país está lleno de violencia, pero no existe ninguna espiral que lleve a ese tipo de violencia. La violencia del miércoles pasado es de voluntades. Nace de la voluntad y del cálculo político enfermizo de un grupo político que quiere crear una espiral, provocando reacciones como la toma violenta de la UES o la aprobación de las leyes antiterroristas, para después poder decir: Miren, vamos hacia una nueva dictadura.

Esta violencia que nos asustó a todos el 5 de julio es fácilmente contenible si aislamos, de manera radical, a los grupos que quieren revivir la lucha armada artificialmente, dejándolos sin retaguardia, sin escudo, sin escondite cómodo y seguro en la UES, en los movimientos de protesta, en el FMLN. Sin solidaridad. Sin comprensión. Sin consideración.

Si la violencia fuera resultado de una escalada de reales confrontaciones sociales, entonces sería difícil de contener. No estoy diciendo que no existe confrontación social. Existe y sigue nutriéndose de la situación económica y política del país. Pero no existe una confrontación que va en escalada, que agota sus canales de expresión, que se topa con represión y genera una espiral de violencia que lleva a acciones armadas como las del 5 de julio. La decisión de llevar fusiles a una manifestación y matar a policías no nace de las confrontaciones reales que hay en la sociedad. Si esto fuera el caso, habría que preocuparse.

Nadie tiene por qué hablar de “violencia incontenible”. Hay que contenerla, negándole a los grupos violentos que sigan utilizando la universidad y las protestas civiles para realizar sus sueños de una nueva lucha armada. Nadie tiene derecho de cobijarse detrás de la autonomía universitaria y detrás de las protestas populares para cometer delitos y aventuras político-militares.

Nadie tiene derecho a poner en peligro la universidad, sus estudiantes, su desarrollo académico para acciones armadas. Nadie tiene derecho de poner en peligro a los participantes de marchas de protesta infiltrándolas con armas. Nadie tiene derecho de robarle a la gente la posibilidad de manifestarse sin miedo a encontrase en fuego cruzado. Y nadie tiene el derecho de comprometer a todo un partido de oposición -cuya legalidad y presencia institucional ha costado sangre- para avanzar sueños trasnochados de la lucha armada. Si la comunidad universitaria, los movimientos sociales y los militantes del FMLN se niegan a ser instrumentalizados y violados, la violencia es fácilmente contenible.

Lastimosamente, tanto en la UES como en el movimiento social como en el FMLN hay sectores que piensan que pueden instrumentalizar a los grupos violentos para sus propios fines. Hay coincidencias ideológicas, hay relaciones de solidaridad y hay mucha ambigüedad. No estamos de acuerdo, pero no condenamos, no aislamos, no contenemos. Ambas actitudes –la de apoyo a los grupos armados y la de ambigüedad- están haciendo un terrible daño a la universidad, al movimiento social y al FMLN.

Detrás de la ambigüedad, o existe complicidad o una confusión política muy seria. En una crisis como la del 5 de julio, ¿a qué o quienes se percibe como atentando contra la universidad, contra el movimiento social y contra el FMLN? ¿A la policía o a los grupos autodenominados de izquierda que utilizan a una manifestación social y a la universidad para acciones armadas y para refugiarse?

¿Una crisis como la del 5 de julio, constituye la oportunidad para cerrar filas con todos que estén en contra la derecha (la represión, el modelo neoliberal, o como se quiere llamar al enemigo común) – o es la oportunidad para cerrar filas con todos que quieren defender lo conquistado con las Acuerdos de Paz, la desmilitarización y la incorporación de la izquierda al sistema político del país, contra cualquier aventura de violencia armada, provenga de donde provenga?

Estas interrogantes hay que discutir –en el seno de la UES, del movimiento social, del FMLN, de la izquierda en general- y sacar conclusiones claras, sin dejar lugar a ambigüedades.

Posdata (por si las dudas): ¿Si estoy de acuerdo con que la PNC ponga francotiradores en el techo de un hospital? ¿Si estoy de acuerdo con que la PNC, desde un helicóptero o desde otras posiciones, haya ametrallado al edificio de la rectoría de la UES? No, estoy en total desacuerdo. Pero esto no es el tema. El francotirador en el Bloom no ha disparado a nadie. Del helicóptero o desde donde sea que han disparado hacia la UES, nadie ha disparado a matar. Desde la manifestación sí. Por esto, para mi, la exigencia no es "Policías fuera de la universidad" sino "Una universidad sin armas y sin violencia".

¿Si estoy de acuerdo con la tesis de ARENA y del gobierno que los disparos del 5 de julio rompieron los Acuerdos de Paz? No. Por más que los autores de esta violencia armada quieren comprometer al FMLN, ellos no son signatarios de los Acuerdos de Paz. Sus disparos no son la prolongación de la lucha armada de los miles de combatientes del FMLN que depusieron sus armas respetando el cese al fuego firmado. La lucha armada del FMLN histórico terminó con los Acuerdos de Paz. Y no son excombatientes que vuelven a disparar a policías. Estas acciones armadas no son violaciones al cese de fuego ni a los Acuerdos de Paz, igual que no lo son las acciones armadas de las maras. No hay nada comparable entre la manera como en los años setenta nació la lucha armada como respuesta a un régimen que vía represión cerraba todos los espacios a la oposición no armada y la acción armada de hoy que nace de puro voluntarismo, sin legitimidad, sin contexto social, sin consideración ética.

Que existen sectores en el FMLN que tengan vínculos con estos nuevos grupos armados, no da pauta para hablar de un rompimiento de los Acuerdos ni para poner en duda la legalidad del FMLN como partido. Por lo menos no más que las vinculaciones que pueden tener sectores vinculados a ARENA con secuestradores, grupos de exterminio de delincuentes o con el crimen organizado. Cada uno va a pagar el costo político por sus malos amigos y sus ambigüedades. Pero la paz no está en juego.
(Publicado en El Faro)

lunes, 3 de julio de 2006

Un cuento hipotético

Primer paso: Se inaugura la Plaza Roberto D’Aubuisson en uno de los nuevos redondeles creados en lo que fue la Finca El Espino. Basado en un acuerdo del Concejo Municipal de Antiguo Cuscatlán, el partido ARENA erigió un monumento en homenaje a su fundador, inmortalizando en grandes placas de mármol las consignas con las cuales D’Aubuisson lanzó su campaña anticomunista: “El arma más poderosa de los hombres libres es el voto”, “Patria sí, comunismo no”, “Primero El Salvador, segundo El Salvador, tercero El Salvador” y “Presente por la Patria”. Faltaba el quizás más importante: “Haga patria, mate un cura…”

Tambien la Calle Pedregal de Merliot, que conduce de este redondel hacia el El Platillo, pasando por los nuevos centros comerciales Multiplaza, La Cascada y La Gran Vía, recibió el nombre de Mayor Roberto D’Aubuisson.

Bueno, por lo menos una parte de la Calle El Pedregal. Porque sobre la otra parte –la que pertenece al municipio de Santa Tecla- no tiene poder el COENA de Arena. Aquí gobierna el FMLN. O más bien: Oscar Ortiz. Antes de que el partido le pueda dar línea de cómo reaccionar a la plaza y la calle D’Aubuisson, Oscar inaugura, en el redondel conocido como El Platillo, la plaza Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Y la misma Calle Roberto D’Aubuisson, al cruzar el límite municipal e ideológico, se llama Calle Monseñor Oscar Arnulfo Romero.

Víctima y victimario comparten una sola calle. Entre dos redondeles de Ciudad Merliot está suspendida, de manera sintética y simbólica, la historia contemporánea de los salvadoreños.

Los representantes del FMLN, por supuesto, protestan contra el hecho de que ahora una plaza pública lleve el nombre de quien ellos consideran el líder de los escuadrones de la muerte. A los derechistas, por supuesto, les disgusta el homenaje a quien consideran un traidor a la iglesia y la patria.

Uno que está en medio de los dos extremos (y de las dos plazas, con su Universidad Matías Delgado), el poeta David Escobar Galindo, declaró en agosto de 2006: “Conociendo a los dirigentes de nuestros dos partidos mayoritarios, hicieron los homenajes de mala fe. Son declaraciones de guerra. No se dan cuenta que han creado una milla de la reconciliación.”

Sin embargo, a esta altura no muchos eran tan visionarios como para llegar a esta conclusión. Más bien, se desató una especie de guerra de homenajes.

El FMLN hizo un análisis político-histórico y otro cartográfico. Detectaron que dos de los nuevos redondeles en El Espino, situados entre la Colonia San Benito y la flamante Plaza Mayor D’Aubuisson, forma parte del municipio de San Salvador, donde gobierna la doctora Violeta Menjívar. Bueno, digamos donde gobierna un Concejo Municipal compuesto por reconocidos líderes comunistas y otros que vienen de las FPL y de otros lados. En este concejo se generó un debate bien complicado: unos querían contrarrestar la Plaza D’Aubuisson con una Plaza Schafick Handal; otros dijeron: Si los areneros pueden hacerle un homenaje a los escuadrones de la muerte, dejémonos de pajas y pongamos una Plaza Comandante Marcial. Aprovechemos la coyuntura para rescatar a este líder histórico. Hubo quienes no estaban, para nada, de acuerdo con esta propuesta, y propusieron más bien una Plaza Comandante Ana María. Incluso hubo un cínico que dijo: ¿Por qué no los dos? Si ya han puesto a Monseñor a compartir una calle con su asesino, ¿por qué no podemos poner un monumento a Marcial en un redondel y otro a Ana María en el siguiente? Lo dijo medio en (mala) broma, pero parece que había rescatado la unidad. Y así resolvió el Concejo: A partir del 10 de octubre, aniversario de la fundación del FMLN, el primero de dos redondeles en El Espino se llamará Plaza Comandante Marcial y el segundo redondel Plaza Comandante Ana María. Nuevamente, víctima y victimario comparten una calle.

Obviamente, estas decisiones del FMLN y su alcaldía capitalina, tenían que provocar reacciones fuertes. Para no abusar del espacio de esta columna, las voy a resumir en una lista, en orden cronológico:

La cooperativa El Espino, dueña todavía de la parte de la finca declarada reserva forestal (no tomando en cuenta las 55 manzanas que necesitaba urgentemente el Club Campestre para ampliar su campo de golf que, de paso sea dicho llevará el nombre “Parque ecológico Hugo Barrera”), anuncian su decisión irrevocable de convertir el resto de los cafetales en otro parque ecológico, pero denominado “Parque Napoleón Duarte”, en homenaje al impulsor de la reforma agraria que los hizo dueños de estas tierras.

El ministro de Defensa, acompañado por el presidente de la República y la alcaldesa de Antigua Cuscatlán, anuncia que la Escuela Militar ubicada en la finca El Espino, será rebautizada en homenaje al máximo héroe de la Fuerza Armada en la guerra civil, Coronel Domingo Monterrosa.

En el mismo acto, la alcaldesa de Antiguo Cuscatlán, inaugura en frente de la Escuela Militar, un monumento en homenaje al coronel Monterrosa. Un invitado de honor, otro especialista en acciones de tierra arrasada, el excoronel Mauricio Staben, en su primera aparición pública en El Salvador después de la guerra, dijo: “Este lugar en frente de nuestra Escuela Militar estaba mal llamada Plaza de Naciones Unidas. Pero no son Naciones Unidas que han conservado aquí la libertad y la institución armada, sino hombres como Domingo Monterrosa.”

Un mes después, se inaugura en la vecina Santa Tecla, en frente de la Plaza Merliot, un monumento para las víctimas de la masacre de El Mozote. Para construirlo, trasladaron desde el Museo de la Revolución los restos del helicóptero en el que murió el autor de la masacre, el coronel Domingo Monterrosa.

Y así podría continuar la historia. Acción y reacción. Mi héroe, tu villano. La mitología de los males y los buenos.

Pero muchas veces la historia no toma el rumbo que han trazado sus protagonistas. Afortunadamente, en nuestro caso.

Diez años después, buses panorámicos circulan en toda la zona entre la Escalón, San Benito, El Espino, Merliot, Santa Elena y Santa Tecla, con turistas, pero también con alumnos de los colegios de todo el país. El tour que ofrecen, guiado por estudiantes bien formados en la historia de nuestro país, se llama “Tour de la Paz”. Cualquiera que se mete en esta aventura, organizada conjuntamente por el Museo de Historia Contemporánea, la Asociación de Historiadores y la Federación de Veteranos de la Guerra Civil, recibe un curso extensivo de la historia reciente del país. Los buses disponen de equipos audiovisuales. Mientras recorren las plazas y avenidas con sus monumentos, los visitantes van conociendo, en grabaciones de audio, slideshows y videos, a los protagonistas de nuestra historia. En las plazas y los parques que todavía se llaman como las hemos bautizado en esta historia, aparte de los monumentos existen pabellones con centros de documentación computarizados donde el visitante puede profundizar sus conocimientos sobre el conflicto, sus protagonistas, el contexto social y cultural de la guerra.Al fin, tuvo razón la hipotética posición de David Escobar Galindo. Lo que era una zona de disputa sobre quiénes eran los malos y quiénes los buenos de la historia, con el tiempo se convirtió en un distrito de reconciliación, donde caben todos, porque todos éramos parte de la historia.

Cuando uno, después de una guerra, sólo quiere ver monumentos de sus propios héroes, tiene que ganar la guerra. Coincidimos con Don David, el poeta y negociador, que la mayor suerte de El Salvador ha sido que nadie ganó la guerra. Siempre la historia es escrita por los vencedores. Cuando no hay vencedores, es más complicado, pero también hay más probabilidad de que al final haya menos mentiras, menos mitología, más verdad. Nuestra historia la tenemos que escribir entre todos.

(Publicado en El Faro)

lunes, 19 de junio de 2006

Un deporte extraño

¡Que fiesta la del mundial de fútbol! ¡Que bonito ver a los checos humillar al equipo de Estados Unidos y después a los de Ghana derrotar a los checos! ¡Aún más bonito ver a los italianos no poder derrotar a los estadounidenses! ¡Que deleite ver los de Trinidad Tobago resistir a los suecos y a los argentinos desmantelar a los ucranianos! Y ver a los australianos –verdaderos nobodies en el fútbol internacional- poner en aprietos a las superestrellas con sobrepeso de Brasil - ¡qué satisfacción!

Alemania 2006 una fiesta mundial donde, por unas cuatro semanas, quedan suspendidas las correlaciones de fuerza normales, igual que las divisiones tradicionales entre malos y buenos dictados por el political correctness. Puedo aplaudir hoy a los checos que dan lecciones en fútbol ofensivo y elegante a la superpotencia política-militar, y mañana a los futbolistas de Estados Unidos faltándole el respeto a la superpotencia futbolística de Italia.

Lástima que tanta gente se pierde lo rico de esta fiesta supeditando sus emociones a lealtades políticas (“hay que apoyar a cualquiera contra Estados Unidos”; o “siempre voy con los negros de África”) o racistas (“siempre voy con los latinos”; o “son superiores los europeos”; o “no puede ser que los negros –los asiáticos- también quieren dominar el fútbol”).

Me doy cuenta que mucha gente no puede disfrutar plenamente unos partidos emocionantes, porque no saben verlos sin el filtro de sus preferencias, sus prejuicios, sus adversidades, sus afinidades raciales o sus ídolos sustitutos.

Nunca he entendido cómo un país como El Salvador puede estar dividido en aficionados del Real y aficionados del Barca. Todo el mundo tiene su equipo favorito aun antes de haberlo visto jugar. Y casi nadie sabe distinguir entre las preguntas ¿quién va a ganar? y ¿con quién vas?
El que va con Brasil, no puede ver lo lindo del fútbol del equipo adversario. Y viceversa, por supuesto.

A pesar de todo esto: Alemania 2006 es una fiesta. La manera en que los alemanes han organizado y proyectado el mundial aporta mucho al entendimiento, a la tolerancia, a la amistad entre los pueblos. El país anfitrión, el continente europeo, el mundo –tan contaminados por el racismo, el chauvinismo, los nacionalismos- necesita urgentemente un antídoto como es la fiesta futbolista.

A pesar de la pésima labor de muchos árbitros (quienes obviamente tienen resentimientos contra los futbolistas quienes se hicieron millonarios con su arte y se lo desquitan comportándose como pequeños dictadores distribuyendo tarjetas amarillas); a pesar de que estamos condenados a tragarnos a los comentadores del Canal 4 que se dedican a repetir y repetir y repetir los lugares comunes más trillados sobre los países participantes, sobre las razas y sus características, sobre los equipos y los jugadores protagonistas; a pesar de todo esto, Alemania 2006 es una linda fiesta que contagia a todo el mundo con su espíritu deportivo, su enfoque multicultural, y con la recuperación del fútbol ofensivo.

Lástima que este lindo deporte no se practica en El Salvador. Perdón, no es cierto: todos los días se practica en las canchas polvosas de los cantones, barrios y escuelas. Sólo que de ahí no pasa. Porque lo que se practica en los clubes profesionales, en la federación, en la liga, en la “selecta” - es otro deporte que no tiene nada que ver con este arte alegre que se practica en el resto del mundo.
(Publicado en El Faro)

lunes, 5 de junio de 2006

Juguemos en serio

Después de dos debates en "Encuentros, la cena política de El Faro" (¿De qué vamos a comer como país? I y II), con un total de 10 economistas reconocidos, y después del reciente discurso anual del presidente Saca, todavía no sé cual es la apuesta de El Salvador para volver a crecer.

Los debates los convocamos precisamente para explorar “De qué vamos a comer como país”. Obtuvimos respuestas interesantísimas a varias preguntas fundamentales: ¿Cuál es el rol que el Estado debería jugar para facilitar el desarrollo y el crecimiento? ¿Cuáles son las condiciones mínimas para cualquier tipo de desarrollo? Pero no obtuvimos respuesta a las preguntas: ¿De qué vamos a comer como país?, y ¿A qué debe apostar el país parea ganar el desarrollo?
Después me dijeron que el presidente, en su discurso en ocasión del segundo aniversario de su gobierno, iba a plantearle al país las grandes apuestas de su gobierno para sacar al país adelante.
Igual que en las exposiciones de los economistas que me habían hecho el honor de conformar nuestras dos mesas de debate sobre las apuestas económicas, el presidente dijo muchas cosas interesantes y válidas a retomar en las discusiones que llevan a tomar decisiones en el ámbito de política y economía. Pero apuestas claras no hay.

Sin apuestas claras, estoy convencido después de estos debates, el país no logrará desarrollarse. Apostar es poner todo en una canasta. O en dos o tres. Pero no en todas. “Apostar a todo es apostar a nada”, dijo uno de los economistas en Encuentros.

Apostar es concentrar los recursos del país -humanos, financieros, intelectuales, materiales- en dos o tres visiones. Apostar en dos o tres campos significa, por definición, sacrificar otros. Apostar en política -como en el juego o en el amor- significa decisión, sacrificio, riesgo. En política, a diferencia del juego y del amor, esto requiere de consenso. Ningún presidente, ningún grupo social, ningún partido puede asumir los riesgos solo, ni tampoco juntar las voluntades, las capacidades y los recursos.

Sobre todo -también lo señalaban los economistas de mis mesas de debates- requiere además de liderazgo. Tony Saca tiene liderazgo y potencialmente puede utilizarlo para crear los consensos indispensables para que el país haga las apuestas que tiene que hacer para avanzar.

A veces da la impresión de que el presidente quiere usar su liderazgo para esto. A veces, no. A veces da la impresión de que cede a las presiones y resistencias en su propio campo: partido y empresariado. Le quedan tres años. Todavía hay tiempo para crear una verdadera alianza para el desarrollo suficiente fuerte para hacer apuestas, tomar los riesgos, concentrar los esfuerzos - y ganar. Ganar abriendo al país la ruta al crecimiento y desarrollo. Esta alianza es otra cosa que las alianzas que sabe inventarse ARENA para campañas electorales. Sería una alianza que atravesaría los sectores sociales y los partidos.

Quisiera un presidente que tiene la visión y el valor de proponerle al país unas dos o tres apuestas estratégicas. Vamos a transformar a El Salvador en un país que conquista el desarrollo equitativo en tres campos: agroindustria-exportación; turismo-ecología; exportación de mano de obra calificada vía un sistema de formación técnica y vía acuerdos no sólo con Estados Unidos, sino con Europa, Australia, etc.

O si no son estas, que sean otras dos o tres o cuatro de la lista de potenciales apuestas. Con tal que exista definición, concentración y visión compartida.

A partir de estas visiones compartidas -sobre las apuestas y cómo realizarlas- cada uno puede asumir su papel. Capacitarse para asumir su papel. Crear las infraestructuras adecuadas. Invertir en los rubros ganadores. Generar las tecnologías adaptadas. Poner las escuelas, las universidades, las inversiones en educación y los programas de becas en función de las apuestas.
Una vez que la ruta esté clara, el Estado debe actuar como facilitador, como catalizador, como rector. Dependiendo de la apuesta que se haga, habrá becas sólo para ciertas carreras, pero para estas muchas. Habrá dinero sólo para los institutos de investigación que aportan a la apuesta, pero para estos un montón de dinero. Habrá incentivos fiscales sólo para los rubros que necesitamos desarrollar para ganar la apuesta.

Pero hay que definir qué queremos. Si la apuesta es exportación de energía eléctrica, no es turismo y ecología. O al revés. De la definición de qué tipo de mano de obra queremos insertar en el mercado internacional de trabajo depende qué tipo de sistema de educación necesitamos. Si queremos seguir mandando jornaleros a Estados Unidos, la única inversión que hay que hacer en educación es que sea bilingüe. Si queremos negociar con el mundo que nos den decenas de miles de becas a nivel técnico y a nivel académico, combinados con permisos limitados de trabajo y adquisición de experiencia, necesitamos revolucionar nuestras escuelas y universidades como lo hicieron los tigres asiáticos.

Si la apuesta del país es industrialización, la universidad tiene que producir otros profesionales distintos a si la apuesta es que nos convirtamos en un gran parque ecológico que reciba a millones de turistas.

Pido que el debate que El Faro abrió con los dos Encuentros sobre el tema terrestre de “¿De qué vamos a comer como país?” sea retomado en las universidades, los gremios de profesionales, los think tanks de derecha e izquierda, en los círculos del poder empresarial, en los partidos y en Casa Presidencial.

¿Estoy pidiendo lo imposible? ¿Es muy prepotente querer imponer un tema? Sí, a las dos preguntas. ¿Y qué?
(Publicado en El Faro)

lunes, 29 de mayo de 2006

A ver si me sale un Wagner (vea columna transversal pasada)

Queridos decanos de la Universidad de El Salvador:

No se cómo han llegada al decanato. Por mérito académico, obviamente no. Por amar a la universidad, tampoco.

En la vida no he visto un gremio académico tan mediocre, miope y cobarde que Ustedes, sentados en el Consejo Superior Universitario (no) discutiendo el futuro de su universidad. Mediocres por la forma de (no) analizar la problemática de la universidad. Miopes por no ver la grave enfermedad de una universidad que ya no tiene la fuerza para cumplir sus funciones básicas: servir a la sociedad, investigar y educar. El jueves pasado, cuando se negaron a aprobar el plan de fortalecimiento de la UES presentado por la rectora María Isabel Rodríguez y los 25 millones de dólares ofrecidos por el BID para financiarlo, ustedes niegan a la universidad la posibilidad de regenerarse.

Además, cobardes. Ni uno de ustedes levantó la mano para votar por los 25 millones. No tenían el valor para decir no – y cargar con el costo y la deshonra. Ni el valor de decir sí – y cargar con el riesgo que los grupos de choque los vean mal. Se abstuvieron. Sucumbieron a las amenazas y los chantajes. Dejaron sola a la doctora después de haberle prometido su apoyo. Dejaron sola a la universidad. Dejaron solos a miles de estudiantes que exigen una mejor universidad. Si la votación hubiera sido secreta, talvez hubieran cumplido con su promesa y su deber…La abstención no les servirá de nada. El costo siempre lo van a pagar ustedes. La sociedad y la comunidad universitaria les van a exigir que expliquen este acto de miopía y cobardía. Que expliquen por qué le quitan a la universidad 25 millones de dólares.

No se cómo va a explicar usted, señora decana de medicina, su votación a sus estudiantes y sus docentes que casi unánimemente le exigieron que votara en apoyo al proyecto y al financiamiento. Ustedes, decanos de medicina, oriente y occidente, ¿no les dio pena ver que sus estudiantes, rompiendo con el miedo sembrado por una minoría violenta, se hicieron presentes masivamente para exigirle a ustedes que voten por el “sí”? Y Ustedes absteniéndose. O en el caso de oriente, votando en contra del proyecto y en contra de sus estudiantes.

Los demás tienen el derecho de equivocarse. Ustedes no. Son los decanos. Es su deber querer y proteger la universidad. Cumplan o renuncien.

No muy cordialmente, les saluda Paolo Luers
(Publicado en El Faro)

lunes, 22 de mayo de 2006

Correo para Wagner

Querido Wagner:
Escribes en el periódico más detestable de Alemania, pero ¡coño, qué columna más cachimbona la tuya!

Tu periódico es una mierda, es la destrucción del periodismo. Los hechos, sustituidos por chambres. El debate, por batallas de lodo. La objetividad, por propaganda reaccionaria. El arte de la polémica, por ataques a la dignidad de los adversarios, o sea a cualquiera que sea de izquierda.

No era casualidad que cuando un loco le pegó un tiro a Rudi Dutschke, el líder anti-autoritario del movimiento estudiantil de los sesentas, en todas las ciudades los estudiantes quemábamos camiones de distribución de BILD. “BILD jaló el gatillo” era la consigna del día.

Más de treinta años después, BILD no ha cambiado. Pero de repente sale una columna que se llama “Correspondencia de Wagner”. Leída por 5 millones de alemanes. Leo tus cartas y me dan envidia. Qué manera de llegar al punto. Normalmente al punto donde duele. Hiciste algo increíble: Te apoderaste del estilo de BILD –los textos cortos, el lenguaje de la calle, el ataque, el tiro a las emociones- de una manera tan perfecta que te permite mantener la forma, pero cambiar el contenido. En vez de excrementos, tiras argumentos. Agarras a la gente en sus emociones, pero para hacerlos pensar. Te apoderas del periodismo populista, pero lo desnudas de lo reaccionario. Y sos tan bueno –y tan popular- que no te pueden parar.

Para mis lectores aquí unos ejemplos del arte de Wagner:

Querida directora de escuela en Berlin:
Usted describe a sus alumnos como si fueran hijos de Satanás. Que son malos, agresivos, ya no alcanzables. Que botan puertas, que tiran basureros a sus maestros. Más de 80 por ciento de sus alumnos tiene padres árabes o turcos. Los pocos alumnos alemanes en su escuela hablan mal alemán ya que tienen miedo de ser alemanes. ¿Qué es la agresión, estimada directora? Primero se esconde en docilidad, luego en resignación, apatía. Pero después explota.

Para mí, los niños son náufragos en el mar de la escuela. Sus padres son marginados, y los jóvenes saben que igualmente terminarán marginados. No sé cómo se puede enseñar a estos desesperados la palabra amor. Amor al prójimo, amor a las mariposas, sencillamente amor a lo bello. Amor a lo que lloramos.

Esto sería un comienzo.

Cordialmente, su J.F. Wagner

Querida familia Sürücü:
Ustedes me dan asco, como una comida podrida. Pero nunca avanzamos si dejamos de hablar unos con los otros…

¿Por qué la familia Sürücü, residente en el barrio Kreuzberg de Berlin, no siente dolor? Su hijo menor acaba de ajusticiar a su hermana con tres tiros a la cabeza, porque vivía “de manera occidental”.Sólo son 10 minutos en taxi de mi casa a Kreuzberg, donde tuvo lugar el “asesinato de honor”. Tan lejos. Tan cerca. Yo creo que todo esto es una conspiración contra Dios. Mi Dios es misericordia. Mi Dios perdona. Mi Dios ama. ¿Qué clase de Dios tienen Ustedes, querida familia Sürücü?

Muy cordialmente, su F.J. Wagner

Queridos habitantes de Potsdam:
En su ciudad bella donde Federico el Grande construyó su castillo de verano Sanssousi –sin preocupación-, en la madrugada del domingo de la Semana Santa ocurrió lo siguiente: Un científico alemán, originario de Etiopía, de 37 años, es vapuleado por desconocidos y dejado en coma. El alemán de piel oscura está, en este momento, dejando un mensaje en el teléfono de su esposa.

En el buzón de mensajes de repente irrumpen voces extrañas: “¡¡Nigger de mierda, cerdo estúpido!!”

Una bella ciudad se vuelve gris. Sanssouci ya no está sin preocupaciones. Los maravillosos jardines, las mansiones con muelles, a partir de esta Semana Santa, ya no son los mismos. El mal vive.

Yo no sé como hacer para desterrar el mal de Potsdam. Algunos dicen con lanzallamas, otros dicen con buenas palabras. Yo no soy mucho de perdonar y absolver. Me gusta más lo del lanzallamas.

Saludos cariñosos a Potsdam. Para mí, la ciudad más bella de Alemania.
Su F.J. Wagner

Responder a problemas sociales y morales del país. Hacer pensar a la gente. Llamar a la reflexión. Ser franco y directo con sus emociones – esto es periodismo progresista. Pero manteniendo el lenguaje de BILD, el lenguaje del populismo. Con todas las contradicciones típicas de populismo: cuando conviene, llamar a la violencia (“me gusta más lo del lanzallamas”); cuando conviene, llamar al amor (“mi Dios perdona”). Pero tú, Wagner, lo haces para que la gente reflexione. Nada más 5 millones de lectores de BILD, que ya no entienden otro lenguaje, que ya no leen un artículo de más de 150 palabras.

No sólo en política, las cartas hablan igual de cocina, de música, de deporte. Aquí un ejemplo de cómo Wagner interviene en uno de los debates más emocionalmente sobrecargados de Alemania.

Querido Oliver Kahn:
Cuando un rey es depuesto, busca asilo en otro país, donde usualmente muere de depresión. Esto no se lo aconsejo. El exilio no es un lugar donde el alma encuentra paz.
Lo que le está pasando a Usted, Oliver, son tormentas de la vida. Le doy permiso a derramar unas cuantas lágrimas solitarias, pero hasta ahí. Un héroe siempre sigue su camino por más oscuro y tenebroso que este sea.


Espero que Oliver Kahn esté cuando necesitemos héroes. No lo quiero ver a la par de una piscina, con 20 libras demás.

Lo que quiero decir es: El exilio engorda. Pero en la banca de los reservistas -el lugar más horrible del mundo- uno puede volverse el más grande. Humanamente maravilloso – un rey que no huye.
Cordialmente, su J.F. Wagner


Querido Wagner, a ver cuánto tiempo te aguantan en BILD, o cuánto tiempo tú aguantas navegando con tu columna en un mar de excrementos, perjuicios, calumnias que es BILD. Te deseo que sea para largo, porque sos una especie de antídoto proporcionado conjuntamente con el veneno. En cualquier caso -si ya no puedes escribir en BILD- yo te consigo que te publiquen tus cartas en El Faro. Mientras tanto, con tu permiso, a veces voy a tomar prestada la idea de las cartas.

Cordialmente, su P. Luers

(Publicado en El Faro)

lunes, 15 de mayo de 2006

El Faro

Cuando apareció El Faro en 1998, no le hice caso. Ni como lector, ni mucho menos como periodista. Roberto Turcios y Brenny Cuenca trataron de convencerme que El Faro era la continuación lógica de Primera Plana (que habíamos cerrado en 1995) y de Tendencias (que ellos estaban al punto de cerrar). Que había que meterse, escribir, empujar, apoyar. No por solidaridad sino por el propio interés de mantener abierta la posibilidad de un medio nuevo, independiente, comprometido con el profesionalismo, la ética, la ventura del periodismo.

Simplemente no les creía. No me parecía ni atractivo ni viable un periódico digital. No veía cómo competir una publicación virtual contra los monstruos que devoraban bosques anualmente. Recuerdo que le dije a Roberto Turcios que El Faro iba a fracasar o, en el mejor caso, estar condenado a la sobrevivencia como medio alternativo. Que si lo dejaban sobrevivir los grandes, era porque por estar escondido en el nicho del periodismo alternativo no molestaba a nadie. Mi posición era: o podemos hacer periodismo de verdad y jugar con los grandes – o mejor no lo hagamos. Pero déjenme en paz con lo alternativo. No estoy para jugar a periodismo. Si no hay espacio ni pisto para hacer un periódico verdadero, mejor me quedo vendiendo cervezas…

Además no me inspiraban ninguna confianza los fundadores de El Faro: un tal Jorge Simán y un tal Carlos Dada, ambos hijos de papas célebres (Don Pepe Simán y el doctor Héctor Dada, dos intelectuales con gran trayectoria en la izquierda democrática del país). ¿Pero, dónde estaban estos muchachos cuando Horacio Castellanos, Miguel Huezo Mixco y este escribano hicimos periodismo militante durante la guerra? ¿Dónde estaban estos bichos cuando nos enfrentamos a los comandantes para rescatar el periodismo independiente que necesitaba el país en la posguerra? ¿Dónde estaban cuando nos echamos al lomo la tarea de fundar Primera Plana y defender su concepto y su independencia contra la incomprensión tanto de la izquierda como de la derecha? En última instancia, simplemente era imposible imaginarse que estos dos muchachos, juntos con otros aún menos experimentados, iban a lograr lo que nosotros acabamos de comprobar que era imposible: un medio independiente y profesional en El Salvador.

Precisamente esta prepotencia, sospecho hoy, tiene que haber sido uno de los factores que nos hicieron fracasar con Primera Plana. Éramos muy autosuficientes – en todo menos en lo más importante: el capital.

El Faro es un ejemplo (desafortunadamente muy escaso en este país) que no hay que depender de los liderazgos formados durante y vía el conflicto armado. El Faro es un ejemplo de que comenzar con humildad pero con perseverancia tiene una gran virtud. El Faro es un ejemplo de que es mejor comenzar con un concepto abierto, hecho para el cambio, diseñado para el crecimiento y el aprendizaje.

Esto es lo que El Faro ha hecho durante ocho años: crecer, cambiar, aprender, abrir espacio para todos los que quieren participar. En el camino ha atraído hasta a los escépticos y prepotentes como este ahora fiel y convencido columnista de El Faro.

Todos estamos convencidos de lo indispensable que para el periodismo es el pluralismo. En Primera Plana lo aplicamos con firme convicción. Pero de una manera muy primaria: Para que Primera Plana fuera pluralista, tuvimos nosotros que criticar a la izquierda igual que a la derecha, al movimiento social igual que a la empresa privada. El Faro ha logrado un pluralismo mucho más sólido y real: Ha logrado que en sus páginas se expresen gente de derecha y de izquierda. Y además ideas representativas para las diferentes corrientes que hay dentro de la izquierda y de la derecha. Esto es pluralismo orgánico, el nuestro en Primera Plana era pluralismo virtual.

También en otros terrenos El Faro ha llegado mucho más lejos que todos nosotros pensábamos. En cuanto a difusión e impacto, ha logrado tanto precisamente porque es digital. Lo que todos –menos un par de visionarios que hoy hay que felicitarles- pensábamos que era una limitación, resulta siendo una ventaja. No automáticamente, sino resultado de una concepto adecuado y de un arduo trabajo de difusión y promoción, El Faro como periódico que sólo existe en Internet ha logrado un impacto enorme. Limitado, pero enorme. Limitado por las barreras sociales, educativas y culturales que limitan el uso del Internet. Los sectores pobres y los sectores con grandes deficiencias educativas no usan Internet, por lo tanto no tienen acceso a El Faro.

Pero dentro de los sectores –por cierto crecientes a un ritmo desmesurado- que usan Internet, El Faro se ha abierto un espacio grande, sólido y cualitativamente importante. En la clase política, los sectores gerenciales y las capas profesionales, intelectuales, creativos y académicos, El Faro ya no es un medio de nicho, mucho menos un medio alternativo. Es un medio que pesa, igual o más que los grandes. Entre los jóvenes –donde las barreras sociales que tradicionalmente condicionan el acceso a Internet tienden a perder importancia-, el impacto del Faro puede crecer igual o más que el de los periódicos impresos. Esto ya depende de la calidad de los contenidos y del atractivo de las formas, y no del carácter digital o tradicional. Y lo bonito: depende mucho menos de fuertes inversiones que en el caso de los medios tradicionales.

La gran ventaja de El Faro es la relación entre costos y difusión. ¿Cuánto más tiene que gastar un periódico tradicional para crecer en lectores, en comparación a un periódico digital que de un dólar disponible puede invertir 95 centavos directamente en periodismo, en calidad periodística, en investigación, en capacitación, en inteligencia?

Dos años de trabajo con El Faro me han convencido -a esta altura parece que mucho más que los mismos fundadores de El Faro- que el futuro del periodismo independiente, novedoso, atrevido, investigativo se encuentra en Internet, no en la prensa impresa. Las enormes inversiones que requieren los medios tradicionales son un serio obstáculo no sólo para su independencia, sino también para su agilidad de cambiar la forma de producir y presentar los productos periodísticos.

El Faro apenas tiene ocho años de existencia. Tiene donde y tiene como crecer. Tiene los lectores más exigentes del país. Tiene los reporteros jóvenes más talentosos del país. Tiene editores que han descartado puestos y salarios importantes para trabajar en El Faro. Tiene un pool de columnistas que reúne más capacidad crítica que cualquier otro periódico grande del país es capaz de atraer. Tiene una capacidad de convocatoria para entrevistas, debates, información, colaboración que obviamente trasciende las posibilidades de un medio de nicho, un periódico alternativo.

Me siento orgulloso de formar parte de El Faro donde los jóvenes definen la marcha y los viejos tenemos cabida.
(Paublicado en El Faro)