lunes, 16 de abril de 2007

Yo no he dicho nada

A veces lo mejor es callar y dejar que hablen otros. Otros más cercanos al problema a tratar:

En El Salvador hasta se empieza a perder la frontera entre informador y político, o entre periodista y político. Alguien que ayer entrevistaba en un programa de opinión, mañana es tu adversario político en la Asamblea, o en el gabinete. Y se dice que es de lo más natural del mundo, que eso es la democracia.

Ciertamente cualquier ciudadano tiene derecho a incursionar en partidos políticos. Pero cuando se usa el medio de comunicación como trampolín político, y se aduce que se hace con toda objetividad, veracidad, imparcialidad, uno tiene derecho a preguntarse: ¿Quien me está invitando a una entrevista? ¿Es mi adversario político o es un periodista? ¿Es mi rival o es un profesional de los medios?

Sigfrido Reyes, vocero del FMLN, en Encuentros – la cena política de El Faro, 12 de julio 2005, sobre “El rol de los medios de comunicación en la construcción de la democracia de El Salvador”. Que nadie entienda mal a Sigfrido: Estaba discutiendo con y sobre Julio Rank, periodista convertido en político de ARENA, y Jorge Hernández, entrevistador de TCS. Cualquier aplicación de este criterio a otros periodistas y candidatos, no es responsabilidad del FMLN, sino del lector.

lunes, 9 de abril de 2007

Víctima del prejuicio

Qué bueno que escribo en El Faro, donde se admite que un columnista critique al editorial de su propio medio. El último, titulado “Las víctimas del subdesarrollo”, no puede quedar sin comentario crítico.

Algunas discusiones son como redondas, redundantes. Llegan a ciertos niveles de comprensión, de cuestionamiento de posiciones tradicionales. Pero de repente, toda la discusión es reseteada como una computadora, y todo comienza de cero...

Así la discusión sobre la migración. Supuestamente, después del informe que publicara el PNUD sobre el Desarrollo Humano 2005 - “Una Mirada al Nuevo Nosotros. El Impacto de las Migraciones”, ya no se podía regresar a los mismos esquemas de ver la migración.

En El Faro le dimos mucha importancia a este informe. En ‘Encuentros – la cena política de El Faro’ le dedicamos dos debates al tema. William Pleitez, coordinador del Informe del PNUD, dijo en Encuentros: “O fortalecemos esos vínculos para verdaderamente poder inclusive edificar ese país transterritorial que tenemos, o nos conformamos a que todos esos migrantes al final de cuentas van a ser una pérdida de ciudadanos para nosotros.”

Entonces, ¿en El Faro ya nos conformamos a que la migración a final de cuentas es una pérdida para el país? Yo no. Por esto no estoy de acuerdo poner a la migración a la par de la violencia – sólo porque los dos nos causan “bajas”.

El que emigra, no es baja. La migración no es un fenómeno negativo. Aquí hay un lenguaje que yo identifico como reaccionario, en el cual las palabras migración, transculturación, globalización, todos son negativos.

El que emigra, sea del campo a la ciudad o de su país subdesarrollado a uno de los países industrializados, no es desertor, ni baja. Es alguien que toma su destino en sus manos en vez de esperar que alguien le ayude.

“La inseguridad y la emigración han erosionado el tejido social del país”, reza el editorial. Falso. No es la migración, es la probreza. Y sigue hablando de “la emigración, con sus terribles consecuencias de desintegración familiar...” ¿Qué es esta ligereza o este modismo de responsabilizar la migración de la descomposición familiar? ¿Quién es el irresponsable, el destructor de familia – el padre que se queda, aunque sin trabajo, dejando que su familia sufra hambre, o el que se va al Norte para poder sostener su familia? ¿Quien es más proclive a los peligros de drogadicción, alcoholismo, pandillas – el hijo que se queda, aunque sea desempleado, o el hijo que se va al Norte para ver cómo supera su situación? Yo conozco docenas de casos de jóvenes que aquí en su pueblo eran violentos y bolos y que, al sólo llegar al destino de su migración, se convirtieron en el sostén de su familia. Ellos son la regla. Los que mandaron de regreso deportados, convertidos en mareros, son la excepción de la regla. El peligro de convertirse en pandilleros es mucho más grande en Soyapango o Lourdes que en Washington o en Los Angeles.

La descomposición no es resultado de la migración, sino de la resignación. La migración es lo contrario a la resignación.

¿Cómo atreverse comparar y poner en el mismo nivel de problema nacional la emigración y la violencia?, sólo porque los dos fenómenos restan población residente al país. Es absurdo.

Lo que hay que reducir, no es la migración, sino las circunstancias, los obstáculos, las persecuciones que enfrentan los migrantes – en el camino y en el país de destino. Para esto hay que tener políticas, alianzas, estrategias. Para un país como El Salvador, con un porcentaje tan alto de emigrantes, muchos de ellos ilegales, es la política pública tal vez más importante a desarrollar. ¿Cómo conseguir convenios con los países de tránsito y destino?

Revertir la migración del tercer mundo al primer mundo es, de todas formas, imposible. Es como tratar de revertir la fuga del campo a la ciudad. Son fenómenos muy comparables. La migración del campo a la ciudad y la migración de países pobres a países ricos son dos capítulos de la misma historia.

La única manera de evitar migración es hacerla innecesaria. O sea, sacar al país de la pobreza. Como lo hizo Irlanda. Irlanda, durante décadas, sólo pudo sobrevivir como país si la mitad de sus jóvenes salía a Inglaterra o Estados Unidos. La alternativa era hambruna. El salto que Irlanda hizo recientemente al primer mundo, no hubiera sido posible sin la migración masiva. Hoy ya no es necesaria. Hoy Irlanda es parte de otro proceso de migración: la migración libre de mano de obra calificada dentro de la Europa integrada.

Donde hay diferencia de niveles de vida entre países, regiones, habrá migración. Siempre. Y esto no es malo, es positivo. Es factor de cambio. Sólo puede verse como mal desde una perspectiva conservadora de querer mantener el estatus quo – mantener a a la gente en su aldea, que no vaya a la ciudad con todos los pecados; mantener a la gente en el país, que no vaya a Estados Unidos sólo para perder la moral, la identidad nacional, los costumbres. Mantener a la gente en la pobreza...

Claro que hay que combatir la pobreza. Pero no para reducir la migración. Hay que reducir la pobreza para mejorar la vida de la gente que se queda. Claro que hay que crear oportunidades, pero no para evitar que la gente se vaya, sino para que se puedan superar los que se quedan.

Tal vez de esta manera, a mediano plazo ya no se van tantos. Tal vez ya no se van los que no tienen otra cosa que vender que mano de obra barata, sino más bien los más calificados. Los que pueden desencadenar procesos de transferencia de tecnología.

¿Y cómo es el cuento de la “fuga de cerebros”? Momentito. La fuga de cerebros es un fenómeno muy distinto, en situaciones y etapas muy distintas. Ojalá que ya estuviéramos en una situación de fuga de cerebros, porque significaría que ya estamos produciendo ingenieros, doctores, investigadores, científicos de sobra. Fuga de cerebros hay en los países que producen más talentos académicos que su sociedad puede absorber. Estamos lejos de esto. ¿O se refiere a los compatriotas que, precisamente porque se han ido, están sobresaliendo como científicos, artistas o empresarios? Bueno, estos cerebros, si no se hubieran fugado, no hubieran llegado a nada...

En vez de llorar que la gente se va, trabajemos para que los que se van lleguen sanos, encuentren trabajo, puedan legalizarse, puedan superarse – y encuentren en el país incentivos para visitar, para pasar vacaciones, para someterse a tratamientos médicos, para invertir, para construir, para participar, para retirarse.

Los mismos prejuicios que encuentro en el editorial de mi periódico, los encuentro en las discusiones en la calle y de cafetín. ¿Cuándo se va a dejar de tildar de haraganes –casi traidores a la patria y su ética moral- a los que viven de remesas? Están viviendo del salario de un familiar, igual que la esposa y los hijos de un gerente de banco. A lo mejor incluso están viviendo del fruto mensual de una inversión que como familia decidieron hacer en el viaje al Norte de dos familiares, en vez de invertir en un taxi o en una pupusería. ¿No tienen derecho de vivir de esta inversión como la esposa del taxista o los hijos de la pupusera?

¿Cuándo van a comenzar a hostigar a los hijos de los trabajadores de ADOC que ellos son los responsables de que tienen que llegar nicas para cortar caña o café?

“No podemos seguir dándonos el lujo de perder a nuestros ciudadanos en manos de la delincuencia o la emigración”, concluye el editorial de El Faro. No podemos seguir tratando con esta ligereza al fenómeno de la migración. “Perder ciudadanos a manos de la delincuencia o de la migración” – como si fuera lo mismo que alguien muera, o se haga asesino (que son las dos formas que el país puede perder ciudadanos a la delincuencia) o que alguien se va para el Norte a trabajar para mantener a su familia. El migrante, lejos de ser un ciudadano perdido, es un ciudadano que asume su responsabilidad. Como cualquier otro que trabaja en vez de llorar.
(Publicado en El Faro)

lunes, 2 de abril de 2007

Urgen medidas, pero inusuales

En Alemania, en los años 70, nació una iniciativa muy famosa y exitosa –yo diría genial- llamada “Bureau für ungewöhnliche Massnahmen” (Buró para medidas inusuales). Intelectuales, escritores, artistas y activistas de movimientos sociales se juntaron para iniciar acciones públicas, happenings, campañas, hechos políticos, manifestaciones. Siempre eran eventos de gran creatividad y capacidad de provocación. Los objetivos: sacudir la opinión pública; retar a la clase política; poner un tema en la agenda nacional; provocar reflexiones o incluso acciones políticas y legislativas.

Este Buró –no sé si todavía existe- no necesariamente se dedicaba a realizar los eventos, sino de imaginárselos, proponerlos, provocar que los lleven a la práctica los que tenían que hacerlo...
Algo parecido necesitamos en El Salvador. Ciertas situaciones -de estancamiento, de bloqueo, de inercia, de falta de iniciativa- requieren de medidas inusuales. Y para no recurrir a la violencia, mejor a la creatividad. La creatividad siendo la mejor vacuna preventiva a la violencia.
Imagínense que la próxima vez que los encapuchados que se hacen pasar de revolucionarios se tomen la Universidad de El Salvador -cerrándola, dejando afuera a 30 mil estudiantes-, un contingente de excombatientes guerrilleros tome control del campus universitario. Pacíficamente, porque andan armados de la razón histórica y de la autoridad moral que les da su trayectoria. Imagínense que los guerrilleros retomen la universidad, pero no para cerrarla, sino para abrirla, para protegerla, para brindarle seguridad para que funcione libremente; para entregarla a los estudiantes, a los docentes y a rectora que tanto ha luchado por ella, a veces incluso sola... Imagínense un comunicado de los ex-guerrilleros diciendo que “hemos luchado toda una guerra para conquistar para nuestros hijos el derecho a la educación y para que el Estado respete y financie una universidad al servicio del país - y no vamos a permitir que unos impostores con discurso revolucionario siembren terror y violencia en la universidad para seguirla explotando, manipulando, manoseando, negándole al país el derecho de tener una universidad con excelencia académica, misión social y visión para el país.” ¿No sería una medida inusual pero efectiva para resolver una situación inaceptable?

O imagínense una iniciativa conjunta de ex-militares y ex-guerrilleros de erigir, en las plazas de varios de los pueblos más golpeados por la guerra, monumentos dedicados a las víctimas civiles - indistintamente de la afiliación ideológica de víctimas y victimarios. Imagínense que en los actos de inauguración hablen jefes militares y comandantes guerrilleros, reconociendo sus violaciones a los derechos humanos y pidiendo perdón a las víctimas y sus familias.

O imagínense un evento público donde empresarios hartos de las políticas de exclusión de ARENA, juntos con intelectuales de izquierda cansados de las políticas seudo-radicales del FMLN presenten a la nación propuestas de solución en los distintos campos: educación, salud, medio ambiente, fomento de la productividad, transporte público, planificación urbana, reforma fiscal etc. Imagínense que de esta manera de repente quede manifiesto que derecha e izquierda sí pueden llegar a propuestas conjuntas y factibles, siempre y cuando se liberen de las direcciones partidarias cuya apuesta principal es la polarización.

O imagínense el impacto que tendría en la opinión pública el hecho que una serie de políticos reciclados –de todos los colores y sabores- publiquen una declaración conjunta titulada “Hicimos lo que pudimos – hoy les toca a la generación post guerra”, comprometiéndose de sacar sus manos de la política, no solo de las candidaturas, sino también del conspire detrás de bambalinas. Imagínese que esta declaración fuera firmada por Rubén Zamora, Armando Calderón Sol, Facundo Guardado, Mario Acosta, Héctor Dada, Francisco Jovel, Abraham Rodríguez, Francisco Flores, Alfredo Cristiani, Salvador Samayoa, Hugo Barrera y Héctor Silva, quienes al mismo tiempo hacen un llamado urgente de adherirse a este compromiso a Ciro Cruz Zepeda, Leonel González, Mauricio Sandoval, René Figueroa, Salvador Arias, Humberto Centeno, Will Salgado y Alberto Arene… (El hecho que hay políticos, cuyos nombres que no aparecen en esta lista, no necesariamente significa una invitación de seguir en la arena política-electoral.)

Otras medidas que podría provocar el Buró Salvadoreño de Medidas Inusuales:

La adquisición de un buldózer viejo que circule por el centro de San Salvador, ofreciendo servicio gratis a cualquiera que necesite limpiar la salida de su casa o negocio de basura, champas, comedores, tiendas de campaña, etcétera. Ofreciendo servicio gratis también a cualquiera que quiere botar su edificio dañado desde el terremoto del 1996 y convertir su terreno en un parque, una cancha o un jardín…

La formación de brigadas juveniles en las comunidades que con apoyo logístico de la Fuerza Armada y apoyo económico y organizativo del gobierno, de las alcaldías, de las iglesias y de las universidades implementan programas de limpieza, salud, educación, reconstrucción y organización en sus propias comunidades. Adiós al asistencialismo. Que cada uno meta mano a su problema - y para esto, reciba apoyo.

Abrir las canchas y los patios de las escuelas para el uso de la comunidad en las noches, fines de semana y vacaciones, siempre y cuando exista organización comunal que se haga responsable.
Miles de familias o negocios adoptan los dos o tres postes de luz o telefonía que tienen en frente de su casa, tienda u oficina. Los limpian, los pintan bonito y les ponen rotulitos diciendo: “Poste libre de contaminación política, por favor no hacer pintas ni pegas. Gracias, los vecinos”. Y siempre cuando un partido los mancha, en la mañana los vecinos vuelven a limpiarlos. Si es necesario, todos los días.

Y los artistas del país, convirtiendo los postes limpios en obras de arte…

Etcétera, etcétera, etcétera…

¿Le parecen muy inusuales estas medidas? Claro, de esto se trata. Porque, ¿hasta dónde hemos llegado con las medidas usuales?

lunes, 19 de marzo de 2007

Rufina y el coronel

El héroe declarado de la Fuerza Armada en la guerra civil salvadoreña es el coronel Domingo Monterrosa. Su némesis, Rufina.

El término némesis deviene de la diosa griega de este nombre. Némesis es conocida en la mitología griega como la diosa de la venganza. Pero esto es la versión popular. Realmente Némesis es la diosa que castiga la soberbia. Es la diosa que se encarga de la caída de los personajes que han llegado a un elevado estatus social -poder, riqueza, reconocimiento o fama- por medios ilícitos, contrarios a las leyes y la decencia. El ejemplo clásico: la caída de Creso, el poderoso e inmensamente rico rey de Lidia, quien al ser demasiado soberbio fue arrastrado por Némesis a una guerra contra el rey persa Ciro que provocó su ruina. (Busque “Némesis” en Wikipedia).

Rufina Amaya, una campesina de Morazán, sobreviviente y testiga de la masacre de El Mozote, es el obstáculo inamovible, insuperable e invencible para el coronel Monterrosa para convertirse en héroe nacional en la memoria colectiva. Para siempre queda en la historia del país como el responsable de la masacre de El Mozote. Muy a pesar de los intentos de sus compañeros de armas de escribir otra historia, gracias a Rufina Amaya se conoce la historia real: un militar de grandes capacidades y de extraordinario liderazgo, la estrella entre sus camaradas, el niño mimado de los asesores gringos que quieren hacer de El Salvador el experimento exitoso de cómo ganar una guerra contrainsurgente sin intervenir directamente sino más bien a control remoto vía entrenamiento y asesoramiento.

En esta estrategia, Monterrosa era una figura central. Por esto, los asesores gringos le ponen al frente de la primer unidad contrainsurgente entrenado por ellos, el batallón Atlacatl. Y ahí iba Monterrosa, la esperanza de los gringos, el líder carismático de la tropa, el macho por excelencia, queriendo enseñar a la vieja casta de militares corruptos cómo enfrentar y vencer a la insurgencia. Monterrosa iba con todo y a ganar, primero el poder en el ejército, luego la guerra, luego el país.

Y en la primera gran acción de su batallón estrella, echa a perder todo. El gran estreno del batallón Atlacatl bajo el mando de Monterrosa: la masacre de El Mozote. Sube el Atlacatl, bajo el mando de Monterrosa, al norte de Morazán para golpear a la guerrilla. El golpe cae al vacío. Monterrosa no encuentra campamentos a destruir, sólo campamentos abandonados. No encuentra tropa a cercar, sólo unidades guerrilleras invisibles que le causan docenas de bajas. ¿Cómo justificar le pérdida de tantos hombres y armamentos sin haber matado a nadie? Entonces, se va a El Mozote, el único lugar donde la población, como era evangélica y no colaboraba con la guerrilla, se había quedado en sus casas. El Mozote: el único lugar donde había gente para matar. El resultado: Mil civiles muertos. Varios caseríos erradicados del mapa, con todo: casas, ganado, pobladores.

Tal vez el error más grande: Dejaron viva a Rufina Amaya. Si estuviéramos en la Grecia antigua, la historia se hubiera contado más o menos así: Némesis, la diosa que no permite que la indecencia lleve al estrellato a los hombres, se apoya en una humilde muchacha campesina –Rufina Amaya- y le da un don muy poderoso y raro: la capacidad de contar la verdad de una forma que nadie podía dudar de ella.

Cuando los primeros guerrilleros llegamos a El Mozote después de la masacre, Rufina nos contó lo que había pasado. Me quedé congelado. Tanto que decidí, este mismo día, quedarme peleando esta guerra pasara lo que pasara. Después de escuchar a Rufina, el volado era conmigo. Ya no era un asunto de solidaridad sino un asunto personal.

Cuando trajimos a periodistas de los medios más influyentes de Estados Unidos a El Mozote, Rufina les contó lo que había pasado. Y un hombre tan escéptico (y tan honesto) como Ray Bonner del New York Times la interrogó diez veces sobre cada detalle, y al final me dijo: Yo no quisiera que fuera verdad, porque va contra todos los valores en los cuales yo como americano creo - pero esta señora dice la verdad y mi gobierno miente. Y así lo escribió en el New York Times. La verdad de Rufina –y de Bonner- fue tan opuesta a la verdad americana que Bonner perdió el empleo. Pero en Estados Unidos quedó la duda…

Hace poco, como 25 años después, fui nuevamente a El Mozote, con unos amigos de Europa y escuché a Rufina contarles su historia – y era igual. ¡25 años y la historia era igual! No había crecido, no era más dramática, no había más detalles. Era la historia de Rufina, la verdad.
Sigamos en la versión griega de la historia de Rufina y el coronel. Némesis hizo que Rufina sembrara la verdad. El coronel hizo lo posible para tapar la verdad y convertir la primera acción grande de su batallón estrella de masacre en victoria militar. Pero en los pasillos en Washington quedó sembrada la duda. El Congreso no soltó la ayuda militar como la necesitaban los militares. Sin embargo, no castigaron a Monterrosa. Por lo contrario, le dieron más poder dentro de la Fuerza Armada. Le hicieron jefe de la región donde sabían iban a perder o ganar la guerra, la tercera región militar que abarca todo Oriente. La región realmente en disputa de control entre gobierno y guerrilla.

Pero Némesis nunca tolera la soberbia. Y nunca tolera que los hombres alcancen poder con acciones de maldad. Preparó la caída definitiva del asesino convertido en poderoso líder militar. Obviamente, no fue la diosa que planificó la muerte de Monterrosa. De ésto se encargó Joaquín Villalobos, el máximo jefe de las guerrillas en Oriente. Aprovechándose de la soberbia de su adversario –que había estudiado pacientemente por años- le puso una trampa mortal. Sabiendo que el trofeo más deseado de guerra para el coronel era la Radio Venceremos –que nunca dejó de hablar de los niños muertos en El Mozote-, le puso un transmisor viejo de la Venceremos en el camino. Supo que Monterrosa no iba a permitir que nadie más que él mismo llegara al cuartel con el trofeo perseguido por años. Monterrosa inmediatamente voló al lugar del descubrimiento, subió el trofeo a su helicóptero, y murió. El trofeo contenía una bomba que fue activada por los guerrilleros bajo el mando de Villalobos, cuando vieron despegar al helicóptero.

Némesis no tolera la soberbia. No tolera que el mal que hace un hombre lo lleve al poder. Para materialmente destruir al hombre asesino que estaba al punto de abrazar el poder, Némesis se apoya en el comandante guerrillero –con tu perdón, Joaquín-, pero sobre todo en Rufina, la muchacha campesina que representa la verdad. A ella, Némesis le da el don de contar la historia de El Mozote tal cual. Le da este don raro de la verdad que no da espacio para la duda.

Muere Rufina, 26 años después de la masacre, pero no muere la verdad. Queda con nosotros la verdad de Rufina haciendo imposible que falsifiquen la historia. Haciendo imposible que a Monterrosa lo suban a estatus de héroe nacional. Queda en la memoria de la humanidad el coronel Monterrosa como el que echó a perder todo: sus ambiciones de ganar la guerra; sus ambiciones de llegar al poder político como el héroe que ganó la guerra contra el comunismo. Y de paso echó a perder el éxito de la nueva estrategia contrainsurgente norteamericana (la estrategia post-Vietnam), basada en el entrenamiento gringo de tropas elites y su conducción a control remoto, sin mancharse las manos blancas. Quedaron manchadas. Se quedaron sin poder vencer la insurgencia. Gracias a Rufina Amaya. Perdón, diosa, gracias a Némesis.

(Publicado en El Faro)

lunes, 12 de marzo de 2007

Sólo preguntando III o ¿hay conexión salvadoreña?

En mayo 2004 escribí: “No puedo opinar sobre este caso de trascendencia nacional. En un momento en que nadie habla en voz alta, pero todo el mundo, en privado, divulga especulaciones y teorías de las más insólitas, sólo me queda decir: me niego a opinar, porque para opinar primero necesito información; pero también me niego a callar, ya que en este tipo de casos, el silencio es lo que provoca más especulaciones, más veneno, más daño. Entonces, sólo me queda preguntar.” En aquel entonces, se trataba del asesinato de Federico Bloch.

Hoy debo decir lo mismo sobre el caso que ya no es el caso del asesinato de los tres diputados en Guatemala, sino del triángulo crimen organizado-policía-escuadrones de la muerte en Guatemala y, posiblemente, El Salvador.

No voy a entrar en especulaciones. Tampoco callar. Entonces, voy a preguntar.

El catálogo de 23 preguntas que a petición de un partido opositor tendrá que contestar el ministro de Gobernación Carlos Vielman ante el Congreso guatemalteco fue la publicación más relevante que La Prensa Gráfica ha hecho sobre el caso (cosa que habla mucho de la calidad informativa de La Prensa). El personaje clave en el catálogo de preguntas: un tal Víctor Rivera, conocido en los círculos de inteligencia, policial y hampa de El Salvador y Guatemala como “Zacarías”, señalado por un candidato a la presidencia de Guatemala como figura clave en este triángulo fatal de crimen organizado-policía-escuadrones. Lo raro: aunque el archivo de La Prensa Gráfica está lleno de información sobre este oscuro personaje, vinculado también en El Salvador al montaje de estructuras y operaciones paralelas a las institucionales y legales de la policía y de la inteligencia, muy poco quieren escribir de él, mucho menos de sus amigos. O sea, da la impresión que no quieren hablar de él porque saben quienes son sus amigos y de qué son capaces…

Esto nos lleva al primer grupo de preguntas, relacionadas todas con “Zacarías” y sus contactos históricos y actuales en El Salvador.

-¿Fueron realmente desmanteladas las estructuras paralelas a la PNC que “Zacarías” montó en los años 90 para Hugo Barrera, en aquel entonces vice-ministro de Seguridad?
-¿Qué pasó con los integrantes de la tal Unidad de Análisis Policial que manejaba “Zacarías”?
-¿Quiénes de los colaboradores de “Zacarías” en esta Unidad que posteriormente fueron incorporados a la PNC y cuáles son sus actuales cargos?
-¿Cómo fueron incorporados, pasaron o no por los mecanismos establecidos y por la Academia Nacional de Seguridad Pública?
-¿Hay o había personal de la ex Unidad de Análisis de “Zacarías” trabajando en empresas de Hugo Barrera?
-Dentro de las actividades de la Unidad de Análisis, ¿hubo ocasiones donde integrantes de esta unidad usaban placas de la PNC, aunque no eran miembros de la PNC?
-¿Tienen las autoridades salvadoreñas conocimiento de un viaje de “Zacarías” a San Salvador el día domingo 25 de febrero de 207, día del asesinato de los 4 policías acusados del asesinato de los tres diputados?
-¿Tienen conocimiento las autoridades salvadoreñas si en esta ocasión “Zacarías” se comunicó o encontró con integrantes de la PNC salvadoreña o con otros funcionarios públicos?
Se ha reportado en varios medios que los dos oficiales de la PNC guatemalteca destituidos (el jefe de la División de Investigación Criminal (DINC), Víctor Soto, y su jefe inmediato, el subdirector de investigaciones, Javier Figueroa) han viajado a El Salvador en fechas anteriores al asesinato de los diputados. ¿Tienen conocimiento las autoridades salvadoreñas si estos policías guatemaltecos han tenido contacto, en estos viajes, con integrantes o asesores de la PNC salvadoreña?
-¿Tenían las autoridades salvadoreñas conocimiento del hecho que “Zacarías” tenía participación en las investigaciones de la muerte de los diputados? ¿Sabían que “Zacarías” tuvo acceso directo a los cuatro policías detenidos?
-¿Existe una investigación en El Salvador de las personas y sobre todo de los funcionarios públicos salvadoreños que tienen contacto con “Zacarías”?

El segundo conjunto de preguntas tiene su escenario en Guatemala:

-¿Continúa “Zacarías” desempeñando su cargo en el ministerio de Gobernación de Guatemala?
-¿Continúa “Zacarías” participando en las investigaciones de los asesinatos de los diputados y de los asesinatos en el penal El Boquerón, teniendo acceso directo a testigos, evidencias, información sobre futuras investigaciones y detenciones?
-¿Cuál es la posición del gobierno salvadoreño sobre el papel de “Zacarías” dentro del aparato de seguridad de Guatemala y dentro de las investigaciones de los asesinatos?
-¿Dentro de las asignaciones que tenía “Zacarías” dentro del Ministerio de Gobernación, ha tenido autoridad o relaciones de trabajo con los seis policías que participaron en el asesinato de los diputados, con las autoridades de centros penales y del penal El Boquerón, con Víctor Soto y con Javier Figueroa?
-Cuando “Zacarías” se traslada de El Salvador a Guatemala, en 1997, para trabajar con el Ministerio de Gobernación, ¿es presentado, recomendado o avalado por algún funcionario salvadoreño?
-¿En qué momento y en qué función específica, el ex-director de Inteligencia y de la PNC salvadoreña, Mauricio Sandoval, se relaciona con la PNC o con el Ministerio de Gobernación en Guatemala?
S-i en algún momento Sandoval se desempeñó como asesor de autoridades guatemaltecas, ¿esto ha sido avalado o gestionado por el gobierno salvadoreño?
-¿Ha tenido Sandoval vínculos de trabajo con los oficiales de la PNC guatemalteca involucrados en el asesinato y en las investigaciones?
-¿Ha tenido Sandoval contacto directo con Víctor Rivera “Zacarías” en Guatemala?

Regresemos a El Salvador. Todavía preguntando.

-¿Existen en El Salvador, en el campo de seguridad, investigación e inteligencia, estructuras paralelas a la PNC, al Organismo de Inteligencia del Estado, financiadas y dirigidas por el gobierno, pero no sujeto a los controles legalmente institucionalizados para la PNC y la OIE?
-¿Existen y operan en El Salvador estructuras y equipos técnicos financiados por el Estado, con participación extraoficial de integrantes de la PNC u otras instituciones estatales, con el fin de monitorear comunicaciones telefónicas?
-¿Qué es el Grupo Omega? ¿Tiene relaciones con instituciones del Estado?
-¿En qué institución del Estado fueron a parar y equipos de escucha telefónica provenientes de Israel, adquiridos a finales del 2004 por el gobierno de El Salvador, por un monto de casi medio millón de dólares?

Cierro con las dos preguntas del millón: ¿Hay conexión salvadoreña? Y la otra: ¿Existen en El Salvador estructuras de seguridad e inteligencia paralelas?

Cabe señalar que algunas de mis preguntas no tienen relación con el caso actual de los diputados asesinados. Con las preguntas sobre estructuras paralelas en El Salvador –las que no tienen relación con “Zacarías”- no se quiere insinuar que estas tengan participación alguna con el crimen de los diputados. Personalmente creo que no las tienen. En el caso de las estructuras montadas en los años 90 por “Zacarías” dentro y fuera del aparato estatal de seguridad, hay razones por lo menos a investigar si tienen relación con los hechos en Guatemala – si es que siguen existiendo. Pero incluso las estructuras paralelas –si las hay- que no tienen ninguna relación ni con “Zararías” ni mucho menos con los crímenes en Guatemala, sí tienen que ver con el fenómeno de fondo que salta a la vista con el caso de los diputados, de los policías guatemaltecos y de “Zacarías”: el enorme peligro que constituyen las estructuras paralelas de seguridad e inteligencia. Incluso en caso que ahora estas estructuras paralelas sean útiles para resolver el caso de los diputados, siguen siendo peligrosas y dañinas.

(Publicado en El Faro)

lunes, 5 de marzo de 2007

Proteger a la PNC

En muchas pláticas sobre la tragedia guatemalteca de una policía enferma en cuerpo y cabeza del cáncer del crimen organizado escuché la opinión: ¿Cuál es la gran indignación sobre Guatemala, si nuestra PNC es igual?

Totalmente en desacuerdo con esta actitud. Es irresponsable. No tiene base histórica. Quien dice esto, no ha entendido nada de nuestra historia de guerra, paz negociada, reforma institucional, intentos de contrarreforma, defensa de las reformas…

Condenar a la PNC de manera general y sin base histórica, comparándola con la policía guatemalteca que tiene el mismo nombre pero otra historia totalmente diferente, no contribuye en nada a la urgente tarea de analizar cómo proteger a nuestra PNC, cómo fortalecerla y cómo recuperar y potenciar sus principales virtudes, que son su carácter civil, su carácter pluralista y su carácter apolítico.

Lo que ahora estamos viendo en Guatemala –una policía fuera del control civil; una policía y probablemente un gobierno infestados por el crimen organizado y por políticas fascistas de “limpieza social”- no es lo mismo que estamos viviendo en El Salvador. Tampoco es correcto entender esto como un problema genérico de las policías latinoamericanas. No toda policía tiene unidades que operan como bandas criminales o escuadrones de la muerte.
Por otra parte, ninguna policía está exenta de las tentaciones de la corrupción, del dinero fácil que ofrece el crimen organizado o de las operaciones extrajudiciales de limpieza social.
Si una policía se pudre o se cura, depende de las correlaciones de fuerza, de los mecanismos de control civil sobre los cuerpos de seguridad, del funcionamiento de las instituciones del Estado encargadas de las políticas de seguridad y de justicia.
En El Salvador tenemos que aprovechar la actual crisis guatemalteca, pero no para esconder los problemas graves que tiene nuestra PNC detrás de una cortina de resentimientos y valoraciones subjetivas, sino para analizar fríamente sus problemas y producir soluciones.
Si comparamos la PNC guatemalteca con la salvadoreña, llegamos a dos conclusiones paralelas: Todos los problemas que ahora detectamos en Guatemala, también existen aquí, pero de manera menos estructural; hay corrupción, pero de personas, no de estructuras enteras. Al mimo tiempo, la PNC salvadoreña tiene mecanismos de defensa mucho más fuertes, una institucionalidad más robusta, y sobre todo una composición diferente. Todos estos factores han permitido que en la PNC, aunque hay elementos corruptos y criminales, no existen unidades y cadenas de mando comprometidos y dirigidos por el crimen organizado.

Entonces, hay que reforzar y potenciar estos factores que en El Salvador operan como antídotos a la infestación criminal, a las filosofías de exterminio, a la corrupción.

Son tres los principales antídotos que tienen sus orígenes en el contexto histórico de la creación de la PNC salvadoreña como elemento central de los Acuerdos de Paz.

Primero, la ruptura institucional con la tradición de los cuerpos de seguridad. La desmilitarización de la policía. Su carácter civil, su supeditación a un gobierno civil. Todo esto combinado con un factor externo a la policía: la depuración de la Fuerza Armada y su separación estricta de la política.

Segundo: el pluralismo. La entrada a la nueva policía y sus estructuras de mando de un importante contingente de excombatientes de la guerrilla -en muchos casos de los mejores cuadros del ejército guerrillero, hace contrapeso efectivo a la influencia fuerte de ex integrantes de las Fuerzas Armadas y de los cuerpos de seguridad disueltos. Y se facilita y promueve la entrada masiva de civiles en todos los niveles de la PNC. Estos fenómenos internos se combinan y aseguran con un factor externo a la policía: la institucionalización del pluralismo en el sistema político e institucional del país.

Tercero, la mística: La nueva policía como garante de la democratización y de la vigencia de los derechos humanos. Nuevos contenidos y métodos en la Academia Nacional de Seguridad Pública.
Estas son las tres principales fortalezas de la policía salvadoreña. Y por más que estos tres virtudes de nacimiento hayan sufrido erosión en la práctica y bajo gobiernos adversos a la democratización de las instituciones de seguridad, estoy convencido que es gracias a ellas que nuestra policía no está enfrentando una crisis tan aguda y generalizada como en Guatemala. En Guatemala no hubo desmilitarización ni de la policía, ni hubo depuración y no hubo separación de la política del ejército y del ejército de la política. La policía guatemalteca es la misma de antes con otro nombre, no hubo cambio de su composición ni mucho menos hay nueva mística. Todos los jefes principales de la PNC guatemalteca provienen de la peor tradición represiva de la Fuerza Armada bajo las dictaduras militares – y a diferencia a El Salvador, donde lastimosamente también hay demasiados jefes policiales provenientes de los antiguos cuerpos de seguridad, no hay ningún contrapeso. En Guatemala no hay jefes policiales provenientes de la izquierda. Ni uno solo. Y casi no hay jefes policiales provenientes de la sociedad civil.
En El Salvador, cada una de las virtudes con los cuales nació la nueva policía, ha sufrido serias erosiones. Pero por más que directores de la PNC como Mauricio Sandoval y Ricardo Menesses han hecho para aislar a los mandos policiales provenientes de la guerrilla –pero no sólo a ellos, sino también a marginar a las mujeres de posiciones de mando, o sea a los elementos que más claramente simbolizan el carácter civil de la policía-, no han podido eliminar del todo el pluralismo dentro de la policía. Las mujeres y hombres con vocación democrática siguen existiendo en la policía, aunque muchas veces aislados por sus jefes. De hecho, cuando Rodrigo Ávila regresa a la dirección de la PNC, inmediatamente se apoya en los mandos marginados por sus antecesores –mujeres y ex insurgentes- para restablecer los equilibrios peligrosamente alterados por Sandoval y Menesses y sus protegidos dentro de la PNC. Son sus aliados naturales –independientemente de posiciones ideológicas, sino en base a coincidencias sobre el carácter de la policía- para combatir los lastres y los grupos de poder instalados en la policía bajo los directores anteriores.

Por más que los mandos policiales ineficaces, corruptos y represivos, que afianzaron su poder en la PNC bajo la dirección de Sandoval y, sobre todo, de Menesses, hicieran para dar al traste con la nueva mística democrática y civil construida en los primeros años de la PNC, no pudieron borrarla, ya que seguían en la policía miles de agentes y mandos comprometidos con este mística, seguía existiendo una Academia Nacional de Seguridad Pública fuera del control de la dirección de la PNC sino más bien bajo control e influencia de un Consejo Académico pluralista.
Lograron reducir a un ente conformista a la Inspectoría General de la policía, supeditándola a la dirección de la policía, pero ahora está sobre la mesa una propuesta de volver a darle a la Inspectoría la independencia que necesita para funcionar como entre controlador. Propuesta hecha por la Comisión de Seguridad con participación plural de la sociedad civil. Como primer paso, habría que apoyar y poner en práctica esta reforma.

Y en esta línea, aprovechando que las virtudes de nacimiento de nuestra policía (porque así como hay pecados de nacimiento en Guatemala, también existen virtudes de nacimiento que hay que entender para poderlas fortalecer) se han debilitado pero no borrado, habría que dar pasos concretos para fortalecer la PNC – no sólo en su capacidad profesional, que es indispensable, sino también en su compromiso con la democracia y los derechos humanos.

Esto sería la manera adecuada de reaccionar a la lección guatemalteca. No con resignación, metiendo a nuestra PNC en un mismo saco de basura con la PNC guatemalteca, sino fortaleciéndola en su carácter civil, profesional, democrático y plural.

Tal vez el miedo que a todos nos dan los sucesos guatemaltecos –el espectáculo de una policía podrida y un gobierno incapaz de controlarla- puede provocar a los partidos salvadoreños de unir criterios y esfuerzos para proteger a la PNC salvadoreña. Tal vez el pleito sobre los 100 millones de préstamo para seguridad puede resolverse con un debate sincero sobre qué necesita la PNC para blindarse contra las enfermedades guatemaltecas. Tal vez llegarían a la conclusión que en nuestra seguridad hay que invertir aun más que estos 100 millones, pero dirigiendo las inversiones a una obra que realmente ponga a la PNC, la fiscalía y el ministerio de Seguridad en condiciones de depurarse, de capacitarse, de protegerse. Inversiones que crean la capacidad de nuestras instituciones de seguridad pública de inmunizarse contra el crimen organizado, de inmunizarse contra tentaciones de exterminio social.

Por ejemplo: ¿Cómo hacer las carreras en la policía, en la fiscalía, en medicina legal, en la investigación criminológica tan atractivas que pueden atraer a los profesionales más capaces, más ambiciosos, más comprometidos con el futuro del país?

Siempre cuando alguien pone en la agenda el tema de los salarios que hay que pagar a nuestros policías para evitar la infiltración del crimen organizado, del narcotráfico, del crimen de cuello blanco, hay quienes sostienen que no hay salario que pueda competir con el dinero que ofrecen los narcos y la corrupción. Correcto. Debate cerrado. Error. Hay que pagar bien a los policías, los fiscales y los que llevan a cabo la investigación científica del delito, no para inmunizarlos con dinero contra las tentaciones de la corrupción, sino para atraer a nuestro aparato de seguridad a los mejores profesionales. Esto tiene que ver con salarios, pero además con formación académica, mística profesional, reconocimiento social y cultural.

Si se invierte en esto, pero de manera decidida y audaz, se asegura que a la policía no entren los mediocres o los que tienen afición por las armas, el poder y la vida militar, sino los civiles con vocación democrática, con ambición profesional y académica y con conciencia social. Necesitamos que para un abogado, un ingeniero, un psicólogo recién graduado de la universidad -igual que para un técnico, un mecánico, una enfermera- sea igualmente o más atractivo entrar a la PNC que entrar a la empresa privada. Necesitamos que para los mejores egresados de las escuelas de medicina sea atractivo especializarse en medicina forense o en investigación científica del delito que entrar a cirugía o pediatría.

Haciendo esta inversión ahora, podremos tener en 10 años una policía altamente motivada, capacitada y reconocida por la sociedad. Lo que es el mejor –talvez el único- antídoto a la corrupción.

Hay que repensar seriamente cómo asegurar el carácter civil de la policía. Con la actual estructura y filosofía, los destacamentos de policía en los pueblos parecen más bien tropas de ocupación. Son acuarteladas, de la misma manera como antes eran acuarteladas la GN y la PN. No tienen raíces en la comunidad, por lo tanto es difícil para la comunidad de ejercer su deber de control y escrutinio sobre la policía. Comunidad y policía no pueden ayudarse mucho mutuamente, en materia de prevención y detección de delitos, etc. Y una tropa acuartelada siempre tiende a desarrollar un espíritu de cuerpo que muchas veces es incompatible con la mística que debe tener una policía moderna, civil, democrática.

Todas las líneas de análisis de la situación de nuestra policía nos llevan a un elemento común: Hay que retomar las virtudes de nacimiento de la PNC. Hay que revertir las políticas que han llevado a una erosión de estas virtudes. Hay que construir de nuevo un consenso que trascienda intereses sectoriales y partidarios para proteger la PNC, darle capacidad, equilibrios internos y mecanismos externos de control.

ARENA, si sinceramente quiere seguir en el camino escogido de erradicar todas las influencias del crimen organizado sobre el partido y sobre el Estado, no tiene otro camino que apostar a una PNC profesional, apolítica, democrática. Así entendí al presidente Tony Saca cuando inmediatamente después de la ejecución de los tres diputados de ARENA dijo: Es un mensaje a nuestro partido y nuestro gobierno y no le vamos a hacer caso. No nos van a doblegar.

Y el FMLN, si en algún momento quiere gobernar, tiene que trabajar desde ya –junto con el gobierno- en el fortalecimiento institucional de la policía. Lo que menos le conviene a la oposición es retrasar más el esfuerzo –que por definición tiene que ser consensuado- de proteger a la PNC y dotar a la PNC y al resto de instituciones de los instrumentos y fondos necesarios para hacer irreversible su democratización y profesionalización.

Así que ambos partidos grandes, en vez de lanzarse mutuamente campañas de desprestigio en el tema préstamos, deberían decretar una moratoria en el pleito sobre los préstamos. Una moratoria para sentarse a concertar una política nacional de seguridad, incluyendo una reforma de la PNC, y después decidir conjuntamente de cómo financiar estos proyectos. Quedan suficientes temas para hacer campaña electoral de aquí al 2009. No vale la pena poner en peligro a la PNC por supuestas ventajas electorales. Hay suficientes temas para confrontar, para perfilarse, para distinguirse de aquí al 2009.
(Publicado en El Faro)

lunes, 26 de febrero de 2007

Guate-mala. No, peor

En casos tan delicados como el del asesinato de los tres diputados salvadoreños al Parlacen y su motorista en Guatemala, es irresponsable especular. Puede dañar a reputación de las víctimas. Puede dañar las investigaciones. Puede dañar la precaria capacidad de cooperación entre las autoridades guatemaltecas y salvadoreñas en la investigación y en la cooperación en materia de seguridad.

Entonces, nada de especulaciones. Más bien, es preciso reconocer al alto grado de responsabilidad con el cual el gobierno y los partidos políticos salvadoreños han manejado el caso. Incluyendo –y sobre todo- Roberto D’Aubuisson, el hermano de una de las víctimas. Esta actitud mesurada y responsable puede haber evitado reacciones y contra-reacciones peligrosas entre las militancias de cabeza caliente de los dos partidos grandes, en los críticos dos días entre el asesinato y la captura de los cuatro policías guatemaltecos, cuando mucha gente veía un crimen político ideológico en el contexto del reciente debate sobre el rol del mayor Roberto D’Aubuisson.

La sensatez y moderación mostrada por la clase política salvadoreña en esta crisis es muestra de un grado de madurez de nuestro proceso de paz que a veces no logramos ver, confundiendo la polarización política-partidaria típica de una democracia emergente con un estado de guerra política. El hecho de que el FMLN expresara, con toda claridad, que asume el crimen contra los tres diputados como una agresión al país –no sólo a ARENA- demuestra que la posición que ha tomado el FMLN contra la violencia política a raíz del 5 de julio de 2006 es mucha más que un movimiento táctico, defensivo o retórico.

Esta madurez mostrada aquí por toda la clase política contrasta mucho con la irresponsabilidad del presidente guatemalteco Oscar Berger. Es inaceptable cómo Berger, sin ningún indicio y adelantándose a la investigaciones, señalaba que se trataba de un pleito entre salvadoreños. Conociendo la autoría de los policías guatemaltecos, hay que entender esta intervención indebida e irresponsable del presidente de Guatemala como un burdo intento de distracción.

Con esto estamos en el centro de la problemática - hasta donde los hechos conocidos hasta la fecha nos permiten definirla. Porque mientras no conocemos los móviles de los policías asesinos, y mientras no sabemos si hay autores intelectuales fuera de la policía guatemalteca, la única cosa que sabemos es: Los cuatro salvadoreños fueron secuestrados, torturados y asesinados por una unidad elite de la PNC de Guatemala. Punto. O más bien, signo de exclamación. O signo de terror, si esto existiera.

Mientras no sabemos más, el centro del asunto es la incapacidad de Guatemala de controlar, depurar e investigar a su propia policía. El hecho que las autoridades salvadoreñas involucradas en la investigación no se cansan de reconocer –en público- la excelente colaboración y el profesionalismo de las autoridades guatemaltecas, hay que entenderlo como necesaria cortesía. Entiendo esta prudencia diplomática, pero por suerte en la prensa no la tenemos que emular.
El gobierno de Guatemala no puede mostrarse sorprendido por esta muestra de la existencia de estructuras criminales dentro de su policía. Casi todas las víctimas salvadoreñas de asaltos en Guatemala señalan que fueron asaltadas por policías. El jefe de su división contra el narcotráfico está preso en Estados Unidos – por narcotráfico. El gobierno de Guatemala no puede pintar estos casos como excepción, todo el mundo sabe que corresponde a un patrón. La PNC guatemalteca no es resultado de una seria refundación de la policía, como en caso salvadoreño. No ha pasado por la desarticulación de los cuerpos policiales de la dictadura militar. El problema de la PNC de Guatemala no es que tenga “malos elementos” que paulatinamente se eliminan con un sistema de depuración. Es un problema de estructuras criminales dentro de la policía, incluyendo sus mandos. Los diputados al Parlacen no fueron asesinados por individuos, sino por una unidad policial.

En cualquier investigación criminal que involucra a policías –y con mucho más urgencia cuando involucra toda una unidad orgánica- una línea principal, indispensable y prioritaria de investigación es todo el contorno dentro de la institución. Horizontal, para ver qué otros elementos están involucrados. Y vertical, para ver hasta donde está comprometida la cadena de mando. Se investiga a todos que están bajo el mando del acusado, y sobre todo se investiga a sus jefes, para ver si el oficial acusado actuaba bajo órdenes o contra órdenes.

El problema en nuestro caso es: Encima del acusado Luis Arturo Herrera López, jefe de Sección contra el Crimen Organizado de la PNC guatemalteca, no hay nadie que no esté involucrado directamente en la dirección de la investigación misma. Tan grave es: Encima del oficial policial que presuntamente mató a los diputados, sólo están el jefe y el subjefe de la DINC (dirección de investigaciones criminales), y el subdirector y el director de la policía. Y estos son precisamente los que controlan la investigación.

Quiere decir: Nadie puede garantizar que las investigaciones y las evidencias no estén comprometidas, porque nadie ha tenido ni el tiempo, ni la voluntad ni el poder de investigar a los investigadores. Si al jefe de la unidad contra el crimen organizado no lo hubieran detenido, debido a la coincidencia que interceptaron al vehículo de los diputados frente a una cámara de control de tráfico, con toda seguridad ahora fuera parte integral del equipo investigador.
La presencia y el rol activo que jugaron en la investigación Rodrigo Ávila y altos oficiales de la PNC y fiscalía de El Salvador, posiblemente pueden haber abortado o neutralizado cualquier intención de oficiales de la policía guatemalteca de encubrir, distraer, manipular evidencias. Ojalá.

Sin embargo, la policía guatemalteca –y posiblemente otras instituciones involucradas en la investigación- está tan gravemente comprometida que es imposible que se pueda investigar y depurar ella misma. El caso de los diputados es suficientemente grave para que los tres poderes del Estado guatemalteco instalen una Comisión Investigadora independiente, si es necesario con participación internacional, para investigar no sólo el caso de los diputados asesinados sino para investigar la existencia del crimen organizado dentro de la policía.

Nada de esto ha pasado. El presidente guatemalteco da declaraciones que pueden entenderse como el intento de dirigir las investigaciones a terrenos que le parecen más cómodos: primero hacia una conexión salvadoreña, después hacia el narcotráfico. Pero de todos modos, hacia fuera de las instituciones bajo su propia responsabilidad.
Ha pasado una semana y no ha entrado el FBI a la investigación. El FBI estaba listo para entrar desde el mismo lunes. Pudo haber movilizado equipos y personal en cuestión de horas. Sólo faltaba la luz verde del gobierno de Óscar Berger. Hoy dicen que el papel del FBI se va a limitar a pesquisas técnicas. Van a traer al FBI para examinar los vehículos involucrados, después de que han permanecido bajo control de los colegas de los acusados durante una semana. Pero, ¿va a meterse el FBI en la investigación de los investigadores? ¿Están solicitando esto Óscar Berger, su homólogo salvadoreño o el Parlacen?

Hasta este punto he llegado con mi columna, cuando a las 9:30 p.m. del día domingo 25 de febrero me entero que fueron ejecutados –en la cárcel donde supuestamente están bajo protección especial- los cuatro policías acusados de la muerte de los diputados. Si hace unos momentos todavía tuve alguna duda sobre lo que estaba escribiendo sobre Guatemala y sus instituciones de seguridad pública, ahora resulta que me quedé corto. Tenían razón las vallas que alguien puso en el año 2005 en la carretera hacía la frontera que decían: Guate-MALA. No se puede confiar en una investigación en manos de la policía guatemalteca.

Para medio terminar la argumentación, aunque con este ritmo de los acontecimientos en Guatemala, quién sabe si tiene validez mañana: Hay otra línea de investigación que es obligatoria en cualquier caso de asesinato: la rigurosa investigación de las víctimas. No estoy hablando de investigación contra las víctimas. No estoy hablando que haya sospecha contra las víctimas. Es simplemente un principio de investigación criminal: a veces algo en la vida, en el contorno, en la historia de la víctima da la pista para esclarecer el crimen, su móvil, sus autores materiales o intelectuales.

Con todo respeto por los diputados asesinados, alguien debería estar ahora investigando sus contactos, sus comunicaciones, sus movimientos, incluso sus familias y sus empresas. No para incriminarlos, sino para no dejar sin investigar ningún elemento que puede esclarecer el crimen contra ellos. Se entiende perfectamente que esto no se hace de manera pública, que hay que respetar el dolor y la privacidad de las víctimas, pero espero que los investigadores salvadoreños lo estén haciendo. Espero también que nadie ponga obstáculos a esta parte de la investigación, ni con la intención de proteger la reputación de las víctimas y sus familias. Precisamente para eliminar todas las especulaciones sobre vínculos de las víctimas con el crimen organizado que supuestamente dan un posible móvil de su ejecución, es indispensable que esta parte de la investigación se haga con toda profesionalidad e independencia.

Termino esta columna con la horrible sensación de que –bajo los acontecimientos de esta noche en Guatemala- la cosa es aún peor que uno se atrevía a imaginar, mucho menos a aportar al debate público.
(Publicado en El Faro)