sábado, 12 de noviembre de 2016

Carta a los escépticos: “Lo resolvemos”


Estimados amigos:
Muchas veces encontré gente en El Salvador que me dijo: “Qué locura lo del millón de refugiados de Siria, Irak y Afganistán que la señora Merkel ha admitido en Alemania.” Yo siempre dije: no es locura, es lo único decente que los alemanes y su gobierno pueden hacer.

¿Recuerdan la frase célebre que Angela Merkel repitió cada vez que algunos alemanes resentidos y racistas se quejaron: “Wir schaffen das” (lo resolvemos)? Es la versión de la señora Merkel, la política menos populista de Europa, de la consigna de Obama: “Yes, we can.” Pero ella con esta su frase no estaba prometiendo transformaciones, ni ‘el cambio’, ni un mejor mundo. No estaba prometiendo nada a sus votantes, los estaba retando a hacer lo correcto, lo decente, lo difícil pero factible.

En dos años, un millón y medio de refugiados de países con guerras civiles (que más bien son guerras anticiviles) han llegado a Alemania y reciben atención médica y sicológica, un techo, cursos de alemán y vocacionales. La meta: integrarlos en la sociedad alemana.

Ahora que estoy en Alemania, fui a visitar el ‘Café Mandela’ en Osnabrück, uno de miles de centros de atención a los refugiados en todas las ciudades alemanas. Estos son manejados por Iglesias, sindicatos, ONGs e iniciativas ciudadanas. Miles de voluntarios trabajan en estas instituciones.
En ‘Café Mandela’ los asilados reciben asesoría legal, ayuda para conseguir trabajo o apartamentos, pero sobre todo contacto humano. Cientos de ciudadanos alemanes frecuentan el café para hablar con los recién llegados, para jugar ajedrez con ellos, para organizar rondas de discusión o de artesanía. En esencia, les hacen sentir bienvenidos y tomados en cuenta.

Encuentro en esta tarde a 5 señoras alemanas dando clases individuales de alemán. Cada una ha adoptado a uno, dos o tres refugiados, y llegan dos o tres veces cada semana para practicar conversación. Encuentro a tres abogados que dan asesoría para enfrentar la carrera de obstáculos en la burocracia. Encuentro a una sicóloga alemana que habla árabe y da atención a los traumas de guerra que sufrieron en sus países, sobre todo a niños. Encuentro a dos médicos que dan consulta gratis. Encuentro a dos jóvenes de Alepo que asisten a tres diferentes cursos de alemán, para poder conseguir trabajo lo antes posible. Encuentro que una muchacha de Etiopía da clases de artesanía a sirios y alemanes.

La coordinadora del ‘Café Mandela’ es la única que tiene un salario, lo paga la Iglesia Luterana. Todos los demás son voluntarios: estudiantes, pensionados, profesores, profesionales. Una muchacha, estudiante de la Universidad de Osnabrück, tiene un año de dedicar entre 4 y cinco horas diarias al ‘Café Mandela’. Ella dice: “aprendí con este trabajo mucho más que en la carrera académica”.

Me cuenta que en Osnabrück, una ciudad de 165 mil habitantes, viven como 6 mil refugiados. “¿Cómo 165 mil habitantes no vamos a tener capacidad de integrar a 6 mil asilados?” Y me repite la frase de Merkel: “Wir schaffen das!”

En Osnabrück hay unas 50 iniciativas como el ‘Café Mandela’. No todos los ciudadanos comparten esta ‘cultura de la bienvenida’ (un término nuevo en el léxico alemán), pero tampoco hay ataques a asilados, ni marchas de los movimientos antiinmigrantes. La ciudad y sus instituciones no son rebasadas. Resuelven.

Al principio, cuando los alemanes se vieron enfrentados con el número mágico del millón de refugiados que llegaron cuando Angela Merkel abrió las fronteras, mucha gente se asustó. Hoy que el número ha llegado a 1.5 millones, pero repartidos entre todas las ciudades y pueblos del país, resulta que no hay ninguna razón para asustarse. Vi en Baviera pueblos con 5 mil habitantes que les toca albergar a 100 ó 150 refugiados y no hay crisis, hay suficientes recursos, tanto económicos como humanos para atenderlos. Y habrá también para integrarlos. “Wir schaffen das!”

Angela Merkel tuvo razón cuando dijo que Alemania, si no está dispuesta y capaz a resolver este reto, sería un país inhumano. Y que ella no quiere gobernar un país inhumano. Y en ‘Café Mandela’ me di cuenta que muchos ciudadanos dicen lo mismo y lo traducen en acción.

En el ‘Café Mandela’ me sentí orgulloso de mi otro país. El mundo no es como lo pinta Trump. Para él, Merkel es un pésimo ejemplo, un peligro para el la civilización del hombre blanco.

¿Qué significa todo esto para nosotros en El Salvador? No sé. Hay que reflexionar sobre esto. No tenemos ninguna ola de refugiados. Pero tenemos cientos de miles de compatriotas que igual necesitan integración.

Saludos,

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viernes, 11 de noviembre de 2016

Carta a mis amigos en Estados Unidos: ¿Por qué ganó un populista?



Estimados amigos:
¿Qué diablos pasó para que ustedes ayer amanecieran con lo impensable: un presidente Donald Trump? Este hombre, que tan merecidamente se ganó el desprecio y rechazo de la mayoría de las mujeres, la mayoría de los afroamericanos y latinos, y la mayoría de los mejor educados del país, ganó las elecciones. ¿Cómo es posible? Revisando las redes sociales veo que muchos de ustedes se están haciendo las mismas preguntas.

Revisando los primeros análisis, la culpa directa la tienen los hombres blancos, que viven en ciudades con menos de 50 mil habitantes o en zonas rurales; que además nunca terminaron el college y que además son evangélicos o católicos creyentes y tienen más de 45 años. Este es el perfil del votante que llevó al poder a Trump.

Muchos analistas superficiales (o interesados) incluyen en este perfil a los trabajadores y los desempleados, pero las cifras demuestran otra verdad: Entre los que ganan menos de 50 mil dólares al año, una gran mayoría ha votado demócrata, como siempre. Y entre los que ganan más de 100 mil al año, una clara mayoría ha votado por Trump. Es mentira el análisis que están vendiéndoles que la culpa la tienen los trabajadores, y que el tema que hizo ganar a Trump es la economía y los jobs.

Lo que algunos llaman la ‘Trump Revolution’, no es una revolución social, como la quieren vender. Mentira. ¿Cómo va a haber una revolución social encabezada por un especulador multimillonario? Es una ‘revolución’ cultural, más bien una contrarrevolución para revertir los avances de una sociedad liberal, tolerante y abierta: derechos de mujeres; derechos civiles de afroamericanos, minorías raciales y migrantes; conquistas sociales como el seguro médico para todos. Los motores principales de esta contrarrevolución no son la pobreza y el desempleo, sino el racismo, el nacionalismo, el machismo, la mentalidad autoritaria,  y el profundo miedo a las transformaciones que desembocan en una sociedad donde un afroamericano o una mujer pueden ser líderes de la nación. Lo que llevó al poder a Trump fue una coalición oportunista de todas estas corrientes que apostaron a él, porque no aguantan la idea de que luego de un negro asuma la presidencia una mujer.

Culpa del triunfo de Trump también tienen el 29 % de latinos que votaron por Trump, pensando que los van a aceptar como ciudadanos legítimos si se desmarcan de los migrantes nuevos, contentos que ya son los últimos en el ‘food chain’ y en la cadena de discriminación. Es el rechazo de los últimos que entraron al barco contra los náufragos…

Pero del desastre que ahora espera a Estados Unidos con un presidente populista y autoritario también tienen culpa las elites liberales (e incluso de izquierda) que movilizaron contra Trump pero sin entusiasmo por su propia candidata. A estas elites liberales hay que preguntar: Si no lograron apoyar de todo corazón a Hillary, ¿por qué diablos no postularon a alguien que puede defender y continuar con credibilidad y pasión contagiosa las reformas y el avance de los derechos civiles?

Y por supuesto tiene culpa la elite republicana, que no pudo esconder su menosprecio por Trump, pero que no hicieron nada para abortar su ascenso a la candidatura y ahora a la presidencia. Pensaron -y siguen pensando- que podrán instrumentalizarlo, cada uno por sus propios fines, unos contra el aborto, otros contra Obamacare, otros contra la globalización y el libre comercio, otros contra la integración racial y de migrantes y otros contra el feminismo. También los industriales y los conservadores alemanes pensaron que podían instrumentalizar a Hitler…

¿Qué hacer ahora? Esto lo tienen que contestar -no sólo en discurso, sino en la práctica- ustedes, mis amigos. Les deseo mucha sabiduría y muchas valentía. Saludos, su amigo



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(MAS! El Diario de Hoy)

martes, 8 de noviembre de 2016

Carta a mis amigos nicas: Ganaron contra Ortega. De Paolo Luers

 Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 8 noviembre 2016

Muy queridos nicaragüenses:
En estas elecciones, Ortega decidió no correr contra la oposición. Prefirió correr solo. Lo que no se imaginaba era que eliminando la candidatura opositora le tocó un adversario mucho más peligroso: la abstención. Ganó con 70% de los votos, pero sólo de una minoría de los aptos a votar. Los que realmente ganaron estas elecciones fueron los nicaragüenses que decidieron no votar. Unos como señal de oposición, otros por desinterés en una elección sin opciones, sin competencia, sin alternativa.

Ustedes consiguieron que Daniel Ortega continuará su perpetua presidencia sin mandato popular, sin legitimidad, sin autoridad que no sea conseguida por la manipulación y la represión. Felicidades, comandante, lograste enterrar al Frente Sandinista.

 

Igual que la mayoría de ustedes, yo soy de los se aferran a la idea que la Revolución Sandinista del 1979 fue un sueño latinoamericano hecho realidad, y al mismo tiempo una promesa. Ambos, el sueño y la promesa, han sido traicionados y destruidos por Daniel Ortega, Rosario Murillo y sus compinches Ellos todavía se atreven a pronunciar discursos revolucionarios, pero han reconstruido la dictadura. Construyeron el sinsentido de una revolución sin pluralidad, sin libertad, sin creatividad. Este domingo terminaron esta obra. Lo poco que había sobrevivido de esta gesta libertadora, lo enterraron.


O tal vez no. Creatividad y libertad han sido la esencia de la Revolución Sandinista. Ambos ya no tienen el más mínimo espacio en el régimen que todavía se llama sandinista, pero sé que todavía están vivos en las obras de Ernesto Cardenal, Gioconda Belli, Sergio Ramírez, los hermanos Mejía Godoy, en los campos universitarios, en periodistas como Sofía Montenegro y Fernando Chamorro, en ex combatientes como Dora María Téllez, Mónica Baltodano, Henry Ruiz y miles de otros que han abandonado al FSLN y hoy son opositores al régimen de Ortega.

 

El espíritu libertario de los sandinistas ha sobrevivido la dictadura somocista, la ofensiva de los contras y Ronald Reagan - y no tengo duda que sobrevivirá esta nueva dictadura, reencarnada esta vez como farsa con bandera sandinista. Ustedes han derrotada a la dictadura de verdad, ¿cómo no van a derrotar la farsa?

 

Lo que más asco da, más aun que los militantes del partido convertidos en borregos del clan Ortega, son los empresarios nicaragüenses, que siguen pactando con la nueva dictadura, sometiéndose a sus reglas políticas por el privilegio de poder hacer fortunas en las áreas de la economía que el comandante (todavía) no reclama para su clan y sus compinches.

 

Mando un saludo muy fraterno a los que en Nicaragua todavía mantienen viva la idea libertaria, para la cual tantos han dado su vida en las guerras contra Somoza y la intervención norteamericana. La alternativa al régimen Ortega-Murillo son ustedes, no la derecha corrompida disfrazada de liberales. Saco tremendo orgullo del hecho que los sandinistas que tuvo el honor de tener como amigos en los años del primer gobierno revolucionario no son parte de esta farsa que sigue llamándose FSLN. Ustedes, en una lucha que por ahora aparece quijotesca, se oponen a esta mala opereta puesta en escena por Rosario Murillo y su inútil esposo y socio de multimillonarios negocios. 

 

Ustedes son la esperanza, también para muchos de los ex combatientes del FMLN histórico, que no aguantan la idea que la tradición de las luchas centroamericanas por la libertad terminen en corrupción, menosprecio a la libertad de expresión y desmontaje de las instituciones que controlan el poder.


El domingo de la farsa electoral no fueron derrotados ustedes, sino los usurpadores, no solo del poder sino también de las banderas sandinistas.

Saludos,


lunes, 7 de noviembre de 2016

Columna transversal: El reencuentro

90 años son una vida larga. Y a veces una vida llena. Fui a Alemania a celebrar los 90 años de mi hermano mayor. Aparte de sus hermanos, hijos, nietos y sobrinos habían llegado a Düsseldorf gente de la India y Eritrea. Escucharlos hablar del impacto que mi hermano Lüder ha tenido sobre sus vidas y comunidades me ha hecho tomar conciencia de la vida que este hombre ha llevado, de su compromiso humanitario —y del carácter revolucionario de su labor de toda la vida.

No siempre lo he visto así. Por el contrario. Yo me autoproclamé el revolucionario de la familia, el que quería cambiar el mundo —y siempre he visto a mi hermano como el conservador del clan.

Cuando comencé a politizarme, tuve dos influencias contrarias en la familia: mi hermano Ulf, catedrático y activista del trabajo social, me haló hacia la izquierda; Lüder trató de halarme hacia un profundo cristianismo y un movimiento internacional, de auge en los años 60, que se llamaba “Moral Re-Armament”, algo como “Armamento Moral”. Cuando tenía 15 años, Lüder me llevó a un congreso de este movimiento —y salí espantado. Para mí, era una secta. Me fui politizando con la izquierda, en el Partido Socialdemócrata y luego con el movimiento estudiantil antiautoritario del 68. Y todo lo que mi hermano representaba para mí era una desviación de los verdaderos problemas del mundo, que gritaban por transformaciones radicales, no por sermones moralistas.


Cuando yo estaba inmerso en la rebelión del 68, Lüder anunció que iba a vender su exitoso negocio de arquitecto paisajista e invertir todo —dinero, trabajo, compromiso personal— en proyectos humanitarios en la India. Primero inició un proyecto de pozos para agua potable, luego fundó una organización que recogía a niños huérfanos o abandonados y les dio techo, comida, salud y educación. Igual, para mí esto era poner parches, yo quería la revolución. Cuando dejé mi carrera como periodista para trabajar en una fábrica y organizar las bases para radicalizar el sindicato, ni siquiera tuve conciencia que estuve haciendo algo muy parecido al rumbo que había tomado mi hermano.

Igual, cuando fui a El Salvador para participar en la guerrilla, nunca se me cruzó por la cabeza que los dos estábamos en vidas paralelas. No pude verlo, las diferencias ideológicas eran demasiado grandes…

Hablando con sus amigos de la India y Etiopía, donde Lüder luego lanzó proyectos similares para jóvenes, hoy me doy cuenta que en ambos países lo ven y admiran como un revolucionario social. Me cuentan que en la India unos 40 mil niños se beneficiaron de la labor de mi hermano, con una concepción bien emancipativa. Miles de ellos llegaron a graduarse en universidades, y muchos de ellos ahora son líderes de la emergente sociedad civil de la India. Los que llegaron a Düsseldorf son exalumnos de los proyectos dirigidos por Lüder y hablan de él como si fuera Martin Luther King o Nelson Mandela. Semejante cosa pasó en Etiopía donde Lüder comenzó su trabajo en 1974, en medio de una guerra civil y una sequía, que ambos mataron a cientos de miles. Miles de jóvenes no solo fueron rescatados sino convertidos en líderes sociales, comunales, religiosos y políticos.

En los últimos 20 años, cada vez que vi a mi hermano, nos dimos cuenta que ambos habíamos flexibilizado nuestras posiciones y desarrollado mucho más tolerancia —y autocrítica. Pero fue hasta esta fiesta de sus 90 años y escuchando a sus amigos de la India y de Eritrea, que tomé conciencia del impacto social y revolucionario que durante décadas ha tenido mi hermano, supuestamente un moralista incapaz de ver que al mundo hay que cambiarlo. Lo cambió profundamente, mucho más que yo. También me di cuenta que mi hermano ha inculcado a sus 4 hijos, ahora profesionales hechos, un enorme respeto por las decisiones personales y políticas que yo he tomado en mi vida. Hablando con ellos, resulta que siempre han visto que la vida de su padre y la de su tío eran vidas paralelas y no contrarias. Uno de ellos me dijo: Aunque casi no te conozco, para nosotros siempre has sido un ejemplo en cuanto al compromiso de intervenir donde hay pobreza e injusticia.

Mi hermano tuvo que cumplir 90 años para que yo me diera cuenta de todo lo que compartimos, a pesar de diferentes vestimentas ideológicas.

Me doy cuenta que en última instancia no son las ideologías las que cuentan, sino las acciones y su consistencia. Qué bueno que haya decidido viajar a Alemania para celebrar el cumpleaños de mi hermano mayor.
(El Diario de Hoy)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Carta a los borregos: Condenados a la ridiculez

En El Salvador, con justa razón ha aparecido en el debate público el término ‘borregos’. Se refiere a la tendencia de estar ciego a los pecados de los propios y defender la corrupción o los errores de personas, solo por su ideología cercana. Es parte de la inmadurez de nuestra cultura política. Ya hay muchos que se han liberado de este ‘borreguismo’ y constituyen una opinión pública crítica y auto crítica.

El borreguismo tiene incluso una dimensión internacional. Se encuentra gente de izquierda que a capa y espadas defienden a personajes como Cristina Kirchner, ex presidenta de Argentina, a pesar del carácter evidentemente corrupto de su gestión. No la defienden porque sea de izquierda, porque nunca lo ha sido, sino porque fue fiel aliada de Hugo Chávez y su infeliz sucesor Maduro, a quien los simpatizantes y dirigentes del FMLN también defienden, con el peligro de hundirse con él, y muy a pesar del visible desastre en que ha metido a Venezuela.

Igual no cuesta encontrar simpatizantes -y sospecho incluso dirigentes- de ARENA que se dedican a defender a Donald Trump, porque siempre han simpatizado con los republicanos. Y tal vez porque algunos planteamientos de Trump en materia de impuestos y en contra de las excesivas regulaciones del Estado les simpatizan. Pueden tener incluso razón en compartir ciertas posiciones con Trump, pero no en hacerse del ojo pacho ante el hecho de que este hombre es profundamente antidemocrático, racista, populista manipulador y que propone políticas que son sumamente peligrosas para El Salvador. Sus políticas antiinmigrantes, por ejemplo, son una amenaza para nuestros compatriotas y para nuestro país. Y su retórica contra el Libre Comercio, puesta en práctica de una administración Trump, sería un atentado contra nuestros intereses nacionales. Sin embargo, en las redes sociales aparecen salvadoreños que defienden a Trump, simplemente porque son ‘de derecha’ o porque disienten con las políticas de Obama y Hillary Clinton.

Hay muchas razones para disentir de la señora Clinton, y varias de las críticas que le hacen las comparto. Pero de ahí a desear ver en la Casa Blanca a un patán como Donald Trump es un paso irracional. No menos irracional que desear que Nicolás Maduro siga gobernando en Venezuela, a pesar de que ya hundió a ese país en lo económico, social, político y moral.

A los borregos de izquierda y de derecha hay que decirles: usen su propia cabeza, en vez de dejarse dominar ciegamente por esquemas ideológicos. En política (y en la vida) todo es relativo, uno puede ser de izquierda y detestar a Ortega, Maduro y Funes; o de derecha y oponerse a Trump y al intento de Juan Orlando Hernández de introducir la reelección presidencial en Honduras. Uno puede ser de izquierda y hablar en voz alta contra la supuesta corrupción de Mauricio Funes o contra los presuntos grupos de exterminio que organiza el FMLN. Igual que uno puede ser de derecha y exigir que se castiguen a funcionarios de ARENA envueltos en casos de corrupción. Estas cosas no son traición. Por lo contrario, traición es la complacencia con la corrupción en el propio campo. Limpiar la casa no es traición, pero permitir que se siga ensuciando lo es. No defender principios es traición.

Por suerte, los borregos están perdiendo la batalla contra una sociedad cada vez más crítica. Es más: la gente se ríe de los tontos útiles que siguen apoyando a líderes falsos. Quedan como pendejos y carentes de carácter. He detectado que el humor es el arma más efectiva contra el borreguismo…
No se preocupen: No es una falla salvadoreña. En mi viaje a Alemania (donde escribo esta carta) he encontrado a muchos alemanes -de izquierda y de derecha- que repiten consignas tontas contra la globalización y la integración europea, cuando ambos son la base del bienestar y la riqueza de su país. Se dejan movilizar por populistas que apelan a sus peores resentimientos y sus más oscuras emociones. Pero también en Europa existe una sociedad civil racional y crítica que es inmune contra estas payasadas de Marine Le Pen (derecha) o Pablo Iglesias (izquierda). Accidentes como el Brexit pasan, pero no se van a repetir. También en Estados Unidos suficientes republicanos tienen el valor de oponerse a Donald Trump, y es por esto que no va a ganar, no por el encanto de Hillary Clinton.

Así que, estimados borregos de todos los colores, acostúmbrense al hecho que en todas partes van perdiendo la batalla. A Maduro lo van a sacar del Palacio de Miraflores los habitantes de los barrios, que hace 10 años fueron baluartes del chavismo. Y a Trump lo van a derrotar los republicanos con principios.

Saludos,


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(MAS!/El Diario de Hoy)

jueves, 3 de noviembre de 2016

Carta a los usuarios de las redes sociales: Luchemos contra los trolls

Sólo en lo que va de este mes de octubre, más de 3 mil cuentas falsas han invadido mi cuenta de Twitter. Unos 100 diariamente. Lo sé, porque me he tomado la molestia de todos los días revisar los nuevos seguidores a mi cuenta – y de bloquear a todas las cuentas que a todas luces son falsas y no representan a personas reales que quieren participar del maravilloso intercambio de información y opinión que nos facilita Twitter. Para mi, este medio de comunicación es tan valioso que vale la pena dedicar cada día una hora para mantenerlo limpio.

Son avalanchas de cuentas falsas, que solo se pueden explicar con la existencia de centros de desinformación que planifican, financian y dirigen estas invasiones, a lo mejor con protección de instancias estatales y con ayuda de programas especializadas que generan miles de cuentas falsas. No tengo idea porque estos centros de trolles han decidido invadir masivamente mi cuenta – y las de otros que nos dedicamos a la generación de opinión pública y debate de ideas. Parece no tener sentido, pero algún propósito oscuro tendrán para dedicar tantos recursos a estas invasiones.

Tal vez su propósito sea poder denunciar que entre mis 51 mil seguidores hay un alto porcentaje de cuentas falsas, y con esto restar credibilidad a lo que publico. Ya los trolls relacionados a algunos de los centros de desinformación, por ejemplo el mal llamado ‘Sociedad Civil’ y otro conducido por el tal ‘Brozo’, se han dedicado a denunciar que este servidor está comprando cuentas falsas para inflar su número de seguidores.

Como durante varios años no revisé la lista de mis seguidores, es bien posible que en ella se hayan infiltrado h miles de cuentas falsas, que difícilmente voy a tener capacidad y tiempo de erradicar. Una reciente publicación del periódico español ABC afirmó que según sus investigaciones centros digitales relacionados con el FMLN han acumulado no menos de 300 mil cuentas falsas en Twitter. Sólo en El Salvador…

Otros tuiteros, como Marvin Galeas, ante esta contaminación de Twitter han decidido retirarse de este medio. Yo no estoy dispuesto de hacer esto – por tanto opto por la otra opción: eliminar diariamente las cuentas falsas que caen. No las puedo eliminar de Twitter, pero sí de mi cuenta, bloqueándolas. Todos que aman Twitter como medio de comunicación democrático deberían hacer lo mismo, en vez de abandonar este espacio de comunicación social y dejarlo a los desinformadores. La democracia así es: abre espacios también a los enemigos de la democracia. No la podemos abandonar por esto, más bien hay que defenderla. Lo mismo es válido para las redes sociales y su gran potencial de democratización de las comunicaciones.

Bloquear a las cuantas falsas es fácil: Todos los seguidores nuevos aparecen en el timeline de ‘notificaciones’ – y usando las aplicaciones de Twitter en Android o IOS es bien fácil bloquearlas. Muchos ni siquiera se toman la molestia de poner fotos, entonces parecen unos huevitos. Si además no tienen propios seguidores o muy pocos, y tampoco han publicado contenido, simplemente hay que bloquearlos. Son trolls o blots, son mentira, son una peste. Muchas de las cuantas falsas se identifican con nombres que incluyen combinaciones de cifras; muchas otras tienen en vez de fotos muñequitos o grafitis… hay que bloquearlos.

Yo lo voy a seguir haciendo diariamente, hasta que se cansen a invadir mi cuenta. O hasta al fin Twitter se decida a identificarlas y erradicarlas. Tiene la tecnología para hacerlo. Es parte de la lucha contra la contaminación que vuelve hostil nuestro ambiente.

Dedos a la obra. Saludos,
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(El Diario de Hoy)

martes, 1 de noviembre de 2016

Carta a Elías Antonio Saca: No quiero que te humillen, quiero justicia

Estimado Tony:
No me causa ninguna satisfacción el hecho que estés ahora en las bartolinas de la DAN, posiblemente en la misma celda que hace poco habitó Paco Flores y luego mi amigo Raúl Mijango. Me causa tristeza. Satisfacción me causa ver que la justicia al fin da señales de poner fin a la impunidad.

Muchos han expresado alegría por la noticia de tu arresto. Pero temo que no es tanto la alegría de que nace de la justicia, sino más bien la alegría del mal ajeno, la famosa ‘Schadenfreude’ en alemán. Detesto esta reacción maliciosa de sacar alegría del hecho que alguien fue arrestado en la boda de su hijo. Asumo que esto se hizo debido al sentido populista que ya anteriormente, en otros casos, hemos observado en el accionar del actual Fiscal General.

¿Por qué todo esto me causa tristeza? Porque ahora los últimos tres ex presidentes de la República están involucrados en juicios de corrupción. ¿Qué dice esto sobre nuestra democracia? Significa, por una parte, que está en grave peligro de perder legitimidad. Ya hay muchas voces que gustosa y maliciosamente cuestionan el sistema de la democracia representativa, expresada en los partidos políticos. Esto solo abre espacio para demagogos aun peores que ya están al acecho. Pero por otra parte, el hecho que tres ex presidentes estén enfrentando la justicia significa una gran oportunidad de regeneración. Cuál de los dos escenarios será el desenlace de esta situación, ahora depende principalmente de la manera cómo actúe nuestro sistema de justicia, empezando con la Fiscalía y también de la madurez de la sociedad civil, que puede ir por el camino del populismo y querer ver espectáculos; o puede ir por el camino correcto de exigir justicia imparcial, libre de venganzas, show mediático y efectos populistas.

Pero estoy seguro que todo esto no te preocupa. Tu actuación como presidente y como ex presidente nunca fue marcada por el interés en la institucionalidad. Todo lo contrario, tú fuiste quien convirtió la corrupción en sistema, primero en ARENA, luego en el gobierno. No inventaste la corrupción, pero le diste coherencia, la legitimaste con discursos populistas. Fuiste tú quien contaminó el partido, el Estado y la sociedad con este virus del populismo, sustituyendo la racionalidad de la política con la irracionalidad del desenfrenado clientelismo.

Y fuste tú quien abrió el espacio para esta otra versión del populismo simbolizada por Mauricio Funes: el populismo lleno de odio, rencor, sed de venganza e intolerancia. Sin la irresponsabilidad tuya, esta enfermedad nunca hubiera podido capturar al Estado. Y ahora tú mismo caes víctima de estos fantasmas que despertaste. Es irónico, porque tú nunca fuiste vengativo, ni en particular intolerante, ni consumido por odio como Funes y muchos de los que le siguieron en el gobierno. El populismo al que tú abriste espacio, ahora es tan vengativo que cuesta creer que vas a tener un juicio imparcial.

Precisamente esto es lo que hay que exigir. Solo si los juicios contra Funes, Luis Martínez, Quique Rais y el tuyo realmente sirven para descubrir la verdad, o sea, los mecanismos y esquemas de la corrupción incrustados en nuestro sistema político y judicial- nos servirán como primeros pasos de regeneración democrática. En cambio, si estos juicios van en la misma dirección que los juicios vengativos que Mauricio Funes y Luis Martínez celebraron contra Paco Flores y en el caso CEL-ENEL, sólo van a profundizar el problema.

Por esto, no puedo sacar satisfacción de la manera como la PNC y FGR pusieron en escena tu arresto, en medio de la boda de tu hijo. Este espectáculo, igual que la forma mediática como se hicieron los allanamientos en las casas de Funes, no aportan nada a la justicia, solamente al morbo. Este morbo es incompatible con la justicia. Como siempre en El Salvador, poco pan y mucho circo…

Por la simpatía que me despertaste, cuando enfrentaste mis duras críticas con humor y debate, deseo que tengas la capacidad de enfrentar tu juicio con dignidad. No quiero que te humillen, quiero que se haga justicia.

Saludos desde las montañas de los Alpes,
44298-firma-paolo

(MAS!/El Diario de Hoy)