jueves, 20 de abril de 2017

Carta al ministro de Seguridad: La incapacidad de aceptar errores y consejos

Estimado comisionado Landaverde:
A un ministro que no escucha ni críticas, ni propuestas, ni recomendaciones de nadie fuera de su gobierno o partido, solo le queda la descalificación: “Las pandillas están buscando ejercer influencia sobre supuestos tanques de pensamiento”. Así reaccionó usted al análisis que planteó al Gobierno un grupo de expertos de conflictos de prestigio global. El “International Crisis Group” está compuesto por exlíderes de Estados y de organismos internacionales, expertos en seguridad nacional y otros académicos que con mucho éxito han aportado a generar soluciones a muchos conflictos en el mundo.
Solo porque les recomiendan revisar a fondo su política de Seguridad, usted les llama “supuesto tanque de pensamiento” y los acusa de haberse dejado influenciar por las pandillas. Esa es su lógica, ministro, y por eso estamos como estamos. Todos los independientes que critican sus políticas y recomiendan enfrentar la violencia con políticas que no generen más violencia, para ustedes son colaboradores de las pandillas o idiotas que se dejan manipular por delincuentes.

Uno no tiene que dejarse influenciar por las pandillas para darse cuenta que las políticas de seguridad de su gobierno no funcionan y que ponen en duda el compromiso del gobierno y de la PNC con los Derechos Humanos y los debidos procesos. Aquí ha venido Álvaro de Soto, uno de los facilitadores de nuestros Acuerdos de Paz del 1992, junto con el exembajador Thomas Pickering, para plantearles a ustedes lo mismo que ahora repite el Crisis Group: que necesitan revisar su concepto militarista de lucha contra la violencia, y ustedes, gobierno y partido FMLN, los mandaron al carajo.
Lo mismo, aunque con más diplomacia (o mejor dicho, hipocresía), le está pasando al embajador Benito Andión, quien como enviado especial de Naciones Unidas está tratando de facilitar acuerdos nacionales, que obviamente tienen que incluir el tema seguridad. Aunque fue el mismo presidente Sánchez Cerén quien pidió al Secretario General de este organismo que enviara a este facilitador, igual se niega a escucharlo.

Tampoco aceptan señalamientos de parte de la UCA, de la Iglesia, de los medios, ni siquiera del Departamento de Estado. ¿Será que todos ellos también son víctimas ingenuas o cómplices de la influencia de las pandillas?

El International Crisis Group, dirigido por el francés Jean-Marie Guéhenno, que durante 8 años fue jefe de las operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas, recomienda al gobierno salvadoreño “exonerar a los facilitadores de la tregua acusados de asociación ilegal, como una medida de fomento de la confianza; revertir la decisión de renovar las ‘medidas extraordinarias’ contra las maras; y aprobar la estancada ley de rehabilitación”.

Entiendo que este tipo de recomendaciones no les gustan. Pero alguien incapaz de considerar un análisis, solamente porque no le gusta que cuestionen sus políticas, jamás debería ser ministro, mucho menos de Justicia y Seguridad.

Saludos,

(MAS!/El Diario de Hoy)

jueves, 13 de abril de 2017

Carta a los que reclaman la presencia del presidente: Acepten la realidad, estamos a la deriva. De Paolo Luers

Estimados amigos:
Les tengo que preguntar: ¿Acaso se hubieran sentido más seguros si en la cadena nacional sobre los sismos hubiera aparecido el profesor Sánchez Cerén?

Fue patético el espectáculo del comando de emergencia formado por la ministra de Medio Ambiente (que dijo que mejor nos vayamos a la playa); el “albañil del pueblo” Gerson, (quien dijo que mejor no saliéramos); el canciller, quien no tenía nada que decir; y el vicepresidente a quien sacaron de a saber de qué tipo de vacaciones.

Enfrenten la realidad: Así es nuestro gobierno, esté o no el presidente, esté en Cuba recibiendo tratamiento médico o esté aquí.

El hombre se fue a Cuba sin avisar. Como si no lo supiéramos. Por supuesto que no podía saber que iba a temblar. Pero sí sabía que su gobierno estaba en impago. Sí sabía que nos iban a bajar aun más en las clasificaciones de crédito, poniéndonos en la misma categoría con Venezuela. Se fue de todos modos, y de alguna manera tuvo razón: Estén o no estén el presidente y su vice, aquí no hay liderazgo.

La crisis de los sismos perfectamente la hubieran podido dejar en manos de Jorge Meléndez, quien dirige el organismo que coordina las respuestas a las emergencias. Lo hubiera hecho mejor que los tres que se disputan la candidatura presidencial y las cámaras: Gerson, Oscar y Hugo.
El presidente se fue a Cuba dejando instrucciones que nadie revelara su destino y su condición. Esto sí es grave, pero no porque su liderazgo nos haga falta. Es grave por la evidente inconstitucionalidad de su salida sin haber pedido permiso a la Asamblea. La Sala confirmó en su sentencia del 1 de septiembre del 2016 que el mandatario tiene que pedir permiso cada vez que salga del país. Es incomprensible que la Asamblea y la Sala permitan que esta inconstitucionalidad se repita en cada viaje del presidente.

Más grave aún es que, con el presidente ausente o presente, cada vez se confirma más que no es apto para gobernar. No por brillar de su ausencia en una emergencia nacional, sino por brillar de ausencia de liderazgo en todos los asuntos del Estado. Delega la política de Seguridad Pública a un conjunto de policías, quienes facilitan la militarización de la PNC y encubren la sistemática violación de Derechos Humanos. Delega la política fiscal a personeros de notoria incapacidad y negligencia. Delega la tarea de atraer inversiones a Sigfrido Reyes, Oscar Ortiz y José Luis Merino, que son para espantar a cualquier inversionista.

El gobierno está a la deriva. Y lo peor: La oposición tampoco muestra liderazgo. Felices vacaciones les desea



(MAS!/El Diario de Hoy)

Un día después:

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martes, 11 de abril de 2017

Carta a una lectora: Hablemos de prioridades

Estimada señora:
Usted me mandó múltiples mensajes preguntándome, más bien reclamándome porqué no he escrito sobre Oscar Ortiz y Chepe Diablo.

Le voy a contestar. Me quedé callado porque todo el mundo habla de esto todos los días. Esto siempre es sospechoso. Todo está dicho, e incluso un poco más: especulaciones, confabulaciones, y otras novelas. Sólo tendría sentido escribir más sobre este caso si tuviera los elementos para contrarrestar estas novelas, no para alimentar más la leyenda… de Texis. Llegará el momento.

El fiscal general, con todas las limitaciones de presupuesto que con buena razón está lamentando, asignó a 50 (¡cincuenta!) fiscales al caso contra Chepe Diablos. Me surge una pregunta: ¿Qué hubiera pasado si al caso Mauricio Funes hubiera asignado semejante recursos? En este caso (más bien en estos múltiples casos: Probidad/enriquecimiento ilícito, Chaparral, Polistepeque, Odebrecht, el préstamo convertido en donación de Salume…) ni siquiera existe una acusación penal, por lo tanto tampoco orden de captura. Y el caso civil se encuentra en el aire.

Si por ordenes del señor F1 estuvieran 50 fiscales revisando toda la documentación incautada en los allanamientos a las casas de Funes, Vanda, Michi y Mecafé, y si contaran con el mismo apoyo técnico que Estados Unidos está brindando en el caso Chepe Diablo, los periódicos no tendrían tantas páginas que llenar con la novela de un “cartel” acusado de lavado de 215 millones de dólares. ¿Y si los 50 fiscales los hubieran asignado al caso Saca y Cía.?

En este punto me surgen otras dos dudas; la primera: ¿Existen “carteles de lavado”, o reservamos este distintivo para los grandes narcotraficantes?

Y la otra duda, esta sí profunda: ¿Es más importante que alguien lave 200 millones o que otro los robe? Estoy claro que ambos son delitos, pero ¿cuál de los dos hace más daño al país? Me imagino que también un fiscal general tiene que definir prioridades, sobre todo cuando es cierto que le quieren paralizar su trabajo negándole los fondos necesarios para hacerlo bien.

Y ahí me entra la madre de todas las dudas: ¿Cómo es posible que un fiscal general, al tiempo que investiga casos de corrupción muy sensibles, esté obligado a negociar el presupuesto de la fiscalía con el gobierno y con los partidos – o sea con los posibles afectados de sus investigaciones? La respuesta: No es posible. No puede pasar. Es contrario a la independencia del fiscal y su institución.

Como ve, estimada señora, ya me corrí otra vez a otros temas. Pero para mi son más importantes. Sobre todo porque nadie habla de ellos.

Saludos,



(MAS!/El Diario de Hoy)

viernes, 7 de abril de 2017

Columna transversal: El orden

Nuestro adorado cuarto de niño, este reino del desorden que defendimos contra las intromisiones y regulaciones de los adultos, vive en nuestra memoria como símbolo de libertad y felicidad. Pero al crecer nos enseñaron que todo ser maduro tiene que aspirar a un orden que nos da estabilidad. De la libertad del desorden sólo nos queda la nostalgia.

En política, los conservadores se ven como garantes de este orden. En Alemania hay un partido conservador de derecha, cuyo programa se llama “Ordnung”. Un término muy alemán, mucho más pesado que “orden” en español. No es sólo un principio, es una manera de actuar, controlar, imponer, sancionar. En alemán, las fuerzas de seguridad se llaman “Ordnungskräfte”: fuerzas del orden. No defienden la libertad, ni los derechos ciudadanos, defienden el orden. “Ordung muss sein” (orden es necesario) fue la frase preferida de la dictadura nazi y de la dictadura comunista.

Para los conservadores, la mente desordenada es una carga para el hombre y una amenaza para la sociedad, y la creación de orden la ven como una tarea de la sabiduría. Así ya lo dijeron en cristiana convicción Agustín y Tomás de Aquino. “Ordnung” es el término fundamental del conservadurismo político.

Del principio del orden se derivan una serie de axiomas que caracterizan y dominan el pensamiento del conservadurismo, sea de derecha o de izquierda: realismo, jerarquía, autoridad, disciplina, patria, seguridad, armonía, moral, unión… Su punto común es la prevalencia de lo existente sobre lo posible. Los liberales, la izquierda democrática y la izquierda antiautoritaria tienen otros axiomas: pluralismo, debate, tolerancia, derecho a la disidencia, emancipación, autodeterminación, libertad….

La izquierda democrática, los liberales, los libertarios y los antiautoritarios desarrollan utopías, la derecha conservadora se aferra a tradiciones e identidades. Confinando la utopía al ámbito de la fantasía y lo imposible, los conservadores tienden a elevar la tradición y la identidad a categoría de necesario. No existe alternativa, este es el refrán conocido de los conservadores. La pérdida del orden (como en la crisis de refugiados en Europa; o en las manifestaciones ciudadanas en Venezuela) significa caos, y es imposible vivir. El desorden genera miedo, y el miedo genera fuerza para los conservadores. Así se explican el Brexit, el triunfo de Trump, el surgimiento de derechas ultraconservadoras en Francia, Holanda, Alemania, Hungría, Polonia y Rusia.

El hecho que todo orden político es sucesible a perturbaciones, los liberales y la izquierda democrática lo vemos como normal y hasta necesario para producir cambios. Para la derecha conservadora y la izquierda ortodoxa, ansiosas de armonía, disciplina y unidad, cualquier perturbación significa peligro. Es por esto que los conservadores pueden vivir mejor con injusticia que con desorden. Y esto incluye a los conservadores marxistas. Ahí reside en el fondo la diferencia entre autoritarios (derecha conservadora, comunistas) y antiautoritarios (liberales, izquierda democrática).

Tal vez ser conservador o ser liberal y antiautoritario es asunto de temperamento. Unos prefieren el calor del cuarto de niño desordenado; otros, la seguridad y el orden de un escritorio de oficinista.

Pero más allá de temperamentos individuales, también es asunto del tipo de convivencia que se quiere en una familia, en una sociedad, en un país, en el mundo: ¿Una convivencia basada en orden-unidad, o en pluralismo-diversidad? Unidad del pueblo (los nacionalistas) o unidad de clase (la izquierda ortodoxa) versus sociedad abierta. Pueblo versus ciudadanía. Identidad versus personalidad. Colectivo versus individuo.

Estamos acostumbrados de ubicarnos en el espectro político sobre una coordenada entre izquierda y derecha. Pero hay otra que mide y explica mucho mejor el carácter de partidos, movimientos, o líderes: la coordenada entre autoritario y democrático. Si usamos esta coordenada para entender el espectro político, de repente vemos mucha cercanía entre los polos clásicos de derecha e izquierda. Y mucha coincidencia entre liberales e izquierda democrática, libertarios y antiautoritarios. Pero el espectro partidario (aun) no refleja esto.

Mari Le Pen (la líder ultraderechista de Francia) y Pablo Iglesias (el líder de la nueva izquierda populista española) se parecen mucho más de lo que ellos mismos creen. Comunistas y fascistas han erigido dictaduras muy parecidas. Nacionalistas y marxistas tienen el mismo irrespeto por los individuos, sus libertades y sus diferencias. Es tiempo que los verdaderos liberales y los verdaderos socialdemócratas entendamos que tenemos mucho más en común que cada uno con los extremos en la coordenada izquierda-derecha.
(Inspirado en una nota de Roman Leik en Spiegel-Online)
(El Diario de Hoy)

 

martes, 4 de abril de 2017

Carta a los optimistas: Mi versión de “Marca País”

Amigos:
Ser optimista no significa negar los problemas no resueltos, sino estar dispuestos a enfrentarlos.
Reconocer nuestras debilidades no significa resignación, sino es la condición indispensable para superarlas.

Lo peor que podemos hacer es darnos paja. Si un gobierno no tiene idea de cómo conducir al país al desarrollo, a la inclusión social y a la paz, se inventa una campaña publicitaria que pinta de bonita la realidad ante la cual ha fracasado. Así nace la campaña “marca País” con el slogan: “Grande como su gente”. Un gobierno de izquierda tratando de copiar “Make America great again” de Trump. Populismo que trasciende fronteras ideológicas...

Esta campaña diseñada por una agencia transnacional contratada por Sigfrido Reyes no refleja nuestra realidad. Si queremos plasmar nuestra identidad, tenemos que resaltar nuestra actitud ante las adversidades. Y esta actitud es positiva, pero no mentirosa. Es optimista, pero sin darnos paja solitos…

La alternativa presentada por un movimiento de profesionales creativos, bajo el título “El lado positivo del mundo”, es mucho menos mentirosa, mucho mejor desarrollada, mucho más auténtica y creativa – pero tampoco parte de un reconocimiento de nuestros problemas.

Aquí un guión para desarrollar nuestra verdadera “Marca País”:
  • Pasamos 12 años en guerra, pero hicimos la paz.
  • Destruimos nuestro país, pero lo reconstruimos.
  • La violencia política nos robó a nuestros mejores hijos, pero la erradicamos.
  • Seguimos pobres, pero no permitimos que nos limiten la libertad.
  • Terremotos y huracanes destruyen nuestros pueblos, pero los volvemos a levantar.
  • La marginación creó pandillas y violencia, pero también sed de inclusión y paz.
  • Estamos polarizados, pero seguimos trabajando.
  • Nuestra gente emigra, pero nunca abandona al país.
  • Aun no sabemos cómo erradicar la violencia, pero sí como sobrevivir.
  • No nos dejamos joder, pero nunca dejamos de joder.
  • El Salvador nunca se ahueva.
Comencemos de nuevo, desde abajo, desde la realidad, con nuestros artistas y diseñadores. Tal vez llegamos a algo que realmente nos identifica, nos une y nos presenta.

Saludos de un optimista incorregible,




(MAS!/El Diario de Hoy)

sábado, 1 de abril de 2017

Carta al canciller: Decidieron hundirse con el chavismo

Estimado Hugo Martínez:
Hablemos de Venezuela. Pensaba escribir estas líneas al presidente Sánchez Cerén, pero no tiene sentido. No me va a entender. Este hombre realmente cree que Hugo Chávez fue la encarnación de Simón Bolívar; que Nicolás Maduro preside sobre una democracia popular; y que la oposición venezolana, aunque represente a 70% del pueblo venezolano, es una banda de vende patrias. Te escribo a vos, porque vos sí sabés que el chavismo es una farsa; que sus cárceles están llenas de presos políticos; que en Venezuela hay un régimen militar metido en narcotráfico – y que además está al punto de caer…

Como canciller sos responsable por el apoyo que a nombre de nuestro país recibe este régimen en los debates de la OEA, donde 20 países (que representan 90% de la población del continente americano) exigen sanciones contra el gobierno venezolano. Sos responsable del patético espectáculo de un embajador salvadoreño negando las violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos y las libertades en Venezuela.

Esta actitud la puedo entender de Medardo, de Nidia o del presidente, que son de los últimos creyentes en la Santa Trinidad de buen vivir, antiimperialismo y dictadura del proletariado. Entiendo también la actitud de Ramiro o Sigfrido, para quienes todo esto (Venezuela, la conexión narco y ALBA) simplemente es un asunto de negocio. Pero no puedo perdonar a quienes defienden estas mentiras por cobardía – o para mantener la esperanza en una candidatura presidencial que de todos modos nunca te la van a dar.

Los políticos que creen en principios que uno no comparte pueden darnos cólera, pero los podemos aceptar. Pero los que nunca defienden un principio dan asco.

Dos días después del debate en la OEA, en el cual ustedes trataron de vetar la aplicación de la Carta Democrática diseñada para el caso que un país miembro rompa el orden constitucional, en Venezuela se consumó un golpe de Estado: la Corte Suprema, controlada por el chavismo, suspendió la Asamblea Nacional, donde hay una clara mayoría opositora. Queda liquidado el único órgano del Estado no controlado por el gobierno. Rompieron definitivamente el hilo constitucional.

¿Cuál será la reacción de tu cancillería? ¿Seguir defendiendo a un régimen ya convertido en dictadura? Ya sabemos cuáles serán las órdenes que te mandan el Politburó y Casa Presidencial: ¡Solidaridad con Nicolás Maduro hasta cuando su propio pueblo lo eche preso!

¿Cuál será tu reacción, Hugo? También podrías renunciar y mostrar que estoy equivocado en cuanto a tu carácter. Pero no. Seguís recetando a los venezolanos el diálogo. Pero Venezuela ya está más allá de los diálogos. La suspensión del parlamento es la negación final del diálogo. Es hora de sanciones.

Con todo tu discurso de una “política exterior no ideologizada”,
te estás hundiendo con el chavismo. Saludos,



(más!/El Diario de Hoy)

jueves, 30 de marzo de 2017

Carta al Dr. Castillo: Si la verdad no es pública, no sirve para nada

Muy estimado Fabio:
Contrario a lo que muchos asumen, lo estimo mucho. Cuando lo propusieron como magistrado, le dije algo que no lo le gustó: que usted, aunque solo le pusieran a servir café en la Corte Suprema, terminaría controlándola. Y usted me dijo “tabernero”, lo que jamás tomé como insulto: ejercí esta profesión con orgullo durante 20 años.

El lunes pasado usted dijo en televisión una frase que me confirmó porqué estimo su sabiduría: “A estas alturas pretender castigar a la gente por los errores o las barbaridades que unos y otros cometimos durante la guerra, ya no tiene ningún sentido para la reconciliación de los salvadoreños.”

Pero enseguida dijo algo que me chocó, sobre todo en boca de alguien tan ilustrado: “La Comisión de la Verdad dijo que su informe debía quedar en secreto hasta que el pueblo salvadoreño fuera capaz de enfrentar su propia verdad, y esas palabras fueron sabias. No he leído el informe.”

Nada más lejos de la verdad, Fabio. El Art. 2 de los Acuerdos de Chapultepec dice que la Comisión de la Verdad “tendrá a su cargo la investigación de graves hechos de violencia, cuya huella sobre la sociedad reclama con mayor urgencia el conocimiento público de la verdad.”

Y cuando la Comisión entrega su informe, dice en la introducción: “Los negociadores de la paz querían que esa paz nueva esté edificada sobre la transparencia de un conocimiento que diga en público su nombre. Ese conocimiento público de la verdad es reclamado con mayor urgencia.”

Lo que complica hasta hoy al país no es que el doloroso informe se haya conocido antes de que “el pueblo salvadoreño fuera capaz de enfrentar su propia verdad.” Es al revés: No le hemos dado la difusión sistemática necesaria para que la verdad pudiera ejercer su poder de superación, sanación y reconciliación. Y pagamos el costo, con múltiples exigencias de abrir juicios…

Me parece insólito que uno de los intelectuales protagonistas de la transición de la guerra a la paz diga que nunca leyó el Informe de la Comisión de la Verdad. Ni le creo.

Lo otro que le tengo que corregir es algo que dijo sobre los que hicimos campañas para financiar la insurgencia salvadoreña. Según usted, el actual ministro de relaciones exteriores de Alemania “fue miembro de todos los comités de solidaridad con la guerrilla, o sea que la guerrilla (salvadoreña) recibió dinero del extranjero.” Pero cuando en Alemania hicimos la campaña “Armas para El Salvador”, Sigmar Gabriel tuvo apenas 19 años y estaba cumpliendo su servicio militar. Logramos apoyos inesperados con esta campaña, pero tampoco desde adentro de la Fuerza Armada alemana.

No me tome mal estas dos correcciones, Fabio. Siempre podemos coincidir sobre el bachiller Funes. Saludos,



(MAS!/El Diario de Hoy)