jueves, 14 de noviembre de 2019

Carta a todos que están de acuerdo en que cerremos bien el capítulo de la guerra civil. De Paolo Luers (+el texto del proyecto de Ley de Reconciliación)



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 14 noviembre 2019


“¡Desacato!”, gritaron algunos. “La Asamblea desobedeció. Es bastante simple“, sentenció un connotado abogado.
No es cierto. No es nada simple. Es cierto que la Sala le dio un plazo a la Asamblea para aprobar una Ley de Reconciliación que llene el vacío dejado por la declaración de inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía del 1993. Es cierto que la Sala dijo que este plazo es “improrrogable”.

Lea el texto completo del 
anteproyecto de la Ley de Reconciliación 
al pie de esta nota
Pero antes de indignarse, reflexionen un rato: es fácil dar órdenes, pero a veces es muy difícil o incluso imposible obligar a su cumplimiento. ¿Cómo se obliga a que un parlamento llegue a un acuerdo político, sobre todo en un tema tan sensible y que casi vuelve obligatorio que sea avalado por una amplia mayoría?
A una instancia administrativa se puede ordenar que cumpla con una sentencia en determinado plazo, pero la Asamblea consiste de 84 diputados que por Constitución tienen plena autonomía de decisión. No hay forma de obligar a un acuerdo legislativo.
La Asamblea hizo lo correcto al pedirle a la Sala una nueva prórroga. ¿Cuál hubiera sido la alternativa? ¿Someter a votación los dos proyectos de ley existentes y ver cuál llega a 43 votos? Construir acuerdos cuesta el tiempo necesario y no es conveniente someterlo a plazos.
Leyendo la propuesta actual de la subcomisión correspondiente, nos damos cuenta que los diputados han avanzado bastante y en la dirección correcta, comparado con los borradores que hace unos meses no encontraron apoyo mayoritario ni en la Asamblea ni en el debate nacional. ¿Y cómo avanzaron? Haciendo al fin lo que muchos desde el principio les urgimos, abrir el proceso de debate y de construcción de una propuesta.
El intento de consensuar esta ley entre los dos bandos enfrentados en la guerra, ambos con cuentas abiertas con la justicia y la verdad, era torpe y contaminó el pozo. Yo lo advertí en varias columnas. 
Al ver el rechazo y la desconfianza a su primera propuesta, los diputados entendieron el mensaje y abrieron el debate. Había dos formas de abrir el debate que se propusieron y que se enfrentan hasta hoy. Una decía que hay que concertar la ley con las víctimas, o más bien con las organizaciones que pretenden representar a las víctimas, aunque es obvio que no existen “las víctimas” como sector. Las víctimas que estas organizaciones pretenden representar son exclusivamente las víctimas de la represión gubernamental y militar. Es lo que se puede llamar la propuesta simplista, que negocien con las víctimas. Y el punto central, las penas de cárcel para los victimarios. Es una vista muy simplista del conflicto y por ende, de la tarea de la reconciliación.
La otra manera de ampliar el debate era involucrar algunas de las figuras sensatas del país, personas que pueden ejercer interlocución de confianza con los diferentes actores y afectados, como los diferentes partidos, militares y excombatientes, la academia, iglesia, organizaciones de derechos humanos. No se trata de una negociación, sino de construir con ellos una nueva propuesta que tome en cuenta las necesidades y sensibilidades de todos los actores. 
Esta segunda vía fue exitosa. La propuesta que surgió se centra no en castigo, sino en verdad y reconciliación, y luego de mucha discusión fue asumida por varios partidos, incluyendo ARENA y FMLN, pero también PCN y PDC. Hubo consenso de que esta propuesta vuelve obsoletas las propuestas originales resultadas de negociaciones entre los partidos. Se convirtió en la propuesta de los partidos. 

El problema es la férrea oposición que contra esta y cualquier otra propuesta que no sea de ellos organizan un conjunto de organizaciones que dicen que hablan a nombre de las víctimas. Por negligencia de todos los demás, fueron ellas las que monopolizaron durante años el debate sobre justicia y verdad, memoria y reconciliación. Hoy sienten que solo ellas tienen autoridad para proponer o avalar una ley de reconciliación. Por presión de este sector, tanto el FMLN como otros sectores que ya habían expresado su apoyo a la propuesta, medio se replegaron y vuelven a plantear que hay que tomar en cuenta el proyecto de ley alternativo presentado por las organizaciones de derechos humanos. El hecho que el presidente de la República está tratando de pescar en las aguas revueltas de este conflicto, tampoco ayuda…
Ahora hay que aprovechar la nueva prórroga para someter al debate nacional las dos propuestas y sus lógicas opuestas: la lógica de verdad y reconciliación versus la lógica del castigo. Es un asunto que trasciende los bandos del conflicto, víctimas y victimarios, y los intereses partidarios actuales. 
Saludos, 

Lea también: 

Mejor no legislar que mal legislar

Cállese, señor presidente




EL ANTEPROYECTO DE LEY





















martes, 12 de noviembre de 2019

Carta al ministro de Defensa: La historia de los obuses sin municiones. De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DAIRIO DE HOY, 12 noviembre 2019


Estimado señor capitán de navío René Francis Merino Monroy:
Me estoy preguntando con base en qué información el presidente de la República se atrevió a publicar este tuit, dándole a usted una orden explícita: “Señor Ministro Merino Monroy, prepare e interponga la denuncia ante la Fiscalía General contra Gustavo López Davidson por el hurto de cargamentos de armamento de la Fuerza Armada, así como por estafa agravada a las institución”.
Es imposible que el presidente de la República se haya dado cuenta ni siquiera de la existencia de un negocio de armas entre el Ministerio de Defensa y la empresa Centrum, de López Davidson, realizado en 2013, sin que usted le haya informado. Y no solo informado: Tiene que haberle dicho al presidente que en este negocio hubo delitos como “hurto” y “estafa agravada” por parte del señor López Davidson. ¿De qué otra manera al presidente de la República una buena noche a las 7:49 pm se le ocurre hacer semejantes acusaciones al presidente del principal partido de oposición?
Hay otra cosa que cuesta entender: luego de que usted informa al presidente, recibe a las 7:49 pm del jueves 7 de noviembre la orden presidencial de proceder con una denuncia ante la Fiscalía. Sin perder tiempo, usted se presenta a la Fiscalía, a la primera hora del día siguiente. Y ahí la cosa insólita: usted presenta un “aviso verbal”, o sea sin entregar ninguna documentación sobre el negocio entre Centrum y Defensa y los presuntos delitos.
¿Anuncio verbal? Esto lo puede hacer un ciudadano, cuando de alguna forma se dio cuenta de un delito. Un ciudadano no tiene cómo tener acceso a la documentación que comprueba el delito. Pero un ministro de Defensa, en un caso que surgió dentro de su ministerio, donde él tiene acceso ilimitado a todos los archivos y a los subalternos involucrados, ¿cómo puede ir a la Fiscalía y hacer un anuncio verbal, sin documentar las acusaciones graves contra uno de los líderes políticos de la oposición? Es más, ministro, para informar al presidente, usted ya tiene que haber documentado el caso de antemano. ¿Cómo se le ocurre no entregarla a la Fiscalía?
Por una simple razón: no hay caso. No hay documento alguno en los archivos del Ministerio de Defensa que indique que en el contexto de los negocios entre el ministerio y la empresa Centrum se hayan dado delitos como hurto y estafa.
A mí como civil me costó un par de llamadas y un almuerzo para confirmar con fuentes militares activas y otros retirados que por parte de Defensa nunca hubo el mínimo reclamo a la empresa Centrum en la adquisición de dos obuses de fabricación israelí (el calibre hasta la fecha es información reservada). Fueron adquiridos en 2013, previo viaje a Israel de varios oficiales para probar los equipos. Los equipos fueron entregados debidamente, pero con el acuerdo de que iban a quedar empacados hasta que la Fuerza Armada adquiriese las municiones y Centrum pudiese dar el entrenamiento final. Esto nunca se dio, porque nunca compraron las municiones de obús porque son muy caras. Entonces, nunca se desempacaron, nunca se probaron en suelo salvadoreño. Por tanto, no puede haber ningún indicio de que sean deficientes. O sea, las armas que compraron a López Davidson no funcionan porque no compraron munición.
Como era un convenio de permuta, los obús (con valor de 2 millones de dólares) no se pagaron, sino que Defensa entregó a Centrum lotes de armas obsoletas, muchas de ellas de uso excesivo durante la guerra civil, que luego fueron vendidas todas previamente inhabilitadas a empresas en Estados Unidas que se dedican a la reconstrucción de armas. Nuevamente, en los archivos de Defensa no se encuentra ninguna documentación que podría indicar que este trato haya sido desfavorable para Defensa, ni hablar de delitos.
Usted como ministro tiene acceso a toda esta información. Cualquiera en Casa Presidencial, con menos esfuerzo y tiempo que yo como periodista, hubiera podido comprobar que no hay documentos que indican el cometimiento de ningún delito en el contexto de la adquisición de los obuses israelíes. 
Entonces, nuevamente: ¿cómo se atreve el presidente de la República a públicamente acusar a López Davidson de hurto y estafa agravada? Obviamente no tiene nada que ver con la búsqueda de verdad y justicia, mucho menos con un esfuerzo de preservar los derechos del Estado. Tiene que ver exclusivamente con un ataque político, partidario y personal del presidente al jefe de un partido opositor que se niega a someterse a imposiciones del gobierno. Se trata de la reacción del presidente a declaraciones recientes de Gustavo López Davidson que significan una oposición más consistente que la de ARENA en la Asamblea.
Lo triste es que la irresponsabilidad del presidente está comprometiendo al ministro de Defensa y la Fuerza Armada que dirige.
Saludos, 


domingo, 10 de noviembre de 2019

Censura no es la solución. Columna Transversal de Paolo Luers


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 10 noviembre 2019


Twitter hizo lo correcto, cuando anunció que ya no va a difundir en su plataforma ninguna publicidad política pagada. Lo hizo con un argumento imposible de rechazar: Que si los los políticos, partidos y gobiernos buscan impacto, que se lo ganen, en vez de comprarlo. 

Con esta decisión sabia, Twitter resuelve un dilema, en el cual todavía se enreda su competidor Facebook. Facebook se encuentra en una discusión eterna con las autoridades de la Unión Europea, con congresistas de Estados Unidos y con muchas organizaciones civiles en todo el mundo: ¿Debe Facebook ejercer control editorial sobre los contenidos políticos colocados en su plataforma? ¿Y debe Facebook censurarlas, en caso que contenga mentiras, amenazas o mensajes de odio?

Toda esta discusión surgió con urgencia a partir del descubrimiento que Facebook ha sido utilizado masivamente para introducir ‘fake news’ y mensajes de odio en la campaña de Donald Trump contra Hillary Clinton, en la campaña en pro del Brexit, y en varias campañas de movimientos populistas de corte racista y anti migrantes en toda Europa. También se detectó la existencia de empresas especializadas en este negocio de manipulación política, como las ‘granjas de troles’ en Rusia y otros países, y la empresa ‘Cambridge Analitica’, que usó los datos de millones de usuarios de Facebook para producir ‘mentiras a la medida’, dirigidas vía Facebook a audiencias seleccionadas, para definir elecciones.

El dilema en todo esta discusión: ¿Quién decide cuáles contenidos difundidos en las redes sociales son ‘fake’ o mensajes de odio? ¿Y quién define el límite a partir del cual mensajes de esta tipo son ilegales y merecen censurarse?

Incluso quienes están convencidos de que se necesita ejercer algún tipo de censura no estarían de acuerdo que sean los gobiernos quienes censuran. La medicina sería más peligrosa que la enfermedad que busca curar.  

Surge una propuesta que aparentemente soluciona el dilema: que sean las plataformas, como Facebook y Twitter, quienes tengan la responsabilidad de eliminar contenidos mentirosos o de odio. Que ellos instalen los filtros necesarios, así como lo hacen los medios tradicionales. Y si no lo hacen y siguen difundiéndose en sus plataformas contenidos que promueven mentiras u odio, que sean sujetos de demandas y multas, igual que cualquier periódico.

Pero este propuesta es absurda. Primero, la comparación entre redes sociales y periódicos no funciona. Un periódico publica contenidos solicitados por el medio, o contenidos ofrecidos por terceros, los cuales pasan por el filtro editorial. Esto no es el caso con Facebook o Twitter. Estas plataformas digitales solo ofrecen un medio técnico de difusión, sin que exista ningún acuerdo editorial con el usuario. Hacer responsable a Facebook del contenido de un usuario sería tan absurdo como demandar a CLARO o TIGO por una llamada telefónica de extorsión. 

Segundo, ¿realmente queremos que una compañía privada que tiene el poder económico y comunicativo de Facebook tenga la potestad de ejercer censura? Esto equivale a privatizar un área de la aplicación de la ley. 

Ante la imposibilidad de salir de este dilema, la decisión de Twitter parece una solución, aunque solo sea parcial: No difundir publicidad política. Es parcial, porque los ‘fake news’ y los mensajes racistas, religiosos o de otras índoles de odio no sólo se difunden mediante publicidad pagada, sino que se expresan principalmente por individuos, y por troles y bots disfrazados de individuos. Troles son cuentas falsas manejadas, en gran cantidad, por centros de manipulación en redes. Bots son cuentas automatizadas controladas por este tipo de centros. Y estos centros existen en todas partes, también en El Salvador. Algunos son manejados por partidos o gobiernos, otros son empresas internacionales que pueden ser contratados por clientes (candidatos, partidos, gobiernos, empresas) de todo color y de todo el mundo. Las redes sociales pueden detectar y erradicar los bots, pero nunca los trolls manejados por personas. Hay que aprender a vivir con esta plaga.

Así que, aunque la decisión de vetar publicidad política Twitter sea asumida por todas las plataformas grandes de redes sociales, el problema persistirá. ¿Cómo erradicar los contenidos dañinos sin caer en censura? Y otra vez estaríamos en el mismo dilema: ¿Quién decide cuáles contenidos son dañinos, qué es mentira y qué es verdad? ¿Quién pinta la raya entre crítica política y mensajes de odio? ¿A quién le damos el derecho de filtrar y censurar?

Mi respuesta: A nadie. El antídoto a los ‘fake news’ y los mensajes de odio no es la censura, sino más transparencia e información confiable por parte de instituciones estatales, mejor periodismo por parte de los medios, y posturas más beligerantes de los ciudadanos contra la manipulación. Siempre habrá una guerra entre desinformación e información, entre propaganda y transparencia, entre racionalidad y demagogia. No hay como evitar esta guerra mediante la censura. Lo que hay que hacer es llevar esta batalla bien y ganarla. No hoy de otra. 


sábado, 9 de noviembre de 2019

Carta sobre el 9 de noviembre, cuando en Berlin cayó el muro y en San Salvador comenzó la ofensiva . De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 9 noviembre 2019


En noviembre 1989, exactamente hace 30 años, pasaron dos eventos históricos, que a primera vista no tenían nada en común, pero marcaron cambios dramáticos en mis dos patrias: Alemania y El Salvador. Y por lo tanto, en mi vida...

En Berlin, este día 9 de noviembre de 1989 cayó el muro, y con él simbólicamente “la cortina de hierro”, que dividía a Alemania, Europa y el mundo en dos bloques. Con la caída del muro de Berlin comenzó el desmoronamiento no solo del régimen pro-soviético en Alemania Oriental, sino de todo el imperio soviético. Durante los años 1990 y 1991, una revolución pacífica puso fin al bloque comunista. 

En El Salvador, el 11 de noviembre del año 1989, comenzó la ofensiva guerrillera sobre la capital. Con esta ofensiva quedó claro ante los ojos de toda la nación y el mundo que esta guerra civil salvadoreña nadie la iba a ganar. Comenzó un proceso que también terminó a finales del 1991, con un resultado básicamente igual que en Europa Oriental: la refundación democrática, en nuestro caso a través de los Acuerdos de Paz. 

Igual que la unificación de Alemania y la democratización de toda Europa Oriental, el proceso de paz y democratización en El Salvador fue patrocinado por los dos super poderes que habían administrado durante décadas la guerra fría y que ahora la estaban terminando: Washington y Moscú. 

Durante los días caóticos de la ofensiva de noviembre 1989, culminando con el asesinato de los jesuitas y la toma del Sheraton, no teníamos cabeza para analizar lo que estaba pasando en Berlin, con la caída del muro. Pero cuando el polvo de las balas y bombas se asentó, todos nos dimos cuenta que despertamos en un mundo diferente, en el cual nuestra guerra ya no tenía cabida; que en Berlin había pasado algo que irreversiblemente iba a llevar al fin de la guerra fría, la cual en nuestro país se había vuelto bastante caliente.

Entonces, en El Salvador había que negociar la paz, y en Alemania había que negociar la unificación de un país dividido por los dos bloques. Todo el mundo sabía que no hubo alternativa, pero no todos lo interpretaron de la misma manera. Hubo quienes interpretaron ambos eventos históricos -la paz en El Salvador y la unificación de Alemania- como derrotas de la izquierda. Y habíamos muchos que vimos ambos eventos como victorias de la democracia y oportunidades de superar la guerra fría. 

Yo perdí buenos amigos (en Alemania y en El Salvador), quienes se sintieron defraudados porque los guerrilleros habíamos firmado un acuerdo con la derecha cuando habíamos prometido ganar la guerra; y quienes tampoco podían entender porque yo celebraba la caída del muro y del socialismo en Alemania. Decían que celebrar la caída de la Unión Soviética era traición. Pero para mi, era traición haber mantenido durante décadas dictaduras con bandera de socialismo. Y hubiera sido traición no poner fin a la guerra en El Salvador cuando había posibilidad de conquistar la democracia y la libertad. 

Para mi, el proceso de democratización que comenzó, este mismo noviembre 1989, en Berlin y en San Salvador fue lo mejor que podía pasar a mis dos patrias. 

Saludos,


jueves, 7 de noviembre de 2019

Telegramas: gotas de racionalidad en aguas revueltas. De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 7 noviembre 2019


A Mario Ponce: El papel de un presidente de Asamblea es diferente al rol de los dirigentes de los partidos. Como presidente del Congreso le toca procurar que funcionen los canales para el diálogo. A ellos les toca decidir si quieren usarlas para concertación o para confrontación, para sellar acuerdos o para marcas diferencias.
A Nelson Fuentes: Si en el gabinete no le permiten subsanar en el presupuesto las trampitas que pusieron para facilitar fraude de ley (sobre todo con los rubros inflados de gastos financieros y transferencias), usted debe solicitar al Congreso que rechace el presupuesto y renunciar.  
A Stephen King: Usted dijo en Twitter “Deme like si extrañas a Barack Obama en la Casa Blanca.” Yo: “Pensando en Trump, extraño hasta a Bush, padre o hijo. Incluso a Nixon, quien tuvo la decencia de renunciar”.
A Raúl Melara: Leo en LPG que el “Fiscal Raul Melara aclara que el papel de la CICIES será colaborar con Fiscalía General y no al revés”, y que al fin están negociando un convenio entre Fiscalía y OEA sobre las funciones de una CICIES. Así hubieran comenzado, sin tanto enredo por parte del gobierno y de la OEA.
A Neto Muyshondt: Sería bueno que separaras bien tus funciones como alcalde capitalino de tu rol como dirigente de ARENA. Por supuesto que el alcalde tiene que buscar acuerdos con el presidente para beneficio de la ciudad. La dinámica entre gobierno y oposición es diferente. 
A Óscar Ortiz: La ruptura de relaciones con Maduro era tu oportunidad de oro para mostrar que el FMLN no sigue amarrado a compromisos ideológicos y mafiosos con dictadores. No la aprovechaste. 
A Nayib Bukele: Si usted apoya todas las iniciativas en la OEA, Naciones Unidas y el Grupo de Lima para obligar a Maduro a permitir elecciones libres, tendrá mi apoyo total. No sé si romper relaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro ayuda a esto.
A Leopoldo López: Entiendo tu mensaje: “Gracias presidente Nayib Bukele por su apoyo a nuestro pueblo y a nuestra lucha en Venezuela”. Pero tenga claro, estimado amigo, que no todos los enemigos de tu enemigo Maduro son tus amigos. Ni todos los amigos de tu supuesto amigo Trump. Un abrazo. 
A la fracción de ARENA: No es cierto que poner fotos en la papeleta de alcaldes da más poder al votante. El votante seguirá votando por una planilla, no por una persona. Solo crea la ilusión de un voto más democrático.
A Karla Hananía de Varela, ministra de Educación: Para prepararnos para la Cuarta Revolución Industrial necesitamos una transformación de nuestro sistema educativo. Lo que quieren armar en CIFCO es un ejército de activistas. No se haga cómplice de esto.
A todos: Leí el siguiente tuit de una mujer: “Mi abuela y mi mamá nos enseñaron a mis hermanos y a mí que nadie podía tocarnos: ni mi papá, mi abuelo, ni mis tíos, ni ningún hombre o mujer de la familia o fuera de ella”. Es el tuit más triste que he leído en todo este debate. ¿Así queremos educar a nuestras hijas?
A todos: Saludos de 

martes, 5 de noviembre de 2019

Carta a los jueces: Defiendan su independencia y la racionalidad. De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 5 NOVIEMBRE 2019


Cuando se quiere resolver casos penales en los medios, en redes sociales o en la calle, siempre entra en peligro la independencia de la justicia. Más grande se hace este peligro cuando además de los ‘influencers‘, se meten en estos ensayos de justicia popular o mediática los políticos para cosechar en el río revuelto de resentimientos y frustraciones o incluso para ponerse a la cabeza de un movimiento de indignados que desconfían de la justicia y sus administradores. Entonces, puede volverse imposible que actúen con independencia y racionalidad los jueces.
Todos tenemos derecho de criticar a cualquier juez cuando no nos parece su actuación o sentencia. Los jueces no son dioses. Pero son los únicos facultados para administrar justicia, y solo lo pueden hacer bien con independencia. Obviamente con el riesgo de equivocarse. Por esto hay recursos de apelación e instancias superiores que revisarán las sentencias.  
En el caso del magistrado Escalante, acusado de agresión sexual contra una menor, la Cámara Primera de lo Penal no aceptó la tipificación de delito presentada por la Fiscalía. La ola de indignación que desataron va más allá de la crítica, se convirtió en una campaña contra dos magistrados de la Cámara. Piden a gritos que sean investigados por la Fiscalía y ‘depurados’ por la Corte Suprema. Surgen llamados peligrosos. Una ‘influencer’ escribe en Twitter: “Suban los nombres y las caras de los que votaron por esto y haga patria, confróntelos en la calle y pregúnteles si no es delito tocar los genitales de una niña o niño en la calle…” Ya para el acusado exige linchamiento público: “Ya que para el sistema judicial no es delito sugiero que cuando agarren a uno en esas, mejor le den fuego y no lo entreguen al sistema.” 
Solo faltaba que se metiera el presidente. Y lo hizo. Luego de que dijera que la resolución de la Cámara “es una burla a nuestro Estado de Derecho”, uno tras otro sus ministros comenzaron a echar leña al fuego. El secretario de prensa de la Presidencia, usando su cuenta ‘extra oficial’ llamada ‘El Brozo’, publica dos fotos: “Estos son los magistrados q están protegiendo a Eduardo Escalante con la sentencia que dice que tocar a una niña no es un delito”. 
Los ‘influencers’ organizaron una colecta de firmas para pedir a la Fiscalía que apele la sentencia de la Cámara, a pesar de que el Fiscal General ya había anunciado que llevará el caso a la Sala de lo Penal de la Corte Suprema. Aparte de la colecta de firmas convocaron a una manifestación, primero frente a la sede de la Fiscalía y luego frente al Centro Judicial Isidro Menéndez. Y al final resulta que es el presidente de la República que en su cuenta de Twitter convoca a esta manifestación para exigir ‘depuración de jueces’.
Bajo esta presión de la opinión pública, ¿cómo podemos esperar que los jueces de la Corte Suprema van a analizar el caso con independencia? ¿Y cómo van a actuar los jueces de todas las instancias inferiores que en el futuro van a tener que juzgar casos parecidos?
El populismo político, que se ha adueñado no solo del gobierno sino de diputados, incluso de la oposición, de periodistas y columnistas, y obviamente de los ‘influencers’ que dominan las redes sociales, está orquestando toda su presión para generar un ‘populismo judicial’, es decir una justicia que depende de la opinión popular. Esto no lo podemos permitir. Hay que defender la independencia de la justicia. Hay que crear un clima que permita a los jueces y fiscales administrar la justicia con racionalidad, libre de las emociones que predominan en la opinión pública.
No es el presidente de la República el que administra la justicia, define delitos y señala culpables. Mucho menos los ‘influencers’ en las redes sociales. 
¿Y si una mayoría de ciudadanos está de acuerdo con la presión sobre la justicia? No importa, la justicia no puede depender de mayorías populares, sino solamente de jueces independientes que sentencian con criterios técnicos derivados estrictamente de la ley. La justicia no es democrática porque todos la podemos influenciar, sino por la independencia de sus instituciones.
El ‘caso Escalante’ irá a apelación, y la Sala Penal de la Corte Suprema tendrá la última palabra sobre el carácter de delito. Pero ojo: Ya sabemos a qué clase de insultos y amenazas serán objetos los magistrados de esta Sala. Ojalá que sepan defender su independencia. 
El hashtag #TocarNiñasEsDelito funciona bien en Twitter, pero no en la racionalidad judicial. Siempre los jueces tendrán que decidir, viendo todas las circunstancias, si realmente es delito. El señor Escalante, si es culpable, tendrá el castigo que la ley demanda. La ley, no la calle o Casa Presidencial.  
Saludos, 

Posdata: Van a acusarme que estoy defendiendo a pedófilos y a jueces corruptos. Son gajes del oficio. Alguien tiene que defender la racionalidad.



Lea también: Desinformación y linchamiento. De Erika Saldaña


sábado, 2 de noviembre de 2019

Esta carta es un cuento: El velorio que me salvó el pellejo. De Paolo Luers




Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 2 noviembre 2019


El Día de los Muertos. Me vienen a la mente tantas historias de muertes que he visto en este país. Cadáveres de estudiantes y sindicalistas que me tocó fotografiar en las semanas de venganza luego de la ofensiva insurgente de enero de 1981. Cuerpos de soldados y combatientes abatidos a balazos. Restos carbonizados de niños que encontré en El Mozote. Policías y pandilleros acribillados…
Pero no son historias tristes las que quiero contar hoy. Prefiero contar cómo el velorio de un campesino anciano me salvó el pellejo.
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Año 1981, tipo marzo o abril. Mi primera entrada al frente de guerra en Morazán. Un colega periodista (cuyo nombre me tengo que reservar aún 38 años más tarde) me deja en frente de una casa en El Divisadero, sobre la Ruta Militar que lleva de San Miguel a El Amatillo. “¿Estás seguro, Chele? No me gusta este lugar. ¿Seguro que es aquí?”— “No te preocupés, aquí es. Andá rápido, ¡y gracias!”…
El carro arranca y se va, y ahí estoy yo, un chelito alto, con mochila y bolso de cámaras, solo en medio de la nada, cerca de una zona de guerra.
Bajo unas gradas a la casa-tienda indicada. Pregunto por Ramón. Me meten de la tienda a la casa, veo un montón de niños y algunos ancianos. Aparece un muchacho, le digo la contraseña acordada. “Soy Ramón. A medianoche los compas te van a recoger aquí cerca y llevarte a Río Seco. Descansá, aquí estás seguro…”.
Me dan tortillas, frijoles y café. Todos se van, solo Ramón se queda conmigo. “Van al velorio de un vecino que murió anoche…”.
A la hora alguien entra en la tienda. Ramón va a verlo, los escucho hablar. Siento que hay problemas. Regresa Ramón y dice: “Viene una patrulla. No puedes estar aquí. Dejá tus bultos y seguime”. Esconde mi mochila y mis cámaras debajo de una cama y salimos. Cruzamos la carretera y subimos unas gradas, para llegar a otra casa, llena de gente. Lleno el patio, llena la casa. El velorio. Entramos, Ramón explica algo a la familia doliente, me saludan y me meten en otro cuarto, separado por una cortina. Me quedo solo, en lo oscuro, con los nervios de punta, pendiente de cada ruido y cada voz. “¿Qué pasa si los soldados me encuentran aquí? ¿Qué explicación les puedo dar? ¿Qué pasa con esta familia?”
Afuera voces que obviamente no son de velorio, entre ellas una de mando. Y voces de mujeres. “¿Quieren café? ¿Ya comieron, tomen unos tamalitos…”. Las voces se calman. Murmullos. De repente la voz de mando: “Voy a entrar para brindarle nuestro respeto al difunto. ¿Cómo fue que se llama?” -  “Don Sebas. Pase adelante, sargento…”
Quince minutos más tarde me sacan del escondite, me sientan a la par del ataúd, me dan tamales y con café. Nadie me pregunta nada. No hace falta. La hija de don Sebas me da dos conos envueltos en hoja de huerta. “Para el camino. Esto da fuerza”. Luego alguien me explicaría que eran atados de dulce, azúcar artesanal hecha en molinos movidos por bueyes. En este momento, son los primeros (de muchos) atados de dulce en esta guerra…
Al rato aparece Ramón para recogerme. “Catearon todas las casas, menos esta. Aun los asesinos respetan la muerte”.
Docenas de abrazos sin palabras, o con una sola: “Cuídese”. Cruzamos nuevamente la Ruta Militar, pasamos por mi mochila y mis cámaras, otros abrazos silenciosos y bajamos una vereda que nos lleva a una quebrada. En medio de un bosquecito de bambú encuentro a Jimmy y su escuadra, que me van a llevar a Río Seco, y la siguiente noche agarraremos viaje hacia La Guacamaya, al norte de Morazán. Pero primero habrá que subir todo el maldito cerro Cacahuatique, sin parar, sin descansos, porque hay que llegar antes de que amanezca. Pero esta es otra historia, más triste que aquella del velorio de don Sebas…
Saludos a todos los sobrevivientes, que hoy recuerdan a los muertos, entre ellos Ramón y Jímmy.