domingo, 6 de julio de 2025

El lento pero imparable ahogamiento de la economía familiar. Columna Transversal de Paolo Luers

 

"En tiempos de Trump, ¿emigrar adónde? Esta válvula de escape está cerrada, y no volverá a abrirse. La presión social generada por el alto costo de la vida y la decadencia de la economía ya no tiene escape. La presión aumentará paulatinamente. El modelo Bukele no será capaz de bajar esta presión, a menos que sea con represión masiva y descarada como en Nicaragua o Rusia." 

Publicado en  El DIARIO DE HOY, miércoles 25 junio 2025

La pobreza, para muchos, es como una enfermedad que avanza lenta pero de manera imparable. Es una acumulación silenciosa de cosas que golpean la economía familiar. Con la capacidad y experiencia de una existencia de sobrevivencia que tienen los salvadoreños, saben aguantar los golpes: buscan soluciones, aunque nunca son sostenibles; trabajan un poco más; comen un poco menos; no hacen caso a enfermedades; mandan a alguien más al Norte para trabajar y mandar remesa para completar el presupuesto familiar.


La realidad


Cuando se disparan los precios de la carne, se come sin carne. Cuando se dispara el precio del pan, se come más tortilla. Cuando se dispara el precio de la verdura, siempre quedan los frijoles.

 

Cuando se dispara toda la canasta básica, se come un tiempo menos. Siempre se aguanta. 


Cuando uno en la familia pierde el trabajo, se incorpora al ejército de trabajadores informales, vendedores ambulantes y otros que deambulan por las calles buscando llevar algo de dinero a la casa. Cuando el CAM lo corre del centro, busca vender en otra parte donde se vende menos. Cuando el CAM lo corre de todos lados y le decomisa la mercancía, piden al familiar en el Norte trabajar un poco más o gastar un poco menos para poder mandar unos dólares más de remesa. Entre todos, apretando el cincho, se arreglan. El ancestral arte salvadoreño del rebusque. 


Si todo esto no alcanza para sobrevivir, quedan pocas opciones: los niños dejan la esquela y los mandan a trabajar en lo que sea o alguien de la familia se mete en actividades delictivas o en prostitución. Pero la mayoría de las familias se niegan a caer en esto y simplemente aprietan más el cincho. Mejor el hambre que la indignidad...

 

¿Qué pasa si en esta situación alguien más en la casa es despedido, o si uno de los hijos mayores que ha aportado al presupuesto familiar cae en una redada del régimen de excepción; o si el familiar que manda remesas se ve obligado de mandar menos, o si ya no se atreve a ir a su lugar de trabajo, porque ahí lo espera la migra – o si es detenido? Todos estos estos peligros son reales en estos tiempos que Trump hace la guerra a los inmigrantes. En tiempo que Bukele mantiene el país en situaciones que no favorecen la inversión, la creación de empleos y el crecimiento económico – y tampoco tiene programas sociales que evitan que la gente caiga de la pobreza común en el hoyo de la pobreza extrema. 


Teoría y práctica


El aguante y el rebusque tienen un límite. Describiendo la pobreza así, exactamente como afecta cotidianamente a las familias, uno se da cuenta que es un asunto teórico, sino uno práctico. La teoría de la ciencia económica dice que en una fase larga de inseguridad, sea por guerra o por la violencia de una creciente delincuencia, el capital retiene las inversiones. Dice que al terminar esta fase de inseguridad que ahuyentaba al capital, viene un boom de inversión y el país se levanta. 

Así pasó en los años 90 al terminar la guerra. Hubo un boom de inversión para reconstruir el país. Pero ahora, por más que han prometido que con el gran esfuerzo de erradicar a las pandillas y convertir El Salvador en “el país más seguro del mundo” llega ‘el bono de la paz’, con abundante inversión, nuevas empresas, nuevos oportunidades de trabajo, salarios más altos. Pero nada de está se está dando. Porque la situación es muy diferente: El 1992 marcó no sólo el fin de la guerra sino también el fin de gobiernos autoritarios. La gente, incluido los empresarios, confiaron en la nueva democracia.  

 

Hoy es diferente. Terminó la violencia, pero también la democracia. El boom de inversión no puede darse, mientras en el país no exista seguridad jurídica para nadie. El capital es cobarde. Teme un ambiente donde el gobierno improvisa, donde hay cambio de reglas y donde abunda la corrupción. Seguridad jurídica, tanto para las empresas como para los ciudadanos, requiere de mucho más que seguridad en las calles, más que ausencia de violencia. Requiere de un estado de derecho, de una justicia independiente. Requiere de la total ausencia de amenazas, sanciones arbitrarias y extorsiones gubernamentales contra los empresarios, como son la regla hoy. Requiere del acceso igual de todos las empresas a las licitaciones y permisos del Estado, independiente de sobornos, libre de chantajes, sino basados en criterios objetivos.

 

Como esto no existe, la economía nacional no tienen capacidad de compensar la crisis de las economías familiares. Significa más pobreza – y para las familias más sacrificios. 


Nueva York: Affordability - asequibilidad 


En Estados Unidos, donde el tema del alto costo de la vida ha sido el centro de la campaña electoral de Trump y una de la razones de su regreso al poder, las promesas de solución fueron abandonadas una vez que el señor llegó a la Casa Blanca. Quedó abandonado este tema que sigue afectando amplios sectores de la sociedad. Hasta que un joven político con origen de migrante irrumpió en la política y ganó la primaria del partido demócrata para la carrera por la alcaldía de Nueva York. ¿Y cuál fue el tema central de su campaña que lo catapultó de la nada el centro del debate político del país entero? El hecho que la mayoría de los nuevayorquinos ya no pueden pagar los altos costos de vida en esta ciudad, los precios de comida, de vivienda y de transporte. Una palabra nueva domina el debate: ‘affordability’, asequibilidad. Detrás de esta palabra rara que parece teórica se esconde la realidad práctica de familias que ya no logran una sobrevivencia digna en su ciudad. En Estados o en El Salvador. 

 

El joven candidato a alcalde Zohran Mamdani tiene una frase que usó durante toda campaña: “Nueva York es la ciudad más bella, más diversa, más dinámica del  mudo. Pero qué sirve todo esto cuando la gente normal ya no puede darse el lujo de vivir en ella.” 

 

¿Quién le va a contradecir? Este énfasis en el alto costo de la vida será el centro del tiempo post Trump. Y debería serlo en El Salvador. La lucha no es solamente contra la destrucción de la democracia, es también contra la conversión en un país donde los pobres ya no caben y tienen que emigrar. Y en tiempos de Trump, ¿emigrar adónde? Esta válvula de escape está cerrada, y no volverá a abrirse. La presión social generada por el alto costo de la vida y la decadencia de la economía ya no tiene escape. La presión aumentará paulatinamente. El modelo Bukele no será capaz de bajar esta presión, a menos que sea con represión masiva y descarada como en Nicaragua o Rusia. 

 

¿Dónde está nuestro Zohran Mamdani? 






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sábado, 5 de julio de 2025

Carta a Osiris Luna: Saludos de Alejandro Muyshondt. De Paolo Luers

 

"Vos no estás cayendo en desgracia con los poderes que reinan en El Salvador por corrupto y por torturador. Vas a caer por el pecado de haber abierto la boca ante los gringos denunciando al presidente."

En la voz del autor: Osiris.mp3




Publicado en MAS!  y  El DIARIO DE HOY, sábado 5 julio 2025

Osiris:

Te manda saludos Alejandro Muyshondt, recordándote lo que le hicieron a él por traición al máximo líder. La verdad es que no hace falta recordártelo. Lo sabés mejor que cualquier otro, ya que todo lo que se hizo a Alejandro, desde su captura hasta su muerte, se hizo bajo tu custodia y responsabilidad. Como director general de Centros Penales tenés la responsabilidad sobre la salud, los derechos y la vida de todos los privados de libertad, aunque estén amarrados en la sección penitenciaria del Hospital Psiquiátrico.

 

Ya sabemos con qué resultados fatales vos estás ejerciendo este responsabilidad. Bajo tu custodia están pasando miles de personas inocentes en tus penales, sometidos a maltratos, privación de sus derechos, muchos de ellos torturados y cientos muertos. 

 

Comparado con esta culpa, el hecho que además has sido partícipe directo de corrupción, es lo menos. Incluso el hecho grave y ya suficientemente documentado de tu rol en el pacto de Bukele con las pandillas, queda pálido ante tu rol como carcelero en jefe en un país con 1.7% de su población privada de libertad y el 2.5% de la población entre 15 y 64 años – y con cientos de muertos.


Si en un país con tanta gente presa y sin un estado de derecho que funcione el jefe carcelero, además de corrupto es torturador, todas la alarmas deberían encenderse. Pero vos no estás cayendo en desgracia con los poderes que reinan en El Salvador por corrupto y por torturador. Vas a caer por el pecado de haber abierto la boca ante los gringos denunciando al presidente.

 

Jugaste mal. Resulta que a los gringos, ni siquiera a los de Biden con su discurso de derechos humanos, en última instancia no les interesa el pacto criminal ni tampoco las sistemáticas violaciones a los derechos humanos. Por ‘razones de carácter geopolítico y de seguridad nacional’ les interesa más que los gobiernos centroamericanos se hagan socios de ellos en sus guerras contra el tráfico de droga y contra la inmigración ilegal. Por esto, cuando fuiste a la embajada gringa (en tiempos de Biden) para ofrecerte como testigo contra Bukele en cambio de un exilio dorado, no te hicieron caso. Tomaron nota y no hicieron nada.

 

Y ahora, la actual administración de Trump, que tiene con Bukele un pacto igual de perverso que el que tenía Bukele con las pandillas, te va dejar colgado de la brocha. Para ellos, la relación con Bukele es tan importante -por lo menos de manera temporal- que no pueden permitir que en las filas de su socio exista un potencial traidor. Es por esto que filtraron a la prensa las pruebas de tu alta traición al líder máximo. 

 

Alejandro, como bien sabés, cometió el mismo error: confió en los gringos y fue a ofrecerles información. Le costó la vida.

 

¿Ahora, quién te va a ayudar? No pidás apoyo a la comunidad de defensores de los derechos humanos, la cual siempre denunciaste como enemiga de la autonomía nacional de El Salvador. No pidás apoyo a tus víctimas.

 

Si te pasa algo terrible, lo vamos a denunciar como otra prueba del carácter criminal de este régimen, así como todos lo hicimos cuando mataron a Alejandro. Pero no creás que alguien te va a sacar de este huevo en que te has metido, primero haciéndote partícipe voluntario de políticas violatorias a los derechos humanos, y luego tratando de zafarte traicionando a tus compinches.

 

Buena suerte, Osiris, te desea 





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jueves, 3 de julio de 2025

¿Somos los periodistas oposición? Columna Transversal de Paolo Luers

 

"Así es, lamentablemente, en nuestro país. Los periodistas que siguen actuando bajo los compromisos de la ética profesional se convierten de facto en opositores, porque el gobierno los trata como opositores. No es que nos convirtamos en activistas partidarios, tratando de llevar al poder a otra fuerza política. Se trata de defenderse de -o sea oponerse a- un régimen que restringe nuestros derechos y libertades, incluyendo la libertad de expresión". 



Publicado en El DIARIO DE HOY, miércoles 2 julio 2025

 

Es una pregunta que tenemos que hacernos los comunicadores en todo el mundo, pero obligadamente en países bajo regímenes autoritarios que atentan contra la libertad de expresión y el Estado de Derecho. Voy a adelantar de un solo mi posición: En países democráticos, la prensa y los periodistas son instrumentos de escrutinio crítico del poder. En países bajo dictadura, al seguir asumiendo esta función, automáticamente se convierten en opositores. Y así los tratan los gobiernos autoritarios. 

 

El gran periodista alemán Carl von Ossietzky nunca se proclamó opositor, pero al llegar al poder Hitler en 1933 continuóeditando su periódico ‘Die Weltbühne’ criticando sin miedo ni piedad la conversión de Alemania en una dictadura represiva y el militarismo que conducía a una nueva Guerra Mundial. En consecuencia, terminó en un campo de concentración, donde murió en 1938, luego de haber recibido el Premio Nobel de Paz del 1936. Ossietzky no escogió el título de opositor, la dictadura se le concedió, como a todos los periodistas, intelectuales, artistas, sindicalistas y religiosos que continuaron resistiendo a la dictadura, cada uno según su rol en la sociedad.

 

Y así es, lamentablemente, en nuestro país. Los periodistas que siguen actuando bajo los compromisos de la ética profesional se convierten de facto en opositores, porque el gobierno los trata como opositores. No es que nos convirtamos en activistas partidarios, tratando de llevar al poder a otra fuerza política. Se trata de defenderse de -o sea oponerse a- un régimen que restringe nuestros derechos y libertades, incluyendo la libertad de expresión. Bajo estas condiciones deja de ser periodismo el que que no sigue asumiendo su rol crítico, a pesar de que lo convierta en oposición y en en blanco de persecución política y jurídica.

 

Los decenas de periodistas que nos vimos obligados de ir al exilio para seguir haciendo nuestra labor, somos ejemplos de este dilema que enfrenta toda la sociedad civil: uno o se  calla ante la injusticia y el desmontaje del Estado de Derecho, o se convierte en opositor de facto y será tratado así por el poder. Igual que los periodistas, los abogados defensores de las personas acusadas sin derecho a un debido proceso no escogen ser opositores. Pero si siguen cumpliendo su labor bajo las normas éticas de su profesión legal, también se convierten en opositores de facto. Ni hablar los activistas de organizaciones de derechos humanos, o los sindicalistas que no aceptan abandonar la lucha por la justicia social; o los académicos, artistas y dirigentes religiosos que siguen poniendo en práctica la ética de sus respectivas profesiones. Todos ellos, al no callarse y supeditarse, son tratados como opositores por el régimen autoritario. O sea, pueden terminar presos o obligados al exilio. No es que todos estos sectores, todos juntos, formen una organización opositora para derrocar un gobierno y asumir ellos el poder. No hacen otra cosa que seguir haciendo lo que en democracia era simplemente una labor crítica, un trabajo de consciencia, un correctivo, un  elemento más en la diversidad plural de la sociedad, y no un rol opositor. Pero bajo un régimen totalitario, se convierte en oposición.

 

Así que está mal enfocada la discusión, que tenemos en el gremio, incluyendo en este medio de comunicación, y en la opinión pública si nos seguimos preguntando si la ética periodística es compatible con un rol de oposición. Está mal enfocada, cuando ya no vivimos en democracia sino en una situación donde no oponerse a una dictadura equivale a conformarse a vivir sin libertad y con miedo a expresarse libremente. 

 

Que nadie se equivoque: desde que en contra de la Constitución que lo prohíbe tajantemente se reeligió el presidente, todos estamos obligados por el artículo 88 de la Carta Magna a ejercer resistencia para restablecer el orden constitucional. O sea, ejercer oposición. Esto es válido para todos, para periodistas igual que para sindicalistas, curas, militares, empresarios y ciudadanos en general. Para resistir cada uno va a seguir actuando responsable según su rol en la sociedad, haciendo lo que le dicta la ética de su profesión o su posición social. Nadie, ni los militares, están convocados a hacer uso de las armas ni para organizar golpes de estado, ni a conspirar y preparar acciones violentas. Todos estamos convocados a defender la democracia, aunque nos ponga en posición de opositores, con todos los riesgos que conlleva. 

 

Los periodistas no podemos ser la excepción y seguir dándonos paja que ejercemos una profesión incompatible con un rol opositor. Si seguir actuando con independencia y criterio crítico nos convierte en opositores, hay que asumirlo, a toda honra. Cada uno como puede. Si para protegernos de la persecución juramos que somos periodistas, pero jamás opositores, no nos servirá de nada – a menos que estemos dispuestos a traicionar nuestro compromiso con la ética periodística. El periodismo tiene que ser veraz, pero no neutral o imparcial. 





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Carta a Jeff Bezos: No Kings!. De Paolo Luers

  

"Lo que te cuestiono es tu manera como exhibes tu fortuna, armando una boda de reyes. ¿O piensas acaso que cuando en 2000 lugares de Estados Unidos salieron a la calle con la consigna ‘No Kings!’ (¡Ningún Rey!) sólo estaban gritando a Donald Trump? No, fue el pueblo gritándole a políticos y a oligarcas..."

Publicado en MAS!  y El DIARIO DE HOY, martes 1 julio 2025

Dear Jeff:

Tu boda en Venecia fue un gesto obsceno. Una muestra de decadencia. Un lujo exhibido de manera insultante. Por esto los venecianos te mostraron su indignación. Sintieron que habías comprado su ciudad. No estaban de acuerdo que Venecia, que aparte de ser herencia cultural de la humanidad y destino turístico es su ciudad, su comunidad, su hábitat y vecindario se convierta en escenario de una exhibición de arrogancia, derroche y poder de una élite de extraterrestres... 

 

El hecho que tu boda haya costado, como dicen, unos 30 millones de dólares no ha sido para los venecianos -ni para mi- el meollo del asunto. Es la arrogancia, con la cual negociaste con un alcalde corrupto, en contra de la voluntad de los vecinos, que toda una ciudad, con toda su infraestructura, su sistema de seguridad y de transporte se pusiera en función del ego de un oligarca. 

 

Que nadie entienda que estoy abonando a la tendencia populista de envidia contra los ricos. Yo sé -y siempre he admirado- lo que has logrado construyendo Amazon. Soy cliente de tu tienda digital, veo películas en Amazon Prime, leo libros de todo el mundo en Kindle, publico mis libros en el fantástico servicio de auto publicación de Amazon. El hecho que con todo esto te hayas convertido en uno de los hombres más ricos del mundo no me molesta. Por nada. Lo que te cuestiono es tu manera como exhibes tu fortuna, armando una boda de reyes. ¿O piensas acaso que cuando en 2000 lugares de Estados Unidos salieron a la calle con la consigna ‘No Kings!’ (¡Ningún Rey!) sólo estaban gritando a Donald Trump? No, fue el pueblo gritándole a políticos y a oligarcas...

 

También te cuestiono cómo últimamente estas usando el poder político que te da tu poder económico. Cuando en el año 2013 adquiriste, con $250 millones de tus fondos personales, el Washington Post para mantener vivo uno de los periódicos más importantes, independientes y democráticos de Estados Unidos (y del mundo), los periodistas lo reconocimos como el aporte de un empresario exitoso a robustecer la libertad de prensa y su rol de vigilar del poder. Durante más de una década vimos que cumpliste tu promesa de respetar y fortalecer la independencia editorial y política del Post, preservando la tradición del medio que había investigado y revelado el escándalo de Watergate que terminó con la renuncia del presidente Nixon. Observamos al Post jugar un papel crucial de escrutinio crítico de la primera presidencia de Trump. Pero en 2024, cuando se perfiló que Trump podría ganar un segundo mandato, usaste tu poder económico para ordenar a la redacción del Washington Post a no publicar el pronunciamiento aprobado por el consejo editorial que llamaba a los lectores a votar contra la implementación del “Proyecto 2025” del candidato republicano de una democracia iliberal y autoritaria.

 

De repente apareciste también en la fila de oligarcas de la industria tecnológica que, encabezados por Elon Musk, hicieron cola en el Club Mar-a-lago de Trump para ofrecerse de socios en su proyecto autoritario. En la fiesta de inauguración de Trump formaste, junto con tu ahora esposa Lauren Sánchez, parte del pelotón de los magnates más ricos del mundo demostrando su lealtad al nuevo poder. Y medio año después, ¿quién era la estrella más brillante entre las docenas de estrellas invitadas para invadir Venecia a celebrar tu boda real? Ivanka, la hija de Donald Trump, por supuesto.

 

Para describir la absurda escena voy a citar a Franz Josef Wagner, mi colega alemán quien inventó el formato de cartas que yo estoy imitando de mi manera desde hace 17 años en otro país y otro idioma. En su columna ‘Coreo de Wagner’ del 26 de junio, escribió bajo el titulo ‘Querido rey de Amazonia’: “Docenas de jets privados aterrizan. Se bajan Ivanka y las Kardashian y otras celebridades. En el puerto se mese el yate del Rey de Amazonia. 130 metros de largo, 500 millones dólares invertidos. Su yate está acompañado de un barco que trae su helicóptero y en su panza sus carros preferidos.  Sus invitados se hospedan en suites que cuestan 8 mil euros la noche. Me gustaría saber de qué hablan los súper ricos. ¿Quéquieren olvidar celebrando así?”

 

En otra de sus cartas, Wagner le habla a Trump sobre su visita a Holanda a la cumbre de la OTAN, donde todos los presidentes le dan trato de rey. La carta termina así: “Pero al final el rey perdió su compostura e insultó a la prensa internacional. Nos llamó ‘Abschaum’, escoria. Entonces, qué clase de rey tenemos? O mejor nos preguntemos: ¿Qué clase de súbditos somos?”

 

Esta es la pregunta correcta que tenemos que hacerse también quienes consumaron con admiración tu boda real en Venecia.

Saludos, 




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