lunes, 24 de enero de 2005

Doble crisis

Cuando comencé a escribir esta columna, se definió como campo preferencial la crítica a los medios de comunicación, al periodismo, reflexiones sobre la ética y el profesionalismo en el periodismo. Siempre cuando hubiese un tema de este campo, la columna enfocaría en él. Si no, la columna tiene campo abierto.

Esta semana me encuentro en un dilema. La renuncia de Lafitte Fernández al Diario de Hoy obviamente es el tipo de temas que yo y El Faro teníamos en mente cuando surgió la idea de la columna transversal.

El problema es que nadie -afuera de los personajes protagonistas de esta telenovela- sabe lo que realmente está pasando. Como muchos, tengo una idea bastante clara del trasfondo de este pleito, pero no hay manera de escribir una versión verificable. Esta situación me recuerda mucho a la crisis de La Prensa Gráfica, cuando varios editores renunciaron; cuando el miembro de la familia Dutriz al mando del periódico, después de haber llevado a la quiebra a una conocida institución financiera, fue relevado por su propia familia; y cuando metieron a Cecilia Gallardo de Cano para salvar la situación. En aquel entonces, yo escribí un artículo, aunque -igual que hoy en el caso de El Diario de Hoy- no hubo ninguna versión verificable sobre el trasfondo y la solución de la crisis. A pesar de eso, yo me atreví a sostener la tesis que la ex-ministra de educación Cecilia Gallardo de Cano era la persona que los bancos mandaron a La Prensa Gráfica para intervenirla y para salvar los intereses políticos y financieros del aglomerado político-financiero encabezado por Alfredo Cristiani.

Tuve que redactar el artículo en forma de un cuento, por falta de mecanismos de corroboración. Aun así, nadie me lo publicó. Ni siquiera Roberto Turcios en Tendencias. Retrospectivamente tengo que decir: tuvo razón Roberto.

Ahora se produce una situación similar. Nada me costaría escribir un cuento de intrigas sobre la lucha de poder dentro la familia Altamirano y su El Diario de Hoy, dentro del contexto del mismo problema que estuvo al fondo de la crisis de La Prensa Gráfica hace 8 unos años: el rol de los dos periódicos principales dentro de la derecha salvadoreña. Irónicamente, hace 8 años el periódico que jugaba el papel de vocero fiel del gobierno de ARENA fue La Prensa Gráfica, mientras que El Diario de Hoy asumía posiciones inacostumbradas de independencia, crítica y a veces hasta de oposición. Hoy es al revés: La Prensa Gráfica se ha ubicado en una posición de relativa distancia crítica al actual gobierno de ARENA, mientras que El Diario de Hoy se ha convertido en instrumento de campaña del gobierno y del partido.

No me parece casualidad: más bien tiene elementos de lógica (y talvez de justicia) que un medio, al abandonar su independencia crítica y asumir compromisos con el gobierno y el partido gobernante, tarde o temprano entre en crisis.

Estoy convencido que algo de esto se encuentra detrás de la renuncia de Lafitte y de las discusiones que en este momento deben estarse dando dentro de la familia Altamirano y dentro de la derecha sobre el papel del periódico.

No voy a cometer el mismo error dos veces. No voy a escribir una historia tan importante para el desarrollo del periodismo salvadoreño antes de poderlo hacer con pleno conocimiento de los hechos. Lo que significa que lo más probable es que nunca la podré escribir.
No poder contar una historia no necesariamente nos obliga a mantener silencio. Me sentí obligado a escribir lo que a esta altura se puede y debe decir sobre el asunto.
***
Como estas limitaciones no permiten llegar a una columna completa, aquí algunas consideraciones sobre el otro tema que poderosamente llama a una reflexión de tipo ético. Dos diputados del FMLN rompieron la disciplina partidaria y votaron con el resto de partidos para desentrampar la decisión sobre el presupuesto nacional. No sorprende, ni a ellos, que ahora los expulsen y los llamen traidores. Tampoco sorprende que los acusen de haber vendido sus principios y sus votos.

No sorprende, pero si merece reflexión. Yo me pregunto: ¿Quiénes son los hombres de principios en esta historia? Veamos: hubo innumerables reuniones para discutir cómo debería actuar el FMLN frente al problema del presupuesto; seguirlo bloqueando y pagar un altísimo precio político; o aprobarlo, negociando algunas mejoras. Se discutió en la fracción, en la dirección del partido, y obviamente también en el seno de los "reformistas". En la fracción y en los órganos de dirección del Frente, obviamente prevaleció la posición oficial del partido formulada por los ortodoxos: no dejar pasar al presupuesto, para poner en crisis al gobierno Saca. Punto. En cambio, entre los "reformistas" se llegó, luego de mucho análisis y mucho debate, a la posición contraria: que era un error seguir bloqueando el presupuesto, porque esto causará daño a la población y daño político al FMLN, y que lo correcto y responsable era aprobar el presupuesto.
Cuando llegó la hora de la votación, la dirigencia "reformista" dio marcha atrás. Lo que ellos mismos habían argumentado que era correcto, ahora era siempre correcto pero no oportuno. La consigna: cerrar filas con los ortodoxos y seguir bloqueando el presupuesto. ¿Son hombres de principio o vendidos?

Dos diputados votaron como habían quedado que era correcto, desbloqueando el camino hacia el presupuesto, aunque esto significaba romper la disciplina partidaria y la unidad del partido (que de todos modos es una ficción). ¿Son ellos hombres de principios o son vendidos?

El día siguiente salió, en una página de un periódico, una foto de Oscar Ortiz, dirigente de los "reformistas", junto a Medardo González, coordinador del FMLN. Ambos declararon que tenían absoluta coincidencia pidiendo la expulsión inmediata de los diputados rebeldes. En la siguiente página del mismo periódico sale la noticia que Medardo González respalda la candidatura de Oscar Ortiz a la reelección como alcalde de Santa Tecla.

Entonces, ya que tanta gente en el Frente se llena de boca de palabras mayores como traición, venta de principios, venta de votos, ¿Quiénes han mostrado que son hombres de principios? ¿Quiénes dan la impresión que son vendibles?

En las dirigencias políticas, independientemente de su signo ideológico, siempre existe un menosprecio hacía los cuadros de segunda y tercera fila. Cuesta convencerlos. Y una vez convencidos, van como burros, cuesta detenerlos…

Sólo que sin estos tercos que cuesta convencerlos pero que, una vez convencidos, no se detienen, no se llega a ninguna parte, ni en la guerra, ni en la política. (Publicado en El Faro)

lunes, 3 de enero de 2005

Periódico e inteligencia

El 22 de diciembre del año recién concluido El Diario de Hoy prestó sus mejores páginas -las páginas 2, 3 y 4, usualmente reservadas a las principales noticias del día- al Ministerio de Gobernación para publicar una galería de fotos de supuestos "cabecillas" quienes, según Rodrigo Ávila y Ricardo Meneses, encabezan organizaciones "violentas y extremistas". Una galería de 43 fotos, con nombres y apellidos, algunas con su lugar de trabajo. ¿Acaso es considerado normal que un diario publique, sin filtro ninguno, sin investigación propia, datos entregados por la inteligencia del Estado? Aunque aquí existe esta práctica, sigue incompatible con la ética periodística. El periódico reporta que Ávila y Meneses declararon que "han identificado a los agitadores que han planificado cometer hechos vandálicos", que "las fotografías de los sospechosos de causar desórdenes y daños a la propiedad en protestas pasadas fueron mostrados a los medios de comunicación", y que "Ávila detalló que, por medio de la labor de la inteligencia del Estado, han determinado que los promotores de los disturbios son miembros de las BRES, el MPR-12, el BPJ y el Furd." Ante la crítica que el FMLN ha hecho a esta publicación, El Diario de Hoy se vio obligado a contestar en un editorial (el 28 de diciembre). Escribe Don Quique: "Cabecillas comunistas se presentaron ante la Procuraduría de Derechos Humanos a denunciar lo que llaman una campaña contra individuos involucrados en grupos semiclandestinos. La semana pasada la PNC hizo públicos los nombres y las fotografías de esas personas (...). ¡Vaya historia! Los denunciantes califican de -difamación- lo que la policía ha revelado sobre sus movimientos y actividades, que en gran parte consisten en librar una campaña de falsedades contra el TLC, el Poder Ejecutivo, el sistema económico del país, diversos sectores sociales y lo que han dado a llamar -la derecha-." ¡Vaya historia! Primero, con el permiso de Don Quique, dudo que los "cabecillas comunistas" hayan hablado de una "campaña contra individuos involucrados en organizaciones semiclandestinas". Segundo, me pregunto: en esta lista de horrendos "movimientos y actividades", sobre los cuales la PNC informó: ¿dónde están los delitos? Si librar "campañas de falsedades" fuera un delito, el citado editorialista talvez estaría escribiendo desde Mariona. ¿O se convierte en delito cuando la campaña de falsedades es contra el Poder Ejecutivo o incluso -¡qué atrevimiento!- contra la derecha? En serio: me pregunto en base de qué la inteligencia del Estado (que según Rodrigo Ávila, citado por El Diario de Hoy, es la fuente de las informaciones), y la PNC están investigando y publicando fotos y nombres de sospechosos si no hay delito. Si los denunciados son culpables de estar hablando mal del TLC, del gobierno y de la derecha, así como clasifica el editorialista del Diario de Hoy sus delitos, obviamente la PNC y la inteligencia del Estado actúan fuera de la legalidad investigándoles y publicando sus fotos. Si hubiera delito, la información tendría que entregarse, por oficio, a la Fiscalía y no a los medios. Pero el problema grave que quiero señalar no es la actuación de las autoridades, sino la actuación de El Diario de Hoy. Para no exponerse al señalamiento de publicar información cruda proveniente de la inteligencia del Estado, adornan su publicación del 22 de diciembre con agregados periodísticos que ponen en contexto la galería de fotos de los "extremistas". Por ejemplo, entrevistan a Roberto Hernández, ex coordinador municipal del FMLN de San Salvador. Título de la nota, entre camillas: "Ellos están capacitando en uso de armas". Pero esto el entrevistado jamás lo ha dicho. Lo que dijo es: "Sí he escuchado muchos comentarios que ellos están capacitando en manejo y uso de armas, pero, como te digo, no doy fe porque no tengo ninguna prueba de eso." Entonces, lo que dijo Hernández es más bien: Sobre esto hay rumores, pero no los creo. Invertir esto y poner un titular afirmativo ("Ellos están capacitando en uso de armas") es simplemente una mentira. O, para usar el lenguaje de El Diario de Hoy, una "campaña de falsedades". Para mí, las declaraciones y acciones de las organizaciones denunciadas representan la mayor estupidez dentro de la izquierda salvadoreña. Por suerte, son grupos muy pequeños y totalmente aislados de las masas cuyos intereses juran defender. Pero eso no justifica por nada el trato que les dan las autoridades y ciertos medios. Ya que Don Enrique, en su editorial, recurre a la historia, hagamos historia: La última vez que en este país un prominente dirigente de la derecha vinculado a la inteligencia del Estado encontró las páginas de los periódicos abiertos para publicar galerías de fotos y nombres de supuestos extremistas, a los días comenzaron a aparecer sus cadáveres en las calles, debajo de los puentes, en la Puerta del Diablo, en El Playón, en los parqueos de las fábricas en el Bulevar del Ejército, en las colonias populares. Ni siquiera hay que ir tan lejos en nuestra historia. Siempre cuando veo en nuestros periódicos las fotos de mareros, con nombre y apellido y colonia de residencia, primero como detenidos, al roto como liberados por falta de causa o de pruebas, tengo el feo presentimiento que muy pronto veré las fotos de los mismos pandilleros, pero esta vez como cadáveres, ultimados por desconocidos, botados en las calles, debajo de los puentes... etc. Ojalá que estas comparaciones no sean más que preocupaciones que salen de una mente paranoica. Pero lo que sí es cierto, sin lugar a duda, que aquí se está atentando contra normas éticas del periodismo. De normas éticas de la inteligencia del Estado no voy a hablar, porque dudo que existan. Datos filtrados a los medios por la inteligencia del Estado, sobre todo cuando se trata de expedientes personales con nombres y caras, para un periodista no es información que puede publicar así no más. El hecho que la inteligencia del Estado, sea directamente o (como en nuestro caso) mediante otras instituciones gubernamentales (como la policía o gobernación, en nuestro caso), procede a filtrar este tipo de datos a los medios de comunicación, esto en si se convierte en un hecho que merece investigación y reflexión periodística. Lo que hace un periódico serio en este caso no es publicar la galería de fotos y la información proveniente de fuentes de inteligencia, porque esto significa hacerse partícipe de un operativo de inteligencia. Más bien inicia una investigación sobre porque el gobierno, en este momento, en este contexto político, decide lanzar un operativo de inteligencia de este tipo. Muchos medios, hasta los más prestigiosos, y muchos periodistas, hasta los más ejemplares en cuanto a ética profesional, han sido utilizados y manipulados involuntariamente en el contexto de operaciones de inteligencia y desinformación. Pero en nuestro caso nadie ha sido engañado, sólo el lector. Rodrigo Ávila ha tenido la decencia de decir claramente que la información y las fotos que entregaba a los medios resultaban de "la labor de inteligencia del Estado". Hablando de inteligencia del Estado: Muy inteligente no es. Yo no sé nada de la estructura y dirigencia de las organizaciones señaladas por la inteligencia y El Diario de Hoy. Pero si "la labor de inteligencia del Estado" que menciona Rodrigo Ávila arrojó como resultado de su investigación de la extrema izquierda que el señor Luis Merino, conocido como Ramiro durante la guerra cuando era el jefe del brazo militar del Partido Comunista, hoy se dedica a la tarea de dirigir a un grupo minúsculo, políticamente insignificante y compuesto por unos cuantos bichos locos de romanticismo revolucionario, entonces la inteligencia del Estado hoy anda igualmente perdida como durante la guerra. (Publicado en El Faro)

lunes, 27 de diciembre de 2004

Cabos sueltos de una columna anterior

Después de escribir, en septiembre del 2004, sobre los megaproyectos que entonces estaban construyendo en lo que era la finca El Espino, tuve que ir a verlos, una vez inaugurados puntualmente para el negocio navideño. Dos veces la buena intención se frustró, ya que el tráfico me impidió llegar. La tercera vez aproveché que tuve que dejar a mi hijo en la cancha de la Escuela Militar. Entré a Multiplaza. La imponente arquitectura, el juego de luces que entran por tragaluces, y de colores fuertes, todo esto ya lo conocía del mismo arquitecto en la ciudad cultural Río Churubusco, en el Distrito Federal de México. Una arquitectura sumamente urbana. Funciona de maravilla en el corazón de la mega ciudad de México. Parece inadecuado en medio de una finca en las afueras de la ciudad provincial de San Salvador. Caminando por los pasillos de Multiplaza tuve la sensación que en cualquier momento iban a anunciar el próximo vuelo a Miami. Me sentí como en una enorme terminal aérea con cientos de duty free shops.
Este mismo día le conté mis impresiones a un amigo arquitecto. Le traté de explicar que la arquitectura de Multiplaza no me parece fea, sino simplemente inadecuada en el lugar donde está. Afuera una finca de café, pero no la ves porque no hay ventanas, sólo hay ventanas al cielo. Te sientes como si estás en Tokio o en el aeropuerto internacional de Chicago, pero no como en El Espino.

No seas tan ingenuo, hombre, me dijo mi amigo arquitecto. Olvídate de la finca, porque la finca va a desaparecer. El ambiente de Multiplaza no es la finca que vés ahora, sino la Gran Vía, HiperPaiz, el nuevo centro de gobierno y todo lo que van a construir ahí. No están construyendo unos malls en una finca fuera de la ciudad. Están construyendo lo que será el nuevo centro de la ciudad.

Me di cuenta que cuando escribí sobre los centros comerciales en lo que era la finca El Espino, realmente me quedé corto. No pueden existir dos centros, sería geométricamente imposible. Es muy claro, una vez que uno cae en la cuenta: para construir un centro nuevo, hay que destruir el viejo centro. Eso es lo que están haciendo los grandes consorcios de "desarrollo" en nuestro país. Su pecado no es, como yo pensaba, que no tienen interés en recuperar el centro. Es más grave: tienen interés que no se recupere el centro de San Salvador. Mientras el centro es como es, destruido, inseguro, sucio, caótico, invadido por el comercio informal, la gente va a comprar en Metrocentro, Multiplaza, La Gran Vía. Es obvio que una obra como la recuperación física, comercial, anímica, cultural del centro urbano requiere de la acción decidida y concertada de la alcaldía, gobierno central y empresa privada. Que los grandes consorcios de "desarrollo" tengan suficiente influencia para evitar que a un gobierno de ARENA se le ocurra hacer lo suyo para la recuperación del centro, es evidente. Que además pueden contar con la ineficiencia e ineptitud de un gobierno municipal del FMLN, resulta irónico.

Mientras logren sabotear cualquier concepto de devolver a la ciudad su centro, van a progresar con su visión de crear un centro nuevo, sintético, artificial. El centro de la ciudad privatizado, con seguridad privada, leyes privadas. Brave new world, a la salvadoreña.

Es evidente que una ciudad, un centro urbano, significa mucha más que comprar. Bueno, dicen los diseñadores de Multiplaza y la Gran Vía: agreguemos bares, restaurantes, cafés, cines y conciertos al aire libre. No entienden que lo urbano es algo mucho más complejo que ésto. Es mucho más que la suma de comprar y divertirse. Posible que los Pomas y Dueñas digan: bueno, agreguemos iglesias, teatros, burdeles. ¿Qué más quieren? Bueno, queremos nuestra ciudad. Una ciudad con su propia historia, cultura e identidad. Una ciudad que sea inconfundiblemente diferente a otras ciudades y abismalmente diferente a un shopping mall.

¿Quieren saber qué otra idea se me cruzó por la cabeza caminando por el brave new world en El Espino? Que en este país, el próximo conflicto será totalmente diferente y la próxima insurgencia no será socialista ni ecológica sino algo inédito: una fusión de defensa del medio ambiente y defensa de lo urbano, contra la dictadura de lo suburbano y de los shopping malls. Un movimiento de defensa del hábitat. (Publicado en El Faro)

lunes, 20 de diciembre de 2004

Tarea no cumplida, señor Saca

Entramos al año nuevo sin presupuesto de la nación aprobado. Escuchando las declaraciones de los representantes del FMLN y de ARENA, el pleito y el retraso van para largo, con las consecuencias negativas para todos y todo lo que ya conocemos de los años anteriores. Y los culpables están a la vista: el FMLN que se niega a dar sus votos para aprobar los mecanismos de financiar el presupuesto, o sea los mecanismos de endeudamiento. Que conveniente tener a la mano a quien echar la culpa por la no ejecución de proyectos, por el entrampamiento de la economía, por todos los males que aquejan a la población, tengan o no relación con la no aprobación del presupuesto. Como siempre, el FMLN, con su discurso estéril, su actuación torpe y su arrogante menosprecio a las opiniones de la gente, se presta para el papel de chivo expiatorio. Que conveniente que abandonaron a tiempo las mesas de concertación. ¿Cómo iba a concertar el gobierno con una oposición que no quiere concertar?, reza el discurso de la derecha. Que conveniente.

Como siempre, a segunda vista las cosas se ven un poco diferentes. La constitución no establece ninguna mesa de concertación. La constitución no manda a los partidos a sentarse en mesas presidenciales a concertar. Lo que sí demanda la constitución es que ciertas decisiones del ejecutivo requieren de mayoría calificada. Y esto no es una formalidad, como nos quieren convencer los propagandistas del gobierno, sino tiene que ver con la esencia de la democracia.
Hay una razón muy fundamental detrás de la figura de la mayoría calificada: se aplica a decisiones de fondo que requieren de un consenso más amplio que una mayoría simple. Requieren, para funcionar y dar resultados, de una responsabilidad compartida entre partidos gubernamentales y opositores. Por más trascendental que sea una decisión, más amplio tiene que ser el consenso. Esta es la lógica constitucional. La misma lógica dicta que para la gran mayoría de decisiones legislativas basta la mayoría simple en el parlamento, lo que hace viable la tarea del gobierno de administrar al país. Pero, el presupuesto de nación no es un asunto administrativo. Es la definición de las prioridades para la nación.

Resulta que la constitución dicta que ciertas partes del gran paquete que se llama presupuesto de la nación, requieren de mayoría calificada. Es un hecho indiscutible que para la aprobación de los bonos con los cuales el gobierno quiere financiar el presupuesto, necesita 56 votos en la Asamblea Legislativa.

Un gobierno responsable tiene que tomar en cuenta -y en serio- este requerimiento constitucional, no desde el día que presenta el presupuesto al parlamento, sino desde el día que comienza a diseñar el presupuesto. No se vale armar y amarrar todo un paquete, ponerlo sobre la mesa de la Asamblea y decir: o me aprueba este paquete o no habrá presupuesto y ustedes cargan con la responsabilidad de las consecuencias.

La tarea constitucional del gobierno es diseñar y presentar un presupuesto que cuente con los consensos que demanda la constitución. Si la constitución dicta que una parte del paquete requiere de 56 votos para su aprobación, y si 56 votos no se pueden conseguir son ponerse de acuerdo con la oposición, entonces es irresponsable presentar un presupuesto no consensuado con la oposición. Así es la constitución, guste o no.

Tampoco puede decir el gobierno: yo ya instalé una mesa de concertación, pero ellos se levantaron, por lo tanto era imposible lograr consensos. Primero, porque la constitución no sabe de mesas de concertación, pero si de mayorías simples y mayorías calificadas, y sobre todo de una Asamblea Legislativa que tiene que aprobar el presupuesto. Segundo, para entrar en el plano político donde está ubicada la mesa de concertación: ¿de qué sirve si el gobierno utiliza la tal mesa de concertación para colocar encima de ella el paquete ya amarrado y pedir su aprobación? La mesa de concertación bien podría ser el mecanismo que usa el gobierno para construir el consenso que necesita para el presupuesto. Pero entonces, tienen que llegar a la mesa a la hora de diseñar el presupuesto, no a la hora que necesita los votos para ratificarlo.
En última instancia, todo el embrollo se reduce a una cosa que el gobierno no está dispuesto a aceptar y a poner en práctica: el presupuesto de la nación no puede ser reflejo solamente de la voluntad y de las concepciones políticas del gobierno y de los partidos que lo respaldan. Si fuera así, la constitución no hubiera puesto el obstáculo de la mayoría calificada.

Para cumplir con la constitución, hay que diseñar un presupuesto que refleje las voluntades y visiones de una mayoría más amplia. Esto es lo que un gobierno responsable hace. Presentar un presupuesto no consensuado y que refleja nada más la voluntad política del gobierno, es irresponsable.

En este sentido, Antonio Elías Saca no ha hecho su tarea. No digo que hubiera sido fácil diseñar un presupuesto, incluyendo los mecanismos de endeudamiento, que refleje la voluntad de una mayoría calificada. Pero, ¿quién ha dicho que gobernar responsablemente -y como la constitución manda- es tarea fácil? Siempre es más fácil ir por la vía del chantaje y de la demagogia, sobre todo teniendo a una oposición como el FMLN que se presta a jugar el papel de chivo expiatorio. Con una oposición más inteligente y menos cínica, el gobierno y ARENA nunca saldrían con la suya, es decir, nunca lograrían ganar políticamente del vacío de la crisis presupuestaria creada por ellos mismos. (Publicado en El Faro)

lunes, 13 de diciembre de 2004

Si no es visible, no sirve

Un amigo mío quien trabaja en el gobierno me contó que está escribiendo un artículo bajo el título “Trabajando para la foto”, sobre la experiencia frustrante de muchos funcionarios quienes quieren ser servidores públicos, pero ven supeditado su trabajo a un criterio ajeno a su misión: la eficiencia para la publicidad gubernamental o incluso partidaria.

Me gustaría mucho ver publicado este artículo, sabiendo que su autor tiene un trabajo clave en uno de los campos prioritarios de este gobierno. Es de su trabajo donde se deriva el apellido que puso Antonio Elías Saca a su proyecto: Un gobierno con sentido humano.

Lástima que sólo hay dos escenarios en los cuales sería posible que mi amigo publique su artículo: el día que lo echen de su trabajo o el día que se canse de trabajar para la foto y el anuncio y publique su artículo para que lo echen...

Puede ser que el día que cualquiera de estas dos cosas pase no sea tan lejos, pero mientras tanto no conoceremos los ejemplos y experiencias vividas de este servidor público frustrado de estar trabajando para la foto y no para el país. Sin embargo, ya podemos comenzar a hablar del tema. No hace falta estar trabajando adentro de la maquinaria gubernamental para darse cuenta que una gran parte de los recursos y proyectos gubernamentales están en función publicitaria. Basta ver televisión y leer los periódicos.

Qué otro sentido puede tener la millonaria campaña del Plan Hidro 2009 que no sea distraer la atención del caso no resuelto de ANDA. Digo no resuelto porque de lo que pasó en ANDA y en dos gobiernos responsables del fiasco de ANDA hasta ahora sólo se sabe una pequeña parte.
¿Cómo es posible que los planes Mano Dura y Mano Súperdura, de los presidentes Flores y Saca, siguen siendo aprobados por una mayoría de la población, a pesar de que los índices de homicidios han subido? Sólo se explica con un esfuerzo extraordinariamente exitoso de publicidad –en este caso mejor dicho, de desinformación- que el gobierno ha lanzado alrededor de los éxitos de la política de seguridad pública.

Pero la cosa es más grave. Casi todos los gobiernos tienen la mala costumbre de publicitar sus logros y de manipular los hechos para que las cosas se vean mejor. Pero otra cosa es diseñar toda la labor gubernamental desde un punto de vista de marketing. O incluso, para quedarnos con el tema de la seguridad pública, mover el aparato policial en función publicitaria y no en función del real combate a la delincuencia. Muchos de los operativos de la PNC, tanto contra las maras como contra el contrabando o el narcotráfico, son espectáculos montados para el consumo de los medios más que instrumentos eficientes contra la delincuencia.

Otro ejemplo que salta a la vista del televidente: la otra mano, la amiga, la extendida, la del sentido humano de este gobierno. Viendo los noticieros y la prensa uno puede llegar a conclusión que este gobierno está haciendo un esfuerzo sistemático, amplio, profundo y muy humano en la reinserción de pandilleros. Basta preguntar a los trabajadores sociales de las ONG’s que se dedican a este esfuerzo, y surge otra realidad: detrás de la gran pantalla de publicidad y desinformación, una miseria. La famosa granja San Andrés, no existe, es puro invento. El porcentaje real de pandilleros integrados en proyectos de reinserción, no llega al 5%.

Además, todo el esfuerzo publicitario del estado enfocado en las pandillas, mientras los responsables del otro 70% de los hechos violentos pasan fuera del rango de la atención del estado, tanto de su publicidad como de sus esfuerzos reales.

Hay un memorando que la Secretaría Técnica de la Presidencia mandó a todos los ministerios y dependencias gubernamentales con una instrucción muy clara: Todos los proyectos para el año 2005 tienen que cumplir con un requisito: visibilidad.

Quiere decir: no pierdan su tiempo y el pisto del contribuyente con cualquier proyecto, por más que corresponda a una necesidad. Si no es visible, no sirve. Si no es vendible, es mala inversión. Con esta visión están en estos días definiendo prioridades, líneas de trabajo y proyectos en todos los ministerios y dependencias del gobierno.

Será en este contexto que se explica lo que de otra forma me quedaría un enigma: que el presidente nombre, como nuevo jefe de la Inteligencia del Estado, a un publicista. Cosa que tiene trayectoria: Calderón Sol puso el aparato de Inteligencia en manos de un publicista (Mauricio Sandoval), Flores la puso en manos de un periodista (Flavio Villacorta) y cuando Saca elige a su jefe de inteligencia, explica que “ya tiene experiencia para esta tarea, ya que su campo es la mercadología”.

Esto sólo tiene sentido para un gobernante que define la política como el arte de vender imágenes al público y que confunde el gobierno con una agencia de publicidad.

Es cierto lo que muchos observadores dicen: comparado con el gobierno presidido por Paco Flores, este gobierno comunica mejor. Pero puede ser que esto sea peor. (Publicado en El Faro)

lunes, 29 de noviembre de 2004

Detrás del mito, ¿la verdad?

Cuando salieron las primeras entregas de la serie de Geovani Galeas sobre el mayor Roberto d'Aubuisson, me empezaron a hablar amigos y colegas urgiéndome que escribiera sobre el tema. Hace falta que alguien analice bien el texto de Galeas, me dijeron todos, para poner en evidencia que ahí se trata de un trabajo de encomienda, no una investigación periodística; para mostrar que el autor, valiéndose de su pasado por la izquierda, se ofrece a limpiarle la cara al fundador de ARENA.

Yo no les hice caso. Tampoco me gustaba la reconstrucción de la historia, pero no me sentí ofendido ni motivado a corregirla. Más bien, me pregunté: ¿Por qué no se meten ellos mismos a la arena si quieren pelear con Geovani Galeas, con el fantasma de d'Aubuisson o con La Prensa Gráfica? Incluí el asunto en una mi columna sobre columnas que no voy a escribir. Y punto, pensaba yo.

Sin embargo, por más que avanzaba el relato a entregas, me pasaban dos cosas al mismo tiempo: con cada entrega, menos me gustaba el trabajo de Geovani; pero aun más me comenzó a chocar la reacción histérica de mis amigos en la izquierda y en los medios. Por donde se veía a tres izquierdosos o a tres periodistas juntos, se escuchaba puteadas a Geovani Galeas: traidor, mercenario, distorsionador de nuestra historia, lameculo de ARENA, etc.

Me doy cuenta que lo que se expresa aquí por parte de varios de los críticos de Geovani Galeas es una cosa que va mucho más allá de la crítica a la selección y valoración de fuentes, testimonios y hechos, hechas por Geovani. La reacción tan histérica es contra el atrevimiento de poner en cuestión uno de aquellos mitos que en la izquierda salvadoreña hemos creado en el contexto de la guerra y que después muchos empezamos a confundir con la verdad. En este caso, el mito del mayor d'Aubuisson. Aquí están diciendo que no es legítimo abrir un caso supuestamente ya cerrado y poner en duda lo que muchos consideran verdad comprobada: la responsabilidad histórica de Roberto d'Aubuisson como creador y líder de los escuadrones de la muerte y como arquitecto de la represión en los años más sangrientos entre 1979 y 1982.

Resulta que yo no soy partidario de seguir viviendo con mitos convertidos en verdades incuestionables. Repito en público lo dicho en incontables conversaciones: bien o mal hecho (yo digo más bien mal), lo valioso que hizo Geovani es precisamente haber vuelto a abrir el caso, es precisamente haber vuelto a formular la pregunta del millón: ¿Quiénes estaban realmente detrás de los miles de asesinatos y desapariciones? ¿Quiénes estaban realmente detrás de los escuadrones de la muerte? ¿El gobierno, la junta, el estado mayor, la oligarquía, la democracia cristiana de Duarte, los gringos, o un grupo de asesinos freelance bajo el mando de Roberto d'Aubuisson?

Ahora que Geovani Galeas ha vuelto a poner sobre la mesa estas interrogantes, me pregunto: ¿Cómo es posible que nadie lo haya hecho antes?

Para la CIA, la democracia cristiana y los coroneles García, Vides Casanova y compañía, tiene que haber sido bien cómodo el hecho que todo el mundo señalara a d'Aubuisson como el máximo responsable de los escuadrones. Mejor tener como responsable a un ex-militar que a los militares de alta y al mando de la institución. Mejor tener como responsable de los asesinatos a un ex-militar perseguido por Washington que a los receptores de la ayuda militar norteamericana. Mejor tener como responsable a un enemigo de la democracia cristiana que a los coroneles socios de Duarte. Mejor hablar de escuadrones de la muerte al mando de un ultraderechista que actúa a cuenta propia o a cuenta de los oligarcas de Miami que hablar de los escuadrones de la muerte de la Guardia, de la Primera Brigada, de la Policía de Hacienda y de la Policía Nacional.

Yo no tengo elementos para adjudicar responsabilidades concretas sobre los miles de asesinatos. Personalmente estoy convencido que el mayor d'Aubuisson y su grupo que luego fundaran ARENA cargan con una buena parte de la responsabilidad. Todas las investigaciones que hasta ahora han sido presentadas –incluyendo el informe de la Comisión de la Verdad y el reciente juicio en California a un oficial estrechamente vinculado a d'Aubuisson - apuntan en esta dirección.

La verdadera relación y división de trabajo entre los escuadrones “privados” y los escuadrones compuestos o dirigidos por militares aun no han sido investigadas. Es incomprensible que muchos que hablan a nombre de las víctimas se resistan tanto en reconocer que el mito de Roberto d'Aubuisson como responsable de los escuadrones requiere de investigación, contexto, y posiblemente revisión.

Me recuerdo que cuando me encontré con el director de cine Oliver Stone, para solicitarle apoyo a la causa revolucionaria salvadoreña, me preguntó: ¿Qué te pareció mi película “El Salvador”? Me sentí en una situación sumamente difícil y delicada, pero decidí no mentirle. Le dije que me había chocado el hecho que la película pinta al jefe de los escuadrones de la muerte, quien ordenó la muerte de Monseñor Romero, como un loco, un sadista psicópata. Por supuesto, Oliver Stone no me dio ni un cinco, sólo me dijo: “...y yo pensaba que ustedes eran de izquierda...”

Obviamente, ser de izquierda no puede significar imaginarse a los responsables de la represión como un grupo de locos. Más bien espero de la izquierda un análisis muy frío del carácter institucional de la violencia. Nunca concebí la revolución como la erradicación de unos grupos enloquecidos de asesinos, sino como la erradicación de la violencia institucional y la transformación del estado autoritario y represivo en estado de derecho. Y esto lo hemos logrado con los Acuerdos de Paz. (Publicado en El Faro)

lunes, 15 de noviembre de 2004

Solución final. Un epílogo

Se terminó el juego a la democracia dentro del FMLN. Se terminó la historia del FMLN como un frente compuesto por las diferentes tendencias de la izquierda y por esto representativo. Como dijo Eduardo Sancho, el comandante Fermán Cienfuegos del Frente histórico, a partir del 7 de noviembre de 2004, el FMLN debería llamarse Partido Comunista Salvadoreño. Porque con el FMLN que con su pluralismo ideológico, con su creatividad intelectual, con su dialéctica de debates profundos y unidad de acción se ganó en los años 80 la admiración de las izquierdas del mundo entero, ya no tiene más en común que el nombre.

Un partido en el cual una tendencia representa el 45% de la militancia (dándole crédito al resultado oficial), pero sólo se queda con 5 representantes en el Consejo Nacional frente a 50 del bando opuesto, ya no es pluralista. Tampoco es democrático. Un partido que realmente es democrático, garantiza que las tendencias existentes en su seno estén proporcionalmente representadas en los órganos de deliberación y de decisión política.

Hoy el Frente será gobernado por un Consejo en el cual ya no habrá debates, ya no cabrá disidencia, ya no se articulará crítica. Pueden llamarlo de un solo Comité Central. Ni siquiera los militantes provenientes de las FPL, la organización mayoritaria durante toda la guerra, la organización que más combatientes y muertos puso ha podido colocar sus principales dirigentes en el Consejo. Es más, ni siquiera la parte de las FPL liderada por el coordinador saliente y el coordinador electo, Leonel y Milton, han podido introducir a su gente a la planilla ganadora de los ortodoxos. De los 50 miembros que de las planillas ortodoxas ingresan al nuevo Consejo Nacional, 32 provienen del Partido Comunista. Solo 5 de los 55 miembros del Consejo Nacional, corresponden al grupo de Óscar Ortiz. Con razón, a los que más les cuesta tragarse estos resultados son los excombatientes, en su gran mayoría proveniente de las FPL y del ERP. Si los excombatientes, en su gran mayoría ya no se sienten representados por la dirección de su partido, el Frente murió.

¿Por qué fracasaron tan rotundamente los llamados "reformistas"? Fracasaron por dos razones. La principal es estructural: El partido FMLN está estructurado de una manera que ya no permite que movimientos rebeldes lleguen a relevar la dirección y que minorías se vuelvan mayoritarias. Son estructuras tan rígidas que ni siquiera permiten que las tendencias que no controlan la dirección estén proporcionalmente representadas. Por lo tanto, el que pierde, aunque sea por fraude o por un margen mínimo, pierde todo: pierde el derecho de consolidarse y seguir acumulando. Tiene que callarse, adaptarse o salir.

La otra razón es que los llamados "reformistas" no son reformistas. No presentaron a las bases una plataforma distinta a la de la dirección que querían desbancar. Son "reformistas" sin un programa de reformas, ni para la transformación del partido ni para transformar al país.
En la última elección interna, cuando en el 2002 los ortodoxos tuvieron que enfrentar a los renovadores encabezados por Francisco Jovel y Facundo Guardado, sí se enfrentaron dos concepciones claramente definidas del partido, del país y del mundo. Tan claramente estaba definida la alternativa que a los ganadores ortodoxos les pareció demasiado peligroso tenerla dentro del partido. Cuando decidieron expulsar a los renovadores, de hecho transformaron al partido de pluralista en monolítico, de democrático en autoritario, de abierto en cerrado. Lo demás, incluyendo las elecciones internas recién pasadas, no fueron más que trámites. Ya no existía alternativa congruente dentro del partido, ya no existía posibilidad de renovación.
Cuando Óscar Ortiz se presentó como candidato alternativo y formó su "fuerza del cambio", la dirección trató de pintarla como resurrección o prolongación del Movimiento Renovador dentro del partido. Casi como un cáncer que renace luego de su remoción quirúrgica. Con esta campaña anti-renovadora pueden haber tenido éxito dentro de una militancia altamente ideologizada, sobre todo porque los "reformistas" se negaron a decir claramente qué cambios proponían. Pero la verdad es que hay mundos entre los rebeldes renovadores de entonces y los "reformistas" de hoy (más bien de ayer). No es casualidad que los principales exponentes de los "reformistas", incluyendo a Óscar Ortiz, Hugo Martínez, René Canjura, Celina Monterrosa, apoyaron plenamente la purga contra los renovadores.

Siempre me pereció raro que Óscar Ortiz declarara que sus diferencias con la dirección ortodoxa no sean de carácter ideológico ni político y que ellos no iban a modificar el carácter revolucionario del Frente. Al fin me termino convenciendo que no se trata ni de cobardía ni de táctica, sino que simplemente es cierto: son los mismos, y el pleito no es sobre el rumbo del partido y del país, sino sobre cuotas de poder.

Con los resultados internos del FMLN, con la derrota aplastante del grupo de Ortiz, por lo menos queda claro una cosa sobre la cual, antes del 7 de noviembre, muchos todavía tenían dudas e ilusiones: la fuerza auténticamente reformista que necesita la izquierda para transformar al país no provendrá desde adentro del FMLN. Esperar esto es perder tiempo. (Publicado en El Faro)