jueves, 31 de diciembre de 2009

Carta a Carlos de los Cobos

Estimado entrenador:

No nos puedes dejar con los colochos hechos. Bien sabes que te necesitamos. Un pueblo necesita autoestima. Si no, la vida es miserable. Y si no es con la Selecta, ¿cómo levantamos el ánimo?

Estamos hecho mierda con el pisto y con el empleo. Encima nos ponen impuestos cabrones. Salimos de un gobierno que nos miente a otro que tampoco es de confiar. Tenemos una Asamblea que resulta peor que la anterior que ya era lamentable...

Los delincuentes nos ganaron la moral. Les tenemos miedo, les pagamos renta, nos encerramos detrás de las rejas y el alambre de púas de nuestras casas. Y aunque sabemos quienes son, nos hacemos los majes a la hora de denunciarlos...

Y encima de todo esto, tenemos una policía sin cabeza y sin norte. Y una Fuerza Armada que sacaron a la calle, pero con las manos atadas...

En medio de todo esto que nos da vergüenza, de repente pasó un milagro: Vuelve a jugar bien la Selecta. Volvemos a jugar fútbol. Nos vuelven a respetar hasta en México.

Y pensamos: Si nos levantamos de este mar de lágrimas que era el fútbol, ¿quién dice que nunca nos levantaremos de la crisis económica y política?

¿Y ahora vas a dejar la Selecta, porque no te podemos pagar un salario como te ofrecen tal vez en México o Estados Unidos? ¡No jodás, entrenador! Haznos una rebajita. En vez de 70 mil, te pagaremos 50 y un amor masivo como nunca lo recibirás en ninguna parte.

Yo sé que no es justo esperar de un entrenador de fútbol lo no nos puede dar ni el presidente ni los diputados ni autoridad ninguna: confianza que el 2010 será mejor.

Feliz Año Nuevo, Paolo Lüers

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Columna transversal: Literatura versus propaganda

Es un caso especial. No sólo por la víctima (un obispo que es asesinado días después de que publicara una documentación sobre los crímenes cometidos por los militares de su país). No sólo por el acusado principal en el proceso judicial (el aparato de inteligencia militar y presidencial). El caso Gerardi de Guatemala se vuelve aún más extraordinario por lo que se ha escrito sobre él.

Pocas veces podemos leer dos libros sobre el mismo caso judicial, ambos escritos por autores internacionalmente famosos por su periodismo investigativo. Y con historias totalmente opuestas sobre la investigación, el proceso, la culpa.

Uno escrito por Maite Rico (del periódico más prestigioso de España, El País) y Bertrand de La Grange (de la madre del periodismo francés, Le Monde). El otro por el novelista y periodista Francisco Goldman, hijo de madre guatemalteca y padre estadounidense, quien ha practicado el periodismo investigativo en The New Yorker y The New York Times. Aparte de publicar novelas exitosas como "La larga noche de los pollos blancos", "El marinero raso" y "El esposo divino".

Dos libros con posiciones distintas

Dos libros sobre el caso de monseñor Juan Gerardi, dos historias diferentes. En el libro de Maite Rico y Bertrand de La Grange ("¿Quién mató al obispo?"), los tres militares condenados por el asesinato del obispo son victimas inocentes de una conspiración de la Iglesia, de activistas de derechos humanos de izquierda y de algunos fiscales ambiciosos –- conspiración no sólo para culpar del crimen a unos militares inocentes, sino para desacreditar al ejército, al aparato de inteligencia y al presidente Álvaro Arzú.

En el libro de Goldman ("El arte del asesinato político"), los héroes son los jóvenes investigadores y abogados de la ODHA (Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala) y de la fiscalía, que luchan contra la impunidad, a pesar de amenazas y atentados. La de Goldman es la historia de un país que trata de salir de la cultura de violencia, impunidad, militarismo y secretismo para aterrizar en una de transparencia, justicia e institucionalidad civil.

En pocos casos se ha dado una competencia tan polémica, tan controversial entre dos investigaciones periodísticas, y entre autores renombrados y reconocidos.

Para mí esta batalla la gana Francisco Goldman.

Me llevé su libro a mis vacaciones de Navidad. Me desvelé devorándolo, porque se lee como las mejores novelas de crimen-espionaje-conspiración de Graham Greene o John Le Carré.

Un libro que me hace dudar de mis colegas

Mientras lo leía, me recordé del impacto similar que me había causado en el año 2005 el otro libro sobre el mismo caso Gerardi, el de Rico/de La Grange. Una inquietante sensación de "déjà vu", de haber vivido antes una determinada situación. Pero pensándolo bien, las sensaciones que dan los dos libros son diametralmente opuestas: El libro "¿Quién mató al obispo?" de Rico/de La Grange deja la sensación de que en un país como Guatemala, no hay verdad, no puede haber justicia, porque todo es posible y nada es comprobable.

El libro de Francisco Goldman deja la sensación que cuando realmente se quiere romper el manto de la impunidad, del encubrimiento, de la resignación y del miedo, se puede. Deja la sensación que en un mundo tan conspirativo, secreto y violento como Guatemala es imposible llegar a la verdad absoluta, pero se puede lograr romper la impunidad y dispensar justicia. Justicia no absoluta ni plena, pero justicia al fin.

Lo singular del juicio Gerardi es que, debido a que todas las evidencias, todos los actores y casi todos los testigos provienen del sub-mundo de la inteligencia, no se pudo (y nunca se podrá) establecer la verdad absoluta y completa. La historia es poblada de indigentes, curas, ladrones, guardias presidenciales, en que todos, de una y otra forma, trabajaban para la inteligencia militar, coordinada en el Estado Mayor Presidencial, situado a dos cuadros de la residencia donde fue ejecutado el obispo.

En el juicio no se pudo establecer ni quiénes dieron las órdenes ni quiénes ejecutaron materialmente el asesinato. Esto dejó abierta dos opciones a la fiscalía, la corte y la sociedad guatemalteca: Dejar todo en la impunidad, o establecer que se trató de un crimen de Estado, más bien del aparato clandestino de inteligencia, donde en última instancia no importa quién tomara la decisión o acción determinada. Son culpables quienes comprobadamente formaron parte de la conspiración.

Releyendo el libro de Maite Rico y Bertrand de La Grange, que queda destrozado por Francisco Goldman, me entra otra sensación horrible, por lo menos a mi como periodista: Me hace dudar de unos colegas que hasta ahora han sido sujetos de respeto y credibilidad. Me hace dudar de sus medios, sobre todo El País, uno de mis periódicos favoritos. Me hace dudar de sus otros muchos trabajos de investigación.

Francisco Goldman deja en evidencia que Maite Rico y Bertrand de La Grange han sido por lo menos manipulados (si no dirigidos mediante otros métodos) por sus fuentes vinculadas a la inteligencia y la presidencia de Guatemala. Me causa escalofrío pensar que el periódico El País, internacionalmente respetado por su independencia y el rigor ético-profesional que aplica, siga encargando a Maite Rico investigaciones que tienen que ver con fuentes de inteligencia. Me causa pavor y desconfianza que haya sido precisamente Maite Rico quien ha recibido del gobierno de Álvaro Uribe los documentos de la computadora de Raúl Reyes de las FARC.

Si Maite Rico ha manejado sus fuentes de inteligencia colombiana de la manera como manejó sus fuentes de inteligencia militar guatemalteca en el caso Gerardi, El País corre el riesgo de que sus investigaciones en este caso tan importante resulten contaminadas. No me consta ningún manejo no profesional de Maite Rico del material de inteligencia al cual tuvo acceso privilegiado en el caso Raúl Reyes. Pero no puedo dejar de dudar de los resultados de esta relación íntima periodismo-inteligencia...

En las cortes penales es común que casos se pierden y la impunidad se impone debido a errores o manipulaciones en el manejo de fuentes, testigos y evidencias. Algo parecido puede pasar en periodismo y en política, si no podemos confiar en las investigadores.

Goldman nunca esconde sus simpatías por sus fuentes

Goldman nunca esconde sus simpatías con sus principales fuentes: los investigadores de la fiscalía y del arzobispado. Para él, son héroes que se enfrentan a un monstruo. Es más, su libro relata cómo en el transcurso del proceso investigativo nacen una profunda amistad y un apoyo profesional mutuo entre las tres diferentes clases de investigadores: periodísticas, fiscales y abogados de derechos humanos.

En cambio en el libro de Rico/de La Grange nunca es visible su íntima relación con el aparato de inteligencia.

Goldman tampoco repite el pecado que cometen Rico/de La Grange de intervenir en el proceso penal contra los militares. El primer libro --y todo el eco que ha tenido en Guatemala y en el mundo, incluyendo intervenciones contra la fiscalía guatemalteca por parte de personajes como Mario Vargas Llosa-- se convirtió en arma de la defensa de los militares acusados. En cambio, Goldman no interviene en el proceso penal. Sacó su libro cuando la sentencia contra los militares (y sobre todo contra el aparato de inteligencia militar y presidencial) al fin estaba confirmada por todas las instancias jurídicas (Corte de Apelaciones, Corte Suprema, Cámara de lo Constitucional).

Goldman interviene en el juicio histórico y moral de toda esta terrible historia. Esto vuelve su libro una obra de literatura y deja el libro de Rico/de La Grange en el terreno de la guerra de desinformación.

Invito a todos a leer el "El arte del asesinato político" de Francisco Goldman. Al fin de cuentas, no sabemos qué tan lejos queda El Salvador de Guatemala.

Nota aparte: Conocí a Maite Rico y Bertrand de La Grange en 1999, cuando investigaban en Centroamérica para un reportaje que siempre recomendé por su lucidez: "Centroamérica: la derrota de los dogmas", publicado en la revista mexicana Letras Libres. Mucho mejor que nosotros mismos, los autores habían detectado que la librería Punto Literario y mi café (La Ventana) eran símbolos de la reconciliación y del fin del dogmatismo en El Salvador.

Punto Literario, propiedad de la esposa de un presidente arenero, organizando tertulias con poetas e intelectuales de la izquierda. La Ventana, fundada por un ex-guerrillero de origen alemán y su esposa, facilitando la convivencia pacífica, alegre y comunicativa entre "niñas bien hasta aprendices de ejecutivos, pasando por veteranos militantes del FMLN y especímenes diversos de la progresía internacional". Me duele que ahora tenga que criticar tan duramente a los autores de este bello ensayo sobre la posguerra en Centroamérica.

(El Diario de Hoy)

jueves, 24 de diciembre de 2009

Carta al presidente Funes


Estimado señor presidente:

Usted prometió gobernar abierto a la consulta y la participación ciudadana. Hoy que tiene que depurar a su gabinete, es nuestra responsabilidad como ciudadanos hacerle escuchar la voz del pueblo...

Obviamente, nadie puede hablar a nombre del pueblo. Pero todos podemos y debemos hablar. Hago un llamado a mis colegas columnistas, a los gremios, a las asociaciones profesionales, a los partidos, a los ciudadanos en general a proponerle a usted los cambios necesarios en el gabinete. Algunos lo harán en público, otros le mandarán cartas o e-mails, otros que tienen este privilegio se lo dirán en privado. Pero todos debemos ayudarle a usted a deshacerse de los ministros y otros funcionarios que no están sirviendo a los intereses de la nación.

En este sentido, le aconsejo, en el interés del país y su propio, que cambie al ministro de Seguridad, por incapacidad, falta de liderazgo y porque fomenta divisiones ideológicas dentro de la PNC. Por esta última razón, debería nombrar un ministro de Seguridad independiente del FMLN.

En Educación no será suficiente remover a Salvador Sánchez Cerén, porque el arquitecto de los planes equivocados de reforma educativa es el viceministro Eduardo Badía Serra. Hay que sustituir a los dos con profesionales que sean ajenos a la tendencia chavista que hoy reina en Educación.

Estos son los dos cambios radicales de los cuales depende el futuro de su presidencia. Aparte de remover, por supuesto, a algunos personajes indecorosos o incapaces en cargos secundarios que todos sabemos quienes son. Bueno, ANDA no es tan secundario. Ni la Superintendencia de Electricidad y Telecomunicaciones que quiere parar la construcción de represas y regular los medios.

Su canciller Hugo Martínez ha dado pasos correctos en política exterior. Pero ha permitido que algunos de sus colaboradores (¿o son comisarios políticos del partido?) establecieran un régimen de terror y despidos indiscriminados en Cancillería. O se van los comisarios o usted tendrá que poner a un ministro que pone orden.

Deseándole felices navidades y un próspero Año Nuevo,

Paolo Lüers

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sábado, 19 de diciembre de 2009

Carta a Santa Claus


Q
uerido Santa:

Te escribo a tiempo, porque sé que algunas cosas que te voy a pedir son algo difíciles de cumplir. Incluso para vos que tenés buenas conexiones...

Como ya sabrás, este año ha sido algo feo: crisis mundial, una campaña electoral bajera, un nuevo gobierno con dos rumbos, despidos masivos, la tormenta IDA, y ahora el paquetazo fiscal...

Así que te voy a pedir que tengás misericordia con nosotros. Disculpe que la lista de pedidos es tan larga. No es por falta de modestia, es porque realmente estamos jodidos...

Te pedimos: un nuevo ministro de Seguridad; si se puede, uno que sepa liderar; un despido más en el sistema carcelario (uno solo: el director general); uniformes escolares, por lo menos a tiempo para los desfiles de septiembre; que tu jefe ilumine al presidente para que vete por lo menos las barbaridades más graves en la reforma fiscal; un año sin desastres y con menos de 4 mil homicidios...

Además, si no es mucho pedir, una rebelión de jóvenes que se tomen por asalto los partidos y manden a sus casas a los ex-presidentes y ex-comandantes.

Al final unas peticiones, aunque parezcan exageradas y poco realistas: una oposición que haga oposición y un gobierno que gobierne; una Corte que haga justicia; unos diputados que disuelvan la Asamblea y convoquen nuevas elecciones, luego de aprobar una reforma electoral que nos permita elegir diputado por diputado, no banderas de partido.

Okay, Santa, me pasé de la raya y pedí milagros. Olvidate del último párrafo.

Esperando el 24 con ansiedad, Paolo Lüers

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jueves, 17 de diciembre de 2009

Columna transversal: Nada de dormir y hablar con el enemigo

Capítulo 48 de la telenovela “Aquí mando yo” del conocido productor de televisión Mauricio Funes: El presidente de la República, con su cara de enojado ya protegida como marca registrada, regaña públicamente a su ministro de Seguridad y Justicia por tener asesores que no comulgan con la filosofía oficial.

Según el señor presidente, “un ministro no puede tener como asesor principal a una persona que viene de administraciones anteriores y que no cree en nuestro programa de gobierno, porque entonces lo va asesorar en un sentido diferente al que nos hemos trazado en este Gobierno del cambio.”

Resulta que el pecado del ministro Manuel Melgar no es que tenga como asesor a un oficiales de comprobada capacidad y experiencia como el famoso ‘Carabinero’ (el comisionado Douglas García Funes). El pecado es que no le hace caso y no lo protege contra persecuciones por su distancia al nuevo partido oficial. Si haría caso a sus asesores, el ministro Melgar a lo mejor ya tendría un plan y una estrategia para la lucha contra la delincuencia. Pero tendría serios problemas con su presidente que no tolera que su gobierno, para diseñar políticas públicas, tome en cuenta la experiencia acumulada de funcionarios de anteriores administraciones.

Así se explica que los pocos expertos que existen en este país para asuntos complejos como las finanzas públicas, políticas de prevención de la delincuencia, combate al crimen organizado, etcétera, nunca han sido convocados por el gobierno actual para transmitir sus experiencias y sus consejos. Es obvio que un gobierno nuevo pone al frente de sus ministerios a personas identificadas con el programa de gobierno. Es obvio también que al fin será el gabinete o cada uno de sus integrantes que van a tomar decisiones. Pero es ilógico no pedir, de manera permanente, la información, las opiniones y los consejos de los ministros y expertos de anteriores administraciones.

Consta que en las áreas estratégicas de la administración pública, esto nunca ha pasado desde el cambio de gobierno. Más bien está vetado por una actitud cerrada y autosuficiente del presidente y de algunos de sus más cercanos asesores.

Ni los ministros de Hacienda de los gobiernos anteriores ni otros expertos no vinculados al gobierno y su partido han sido convocados por el ministro de Hacienda o el secretario técnico de la Presidencia antes de diseñar su reforma fiscal. Es una de la razones porque esta reforma ni va a recaudar lo que quieren, ni mucho menos allanar el camino hacia el pacto fiscal que realmente necesita el país.

En el área de Seguridad Pública, han mostrado un cuidado celoso para no pedir la opinión de los pocos expertos que tiene el país que saben de este asunto. Un presidente que realmente busca construir un ‘gobierno de unidad nacional’ con ‘políticas públicas de país’, hubiera solicitado a Salvador Samayoa y Oscar Bonilla (los dos ex-presidentes del Consejo Nacional de Seguridad Pública); a Rodrigo Ávila, Mauricio Sandoval y José Luis Tobar Prieto (ex-directores de la PNC); a Hugo Barrera, Francisco Bertrand Galindo y René Figueroa (ex-ministros de Seguridad); incluso a expertos como Joaquín Villalobos que le ayude a analizar experiencias, fallas y logros del pasado y discutir modelos de solución.

El hecho que todos ellos mantienen posiciones críticas al FMLN y al gobierno de Funes no los descalifica como personas a consultar. Por lo contrario, convierte sus opiniones y consejos en elementos indispensables para poder tomar decisiones correctas y para diseñar estrategias basadas en un escrupuloso análisis de todas las experiencias y todas las opciones.

Nadie pide a Mauricio Funes que delegue las decisiones sobre materia fiscal a Manuel Hinds, el odiado arquitecto de la dolarización. O la estrategia de Seguridad Pública a Salvador Samayoa y Joaquín Villalobos. Entiendo que el presidente, más allá de identificar a todos ellos como adversarios, detesta a estos personajes que lo critican cada rato. Pues, más razón para consultarlos. Y si como presidente no quiere mezclarse con ellos, siempre puede instruir a sus ministros que les inviten y consulten - o dejar de regañar a sus ministros cuando se atreven a asesorarse con personas que no comparten la filosofía oficial de ‘el cambio’.

Y si esto tampoco lo considera factible el señor presidente, por lo menos que deje de hablar de concertación, diálogo, y unidad nacional.

(El Diario de Hoy)

Carta a Hugo Martínez, canciller de la República

Estimado Hugo:

¿Cómo te fue en Washington? Espero que hayas tenido éxito en tus reuniones con los gringos. Me imagino que no es tan chiche convencerlos que no le hagan caso a todo lo que los cabezones de tu partido -el FMLN- dicen sobre la necesidad de “chocar con Estados Unidos” y de construir la “unidad revolucionaria anti-imperialista” con los ayatolas de Irán y los comandantes de Cuba y Venezuela.

Bueno, en una cosa más bien deseo que no hayas tenido éxito. Según el sitio Web de tu ministerio, fuiste a solicitar a Clinton y Obama una “moratoria de los vuelos de deportaciones” a El Salador.

Pero, Hugo, ¿qué significa una moratoria de deportaciones? Tu dirías: Menos deportaciones significan agregar menos problemas sociales a nuestro pobre país. Hasta ahí suena bonito. ¿Pero qué significa para los miles de salvadoreños que tienen meses de estar detenidos en Estados Unidos, la mayoría por el simple delito de haber entrado como mojados?

Para ellos, moratoria significa que quedarán encarcelados por varios meses más. Porque si te hacen caso con esta moratoria, los gringos no van a soltar a los detenidos. Los mantienen presos y los deportan después. Esto es el concepto de moratoria.

¿Has ido a los centros de detención en Estados Unidos donde los guanacos están esperando su deportación? ¿Los has preguntado si quieren una moratoria?

Te dirían: ¡Sáquenos de aquí! Ya que estamos presos que nos manden a casa, ¡pero ya!

Así que tamaño regalo de navidad que estás haciendo a los miles de salvadoreños detenidos en el Norte. Pero bueno, existe la esperanza que los gringos no te hagan caso.

Feliz Año Nuevo, tu amigo Paolo Lüers

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Ya no hay pretextos

La expulsión de Tony Saca sólo tiene sentido si resulta ser el paso previo a una consecuente renovación de ARENA. Renovación de liderazgo y de su proyecto político. Renovación generacional y programática.

El altísimo costo político que ARENA asumió para separarse de su ex-presidente más popular puede llevar al partido a la quiebra - o puede convertirse en su capital político para resurgir. Depende de lo que haga ARENA de hoy en adelante.

A partir de la salida de Saca (y se supone de todo su equipo, que durante años manejó el partido desde Casa Presidencial) ya no existe ningún pretexto para ARENA de no renovarse. Luego de la derrota electoral del 15 de marzo del 2009, ARENA no produjo el relevo generacional de su dirigencia, sino optó por delegar el poder a los ex-presidentes Calderón Sol, Flores y -en particular- a Cristiani, porque esto era la única manera de desmontar el control que el grupo de Saca tuvo sobre todas las estructuras del partido. También era la única manera de parar que se consumiera el pacto a la nicaragüense que Tony Saca, durante el período de transición y entrega del gobierno, había negociado con el FMLN: el control de la Corte Suprema de Justicia para el FMLN, la Fiscalía General para Saca. Un interés partidario de largo plazo del FMLN, para cambiar la institucionalidad del país – contra un interés personal de corto plazo para el grupo Saca, para blindarse de cualquier investigación de sus manejos de las finanzas públicas. Malísimo negocio para el país.

Dos razones de peso para posponer la renovación y el relevo dirigencial en ARENA. La primera razón dejó de existir hace meses, cuando Cristiani logró evitar que se consumara el pacto que comprometía a la Corte y la Fiscalía (y por tanto, toda la institucionalidad del país). Pero continuaba la batalla por el control de ARENA. Saca diseñó otra estrategia: crear con GANA el instrumento nuevo para hacer pactos con el gobierno y para futuras elecciones – y al mismo tiempo quedar en ARENA para impedir que resuelva su crisis y se levante. En algún momento, o volver a tomarse ARENA, o brincarse oficialmente a GANA poco antes de siguientes las elecciones.

Mientras Tony Saca permanecía en ARENA, a pesar de ya haber lanzado con GANA la futura competencia, Cristiano no pudo ni pensar en retirarse de la dirección del COENA, si quería evitar que vuelvan a tomar control los aliados de Saca.

Bueno, con la expulsión de Tony Saca dejó de existir la última razón para posponer la renovación de ARENA. A menos que, en vez de renovarse, se quiera volver al pasado... También hay en ARENA quienes proponen esto.

Si en esta situación histórica ARENA decide atrincherarse en su pasado, en sus tradiciones conservadoras, en su anticomunismo (que muchas veces eran anti-progreso), Tony Saca gana. Porque en este caso, ARENA le daría razón en su argumento principal: que a él lo persiguen los sectores areneros vinculados con la gran empresa que nunca aceptaron sus políticas sociales.

El único viraje que queda a ARENA para enfrentar al discurso populista de Tony Saca es: Convertir en políticas públicas reales lo que en la ARENA de Saca era discurso populista. Convertirse en un partido de reforma y de responsabilidad social, donde la “derecha popular” de GANA y de Saca construye un populismo de derecha dispuesto a pactar con el populismo de izquierda tanto de los propagandistas de ‘el cambio’ como con los chavistas del FMLN.

Ahora que Saca está fuera de ARENA y se supone que todos sus seguidores le van a seguir, ARENA ya no tiene ningún pretexto de no emprender -sin ambigüedades, sin complejos y sin amarres- el camino de la reforma. A menos que el obstáculo sea el miedo, la falta de audacia – o si ocultamente siguen habiendo amarres a intereses corporativos que quieren mantener a ARENA como instrumento político para intereses particulares y mezquinos.

Si ARENA, después de la catarsis, opta por la inercia y la inmovilidad, no tiene futuro político. En este caso, en vez de tratar de levantar ARENA, los sectores reformistas y progresistas en la derecha y el centro tendrán que construir un partido nuevo capaz y dispuesto a enfrentarse al FMLN, por un lado, y a los partidos obsoletos de derecha, incluyendo una ARENA no dispuesta a la renovación. Cuesta arriba, pero no imposible.

Para ARENA, sería absurdo pagar el alto costo de su separación de la autodenominada “derecha popular” de Saca-GANA, si no al mismo tiempo elimina los otros ingredientes de esta derecha obsoleta: la corrupción, el autoritarismo, el populismo. Pero aun esto no sería suficiente. Con sacar a Saca no están removidos todos los obstáculos dentro de ARENA para convertirse en motor de la reforma, defensor de la institucionalidad y proveedor de justicia social. Si al final el partido cae de manos de Saca en manos de sectores aún más autoritarios, de nada habrá servido el gran sacrificio de Alfredo Cristiani de bajar del Olimpo y ensuciarse las manos peleando contra monstruos. Sólo se habrá resuelto un pleito entre dos tendencias igualmente obsoletas.

Hoy es cuando. Hoy o nunca. Si los renovadores dentro y afuera del partido, y los grupos de jóvenes que quieren meterse en política, pero para reformar al país y al mismo tiempo defender las libertades, no se toman ARENA ahora para convertirlo en instrumento del progreso, lo harán nunca. Y que luego no se quejen. Así que, como con la salida de Saca la dirigencia de ARENA ya no tiene pretextos de no abrir el partido, tampoco tienen pretextos los jóvenes y los críticos de no tomárselo para construir el país que necesitan.

(El Diario de Hoy)