domingo, 10 de noviembre de 2019

Censura no es la solución. Columna Transversal de Paolo Luers


Publicado en EL DIARIO DE HOY, 10 noviembre 2019


Twitter hizo lo correcto, cuando anunció que ya no va a difundir en su plataforma ninguna publicidad política pagada. Lo hizo con un argumento imposible de rechazar: Que si los los políticos, partidos y gobiernos buscan impacto, que se lo ganen, en vez de comprarlo. 

Con esta decisión sabia, Twitter resuelve un dilema, en el cual todavía se enreda su competidor Facebook. Facebook se encuentra en una discusión eterna con las autoridades de la Unión Europea, con congresistas de Estados Unidos y con muchas organizaciones civiles en todo el mundo: ¿Debe Facebook ejercer control editorial sobre los contenidos políticos colocados en su plataforma? ¿Y debe Facebook censurarlas, en caso que contenga mentiras, amenazas o mensajes de odio?

Toda esta discusión surgió con urgencia a partir del descubrimiento que Facebook ha sido utilizado masivamente para introducir ‘fake news’ y mensajes de odio en la campaña de Donald Trump contra Hillary Clinton, en la campaña en pro del Brexit, y en varias campañas de movimientos populistas de corte racista y anti migrantes en toda Europa. También se detectó la existencia de empresas especializadas en este negocio de manipulación política, como las ‘granjas de troles’ en Rusia y otros países, y la empresa ‘Cambridge Analitica’, que usó los datos de millones de usuarios de Facebook para producir ‘mentiras a la medida’, dirigidas vía Facebook a audiencias seleccionadas, para definir elecciones.

El dilema en todo esta discusión: ¿Quién decide cuáles contenidos difundidos en las redes sociales son ‘fake’ o mensajes de odio? ¿Y quién define el límite a partir del cual mensajes de esta tipo son ilegales y merecen censurarse?

Incluso quienes están convencidos de que se necesita ejercer algún tipo de censura no estarían de acuerdo que sean los gobiernos quienes censuran. La medicina sería más peligrosa que la enfermedad que busca curar.  

Surge una propuesta que aparentemente soluciona el dilema: que sean las plataformas, como Facebook y Twitter, quienes tengan la responsabilidad de eliminar contenidos mentirosos o de odio. Que ellos instalen los filtros necesarios, así como lo hacen los medios tradicionales. Y si no lo hacen y siguen difundiéndose en sus plataformas contenidos que promueven mentiras u odio, que sean sujetos de demandas y multas, igual que cualquier periódico.

Pero este propuesta es absurda. Primero, la comparación entre redes sociales y periódicos no funciona. Un periódico publica contenidos solicitados por el medio, o contenidos ofrecidos por terceros, los cuales pasan por el filtro editorial. Esto no es el caso con Facebook o Twitter. Estas plataformas digitales solo ofrecen un medio técnico de difusión, sin que exista ningún acuerdo editorial con el usuario. Hacer responsable a Facebook del contenido de un usuario sería tan absurdo como demandar a CLARO o TIGO por una llamada telefónica de extorsión. 

Segundo, ¿realmente queremos que una compañía privada que tiene el poder económico y comunicativo de Facebook tenga la potestad de ejercer censura? Esto equivale a privatizar un área de la aplicación de la ley. 

Ante la imposibilidad de salir de este dilema, la decisión de Twitter parece una solución, aunque solo sea parcial: No difundir publicidad política. Es parcial, porque los ‘fake news’ y los mensajes racistas, religiosos o de otras índoles de odio no sólo se difunden mediante publicidad pagada, sino que se expresan principalmente por individuos, y por troles y bots disfrazados de individuos. Troles son cuentas falsas manejadas, en gran cantidad, por centros de manipulación en redes. Bots son cuentas automatizadas controladas por este tipo de centros. Y estos centros existen en todas partes, también en El Salvador. Algunos son manejados por partidos o gobiernos, otros son empresas internacionales que pueden ser contratados por clientes (candidatos, partidos, gobiernos, empresas) de todo color y de todo el mundo. Las redes sociales pueden detectar y erradicar los bots, pero nunca los trolls manejados por personas. Hay que aprender a vivir con esta plaga.

Así que, aunque la decisión de vetar publicidad política Twitter sea asumida por todas las plataformas grandes de redes sociales, el problema persistirá. ¿Cómo erradicar los contenidos dañinos sin caer en censura? Y otra vez estaríamos en el mismo dilema: ¿Quién decide cuáles contenidos son dañinos, qué es mentira y qué es verdad? ¿Quién pinta la raya entre crítica política y mensajes de odio? ¿A quién le damos el derecho de filtrar y censurar?

Mi respuesta: A nadie. El antídoto a los ‘fake news’ y los mensajes de odio no es la censura, sino más transparencia e información confiable por parte de instituciones estatales, mejor periodismo por parte de los medios, y posturas más beligerantes de los ciudadanos contra la manipulación. Siempre habrá una guerra entre desinformación e información, entre propaganda y transparencia, entre racionalidad y demagogia. No hay como evitar esta guerra mediante la censura. Lo que hay que hacer es llevar esta batalla bien y ganarla. No hoy de otra. 


sábado, 9 de noviembre de 2019

Carta sobre el 9 de noviembre, cuando en Berlin cayó el muro y en San Salvador comenzó la ofensiva . De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 9 noviembre 2019


En noviembre 1989, exactamente hace 30 años, pasaron dos eventos históricos, que a primera vista no tenían nada en común, pero marcaron cambios dramáticos en mis dos patrias: Alemania y El Salvador. Y por lo tanto, en mi vida...

En Berlin, este día 9 de noviembre de 1989 cayó el muro, y con él simbólicamente “la cortina de hierro”, que dividía a Alemania, Europa y el mundo en dos bloques. Con la caída del muro de Berlin comenzó el desmoronamiento no solo del régimen pro-soviético en Alemania Oriental, sino de todo el imperio soviético. Durante los años 1990 y 1991, una revolución pacífica puso fin al bloque comunista. 

En El Salvador, el 11 de noviembre del año 1989, comenzó la ofensiva guerrillera sobre la capital. Con esta ofensiva quedó claro ante los ojos de toda la nación y el mundo que esta guerra civil salvadoreña nadie la iba a ganar. Comenzó un proceso que también terminó a finales del 1991, con un resultado básicamente igual que en Europa Oriental: la refundación democrática, en nuestro caso a través de los Acuerdos de Paz. 

Igual que la unificación de Alemania y la democratización de toda Europa Oriental, el proceso de paz y democratización en El Salvador fue patrocinado por los dos super poderes que habían administrado durante décadas la guerra fría y que ahora la estaban terminando: Washington y Moscú. 

Durante los días caóticos de la ofensiva de noviembre 1989, culminando con el asesinato de los jesuitas y la toma del Sheraton, no teníamos cabeza para analizar lo que estaba pasando en Berlin, con la caída del muro. Pero cuando el polvo de las balas y bombas se asentó, todos nos dimos cuenta que despertamos en un mundo diferente, en el cual nuestra guerra ya no tenía cabida; que en Berlin había pasado algo que irreversiblemente iba a llevar al fin de la guerra fría, la cual en nuestro país se había vuelto bastante caliente.

Entonces, en El Salvador había que negociar la paz, y en Alemania había que negociar la unificación de un país dividido por los dos bloques. Todo el mundo sabía que no hubo alternativa, pero no todos lo interpretaron de la misma manera. Hubo quienes interpretaron ambos eventos históricos -la paz en El Salvador y la unificación de Alemania- como derrotas de la izquierda. Y habíamos muchos que vimos ambos eventos como victorias de la democracia y oportunidades de superar la guerra fría. 

Yo perdí buenos amigos (en Alemania y en El Salvador), quienes se sintieron defraudados porque los guerrilleros habíamos firmado un acuerdo con la derecha cuando habíamos prometido ganar la guerra; y quienes tampoco podían entender porque yo celebraba la caída del muro y del socialismo en Alemania. Decían que celebrar la caída de la Unión Soviética era traición. Pero para mi, era traición haber mantenido durante décadas dictaduras con bandera de socialismo. Y hubiera sido traición no poner fin a la guerra en El Salvador cuando había posibilidad de conquistar la democracia y la libertad. 

Para mi, el proceso de democratización que comenzó, este mismo noviembre 1989, en Berlin y en San Salvador fue lo mejor que podía pasar a mis dos patrias. 

Saludos,


jueves, 7 de noviembre de 2019

Telegramas: gotas de racionalidad en aguas revueltas. De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 7 noviembre 2019


A Mario Ponce: El papel de un presidente de Asamblea es diferente al rol de los dirigentes de los partidos. Como presidente del Congreso le toca procurar que funcionen los canales para el diálogo. A ellos les toca decidir si quieren usarlas para concertación o para confrontación, para sellar acuerdos o para marcas diferencias.
A Nelson Fuentes: Si en el gabinete no le permiten subsanar en el presupuesto las trampitas que pusieron para facilitar fraude de ley (sobre todo con los rubros inflados de gastos financieros y transferencias), usted debe solicitar al Congreso que rechace el presupuesto y renunciar.  
A Stephen King: Usted dijo en Twitter “Deme like si extrañas a Barack Obama en la Casa Blanca.” Yo: “Pensando en Trump, extraño hasta a Bush, padre o hijo. Incluso a Nixon, quien tuvo la decencia de renunciar”.
A Raúl Melara: Leo en LPG que el “Fiscal Raul Melara aclara que el papel de la CICIES será colaborar con Fiscalía General y no al revés”, y que al fin están negociando un convenio entre Fiscalía y OEA sobre las funciones de una CICIES. Así hubieran comenzado, sin tanto enredo por parte del gobierno y de la OEA.
A Neto Muyshondt: Sería bueno que separaras bien tus funciones como alcalde capitalino de tu rol como dirigente de ARENA. Por supuesto que el alcalde tiene que buscar acuerdos con el presidente para beneficio de la ciudad. La dinámica entre gobierno y oposición es diferente. 
A Óscar Ortiz: La ruptura de relaciones con Maduro era tu oportunidad de oro para mostrar que el FMLN no sigue amarrado a compromisos ideológicos y mafiosos con dictadores. No la aprovechaste. 
A Nayib Bukele: Si usted apoya todas las iniciativas en la OEA, Naciones Unidas y el Grupo de Lima para obligar a Maduro a permitir elecciones libres, tendrá mi apoyo total. No sé si romper relaciones diplomáticas con el gobierno de Maduro ayuda a esto.
A Leopoldo López: Entiendo tu mensaje: “Gracias presidente Nayib Bukele por su apoyo a nuestro pueblo y a nuestra lucha en Venezuela”. Pero tenga claro, estimado amigo, que no todos los enemigos de tu enemigo Maduro son tus amigos. Ni todos los amigos de tu supuesto amigo Trump. Un abrazo. 
A la fracción de ARENA: No es cierto que poner fotos en la papeleta de alcaldes da más poder al votante. El votante seguirá votando por una planilla, no por una persona. Solo crea la ilusión de un voto más democrático.
A Karla Hananía de Varela, ministra de Educación: Para prepararnos para la Cuarta Revolución Industrial necesitamos una transformación de nuestro sistema educativo. Lo que quieren armar en CIFCO es un ejército de activistas. No se haga cómplice de esto.
A todos: Leí el siguiente tuit de una mujer: “Mi abuela y mi mamá nos enseñaron a mis hermanos y a mí que nadie podía tocarnos: ni mi papá, mi abuelo, ni mis tíos, ni ningún hombre o mujer de la familia o fuera de ella”. Es el tuit más triste que he leído en todo este debate. ¿Así queremos educar a nuestras hijas?
A todos: Saludos de 

martes, 5 de noviembre de 2019

Carta a los jueces: Defiendan su independencia y la racionalidad. De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 5 NOVIEMBRE 2019


Cuando se quiere resolver casos penales en los medios, en redes sociales o en la calle, siempre entra en peligro la independencia de la justicia. Más grande se hace este peligro cuando además de los ‘influencers‘, se meten en estos ensayos de justicia popular o mediática los políticos para cosechar en el río revuelto de resentimientos y frustraciones o incluso para ponerse a la cabeza de un movimiento de indignados que desconfían de la justicia y sus administradores. Entonces, puede volverse imposible que actúen con independencia y racionalidad los jueces.
Todos tenemos derecho de criticar a cualquier juez cuando no nos parece su actuación o sentencia. Los jueces no son dioses. Pero son los únicos facultados para administrar justicia, y solo lo pueden hacer bien con independencia. Obviamente con el riesgo de equivocarse. Por esto hay recursos de apelación e instancias superiores que revisarán las sentencias.  
En el caso del magistrado Escalante, acusado de agresión sexual contra una menor, la Cámara Primera de lo Penal no aceptó la tipificación de delito presentada por la Fiscalía. La ola de indignación que desataron va más allá de la crítica, se convirtió en una campaña contra dos magistrados de la Cámara. Piden a gritos que sean investigados por la Fiscalía y ‘depurados’ por la Corte Suprema. Surgen llamados peligrosos. Una ‘influencer’ escribe en Twitter: “Suban los nombres y las caras de los que votaron por esto y haga patria, confróntelos en la calle y pregúnteles si no es delito tocar los genitales de una niña o niño en la calle…” Ya para el acusado exige linchamiento público: “Ya que para el sistema judicial no es delito sugiero que cuando agarren a uno en esas, mejor le den fuego y no lo entreguen al sistema.” 
Solo faltaba que se metiera el presidente. Y lo hizo. Luego de que dijera que la resolución de la Cámara “es una burla a nuestro Estado de Derecho”, uno tras otro sus ministros comenzaron a echar leña al fuego. El secretario de prensa de la Presidencia, usando su cuenta ‘extra oficial’ llamada ‘El Brozo’, publica dos fotos: “Estos son los magistrados q están protegiendo a Eduardo Escalante con la sentencia que dice que tocar a una niña no es un delito”. 
Los ‘influencers’ organizaron una colecta de firmas para pedir a la Fiscalía que apele la sentencia de la Cámara, a pesar de que el Fiscal General ya había anunciado que llevará el caso a la Sala de lo Penal de la Corte Suprema. Aparte de la colecta de firmas convocaron a una manifestación, primero frente a la sede de la Fiscalía y luego frente al Centro Judicial Isidro Menéndez. Y al final resulta que es el presidente de la República que en su cuenta de Twitter convoca a esta manifestación para exigir ‘depuración de jueces’.
Bajo esta presión de la opinión pública, ¿cómo podemos esperar que los jueces de la Corte Suprema van a analizar el caso con independencia? ¿Y cómo van a actuar los jueces de todas las instancias inferiores que en el futuro van a tener que juzgar casos parecidos?
El populismo político, que se ha adueñado no solo del gobierno sino de diputados, incluso de la oposición, de periodistas y columnistas, y obviamente de los ‘influencers’ que dominan las redes sociales, está orquestando toda su presión para generar un ‘populismo judicial’, es decir una justicia que depende de la opinión popular. Esto no lo podemos permitir. Hay que defender la independencia de la justicia. Hay que crear un clima que permita a los jueces y fiscales administrar la justicia con racionalidad, libre de las emociones que predominan en la opinión pública.
No es el presidente de la República el que administra la justicia, define delitos y señala culpables. Mucho menos los ‘influencers’ en las redes sociales. 
¿Y si una mayoría de ciudadanos está de acuerdo con la presión sobre la justicia? No importa, la justicia no puede depender de mayorías populares, sino solamente de jueces independientes que sentencian con criterios técnicos derivados estrictamente de la ley. La justicia no es democrática porque todos la podemos influenciar, sino por la independencia de sus instituciones.
El ‘caso Escalante’ irá a apelación, y la Sala Penal de la Corte Suprema tendrá la última palabra sobre el carácter de delito. Pero ojo: Ya sabemos a qué clase de insultos y amenazas serán objetos los magistrados de esta Sala. Ojalá que sepan defender su independencia. 
El hashtag #TocarNiñasEsDelito funciona bien en Twitter, pero no en la racionalidad judicial. Siempre los jueces tendrán que decidir, viendo todas las circunstancias, si realmente es delito. El señor Escalante, si es culpable, tendrá el castigo que la ley demanda. La ley, no la calle o Casa Presidencial.  
Saludos, 

Posdata: Van a acusarme que estoy defendiendo a pedófilos y a jueces corruptos. Son gajes del oficio. Alguien tiene que defender la racionalidad.



Lea también: Desinformación y linchamiento. De Erika Saldaña


sábado, 2 de noviembre de 2019

Esta carta es un cuento: El velorio que me salvó el pellejo. De Paolo Luers




Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 2 noviembre 2019


El Día de los Muertos. Me vienen a la mente tantas historias de muertes que he visto en este país. Cadáveres de estudiantes y sindicalistas que me tocó fotografiar en las semanas de venganza luego de la ofensiva insurgente de enero de 1981. Cuerpos de soldados y combatientes abatidos a balazos. Restos carbonizados de niños que encontré en El Mozote. Policías y pandilleros acribillados…
Pero no son historias tristes las que quiero contar hoy. Prefiero contar cómo el velorio de un campesino anciano me salvó el pellejo.
- - -
Año 1981, tipo marzo o abril. Mi primera entrada al frente de guerra en Morazán. Un colega periodista (cuyo nombre me tengo que reservar aún 38 años más tarde) me deja en frente de una casa en El Divisadero, sobre la Ruta Militar que lleva de San Miguel a El Amatillo. “¿Estás seguro, Chele? No me gusta este lugar. ¿Seguro que es aquí?”— “No te preocupés, aquí es. Andá rápido, ¡y gracias!”…
El carro arranca y se va, y ahí estoy yo, un chelito alto, con mochila y bolso de cámaras, solo en medio de la nada, cerca de una zona de guerra.
Bajo unas gradas a la casa-tienda indicada. Pregunto por Ramón. Me meten de la tienda a la casa, veo un montón de niños y algunos ancianos. Aparece un muchacho, le digo la contraseña acordada. “Soy Ramón. A medianoche los compas te van a recoger aquí cerca y llevarte a Río Seco. Descansá, aquí estás seguro…”.
Me dan tortillas, frijoles y café. Todos se van, solo Ramón se queda conmigo. “Van al velorio de un vecino que murió anoche…”.
A la hora alguien entra en la tienda. Ramón va a verlo, los escucho hablar. Siento que hay problemas. Regresa Ramón y dice: “Viene una patrulla. No puedes estar aquí. Dejá tus bultos y seguime”. Esconde mi mochila y mis cámaras debajo de una cama y salimos. Cruzamos la carretera y subimos unas gradas, para llegar a otra casa, llena de gente. Lleno el patio, llena la casa. El velorio. Entramos, Ramón explica algo a la familia doliente, me saludan y me meten en otro cuarto, separado por una cortina. Me quedo solo, en lo oscuro, con los nervios de punta, pendiente de cada ruido y cada voz. “¿Qué pasa si los soldados me encuentran aquí? ¿Qué explicación les puedo dar? ¿Qué pasa con esta familia?”
Afuera voces que obviamente no son de velorio, entre ellas una de mando. Y voces de mujeres. “¿Quieren café? ¿Ya comieron, tomen unos tamalitos…”. Las voces se calman. Murmullos. De repente la voz de mando: “Voy a entrar para brindarle nuestro respeto al difunto. ¿Cómo fue que se llama?” -  “Don Sebas. Pase adelante, sargento…”
Quince minutos más tarde me sacan del escondite, me sientan a la par del ataúd, me dan tamales y con café. Nadie me pregunta nada. No hace falta. La hija de don Sebas me da dos conos envueltos en hoja de huerta. “Para el camino. Esto da fuerza”. Luego alguien me explicaría que eran atados de dulce, azúcar artesanal hecha en molinos movidos por bueyes. En este momento, son los primeros (de muchos) atados de dulce en esta guerra…
Al rato aparece Ramón para recogerme. “Catearon todas las casas, menos esta. Aun los asesinos respetan la muerte”.
Docenas de abrazos sin palabras, o con una sola: “Cuídese”. Cruzamos nuevamente la Ruta Militar, pasamos por mi mochila y mis cámaras, otros abrazos silenciosos y bajamos una vereda que nos lleva a una quebrada. En medio de un bosquecito de bambú encuentro a Jimmy y su escuadra, que me van a llevar a Río Seco, y la siguiente noche agarraremos viaje hacia La Guacamaya, al norte de Morazán. Pero primero habrá que subir todo el maldito cerro Cacahuatique, sin parar, sin descansos, porque hay que llegar antes de que amanezca. Pero esta es otra historia, más triste que aquella del velorio de don Sebas…
Saludos a todos los sobrevivientes, que hoy recuerdan a los muertos, entre ellos Ramón y Jímmy.




jueves, 31 de octubre de 2019

Carta a los diputados: Legislar para salir del conflicto con dignidad, no para perpetuarlo. De Paolo Luers




Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 31 octubre 2019


En estos días, la Asamblea tiene que cumplir con su mandato de aprobar una Ley de Reconciliación que regule cómo El Salvador va a enfrentar los crímenes de guerra cometidos durante su guerra civil. No les puedo decir a los diputados cómo legislar, pero sí les puedo pedir que tomen en cuenta los siguientes criterios políticos y éticos.    
- - -

La gente tiene derecho a la verdad, sobre todo las familias de las víctimas, cuando se trata de los sufrimientos que causó la guerra. Es el derecho a la verdad que nunca prescribe, que incluso se hereda de las víctimas a sus hijos y nietos. No así el derecho a la justicia penal. Esta sí debe prescribir cuando castigar ya no tiene sentido, porque los victimarios están muertos o enfermos, y cuando ya no constituyen ningún peligro para la sociedad, porque el país ya no está en condiciones de recaer en un conflicto armado.

Podemos ser generosos en cuanto al castigo a los victimarios, pero tenemos que ser implacables con las mentiras. 

El derecho a la verdad no tiene nada que ver con la persecución penal, el castigo, la venganza, la satisfacción de ver al otro en la cárcel. Tenemos que buscar la forma que se siga conociendo la verdad. La madre de un estudiante asesinado por la Guardia Nacional necesita que se reconozca que fue un crimen del Estado. El nieto del campesino que murió en una masacre necesita saber que sus abuelos murieron porque en El Salvador se implementó la doctrina de la contrainsurgencia que los Estados Unidos trajeron de Vietnam. Los hijos del empresario secuestrado y asesinado por un comando urbano insurgente necesitan saber que los comandantes guerrilleros no pueden continuar haciéndose los santitos inmaculados, sino que asumen su responsabilidad...

Y todos tienen derecho de saber si el hecho violento que sufrieron fue consecuencia lamentable de la guerra - o consecuencia de un crimen de guerra. El simple hecho de la guerra, con ofensivas, bombardeos, campos minados ha causado daños irreparables a miles de familias, pero estos daños hay que distinguirlos de otros que fueron causados porque dentro de cada bando hubo quienes cometieron crímenes de guerra y abusos de los Derechos Humanos.

Luego de 30 o 40 años, será técnicamente bien difícil (y posiblemente de poca relevancia política y moral) comprobar, bajo las reglas que exige un juicio penal, quiénes fueron los individuos culpables. En cambio, será mucho más factible (y tiene mucho más sentido), buscar los mecanismos para establecer si se trataba o no de un crimen y si fue cometido por la agentes del Estado, por paramilitares o por fuerzas guerrilleras.

Saber esto, de boca de instancias autorizadas, satisface el derecho a la verdad. También les da oportunidad a los diferentes actores beligerantes de la guerra a asumir su responsabilidad histórica.

Si logramos esto, habremos hecho mucho. Si no caemos en las tentaciones de pedir cárcel para los que ejercieron durante la guerra el poder sobre vida y muerte, también haremos justicia, aunque no de la forma en que algunos siguen insistiendo: persiguiendo, castigando, encarcelando. 

Un amigo me decía que quienes intransigentemente insisten en justicia punitiva son el último obstáculo para lograr la reconciliación. Yo le hice dos correcciones: La reconciliación ya lo logramos la sociedad, aunque los políticos todavía no se dan cuenta. Y segundo: Hay otro obstáculo, que es la igualmente intransigente incapacidad de muchos actores, en ambos bandos, de reconocer sus errores y sus abusos del poder que dieron las armas. Pero reconocer responsabilidades históricas no es lo mismo que confesar crímenes que todavía pueden penalizarse. Mientras pidamos a los responsables que confiesan, incriminándose en potenciales juicios penales, van a mantener silencio – y haremos un mal servicio a la verdad...  
- - -

Les hago el llamado de legislar con valentía, sensatez, y sabiduría. Tienen la mayoría necesaria, incluso para el caso que el presidente, por razones demagógicas, vete la ley. Lo único que falta es el coraje de poner final a este capítulo.

Saludos, 

martes, 29 de octubre de 2019

Carta sobre las supuestas ‘brisas nuevas’ en América Latina: los Kirchner, los Saca y los Bukele. De Paolo Luers



Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, 29 octubre 2019


Cristina Kirchner regresa al poder en Argentina, a la par de Alberto Fernández, exempleado del clan Kirchner. Nayib Bukele inmediatamente felicitó a los ganadores, lo que a algunos sorprende, ya que se trata de aliados de Maduro, y él, de Washington. Bueno, tendrán diferentes discursos frente a Venezuela, Cuba y Washington, pero tienen mucho en común. Tanto los Kirchner como los Bukele tienen esta capacidad de mantener un discurso electoral de izquierda, aunque obviamente no son de izquierda, sino que son adeptos del capitalismo de cheros y compadres.
Volver a marcar una papeleta donde nuevamente aparece el nombre Kirchner nos puede parecer inexplicable. Sin embargo, no es tan diferente que votar por Bukele luego de que hemos visto lo que Tony Saca hizo al país. En Argentina son un poco más descarados: Pusieron el mismo apellido en la papeleta, ¡¿y qué?!
En El Salvador ya sabían que esto no iba a funcionar. Lo trataron en el 2014, pero no les funcionó el ‘comeback‘ de Tony Saca. La gente no se lo tragó, aunque en aquel entonces nadie se imaginaba el grado de robo y corrupción cometidos en su primer gobierno. Así que decidieron crear la imagen contraria: la de un cambio de generación, cambio de forma de hacer política, cambio de época, cambio de paradigma… Surgió la figura de Nayib. Surgió el movimiento-partido Nuevas Ideas. Surgió el eslogan ‘Devuelvan lo robado‘. Surgióla definición del enemigo a derrotar: ‘los Mismos de Siempre‘. Sin embargo, detrás de esta pantalla de relevo total (de líder, de ideas, de estilo, hasta de la forma de vestir) estaban los mismos de siempre, los operadores políticos y técnicos de la demagogia íntimamente ligados al ‘sistema Saca‘: el primo Herbert Saca, sus encargados para lo sucio (Ernesto Sanabria/El Brozo y Peter Dumas), su gurú de estrategia Porfirio Chica y sus propagandistas Walter Araujo y Geovanni Galeas. Todos tuvieron funciones muy parecidas en el ‘sistema Saca‘ y algunos incluso en el entorno de Mauricio Funes.
En Argentina igual: Regresa al poder la misma cherada y manejarán las palancas del poder los mismos operadores.
Queda la inquietante pregunta: ¿Cómo lograron volver a ganar, con mayoría, sin fraude, en Argentina como en El Salvador? 
En Argentina, porque Mauricio Macri, el que en 2015 asumió la presidencia con el mandato de terminar con la corrupción, el populismo y el Estado clientelista, gobernó a medias tintas. Hizo reformas, pero no buscórupturas. Predicó austeridad, pero sin erradicar el clientelismo, lo que no puede funcionar. Argentina necesitaba reformas radicales y las recibió tibias, sin dientes. 
En El Salvador, la historia fue diferente, porque entre el gobierno de Tony Saca y su reencarnación bajo Nayib Bukele hubo un interludio: 10 años de gobiernos del FMLN. Dos gobiernos cuyos fracasos políticos y morales llevaron a una profunda crisis de credibilidad a todo el sistema partidario. Prometieron ‘el cambio‘ y lo que había que cambiar no cambió. Así se abrió el espacio a un candidato con discurso de antipolítica como Bukele. Y ARENA cometió en su campaña el mismo error que cometió Macri gobernando, y luego en su campaña de reelección: no logró construir una propuesta de reforma radical, con propuestas claras y medidas inequívocas. No lograron convencer a la ciudadanía de que tenían no solo la capacidad técnica sino también ‘el ñeque’: la férrea voluntad de componer el Estado y a sus políticas públicas. 
Para superar todos los efectos dañinos que el populismo causó en la sociedad, se necesita de líderes muy decididos que proyecten la voluntad de hacer las reformas radicales y drásticas que sean necesarias, aun cuando les cueste popularidad. Líderes que por miedo a las encuestas y ‘los nuevos tiempos’ tratan de emular a sus adversarios populistas no generan confianza. Esto pasó a Mauricio Macri y también a Carlos Calleja. 
Pero no se equivoquen: los triunfos electorales de los Bukele y Kirchner no son parte de una nueva ola de izquierda, sino de la incapacidad de las sociedades de deshacerse de las tentaciones populistas y la ‘cherocracia’. No hay ola de izquierda pasando por América Latina, como algunos celebran u otros lamentan. Evo Morales tuvo que hacer fraude para tratar de prolongar su régimen. En Chile y Ecuador, la izquierda mostró capacidad de pescar en el río revuelto del descontento social y las movilizaciones de protesta, pero está lejos de construir nuevas mayorías electorales. En Perú hubo una crisis de gobernabilidad, pero sin ningún rol de la izquierda…
La lucha pendiente en todo el continente no es entre derecha e izquierda, sino que entre democracia abierta y racional contra populismo autoritario y corrupto.  
Saludos,