martes, 22 de septiembre de 2020

Carta al Estado Mayor: ¡Obedezcan! De Paolo Luers


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 22 septiembre 2020


Estimados señores oficiales: 

Ustedes están supeditados al poder civil. El poder civil gubernamental está supeditado al poder judicial. Por tanto, ustedes como soldados están supeditados a las resoluciones judiciales. Las tienen que obedecer y cumplir. Punto. Fin de la discusión.

Yo expresé en varios artículos que nunca fui partidario de abolir la amnistía. Para mí, la amnistía fue un instrumento necesario para facilitar que los dos bandos de la guerra, luego de los Acuerdos de Paz, pudieran comenzar a trabajar juntos en la reconstrucción del país y en la implementación de su democratización.

Pero la Sala de lo Constitucional tomó otra decisión y declaró inconstitucional la amnistía general. Esta resolución, como cualquier otra, hay que cumplirla. En consecuencia, un juzgado en San Francisco Gotera abrió el caso de El Mozote contra miembros del Alto Mando militar y otros oficiales que dirigieron la Fuerza Armada y sus operaciones en el año 1981. El juez de Gotera, aplicando el Código Penal vigente en el 1981, ordenó la inspección de los archivos de la Fuerza Armada respecto a las operaciones militares del 1981 en Morazán. Esta inspección iba a iniciar este 21 de septiembre, en las instalaciones del Estado Mayor de la Fuerza Armada. Por órdenes superiores, el oficial al mando de la seguridad le negó al juez y su comitiva la entrada, a pesar de que la fecha y hora de la inspección fueron debidamente comunicados al Ministerio de Defensa.

Esto es un grave caso de incumplimiento de una resolución judicial. No sabemos quién ordenó este incumplimiento. Pero ustedes, como titulares del Estado Mayor, no tienen ni obligación ni derecho de obedecer una orden de incumplir una resolución judicial, aunque la orden sea del ministro de Defensa o del presidente de la República. 

En estos archivos no van a encontrar nada que no tenga casi 40 años de saberse, a menos que sean pruebas de la participación de asesores militares estadounidenses en la masacre de El Mozote y aldeas vecinas. Esto explicaría la resistencia de abrir los archivos, pero no justifica por nada el boicot al juicio penal en curso.

El juez Jorge Guzman de Gotera y el coronel Carlos Vanegas del Estado Mayor Conjunto

La verdad sobre la masacre de El Mozote es ampliamente conocida y reconocida por la documentación que hicimos desde Radio Venceremos y que fue confirmada por corresponsales del New York Times y del Washington Post que invitamos a la escena del crimen. Queda establecida, desde enero del 1982, que la masacre fue cometida por tropas del batallón Atlacatl bajo órdenes del teniente coronel Domingo Monterrosa. Este oficial, junto con buena parte de los oficiales involucrados en el operativo en El Mozote, pagó con su vida, cuando la guerrilla del ERP derribó su helicóptero en el municipio de Joateca, el 23 de octubre del 1984. Es por eso que, a mi criterio, en el caso de El Mozote ya se hizo justicia y ya se estableció la verdad, pase lo que pase en el juicio en Gotera. 

Pero esto no significa que no sea necesario que en este y en otros casos la Fuerza Armada abra sus archivos para ser examinados, sea por jueces o por investigadores académicos y periodísticos. 

La Fuerza Armada no debería esperar que jueces ordenen que se abran ciertos archivos, sino que debería tomar la iniciativa de abrir todos los archivos de la guerra, como aporte a la reconciliación nacional. El argumento que dar acceso a los archivos militares de la guerra del 1981 al 1992 pondría en peligro la seguridad nacional es tan absurdo que ningún soldado digno de su profesión debería usarlo. 

Obedezcan, como buenos soldados, a la ética profesional y a la justicia civil. Así, y sólo así, se darán a respetar.

Saludos, 


 

domingo, 20 de septiembre de 2020

De vagabundo trotamundos a guerrillero. Columna Transversal de Paolo Luers


Con Lucas en Joateca. Nos escapamos sin permiso del campamento para 
comprar cigarros y comer. Foto: Paolo Luers


Publicado en EL DIARIO DE HOY, domingo 20 septiembre 2020


Al fin el “gringo loco” no resultó tan loco. Cuando lo conocí en el campamento guerrillero de La Guacamaya en Morazán, en 1981, Lucas me contó que estaba anotando en un diario todo lo que le pasó para luego escribir “la gran novela americana” de un aventurero que luego de viajar por todo el mundo, llegó a El Salvador y decidió abandonar su vida de vagabundo hippie y hacerse guerrillero. 

Él todos los días pasaba horas sentado en una roca o debajo de un palo escribiendo en su cuaderno. Yo siempre he sido un gran amigo de la literatura de aventureros, de Jack London a Jack Kerouac, pero en este ambiente de guerra me importaba más mi sobrevivencia. Me pareció una locura tener ahí en medio de un frente guerrillero a alguien que anotaba todo lo que veía, todo lo que se hablaba, todo lo que se rumoraba. ¿Y si estos cuadernos caen en manos del ejército? Por una razón extraña, Lucas tenía permiso de escribir, también de mandar extensas cartas a su familia, y los compas le ayudaron a sacarlas del frente para despacharlas desde San Miguel o San Salvador.

 

En una de mis largas pláticas con Lucas, compartiendo cigarros y café, le dije: “Por lo menos no pongas nada escrito sobre mi, cabrón. Yo no existo. Yo voy y vengo entre la zona guerrillera y la capital. Por un descuido tuyo me pueden matar.”

 

Y cumplió. Ahora que leí el libro que Héctor Tobar, un periodista y escritor guatemalteco-gringo, escribió en base de las cartas y los diarios de Lucas, me doy cuenta que Lucas cumplió. Ni una palabra que me hubiera podido delatar. No existía. Y mi otro descubrimiento: Qué suerte que Lucas, aunque rompiendo los protocolos de seguridad,  pudiera escribir estas cartas y estos diarios; qué suerte que no se perdieran en ninguna batalla, ninguna guinda, ningún captura de uno de los compas correos que llevaban papeles de Morazán a la capital; qué bueno que al fin llegaran a manos de un escritor como Tobar; qué bueno que así se convirtieran en la novela llamada “The Last Great Road Bum” (“El Último Gran Vagabundo Trotamundos”), que Lucas había soñado toda su vida.

 

Lo que Héctor Tobar hizo es algo sumamente difícil: Escribir una novela, construyendo un personaje de ficción y sus aventuras, lo más cercano posible a lo que el personaje real dejó escrito, pero sin limitarse a sus testimonios. Salió un híbrido bien logrado entre ficción y documentación. Es más: Salió al fin la novela americana, en la tradición del BeatnikJack Kerouac, pero también Ernest Hemingway, que Joe Sanderson (alias Lucas) siempre tenía en mente en su paso por el mundo, y luego por la guerra salvadoreña, llenando obsesivamente cuaderno tras cuaderno. 

 

Lucas cayó en abril del 1982, en un combate contra tropas del batallón Atlacatl en el cantón Poza Honda. Joe Sanderson de Urbana/Illinois nunca tuvo oportunidad de escribir su novela - y leyendo sus escritos, que Tobar usó para tejer su novela, no creo que hubiera podido cumplir su sueño. Era un gran aventurero, y al final un excelente combatiente, pero no el gran escritor que soñaba ser. Sin embargo, su libro salió, a manos de otro quien supo detectar en el caos de las narraciones y reflexiones que llenaban las cartas y los cuadernos de Lucas la materia prima para una gran novela. Y “The Last Great Road Bum,” es una grana novela. Lucas resultó no ser novelista, pera la figura de una novela. 

 

Cortesía de la familia Sanderson y del LA Times

La manera como Tobar teje la historia de Joe Sanderson entre ficci
ón y documentación me ha tocado profundamente. No sólo porque fui amigo de Lucas, compartiendo con él días durísimos, días alegres y locuras; no sólo porque muchos hechos contados en los capítulos sobre El Salvador son parte de mi propia historia. Es más: Este libro interviene en un problema mío no resuelto: ¿Cómo terminar el libro que comencé a escribir sobre mis 12 años en la guerra salvadoreña? ¿Cómo lidiar con las traiciones que me juega mi memoria, que es tan subjetiva y tan parcial? Recuerdo algunos hechos como si fue ayer, pero de repente me topo con meses de mi vida en blanco. No quiere escribir la historia de la guerra, basada en investigaciones y documentaciones y entrevistas, sino narrar lo que yo viví, cómo lo viv
í. Mi guerra. No puedo, como hace Héctor Tobar, recurrir a la ficción donde no me alcanza la memoria. ¿O puedo, y sólo no me atrevo o no sé como hacerlo? Leyendo este libro, me siento obligado a repensar mi método de escribir. Esto es molesto y arriesgado, pero también una gran oportunidad. Gracias, Lucas. Gracias, Héctor Tobar. 

 

Héctor Tobar: The Last Great Road Bum. Macmillan, 2020



sábado, 19 de septiembre de 2020

Carta a los alcaldes: Abran nuestros parques. De Paolo Luers

  


Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, sábado 19 septiembre 2020

Estimados alcaldes:
Están abiertos los bares y las discotecas, pero están cerrados los parques. Es una de tantas situaciones absurdas en el manejo de la epidemia en El Salvador. En todo el mundo las autoridades sanitarias advierten que discotecas pueden ser focos de contagio. Y en todo el mundo recomiendan actividades al aire libre – y no en ambientes cerrados y con aire acondicionado. Pero aquí parece el mundo al revés.

 

Además, luego de meses de encierro, todos -niños, adultos, viejitos- tenemos ansiedad de ver lo verde, de respirar aire fresco, de caminar. Es una necesidad física y psicológica. Pero los parques están cerrados. Nadie puede caminar en el Parque Cuscatlán, en el Maquilishuat, en el Satélite. Nadie puede agarrar sus hijos para caminar, correr o bicicletear en El Espino. 

 

No sé si ustedes tienen los parques cerrados por órdenes del Ministerio de Salud, o si lo decidieron en sus alcaldías. De todos modos, no pienso que el gobierno les puede imponer este tipo de medidas. Los parques son municipales, y es su responsabilidad de ponerlos a la disposición de los ciudadanos y sus necesidades. Los parques son nuestros y queremos recuperarlos. Hablo que los parques grandes, pero también de los parquecitos vecinales que hay en muchas partes. Estos tienen una gran importancia para las familias con niños.

 

Igual está cerrada la ciclovía dominical en la Constitución. Con buena regulación se podría perfectamente abrir sin ningún riesgo de contagio.

 

¿Qué justificación técnica puede haber para mantener cerrados los parques desde marzo? ¿Qué riesgo real de contaminación existe para la población caminando en un parque, en comparación con todas las otros actividades comerciales y sociales que ya retomamos? Ninguno. Lo único que tendrían que hacer es regular las visitas, prohibiendo ciertas actividades colectivas. Muchos de los parques de todos modos tienen vigilancia del CAM. 

 

En televisión o en Internet veo imágenes de italianos, alemanes, franceses y españoles gozando de sus parques – también de excursiones a lagos, montañas y ríos. Aquí no está prohibido ir al mar o la montaña, pero toda la propaganda estatal, en vez de decir a la gente adónde pueden ir y cómo pueden evitar riesgos de contagio, todavía está enfocada en meterle miedo a la gente para que se quede en casas.

 

Ya no vamos a aceptar encerrarnos en casa. Ya necesitamos y merecemos diversión, esparcimiento, naturaleza. Y exigimos a nuestros alcaldes a facilitarlos. Yo quiero ir con mi nieta a caminar en El Espino, o con mi chucho en el parque de la Centroamérica. Yo quiero ir a comer pupusas en el Parque Satélite. Quiero sentarme en una banca en el Parque Cuscatlán y leer, o simplemente ver pasar a la gente. Conozco madres jóvenes que van con sus niños a los centros comerciales para caminar, ya que no lo pueden hacer en los parques. Es absurdo. 

 

Así que, alcaldes de San Salvador, Antiguo Cuscatlán, Santa Tecla, Mejicanos, Soyapango, no nos sigan robando los pocos parques que tenemos. Pónganlos bonitos, con flores y bancas limpias y vigilancia, denles vida. Abran nuestros parques.

 

Saludos,


jueves, 17 de septiembre de 2020

Tres cartas guerrilleras. De Paolo Luers

 Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, jueves 17 septiembre 2020


Hoy voy a publicar algunas cartitas al estilo del “Correo de Wagner” en la la prensa sensacionalista y amarillista alemana (BILD). Son muy monotemáticas, polémicas, no se molestan en contar ningún hecho, ni mucho menos ensayar argumentos. Son asuntos de impacto. Yo he optado por otro formato, pero a veces me dan ganas de experimentar con estas cartas guerrilleras…

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Carta a Gaby:

Qué sorpresa verla nuevamente a la par de su esposo el presidente, celebrando el 15 de septiembre junto al gabinete…. y los milicos. Lástima que se le haya apagado aquella sonrisa con la cual se ganó la simpatía de muchos electores. Bueno, a veces cuesta hacerle cara buena a la mala compañía.

Teníamos meses de no verla, y no sabemos por qué Nayib decidió traerla de vuelta. Ojalá se quede unos días para darse cuenta que el país ha empeorado, y no sólo por el virus de COVID-19, sino principalmente por el virus de odio que emana de Casa Presidencial.

Bueno, esto lo conoce mejor que yo. 

Adiós, Gaby, la vemos en el spot de navidad.


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Carta al coronel Montano:

No quiero que usted sea el coronel que no tiene quien le escriba. Lo jodieron. Por el asesinato de los jesuitas de hace 31 años le zamparon 133 años de cárcel. Y para más joder, le sumaron 4 meses más. Y para acabarlo, otros 5 días. Como si 133 años no fueran suficientes para un señor de 70 años…

Como usted no mostró ninguna lástima por las víctimas, tampoco tengo que tenerle lástima.  Sin embargo, su condena y la certeza que va a morir en una cárcel española no me causan ninguna satisfacción. Por lo contrario, con el ‘éxito’ de haberlo exhibido y condenado, vamos a ver una fila interminable de militares y guerrilleros acusados de lo que hicieron durante la guerra. Para establecer una verdad que todas ya la conocemos por 30 años. Usted, coronel, es el símbolo de la incapacidad nuestra de cerrar un capítulo luego de aprender la lección.

Aproveche para leer. Tal vez se le ilumine la mente y se le calienta el corazón y termine entendiendo por qué lo condenaron.

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Carta a los candidatos jóvenes:

Esto va a los jóvenes que para defender la democracia y enfrentar el tonto populismo decidieron lanzarse al ruedo político. No a los enganchados por Bukele.

Les digo una sola cosa: ¡Tómense la Asamblea! Es su tiempo. Para hacerlo, comiencen entre ustedes, candidatos de derecha e izquierda, conservadores y progresistas, pero todo demócratas, una nueva forma de diálogo. 

Hablen fuerte, para que hasta en Morazán y Chalate los escuchen.

Suerte,