martes, 25 de marzo de 2025

Carta a una lectora: Si detesta a Bukele no puede adorar a Trump – y vice versa. De Paolo Luers (+ capítulo 10 de DOBLE CARA / Libro II)

  

"Si detesta a Bukele no puede adorar a Trump – y quien detesta a Trump no puede apoyar a Bukele. Representan lo mismo: el menosprecio a la democracia y sus instituciones; su ansiedad de control que los hace dinamitar el orden constitucional; su violencia contra quienes piensan diferente; su egomania."

En la voz del autor: 

Trump-y-Bukele-1.mp3

Publicado en MAS!  y DIARIO DE HOY, martes 25 marzo 2025

Estimada amiga:


Usted ha sido mi fiel lectora desde los tiempos que fue de las señoras guardianes de del legado del major Roberto D’abuisson y yo un izquierdista que criticaba ambos,  ARENA y el FMLN. Éramos amigos improbables, pero amigos nos hicimos y quiero pensar que aprendimos algo uno del otro. Ahora su amor por mi es aun más grande, porque le encanta la manera como yo critiqué a Nayib Bukele desde el principio de su carrera política, cuando era candidato a alcalde de Nuevo Cuscatlán.

 

“Usted está diciendo lo que nosotros ya no nos atrevemos a decir”, me escribió recientemente, “aunque no estoy de acuerdo con su rechazo poco objetivo al presidente Trump.”

 

Le pongo ejemplos de lo peligroso que es un personaje como Trump en el poder – usted compárelo con lo que vive en El Salvador bajo el poder de Bukele.

 

·      Trump amenaza con tomar posesión de Groenlandia, el canal de Panamá, Canadá y la franja de Gaza - “de una u otra manera”, sin descartar el uso de fuerza militar. No es broma sino una amenaza seria que repite casi todos los días.

 

·      Extorsiona a Ucrania con suspenderle la ayuda militar, a menos que le ceda sus recursos naturales y sus plantas de energía eléctrica.

 

·      Con su política de America First, con sus ataques a las organizaciones internacionales y con su uso de tarifas para extorsionar a sus socios comerciales rompe las reglas de convivencia mundial establecidas luego de la Segunda Guerra Mundial. Con esto pone en peligro la paz y en crisis la economía mundial.

 

·      Deporta a inmigrantes venezolanos, violando la orden de un juez federal. Su intención es imponer que en general las acciones de Casa Blanca dejen de ser sujetas de control judicial.

 

·      Manda a inmigrantes venezolanos a una carcel para terroristas en El Salvador, basado en un pacto con Nayib Bukele que no corresponde a derecho internacional. 

 

·      Amenaza con procesos de remover de sus cargos a jueces que tratan de parar acciones ilegales de su gobierno. 

 

·      Extorsiona con amenzas contra sus clientes corporativos a bufetes de abogados que han presentado demandas contra decretos ejecutivos presidenciales – no solo para que se abstengan a demandar su administración sino para que acepten casos pro bono por valor de millones de dólares para demandar instituciones o empresas que no asumen los lineamientos ideológicos de su movimiento MAGA.

 

·      Extorsiona a las universidades, retirándoles el financimiento federal para proyectos de investigación para obligarlos a restringuir la libertad de expresión y de enseñanza de sus estudiantes y profesores.

 

·      Ordenó al Departamento de Justicia a despidir y enjuiciar a los fiscales y agentes del FBI que antes de su regreso al poder lo investigaron por diversos delitos. 

 

·      Ordenó el desmantelamiento de la Agencia Internacional de Desarrollo AID, del Departamento de Educación y otras dependencias federales sin la autorización necesaria del Congreso. La intención es que la Casa Blanca no dependa de las decisiones del Congreso.

 

·      Autoriza que agentes de Migración ordenen la deportación de residentes y turistas por  tener en sus teléfonos o laptops indicios de opiniones adversas sobre él y su gobierno.

 

·      Etcétera, etcétera, etcétera...

 

·      Trump, igual que Bukele, es mentiroso compulsivo, inventando en sus discursos o en sus redes sociales cualquier cosa, cualquier calumnia, cualquier distorsión de los hechos. La verdad no es un valor para ellos, sino un obstáculo a remover. Prefieren destruirla hasta que la gente no sepa distinguir entre realidad y propaganda. 

 

·      Trump, igual que Bukele, no tiene ninguna intención de unir la sociedad, sino de profundizar sus divisiones para poder dominarla.

 

Mi respuesta a su carta es, en esencia: Si detesta a Bukele no puede adorar a Trump – y quien detesta a Trump no puede apoyar a Bukele. Representan lo mismo: el menosprecio a la democracia y sus instituciones; su ansiedad de control que los hace dinamitar el orden constitucional; su violencia contra quienes piensan diferente; su egomania.

 

En el pasado usted me ha aguantado opiniones que cuestionaron convicciones que por décadas atesoró. Espero que esta vez tampoco se rompa nuestra mútuo respeto. 


Saludos, 




* * *

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Para Raúl Mijango.

Como todo prisionero político, para sobrevivir 

pasó escribiendo, siempre y cuando no le nieguen

papel y lápiz. 

Si existiera su libro, quizás no hubiera escrito 

esta segunda parte del mío. 

Raúl murió el 28 de agosto 2023, 

luego de que durante años de encarcelamiento 

le negaron la debida atención médica.



Capítulo 10: El espacio se estrecha


A partir de esta experiencia y su inesperado impacto en toda la población del penal de Ciudad Barrios, comenzamos a planificar cómo darle continuidad: Los del Teatro del Azoro comienzan a preparar el workshop de teatro; trato también de involucrar a bailarines de la Compañía Nacional de Danza; soñamos con ampliar este programa a otras cárceles y con las otras pandillas. Tanto los reos como los artistas están entusiasmados. Hicieron clic. 


Tiberio discutiendo con el director de Azoro los alcances
de los talleres de teatro. Foto: Paolo Luers


Pero el arte, una vez que sale de los salones, tiene dos poderosos enemigos: la política y el miedo. Ambos, en este caso, muy entrelazados. En el país empieza a ganar terreno una contraofensiva contra todo lo que tiene que ver con la tregua, con el trabajo con las pandillas, con la mediación, con la sola idea del diálogo con criminales. Políticos, fiscales, y medios comienzan a cuestionar ‘los privilegios’, que según ellos se le están dando a los pandilleros en las cárceles: “Son criminales, ¿por qué́ de repente les entran a los penales televisores, libros, grupos musicales y de teatro, curas que celebran misas, bodas y bautizos?” El entusiasmo de muchos de los artistas se comienza a desinflar: ¿Vale la pena arriesgarse a que le relacionen a uno con pandilleros y con la tregua, tan diabolizada en la opinión pública? 




Al gobierno también le está entrando pánico: En unos meses vamos a elecciones presidenciales, la oposición ataca con un discurso de mano dura. ¿No será́ mejor bajar de perfil la tregua? Por presiones del gobierno, la Dirección General de Centros Penales comienza a restringir el acceso a los penales, prefieren que ya no lleguen espectáculos, artistas, instructores. La prensa habla de ‘fiestas porno’ en los penales. Consiguieron fotos y videos de estas fiestas, pero no explican que tuvieron lugar antes de la tregua, cuando la regla en los penales era la corrupción y todo se podía comprar: celulares, sexo, drogas. En esta situación política, a los artistas les entra el miedo, la precaución. Se suspende el workshop.

La pregunta del millón que en el equipo de mediación discutimos una y otra vez: ¿Cómo hacer sostenible la tregua y abrir camino para un verdadero proceso de paz e inclusión social? La tregua solamente es una ventana de oportunidad, que habrá que saber aprovechar. Para darle sostenibilidad a este proceso, hay que atacar los problemas en la raíz de la violencia. Pero para esto se necesitan fondos, inversiones en las comunidades, creación de oportunidades para los jóvenes, voluntad política para una reforma penitenciaria, inversión focalizada en las escuelas en las zonas marginadas, y compromisos de la sociedad civil, las iglesias, las ONG, la empresa privada. Pero el gobierno no está dispuesto a cambiar sus prioridades de inversión social y a focalizarla para dar sostenibilidad a este frágil proceso de paz. A los 10 alcaldes que se han metido en el proceso, estableciendo pactos locales de reducción de violencia, el gobierno los deja colgados de la brocha: sin fondos, sin seguridad jurídica, y expuestos a ataques y amenazas de parte del fiscal general, Luis Martínez, de los medios, de muchos políticos.

Sin recursos y sin lograr involucrar activamente a la sociedad civil para poder transformar la situación de las comunidades y las condiciones infrahumanas en las cárceles, sólo nos queda recurrir a la provocación de hechos simbólicos, para sostener el ánimo y la disposición de los pandilleros, pero también de los mediadores locales y los alcaldes, a seguir en el camino abierto por la tregua. A puro discurso no se logra nada, y desde el principio los mediadores nos negamos a hacer promesas que no podíamos cumplir. No confiamos en sermones y promesas, y mucho menos los pandilleros. ¿Qué se ofrece que tenga esta fuerza simbólica? ¿Religión, arte, golpes comunicacionales? 


Ejemplos de eventos e imágenes de gran impacto que pusieron 
la tregua en la agenda del país:
El nuncio apostólico celebrando misa en el penal Ciudad Barrios

El secretario general de la OEA saludando al Viejo Lyn
en el panel Mariona. Foto: Paolo Luers


Entrega de armas de las pandillas a la OEA enfrente de la Catedral
de San Salvador, con participación de autoridades, policías y pandilleros




El impacto que tuvo el evento con el Teatro del Azoro en Ciudad Barrios nos confirmó́ que el arte podría ser un recurso poderoso. Cuando llegamos a otra reunión en Ciudad Barrios, pocos días después del espectáculo, Tiberio y su equipo de administración de la población interna nos presentaron un plan, que incluso, con pocos recursos, ya están poniendo en marcha: cambiar todos los grafitis en el penal, muchos de ellos representativos de la cultura de violencia propia de las pandillas, por ‘mensajes positivos’. Ya han borrado varios grafitis al clásico estilo de las pandillas y están comenzando a sustituirlos. Todos los nuevos motivos son religiosos. Yo me burlo diciendo que “ahora parece iglesia aquí́...” —y se arma una discusión con ellos, como nunca había tenido con nadie fuera de este penal, sobre ¿qué diablos son mensajes positivos? Mientras tanto, están copiando retratos de monseñor Romero y pintando consignas que contienen la palabra paz... 


Penal Cojutepeque: murales religiosos

Penal Ciudad Barrios: Mural religioso

Les trato de explicar que al arte no se limita a esto, que tienen que buscar formas para expresar y procesar su experiencia, su realidad, sus anhelos. “¿Pero cómo se hace esto, Chele?”, me pregunta uno de los artistas del spray. No tengo respuestas a la mano. Quedamos que vamos a traer artistas, muralistas, diseñadores gráficos para que trabajen con ellos. Suena bien, pero ya es previsible que no va a funcionar. En la situación tensa que se ha creado alrededor de la tregua, no vamos a encontrar ni un solo artista dispuesto a meterse en este penal y trabajar con los pandilleros. 

Les explico a los artistas que estos hombres están buscando redefinir su rol en la sociedad, que están abriendo sus mentes, que están desesperadamente buscando como expresarse de manera diferente, ‘positiva’, como lo llaman, entre ellos y con la sociedad. Pero a nadie de los artistas que buscamos se le enciende el foco que esto podría ser una oportunidad incluso para ellos. 

Los pandilleros siguen pintando Romeros cómo y a adónde pueden. A las semanas todo el penal de Ciudad Barrios, sus patios, sus muros, están llenos de pinturas de carácter religioso. Se han conseguido un libro con pinturas sacras y las están copiando. Pero no surge un nuevo lenguaje visual que exprese su situación. Parece Hallmark versión grafiti. Pero sí, las clásicas imágenes y consignas de la pandilla han desaparecido. En varios municipios, los mismos pandilleros despintan sus grafitis llenos de amenazas y mensajes de violencia. Nunca hubo tantos retratos de monseñor Romero en los barrios pobres.

Surge otro proyecto en Ciudad Barrios. A Borromeo le han traído desde Los Angeles unas camisetas, hechas por pandilleros salvadoreños en un proyecto llamado Homeboy Industries, dirigido por un cura, para resocializar a pandilleros. Tienen el estilo visual de los clásicos grafitis de las gangs, pero nada violento. Están muy bien hechas, tanto el diseño como la confección. El estilo y os motivos parecen auténticos, hablan de la vida en el barrio. “Aquí́ en el penal podemos diseñar camisetas, chumpas y gorras a nuestro estilo, podemos crear una línea gráfica propia, tal vez incluso producirla aquí́ en el penal —y nuestras familias la pueden vender afuera o armar sus propios talleres. Homeboy Industries – me llega esta locura.”



Le damos taller a esta idea, porque no sólo se trata de un proyecto económico, sino de una oportunidad de encontrar un medio de expresión de su identidad cultural, de comunicarla y de separarla de la violencia. Pero no se materializa: Cuando al fin logramos desarrollar el concepto del proyecto, el gobierno comienza a cerrar y aislar nuevamente las cárceles. Tratamos de armar el proyecto en una comunidad, pero tampoco el clima político y la operatividad policial lo permiten. Empresarios que al principio estaban dispuestos a apoyar el proyecto se retiran. Me siento derrotado.

 


Siguiente entrega, jueves 27:

Capítulo 11:  La religión

sábado, 22 de marzo de 2025

Carta a Rogelio Ponseele, el cura de la guerrilla . De Paolo Luers (+capítulo 9 de DOBLE CARA / Libro II)

  

"Has tenido una vida tan plena que puedes irte tranquilo. Has dado fuerza a tanta gente, tocado tantos corazones, provocado tantas sonrisas que puedes estar en paz. No nos debes nada."

En la voz del autor: Rogelio-Ponseele.mp3

Publicado en MAS!  y DIARIO DE HOY, sábado 22 marzo 2025

Estimado hermano:

Mientras escribo esto, vos estás luchando por tu vida luego de un grave accidente de carro y  luego de un paro cardíaco. Morazán está rezando por ti. Yo que no creo en milagros, hago una excepción porque sos mi hermano. Sé que estás preparado para irte de este mundo que tanto amas, porque estabas preparado cuando en 1980 decidiste ir a Morazán a una zona guerrillera. Te pusieron una bomba a tu casa y solo quedaste vivo porque esta noche no estabas en tu casa. Tenías dos alternativas: salir del país, al cual llegaste 10 años antes para dar esperanza y fuerza a los más pobres, así como lo habías hecho antes en las zonas mineras de Bélgica; o ir a Morazán, donde un puñado de hombres y mujeres habían comenzado una desigual lucha para terminar con la dictadura y la miseria. Todos te insistieron que te fueras del país, pero esto no era una opción para vos. El cura obrero convertido en cura de la Zacamil se convirtió en el cura de la guerrilla.


Ahí nos conocimos unos meses después. Junto a Maravilla, junto a la comandante Luisa, junto a Letty de San Fernando, junto a Sebastián El Torogoz, junto a Santiago el venezolano, junto a Jonás el jefe, junto a Raúl Mijango y El Chele Camilo fuiste de los personajes extraordinarios que me dieron la fuerza que a veces me flaqueaba para aguantar la vida guerrillera. 

 

En 1986 estábamos los dos, con un pado de compañeros, escondidos debajo de un puente en la calle de salida de Arambala a Joateca, mientras la fuerza aérea bombardeaba el pueblo para preparar el terreno para que las tropas helitransportadas pudieran aterrizar y aniquilar la comandancia del ERP ya la Radio Venceremos. Sabíamos que si lograran desembarcar no sobreviviríamos. Escuchamos las dos ametralladoras guerrilleras tirándoles a los aviones y helicópteros, una desde el campanario en el pueblo, la otra desde el cerrito encima de nosotros, y escuchamos a los aviones y helicópteros disparándoles cohetes para neutralizarlos. “Hasta ahí llegamos, hermano”, te dije,  “de aquí no salimos. ¿Cómo es que estás tan tranquilo? ¿No tenés miedo?” Me miraste con esta tu gran sonrisa y me contestaste: “Si me toca morir, estoy preparado. Uno no se mete en una guerra si no está preparado a morir. ¿Pero sabes qué? Todavía no nos toca.” Me calmé, dejé de pensar que estábamos al punto de morir, pensé en todo lo que nos faltaba hacer en esta guerra. Y tenías razón, las ametralladoras guerrilleras no dejaron aterrizar a los helicópteros.

 

Espero que hoy tengás la misma calma que sólo tienen los verdaderos valientes, Rogelio. De todos modos, has tenido una vida tan plena que puedes irte tranquilo. Has dado fuerza a tanta gente, tocado tantos corazones, provocado tantas sonrisas que puedes estar en paz. No nos debes nada. Tus huellas en la Zacamil y en Morazán, donde te quedaste al terminar la guerra, son imborrables. Miles de personas están orando por ti – y ten por seguro que no te olvidarán jamás. 

 


Nunca predicaste nada que no estabas dispuesto a vivir cada día. La verdad es que nunca te he escuchado sermonear, ni en los campamentos guerrilleros, ni en las iglesias de Morazán. Lo tuyo no era predicar, sino el ejemplo con el cual nos dabas infusiones de fuerza y esperanza para seguir adelante, en la guerra, en la vida, en la lucha por más justicia. La fuerza tuya sigue siendo contagiante. Estoy convencido que estás en paz con contigo mismo.

 

Te queda corto el título cura guerrillero. Lo fuiste, lo viviste, pasaste todas las pruebas de la vida insurgente. Pero tu verdadera grandeza se mostró en la postguerra, cuando asumiste la tarea difícil pero necesaria de reconstruir la sociedad profundamente dividida, todavía llena de resentimientos, odios, rechazos. Hablamos de esto cuando regresé a Morazán con una caja de cervezas belgas (tiene que haber sido en el 1996, cuando ya habíamos abierto La Ventana y dimos a conocer las cervezas belgas, alemanas e inglesas). Estábamos sentados en tu casa y tomaste, por primer vez en décadas, tu querida cerveza Duvel. Fue cuando me contaste de lo difícil que fue volver a unir la comunidad.  Cuando te nombraron párroco de Perquín, había feligreses quienes se negaban de aceptarte. Una señora, cuyo hijo fue fusilado por el ERP, acusado de ser oreja para la Guardia, se negó a entregarte la llave de la iglesia. Te costó años de paciencia y humildad llevar a buen fin un proceso de reconciliacn. Yo conocí a esta señora, que vivía cerca del cementerio de Perquín. Me contó, desde su punto de vista, como vos te habías ganado su respeto.

 

Es por esta labor tuya que en los pueblos y cantones del Norte de Morazán todos te quieren, te respetan - y este día rezan por vos. Si fuera creyente, me uniría a sus rezos. Pero estoy con ellos y contigo. 


Te mando un abrazo, hermano,  




* * *

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Ahora puede leer el libro, en tres entregas cada semana, en este blog. Disfrútenlo.




Para Raúl Mijango.

Como todo prisionero político, para sobrevivir 

pasó escribiendo, siempre y cuando no le nieguen

papel y lápiz. 

Si existiera su libro, quizás no hubiera escrito 

esta segunda parte del mío. 

Raúl murió el 28 de agosto 2023, 

luego de que durante años de encarcelamiento 

le negaron la debida atención médica.



Capítulo 9: El teatro va a la cárcel


El mejor público. Foto Paolo Luers


Un viernes en marzo del 2013, el teatro se va al penal de Ciudad Barrios. Yo no soy mucho de teatro. Normalmente, me aburre o me da pena ajena. Cuesta que me lleven a una sala de teatro. Pero cuando las chavas del Teatro Azoro me preguntaron si podría organizar una función de su obra “Los más solos” en un penal de pandilleros, inmediatamente dije que sí. Porque sentí́ que ahí́ se estaba gestando un experimento artístico (¡y político!) muy audaz. Ya había visto su obra y no era ni aburrida ni de diversión. Era como una bofetada, más bien como una sesión de tortura para la paciencia del público. Es una historia basada en un reportaje del Chele Carlos Martínez del Faro sobre la vida de 4 reos, que se volvieron locos en las cárceles y fueron remitidos al hospital psiquiátrico de Soyapango: Los más abandonados por Dios, el Estado y la humanidad. Llevar este espectáculo a Ciudad Barrios para que lo vean entre los pandilleros me parecía una idea atractiva. Un desafío. 

Llevé al elenco -puras mujeres- a Ciudad Barrios para explorar el terreno. Nos reunimos con Tiberio y los coordinadores de los colectivos culturales del penal, Estaban más que de acuerdo de hacer la función en el penal - y nacieron varias ideas adicionales: poner una biblioteca; grabar discos con los raperos del penal; conseguir artistas de teatro y danza que les dieran talleres... Luego traje unos cientos de libros, pero la biblioteca nunca se armó, en parte por interminables problemas burocráticos, pero principalmente porque me pasó lo mismo que siempre he criticado a los políticos: Entre tantas cosas urgentes que hacer, la cultura quedó al margen. Siempre entre los mediadores hubo conciencia que para dar sostenibilidad a este proceso de paz que nació́ de la tregua, el arte tenía que jugar un papel catalizador, pero una vez que nos metimos de lleno en la labor de la mediación, terminamos como bomberos apagando fuegos por todas partes, en los penales, en los barrios, entre barrios vecinos, entre comunidades y policías, entre pandilla y pandilla, y siempre los proyectos culturales que había que armar en los penales y en los barrios se quedaron atrás. Tengo claro que fue uno de los tantos errores que cometimos.

Sin embargo, unos meses después de aquella primera reunión con los pandilleros artistas, llevo el teatro a Ciudad Barrios, con todo el elenco de Azoro (cuatro mujeres) y todos los chunches que necesita un teatro: luces, audio, proyector de video, escenografía... Las actrices obviamente no tuvieron idea previa en qué huevo se iban a meter. En el microbús que alquilamos me preguntaron si era peligroso para ellas, como mujeres, meterse entre 2,500 hombres privados de libertad. Les dije: “Como invitadas estarán más seguras que en cualquier otro lugar de El Salvador. Pero tengan claro el impacto emocional que este experimento va a causar a este público —¡y a ustedes mismas! Pueden generar una reacción química incontrolable. Les juro: Esta visita va a cambiar la manera como ustedes ven a las pandillas y por ende, a su país.”

Al llegar al penal, nos está esperando Tiberio, quien ha reunido a unos 40 pandilleros involucrados en grupos de teatro, circo y rap. Les presento a las muchachas de Azoro. Por iniciativa de una de las actrices, para romper el hielo, la reunión se convierte en una clase improvisada, pero muy intensa, de técnicas teatrales. 40 pandilleros, obedeciendo ciegamente las órdenes de las chicas, como si fueran alumnos de colegio y no asesinos condenados, manchados de cuerpo, cara y alma. El ensayo termina con la promesa del Azoro de regresar con un curso sistemático y serio de teatro, que podría concluir con la puesta en escena de una obra escrita y actuada por los reos. 


El Teatro Azoro en el penal Ciudad Barrios: el taller improvisado.
FOTOS: Paolo Luers







En el recreo —con pan dulce y café— de repente una de las actrices dice: “Mierda, no puedo encontrar a Paolita. Desapareció.” 

“Tranquila, debe andar conociendo el penal...” 

“¿Ella sola? ¡Estás loco! Hay que encontrarla...”

Tiberio y varios de su equipo salen a buscarla. Al rato regresan con ella. Viene radiante de felicidad. Uno de los pandilleros, mi fotógrafo de la primera entrevista en Ciudad Barrios, le ha dado un tour por el penal. “Nadie me ha hecho una mala mirada”, dice ella.


Comenzamos con el montaje. Luces, audio, muy poca escenografía, solo unas camas y una mesa. La verdadera escenografía es la cárcel, sus muros altos, el alambre razor, sus grafitis, sus torres de vigilancia. Un escenario mil veces más realista que en cualquier sala de teatro.


El montaje. Foto: Paolo Luers


Y en la noche, la función, el show. Unos 1,500 reos —el resto no cupo. Los reos han estado sentados ahí por más de dos horas, observando en silencio el montaje. Algunos se levantaron para ayudar cuando había que mover los parlantes y las luces. 

Sólo se escuchan los gritos de las actrices, transformadas en reclusos-pacientes de manicomio, expresando el dolor, el odio, la desesperanza de ‘los más solos’. El teatro salvadoreño nunca ha tenido un público tan cautivo, tan atento, tan obediente de seguir el tren de emociones de la obra. Y el penal nunca ha tenido visitantes tan abiertas, que se hacen tan vulnerables ante su público de condenados, como estas cuatro actrices. Mi respeto. Al final abrazos, lágrimas de los dos lados. Palabras de mutuo respeto y agradecimiento. Una despedida emotiva: las actrices diciendo a los pandilleros que esta noche cambió su vida. Pandilleros diciendo lo mismo, en otras palabras, menos poéticas, más rudas. 

Y yo, por un instante, he recuperado la confianza en el lenguaje universal del arte, del teatro, del diálogo.


La obra: Los solos más solos. Fotos: Paolo Luers



 



Siguiente entrega, martes 25 marzo:

10.  El espacio se estrecha