domingo, 24 de abril de 2005

Por suerte hay sorpresas

No creo en milagros, pero si en sorpresas. Creo en el cambio. Suficientes cosas que durante años hemos visto como inamovibles, sorprendentemente han cambiado. Viví mis años universitarios bajo la sombra del muro de Berlin. Soñamos las utopías más atrevidas, como la del hombre nuevo, la paz mundial, la revolución cultural, la justicia social, pero nunca nos imaginábamos que el muro podía caer. En los últimos días, la historia me sigue sorprendiendo. Y sigue alimentando mi creencia en el cambio.

Un teólogo alemán con una trayectoria de 30 años de una lucha celosa para mantener la estructura arcaica y las doctrinas reaccionarias de la iglesia católica contra los vientos del cambio, al sólo ser electo Papa, comienza a dar señales de cambio. Hay quienes piensan que Joseph Ratzinger se convertirá en el reformador que todos estaban buscando entre los cardenales sin poder pero con larga trayectoria liberal o social. Lejos de ser vaticanólogo, me atrevo a decir que es más probable que este hombre, en vez de reestablecer la santa inquisición, entrará en la historia como Papa del cambio. Es que los cambios no surgen de los hombres, mucho menos de individuos, por más poderosos que sean. Los cambios surgen de necesidades. La iglesia católica no tiene futuro si no logra ponerse en sintonía con las necesidades de dos grandes mayorías: las mujeres y los pueblos emergentes del tercer mundo. Joseph Ratzinger, como prefecto para la puridad de la doctrina, luchó incansablemente contra la teología de liberación que quería vincular a la iglesia a las luchas por la justicia social. Como Papa, el mismo hombre se pondrá a la cabeza de un viraje de la iglesia católica hacía una posición muy crítica al capitalismo neoliberal. Cambios comparables se están anunciando en el campo político-partidario. Igual de sorprendentes. Y por casualidad (o tal vez no por casualidad), también provenientes de Alemania.

El presidente del Partido Socialdemócrata Alemán, Franz Muentefering, sorprendió a sus adversarios y compañeros, sobre todos los que están sentados en el gabinete de ministros del también socialdemócrata Gerhard Schroeder, con un discurso contra "el capitalismo salvaje" de las empresas multinacionales y de los bancos internacionales. No es un discurso populista dentro de una campaña electoral. Es un discurso serio, bien fundamentado, en un foro del partido que trabaja para renovar la plataforma de principios del partido. El Partido Socialdemócrata Alemán vuelve a una posición crítica al capitalismo, a las dirigencias empresariales, y exige "un estado fuerte capaz de intervenir en favor de la justicia social". Primera sorpresa, porque la política de los socialdemócratas alemanas ha sido, en los últimos 10 años, la aplicación de las reformas neoliberales. Con un argumento que iba así: Las reformas amargas al estado del bienestar son inevitables. Mejor las hacemos nosotros, con sentido de justicia social, que la derecha que lo haría con venganza.

Segunda sorpresa: el partido, casi en su totalidad, aplaude el viraje y lo lleva a las plazas públicas en su campaña electoral. Algunos periódicos se asustan: "Vuelve la lucha de clases..."
La tercera y más grande sorpresa se lleva la presidente del Partido Demócrata Cristiano, Angela Merkel, cuando ataca a los socialdemócratas por su renovada crítica al capitalismo: una buena cantidad de dirigentes democratacristianos salen en defensa de su adversario y reclaman un regreso del partido democratacristiano a sus raíces socialcristianos y anticapitalistas con los cuales nació en los años de posguerra y de la fundación de Economía Social de Mercado. Un ex-ministro de asuntos sociales, un ex-secretario general del partido y el probable futuro jefe de gobierno en el estado federal más grande e importante de Alemania se unen a la crítica anticapitalista de los socialdemócratas. Heiner Geissler, ex-secretario general del partido democratacristiano dice: "El capitalismo es tan equivocado como el comunismo. Pero la ideología dominante hoy es el capitalismo anarquista." Y hablando de los bancos multinacionales, el dirigente democratacristiano dice: "Estas empresas operan con la misma libertad que la mafia, el narcotráfico, el terrorismo..."

Con casi los mismos términos, sólo de manera más radical que su contrincante socialdemócrata, Geissler exige lo mismo: un estado fuerte, una política social del estado, un mercado regulado y ordenado...

¿Milagro? ¿Conversión? ¿Traición? Nada de eso. Es la fuerza de la razón. Es el cambio producido por la necesidad. Socialdemócratas y democratacristianos llegando a las mismas conclusiones, porque las recetas anteriores adaptadas por los dos partidos, no dieron resultados y sólo abrieron paso a un poder aun más grande y menos controlado del capital financiero internacional.

En El Salvador leo documentos de Fusades predicando la necesidad de una política del estado en el área social. Escucho a representantes de organismos norteamericanos como la AID y otros controlados por Washington como el BID o el Banco Mundial hablando en idiomas no tan diferentes a Joseph Ratzinger cuando habla de equidad o a los socialdemócratas y democratacristianos alemanes cuando hablan de la necesidad de tener un estado que no es instrumento del capital...

Escucho a miembros del gabinete de gobierno de ARENA hablando del rol subsidiario del estado. Escucho a gente seria hablando de la necesidad de crear una fuerza socialdemócrata y otros hablando de reconstruir a la democracia cristiana, con toda su trayectoria de fuerza de cambia social.

Otra vez me pregunto: Si no son milagros, entonces, ¿qué diablos está pasando? No puede haber una gran conspiración que pone al Santo Papa, a los socialdemócratas, a los demócratas cristianos y hasta al presidente de El Salvador y del partido ARENA a hablar de lo mismo, en casi los mismos términos.

Otra vez digo: las necesidades se están imponiendo. No hay manera de seguir sin una política de estado que asuma la responsabilidad de ordenar y, cuando sea necesario, corregir al mercado. Ni en Alemania, ni en El Salvador.

Falta ver las prácticas. Falta ver quien usa el discurso del cambio y de la responsabilidad social de manera populista. Falta ver quienes toman en serio su nuevo discurso. Y a lo mejor, al final nos llevamos otras sorpresas. (Publicado en El Faro)

lunes, 11 de abril de 2005

Misión Imposible

Me desvelé para ver en televisión el funeral del Papa en Roma. Vi llegar a los reyes, los jerarcas, los presidentes. Escuché la homilía del Cardenal Ratzinger. En algún momento, entre las 4 y las 5 de la mañana, me dormí en el sillón. Me desperté a las 6, me bañé, y salí de la casa para comprar los periódicos. Caminando por la calle pensé: En estos precisos momentos tiene lugar en Roma, en cripta de la basílica San Pedro, el entierro final de Karol Wojtila.

Compré los dos matutinos y comienzo a dudar de mis ojos: "Despide el mundo al Papa. Esta madrugada fue enterrado," reza la portada de El Diario de Hoy del viernes 8 de abril. Confundido chequeo mi reloj: son las 6 con 20 minutos. Acabo de ver la misa en Roma en transmisión directa desde Roma. A continuación iban a trasladar a los restos del Papa a la cripta para sepultarlo en ceremonia privada. Después, chequeando los cables de las agencias internacionales, me daría cuenta que el entierro en la cripta tuvo lugar a las 2.20 p.m. hora de Roma que equivale a las 6.20 a.m. en San Salvador, momento preciso que yo tuve en mis manos un periódico que reportaba este hecho histórico.

Abro La Prensa Gráfica y leo, en página 2 el inicio del reportaje firmado por José Luis Sanz: "Juan Pablo II yace bajo tierra... "Sigue el relato de la ceremonia que acaba de ver en vivo en televisión, incluyendo la parte del entierro que no fue transmitida y que supuestamente estaba concluyendo en estos segundos. A la par, en página 3, La Prensa Gráfica reproduce una infografía bajo el siguiente texto: "Bajo Tierra. Desde hace apenas unas horas, el cuerpo de Juan Pablo II yace enterrado en el mismo lugar..."Y el otro enviado especial que tenemos en el Vaticano, Eric Lemus, escribe en El Diario de Hoy (misma fecha viernes 8): "El Papa Juan Pablo II fue sepultado esta madrugada en las grutas de la Basílica de San Pedro (...) Al final de la misa, el féretro que contenía los restos mortales del Sumo Pontífice fue llevado en procesión hacia la cripta vaticana (...) Los asistentes comenzaron a retirarse cabizbajos y en silencio..."

Esto último, la retirada de los asistentes a la misa, calculo que debe haber tenido lugar más o menos a las 4 a.m. hora salvadoreña. En este momento ya tiene que haber salido de la rotativa el periódico que estoy leyendo a las 6:20 a.m. Calculo que el último momento en que el periódico puede haber recibido los últimos detalles por parte de su enviado especial ha sido las 10 a.m. en Roma (2 a.m. en San Salvador): a esta hora apenas comenzaron las ceremonias funerales que iban a durar 4 horas y 20 minutos.No hay duda, o los enviados especiales de nuestros matutinos, o los editores de cierre aquí en El Salvador, nos mintieron: en vez de escribir lo que presenciaban, pusieron en los reportajes lo que en el programa oficial del Vaticano estaba anunciado que iba a pasar, confiando en que no pudo haber cambios o fallas en los rituales del Vaticano. Tuvieron suerte y en Roma no pasó nada imprevisto. ¿Y si hubiera pasado algo en los últimos minutos, justo cuando las rotativas de El Diario de Hoy y de La Prensa Gráfica ya estaban imprimiendo la historia que tuvo lugar en estos momentos? ¿Si hubiera pasado un atentado o si se hubiera desmayado George Bush?

Reportar lo que en el momento de imprimir el periódico ni siquiera ha tenido lugar es una falacia. Nadie exige a los periódicos lo imposible que es competir con la cobertura instantánea de los medios electrónicos (radio, televisión, internet).

Esta tontería ilustra hasta que grado un evento histórico como la muerte del Papa induce a nuestros periódicos a medidas irracionales de mercadeo y de venta. Cuando piensan que algo es bueno para vender, les vale un pepino la ética periodística e incluso el respeto a la dignidad de la persona. Ni siquiera cuando se trata del Santo Papa.Comencemos con aquellas fotos horribles que publicaron en Semana Santa: el Papa en la ventana de San Pedro, queriendo y no pudiendo hablar, su cara marcada de dolor, impotencia, agonía. Para mi criterio, publicar gustosamente, en ampliación, fotos que demuestran de esta manera la agonía de un hombre luchando contra la muerte, es imperdonable. Nadie permitiría la explotación comercial de una foto de un familiar en agonía. El hecho que el hombre es una figura pública, tampoco no justifica este abuso. El hecho que se trata del Papa -su Santidad Juan Pablo II para los católicos- mucho menos. No hay ninguna necesidad del público de conocer tan de cerca la agonía de un hombre. Es más: a partir de la morbosa publicación de estas fotos en El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica, todos los sermones que leo en estos periódicos sobre el legado del Santo Papa, para mi adquieren un tono cínico e hipócrita.

Después los enviados especiales. Las agencias mandan tanto material desde Roma que nuestros periódicos no tienen capacidad de procesar, ordenar y editar la información. Todos los días publican entre una hasta dos docenas de páginas sobre la muerte del Papa, llenas de repeticiones y contradicciones. Información y análisis muy relevante a la par de un despliegue desordenado de detalles insignificantes o no interpretados. El típico ejemplo de que muchas veces, menos sería más; y más es menos.

Y encima de todo este flujo permanente de información que no saben manejar, mandan enviados especiales. No es que yo le envidio a mi amigo José Luis Sanz la oportunidad de pasar un mes en Roma (bueno, un poco, para ser honesto). Cualquiera estaría feliz con esta oportunidad. Lo que definitivamente no le envidio a Sanz y Lemus es la tarea de escribir diaria y seriamente desde el Vaticano sobre la muerte del Papa y la elección del nuevo Papa, como parte de un contingente de 3,500 periodistas de todo el mundo. Misión imposible. Lo que queda mostrado, día a día, en las páginas de nuestros matutinos. Los pobres enviados especiales no pueden producir más que notas de color. Igual que Carlos Dada, cuando La Prensa Gráfica lo mandó a Irak, no pudo producir mucho más que notas de sentido humano sobre los soldados cuzcatlecos perdidos en un país, una cultura y una guerra donde nada tenían que hacer.

Hay eventos internacionales que requieren que se manden enviados especiales. Lo de Irak era uno, pero lo aprovecharon mal limitando la misión de Carlos Dada a acompañar al Batallón Cuzcatlán. No le dieron recursos ni permiso para informar sobre Irak, la ocupación y la resistencia. Ni siquiera le dieron chance a investigar si había tareas de reconstrucción a cumplir por los salvadoreños.

Lo del Papa no es un evento que merece mandar a un enviado especial, a menos que el periódico quiera tener a alguien en el Vaticano en caso que la suerte le regale una señora de Santa Tecla que se desmaye frente al féretro del Santo Papa, o que una muchacha encinta de Olocuilta se emocione tanto que de luz en la mera Plaza de San Pedro. Lo importante de todas formas será inaccesible para 3,450 de los 3,500 enviados especiales. Habrá unos cuantos, con relaciones que han cultivado durante años, que tendrán acceso a uno que otro cardenal para que off the record le expliquen el juego de poder, el balance de tendencias teológicas y políticas en el Vaticano a la hora de elegir al nuevo Papa. Los reportajes o análisis de estos pocos serán difundidos por los periódicos grandes del mundo o por las agencias. A los periódicos salvadoreños les llegarán vía agencias o internet, pero jamás vía sus enviados especiales.

Mantener enviados especiales en el Vaticano puede corresponder a estrategias de marketing, pero no a concepciones periodísticas. De todas formas, les deseo que la pasen bien en Roma. Vacaciones no son, porque andar en medio de 3,500 periodistas tiene que ser tortuoso. Pero algo de Italia y Roma podrán gozar. Talvez después nos regalen reportajes lindos sobre las nuevas tendencias de la cocina italiana o sobre el efecto de la primavera sobre el comportamiento de las mujeres en Roma.

Ojalá que, a pesar del mal antecedente que los periódicos sentaron con su cobertura desde el Vaticano, sigan mandando a reporteros a cubrir eventos internacionales cuando estos lo merezcan. Me gustaría leer, en algún momento, reportajes de un corresponsal salvadoreño que viaje a Palestina e Israel para observar los obstáculos y avances del proceso de paz; o a Sudáfrica para comparar el proceso de reconciliación en el país de Mandela con la experiencia nuestra. Me gustaría que los periódicos salvadoreños tengan un periodista experimentado que dirija una oficina en Washington. Espero leer reportajes de enviados especiales sobre la revolución educativa en varios países asiáticos. Etcétera, etcétera, hay tanto que descubrir. Pero que no manden a nuestros mejores periodistas a donde sólo se pueden hacer los ridículos con notas insignificantes (como las de color que mandaron durante una semana) y medio fabricadas (como las del entierro).
(Publicado en El Faro)

lunes, 21 de marzo de 2005

25 años

Los que nacieron después del asesinato de Oscar Arnulfo Romero, ya cumplirán 25 años. La edad que yo tenía en 1968-69 cuando yo -y casi mi generación entera- pasamos del cuestionamiento a la rebelión abierta contra la generación de nuestros padres, o sea contra la generación alemana responsable de la segunda guerra mundial, del holocausto, del nazismo.

Cuando colapsó el Tercer Reich de Hitler, apenas tenía 6 meses de edad. Suerte mía, no tuve porque sentirme culpable del genocidio cometido a nombre de mi pueblo. A los 25 años lo que sentí era rabia, vergüenza y odio al ver que mi padre, mis tíos, mis profesores, nuestros diputados, alcaldes, jueces, fiscales y dirigentes empresariales no se enfrentaban a su responsabilidad, que se negaban a hablar de su papel en los años de la dictadura y del genocidio, y que siguieron en sus carreras como si nada hubiera pasado.

Esta rabia fue el combustible para nuestras violentas manifestaciones contra el autoritarismo, contra el militarismo, contra el racismo donde los encontramos (y a veces donde los imaginábamos): en nuestras escuelas y universidades, en las fábricas, en el sistema de justicia, en la policía, en la complicidad de nuestro gobierno con regímenes como el del Shah en Irán o el apartheid en Sudáfrica, y con la guerra contra Vietnam.

Esta rabia de la juventud ante una generación de padres que se rehusó a enfrentar el pasado, fue el motor del movimiento antiautoritario, de la izquierda radicaldemocrática del 1968.
Miles de jóvenes de 25 años nos convertimos en revolucionarios con 25 años, al darnos cuenta que nuestros padres no estaban dispuestos a producir la ruptura moral, intelectual y filosófica con su pasado. Rompieron con el nazismo, pero no con el autoritarismo. Rompieron con el antisemitismo, pero no con el racismo. Nos tocó a nosotros esa ruptura, y la hicimos de la única manera que a esta altura de nuestra vida y de nuestra historia pudimos: con la radicalidad, la prepotencia, la intransigencia de la juventud; con violencia, desechando todo lo que nos olía a reaccionario, a autoridad, a nacionalista.

No nos quedó otra. Nuestros padres, después de los abusos nacionalistas de los cuales habían sido protagonistas o cómplices pasivos, no hicieron nada para redefinir los conceptos de nación y de autoridad. Desde la edad de 15 cuando empezamos a preguntar y cuestionar, hasta la edad de 25 que comenzamos a rebelarnos, pasamos 10 años topando contra murallas de amnesia e inercia colectivas. Nuestros padres no querían hablar de Auschwitz. Si eran de izquierda, hablaban de los pecados de Hitler, pero se callaron cuando les preguntamos sobre el pacto entre Hitler y Stalin que dio luz verde a la ocupación de Polonia y la construcción del campo de concentración de Auschwitz.

Nuestros profesores -como buenos servidores del estado- nos predicaban la filosofía de la nueva república supuestamente democrática: el holocausto fue obra de un grupo de locos y/o criminales, pero que ya habían sido enjuiciados por el tribunal internacional de Nurnberg; los demás alemanes no hicimos otra cosa que cumplir órdenes.

Es esta precisamente la justificación más peligrosa: en vez de erradicar el autoritarismo -y la otra cara de la moneda: la obediencia ciega a la autoridad- como fundamento de de la dictadura y del genocidio, nuestros padres lo cimentaron, reafirmaron su validez con este argumento cobarde de sólo haber cumplido órdenes. Nos querían dejar en herencia una Alemania autoritaria, aunque "depurada" de excesos dictatoriales; y su orgullo nacional, aunque depurado de los sueños de superioridad racial.

No aceptamos tal herencia. Exigimos la ruptura y la produjimos. Una ruptura profunda, no una "depuración". Una ruptura radical, no a medias tintas. Y básicamente la logramos. La Alemania democrática de hoy no nació en 1945 cuando cayó el régimen de Hitler. Nació en 1968 cuando comenzó la rebelión radical de una generación nueva contra el olvido. Y contra la permanencia del autoritarismo en nuestra sociedad y de los autoritarios en el estado.

Pagamos un precio alto. Para hacer caer el autoritarismo, nos rebelamos contra cualquier tipo de autoridad. Todavía me da pena cómo yo personalmente ataqué a mi mentor académico y literario, Walter Hoellerer, cuando iniciamos la revolución contra la universidad reaccionaria, elitista y autoritaria. Confundimos su liderazgo y su autoridad como persona, como escritor y como educador con autoritarismo, su brillantez con elitismo. Hoy tengo claro que muchas de las críticas que nunca me atreví hacerlas cara a cara a mi padre, las hice a mi maestro. Maté al padre que no era. Nunca pude reparar el daño ofreciéndole disculpas a este hombre del cual aprendí leer y escribir. Se murió antes de que yo hubiera tenido el valor de reconocer lo injusto de mi actitud intransigente radical.Pero los verdaderos culpables de esta injusticia no éramos nosotros los estudiantes radicales y armados de intransigencias. Eran los padres y maestros que durante décadas habían erguido esa enorme muralla de olvido, de mentira y de verdades a media para protegerse de la responsabilidad histórica, y para salvaguardar del fracaso desastroso del nazismo su principal capital filosófico y (in)moral: el autoritarismo. ¿Cómo íbamos a demoler esta muralla y destruir el autoritarismo, si no buldózer? Y con buldózer barrimos las universidades. La ruptura que necesitamos producir no era posible como intervención de cirugía, no luego de tanta demora y resistencia, sino sólo como acto revolucionario, con las consecuencias de injusticia y exceso que cada revolución conlleva.

¿La moraleja de tanta historia que cuento? ¿La moraleja para El Salvador, a 25 años del día que un francotirador a sueldo de una oligarquía autoritaria inició la campaña de exterminio a los opositores y con ello la guerra civil?

No estoy seguro. Ni siquiera estoy seguro si hay moraleja. Y si la hay, si yo soy el indicado a contarla. Para no caer en depresión quiero continuar creyendo que de la historia se puede sacar lecciones. Una que me atrevo a extraer de la historia nuestra en Alemania tal vez tiene validez para mi segunda patria, El Salvador: si la generación de los protagonistas de los capítulos oscuros de la historia no está dispuesta o capaz de enfrentar las respectivas responsabilidades, negligencias, ignorancia (o sea cual sea que fuera el papel de cada uno), la siguiente generación lo haría con mas radicalidad, más violencia, sin misericordia, sin consideraciones.

Si en El Salvador seguimos reflexionando con evasión en vez de verdad y con mitología en vez de análisis histórico sobre la guerra, la represión y sobre los casos emblemáticos como el de monseñor Romero, los padres jesuitas, El Mozote, pero también Ana Maria-Marcial y los cientos de compañeros y familiares de compañeros "ajusticiados" por las FPL en San Vicente, nuestros hijos nos van a rendir cuentas. Nos van a preguntar porque ellos, en vez de dedicarse a construir y desarrollar el país, se tienen que detener a limpiar la casa, sacar nuestros fantasmas y enterrar a los muertos que dejamos escondidos en el sótano. Nos van a apartar a todos, sin distinción de nuestro papel en esta historia, para hacer la limpieza.

Sé de qué estoy hablando. Con 25 años pasé por esto. Limpiamos la casa. Pagamos el precio: quedamos sin padres y maestros; o por lo menos, sin respeto a padres y maestros. No quiero que mi hijo se vea obligado a repetir esta parte de mi historia.

Coincido con lo que afirmó Héctor Lindo en una reciente entrevista en La Prensa Gráfica, que el lugar común que reza que hay que recordar la historia para no tener que repetirla es una falacia; que recordar no protege de nada; que todo depende de cómo procesamos nuestra historia. Los que no quieren recordar nada cometen la misma falacia que los otros que confunden memoria con la permanente repetición de mitos y medias verdades.

Luego de 25 años, es tiempo para enfrentar, cada uno lo que le toque.
(Publicado en El Faro)

lunes, 14 de marzo de 2005

Vienen tiempos duros

El 4 de febrero de este año, la periodista italiana Giuliana Sgrena, es secuestrada en Iraq, por un comando que exige la salida de las tropas italianas. Una de estas cosas absurdas de la guerra absurda en Iraq, porque Giuliana Sgrena y su periódico Il Manifesto son elocuentes opositores a la participación italiana en la ocupación del Iraq.

En Italia, se forma un movimiento masivo que exige al gobierno de Berlusconi, aliado de George Bush, negociar la liberación de Giuliana Sgrena y retirar las tropas italianas de Iraq. El movimiento es tan fuerte que el gobierno italiano, en contra de la oposición de Washington que no quiere permitir ningunas negociaciones con la resistencia iraquí, abre canales de negociación. Berlusconi se compromete a hacer lo necesario para conseguir la liberación de la popular periodista, pero se niega a considerar el retiro de sus tropas.

Entran en acción los mecanismos oscuros de los servicios secretos, con un hombre clavo: Nicola Calipari. No conocemos los detalles de las gestiones de este agente secreto. Pero sabemos que el 4 de marzo, a un mes del secuestro, Nicola Calipari y otro agente del servicio secreto italiano se desplazan a un lugar secreto en Iraq para recibir, de las manos de sus secuestradores, a Giuliana Sgrena, para llevarla al aeropuerto de Bagdad, a la libertad, a su casa.

A menos de un kilómetro del aeropuerto, unidades norteamericanas abren fuego al vehículo de los italianos, el agente secreto Nicola Calipari muere cubriendo el cuerpo de la periodista del periódico izquierdista Il Manifesto, Giuliana y el otro agente son heridos y trasladados a un hospital militar norteamericano en Bagdad y luego a Italia.

Al llegar a su país, Giuliana Sgrena declara que el incidente fatal no fue accidente, sino emboscada; que el vehículo iba a baja velocidad, que los militares norteamericanos abrieren fuego no para parar el vehículo sino, para matarla a ella y a los dos agentes italianos que la habían rescatado.

Yo iba a escribir sobre la doble ironía de esta historia: primero que una de las periodistas más identificadas con la oposición a la guerra norteamericana en Iraq y a la participación de Italia en la ocupación sea secuestrada para exigir el retiro de los italianos de Iraq. Segundo, que un agente secreto, bajo órdenes del gobierno derechista de Berlusconi, pierda su vida salvándole la vida a una reportera de Il Manifesto, decano de aquellos periódicos de izquierda surgidos en varios países europeos en el contexto de los movimientos estudiantiles, anti autoritarios y anti imperialistas de los años 70. El colmo de la ironía: es la izquierda italiana que exige al gobierno esclarecer las circunstancias de la muerte de uno de sus agentes secretos.

Me parecía interesante escribir sobre todo esto y sobre la retirada de los periodistas internacionales de Iraq. Investigando la historia me encontré con un artículo que Loris Campetti, uno de los redactores en jefe de Il Manifesto, publicó en el semanario alemán Die Zeit, para el cual también reportaba Giuliana Sgrena desde Iraq.

Prefiero traducir y publicar este artículo en vez de opinar yo, desde el otro lado del mundo.

VIENEN TIEMPOS DUROS
de Loris Campetti, Il Manifesto

Un mes pasó Giuliana Sgrena en manos de sus secuestradores. Este mes no cambió el mundo, pero sin duda nuestro periódico Il Manifesto sí.

El 4 de febrero, el grito que estremece nuestra sala de redacción: "¡Secuestraron a Giuliana!" El 4 de marzo, la noticia de su liberación. La pudimos celebrar por media hora. Luego nos enteramos del acontecimiento trágico: Giuliana está en el hospital, herida del hombro y del pulmón. Nicola Calipari, el hombre de los servicios secretos italianos que dos veces salvó a Giuliana, ya no existe. Murió bajo lo que los militares llaman "friendly fire", fuego amigo. ¿Amigo de quién?

Ahora hay muchos en Italia que responsabilizan a Giuliana e Il Manifesto de lo que pasó en la carretera entre Bagdad y el aeropuerto. ¿Qué oficio tenía Giuliana de andar en Iraq? ¿Y por qué no se quedó, como los demás, en el hotel, para esperar los partes de guerra como hoy lo hacen la mayoría de reporteros de guerra? ¿Y qué tenía que hacer en Faluja, visitando a los desplazados?
Los periódicos que apoyan la presencia de tropas italianas en Iraq van más allá: Fue el gobierno de Berlusconi que salvó a Giuliana, y ahora ella y su periódico quieren destruir las relaciones entre nuestro gobierno y Washington... Y hay quienes entre líneas critican la decisión política del gobierno de negociar con los secuestradores en vez de coordinar con los norteamericanos el empleo de tropas de comando. Vienen tiempos duros para Giuliana y para Il Manifesto, sin duda.
Queda la experiencia de un mes lleno de trabajo de nuestra pequeña redacción, trabajo terrible y maravilloso a la vez. Un periódico pequeño, de izquierda y pobre como el nuestro, de repente es objeto del escrutinio de otros medios. De relatores de información de repente nos vemos convertidos en sujetos de noticia, de entrevistadores en entrevistados. (...)

Cada día nuestras oficinas se llenaron de visitantes, cada día hubo muestras de solidaridad. Llegaron representantes de todos los partidos, de derecha como de izquierda. Todos dijeron: ¡Salvemos a Giuliana! Llegaron lectores, amigos, representantes de las comunidades musulmanas en Italia, iraquíes, católicos; el Papa apeló a los secuestradores. También llegaron representantes de los movimientos que habían ido a la calle para protestar contra la decisión de Berlusconi de mandar tropas italianas a Iraq. Preguntaron: ¿Y ahora, qué hacemos? ¿Podemos seguir exigiendo la retirada de las tropas de Iraq, o dañaríamos con esto las negociaciones?
Tuvimos que explicar a todos quién es Giuliana. Es una testigo que informa sobe las víctimas de la guerra. Una periodista que toma partido, que conoce un solo lado: el lado de los civiles, contra las bombas y contra las cochebombas.

Así nació entre miles de iniciativas la idea de ir a la calle para exigir dos cosas: la liberación de todos los secuestrados, y la liberación del pueblo iraquí que también es prisionero, de la guerra de la ocupación. Al fin llegaron 50 mil, sin gran organización, sin gran preparación. (...)
Un hombre nos ayudó. Un hombre del servicio secreto italiano, un agente, un servidor del Estado, para usar un término que no nos gusta. Nicola Calipari. En él descubrimos a un amigo en un mundo que nos es extraño. Apenas lo conocimos, lo perdimos. Este amigo contribuyó por lo menos la mitad a la liberación de Giuliana, la otra la pusieron los italianos que se negaron a quedarse en sus casas y callados; los italianos que fueron a la calle.

Este amigo, Nicola, le salvó la vida a Giuliana dos veces. Lo lloramos porque con él mataron a uno de nosotros.

Y nuestro periódico, después de este mes, nunca será el mismo.
....
No tengo mucho que añadir. Sólo reiterar el respeto para esta periodista que, durante el ataque norteamericana a Iraq, se quedó en Bagdad esperando a las bombas, los escuadrones de la muerte y los invasores. Que mientras los medios grandes del mundo reportaron desde adentro de las columnas gringas, nos regaló el famoso Diario desde Bagdad, un diario sobre la vida cotidiana de los civiles bajo bombas, entre fuegos.

No la conozco pero me la puedo imaginar, porque he conocido periodistas como ella aquí en El Salvador. A Nicola Calipari, el agente secreto que murió para salvar a Giuliana, es más difícil imaginárselo. Es una figura nueva, perteneciente a un mundo diferente al que conocemos de campos bien definidos y siempre opuestos. Como dice Loris Campetti: apenas lo conocimos ya lo perdimos... (Publicado en El Faro)

Un lugar de encanto

Pascal Lebailly hizo esta inversión. Puso todos los ahorros de su trabajo profesional en Europa en su proyecto: crear un hotel de tal calidad que puede marcar la pauta para el desarrollo del turismo en Suchitoto y en El Salvador.
Si fuera cualquier hotel que abre sus puertas, difícilmente sería noticia para El Faro. Pero el hotel y restaurante Los Almendros de San Lorenzo, que fue inaugurado el fin de semana en Suchitoto, es algo especial. Abre un capítulo nuevo, no sólo para Suchitoto, sino para el país y su oferta turística. Alguien vino, en este caso desde Francia, compró una casa señorial, y, en vez de tratar de ganar dinero rápido, pasó 15 meses gastando dinero en una restauración minuciosa y cariñosa del ambiente colonial.

Creó un contorno donde todos los detalles tienen elegancia, armonía y belleza.Cualquier otro empresario hubiera acomodada en esta casona unos veinte cuartos para turistas, un restaurante para un centenar de personas y un chupadero con musicón. Gastar poco y recuperarlo rápido. Pero Pascal Labailly es un empresario de otro tipo y decidió crear un hotel con sólo seis cuartos, pero ¡qué cuartos! Son para nunca querer regresar a la vida normal. Decidió lanzarse a un nivel de turismo donde la gente está dispuesta a pagar más pero exige una calidad coherente.
Pascal Lebailly describe el concepto de su hotel de esta manera: "Es un lugar de felicidad, serenidad, paz y belleza. Aquí todo tiene que ser de buen gusto: la restauración de la casa, la decoración, la atención, la comida."

Para lograr esto, Lebailly trajo muebles de Tailandia, piedras de Italia, y empleó los mejores profesionales de construcción que se puede encontrar en El Salvador: desde el arquitecto, José Geissman, y el maestro de obra, hasta los carpinteros, herreros, albañiles, jardineros. Contrató al artista Luís Lazo para pintar un enorme mural en la entrada del hotel, alegórico a las tradiciones religiosas y culturales de Suchitoto; e invitó a Licry Bicard a exponer sus cuadros. Contrató a un famoso chef francés para montar la cocina y entrenar al personal salvadoreño.

El resultado de todo esto: un lugar fuera de serie, no sólo para Suchitoto sino para el país. Un lugar que impresiona por el nivel de perfección y coherencia de todos los elementos y detalles. Y sobre todo, un lugar que refleja el amor y entusiasmo que el dueño pone en esta empresa. "Si yo fuera puro capitalista", dice Pascal Lebailly, "podría poner mi dinero en otra cosa, con más perspectiva de ganancia, pero con mucho menos placer y felicidad."

¿Por qué en Suchitoto?, le pregunto. "Hay una razón de corazón y una de mente. Llegué a Suchitoto y fue amor a primera vista: la arquitectura, las calles, el paisaje, pero también la gente, tan abierta, tan hospitalaria. Me sentí bien y bienvenido desde el primer momento y pensé: yo puedo reproducir esta sensación para otros. Ahí viene la otra razón, el cálculo de empresario: estoy convencido de que Suchitoto tiene futuro, la inversión turística en Suchitoto tiene futuro, siempre cuando se invierta en el capital principal de esta ciudad: su carácter colonial, la armonía, la autenticidad."

Pascal Lebailly hizo esta inversión. Puso todos los ahorros de su trabajo profesional en Europa en su proyecto: crear un hotel de tal calidad que puede marcar la pauta para el desarrollo del turismo en Suchitoto y en El Salvador. Este empresario francés, enamorado de El Salvador, está convencido de que su empresa será rentable, que hay suficiente gente dispuesta a pagar por calidad.

La estancia en Los Almendros de San Lorenzo no será barata. Los cuartos cuestan entre $80 y $120 la noche, pero estoy seguro que será inolvidable. La comida promete ser excelente, pero los precios para restaurante y barra son sorprendentemente accesibles, incluso más bajos que en muchos restaurantes en San Salvador.

Aparte de los clientes corporativos y turistas extranjeros, veo en Los Almendros clientes como yo: gente que una vez al año pueden cometer el dulce pecado de darse el gusto de pasar un fin de semana rodeado de belleza, armonía y finas atenciones. Yo he hecho este tipo de escapadas, y muchas veces me he quedado con un mal sabor, porque los hoteles nuestros cobran precios de lujo y ofrecen servicios mediocres. ¿Quien no conoce esta frustración, regresando de la Costa del Sol u otros lugares, sin pisto, pero también sin satisfacción? Bueno, de Suchitoto, de pasar un fin de semana en Los Almendros de Pascal, regresará tal vez quebrado, pero seguramente feliz.
Platicando con Pascal, sentado en los amplios corredores de Los Almendros, se puede visualizar un futuro prometedor para el turismo, en particular de Suchitoto. Una industria que no destruye, no desfigura, sino que se basa en lo auténtico, que invierte en la restauración, la preservación. "Respeto a lo auténtico" es el término favorito de Pascal Lebailly. Quien visita Los Almendros de San Lorenzo se da cuenta de que de esta visión puede nacer (es más, ya nació) un nuevo concepto empresarial, factible y bien calculado.

Este fin de semana, Pascal Lebailly llamó a Suchitoto y todo el mundo le hizo caso. Vino la presidenta en funciones, Ana Vilma de Escobar, a inaugurar el hotel, junto con el canciller, la Glorita Salguero Gross, embajadores, el alcalde, empresarios, artistas, y todas las personalidades de la vida cultural, política y empresarial de Suchitoto. Pues sí, estando en un lugar como Suchitoto, compartieron ex-guerrilleros con personajes del gobierno, por un día, unidos y sin ganas de pelear. Como dije: es un lugar de encanto. (Publicado en El Faro)

lunes, 28 de febrero de 2005

No se puede descartar...

Tomó la palabra el señor presidente de la república, don Tony Saca. Lo que antes era un rumor, se convirtió en versión oficial del gobierno salvadoreño: no se puede descartar que la Mara Salvatrucha tenga relaciones con la red terrorista Al Qaeda.

Como otros funcionarios y periodistas antes, el señor presidente tampoco ofreció ni fuentes ni evidencias ni testigos para esta afirmación. No tiene porque ofrecerlos, porque no está diciendo que a él le consta, sino solamente que no lo puede descartar.Yo, en una columna transversal del año pasado, había objetado esta forma de difundir rumores infundados. Sin embargo, ahora que el señor presidente, frente a expertos internacionales de seguridad pública incluyendo a representados del FBI, hizo suya la afirmación sobre la vinculación no descartable de entre pandilleros salvadoreños y terroristas islámicos, me rindo. No voy a entrar en pleito con el presidente. Ya no voy a decir que este tipo de afirmaciones atentan contra ética y lógica. Más bien, voy a aceptar que los comunicadores podemos aprender mucho de nuestro colega comunicador convertido en presidente.

Entonces, aquí una primera entrega de informaciones que no las puedo comprobar, pero definitivamente no las puedo descartar. Algunas de estas informaciones y afirmaciones tienen más probabilidad de ser ciertas que otras, pero todos tienen en común dos cosas: conozco gente que las sostienen, y no tengo forma de descartarlas.

Hay gente que reiteradamente dicen que el gobierno no tiene interés real que Francia extradite a Carlos Perla y que Carlos Perla se enfrente a un juicio público en El Salvador, ya que podría implicar a otros personajes incluyendo ex-ministros y ex-presidentes. La verdad es que no dispongo de pruebas para afirmar lo anterior, pero tampoco de pruebas para descartarlo. Por lo tanto, no lo descarto.

Con igual insistencia se menciona que altos personeros de los últimos gobiernos han estado involucrados con el narcotráfico internacional, incluyendo a un ex-presidente, un ex-jefe de policía, un ex-presidente de ARENA. Que nadie me malentienda y me demande por difamación: no estoy diciendo que a mi me consta tal cosa, ni que dispongo de pruebas para sostenerla. Sin embargo, no puedo descartar que sea cierto.

Tampoco puedo descartar, aunque no tengo pruebas para afirmarlo, que el gobierno actual está apoyando con tanta fuerza la candidatura de Paquito Flores para la Secretaría General de la OEA únicamente para quitárselo de encima. Gane o pierde, de todos modos dejaría de meterse en asuntos de partido y gobierno.

Para ahorrar espacio en esta columna, aquí la lista de todo el montón de cosas que dicen por allí y que yo no puedo ni probar ni mucho menos descartar. Y fíjense que aquí sólo pongo ejemplos que tienen cierta probabilidad, imagínese si incluyera los rumores totalmente infundados o simplemente inventados para joder a alguien.

No tengo pruebas, pero no puedo descartar:
- que más allá de Tony Saca, quien realmente manda es Don Boris;
- que varios de los grandes inversiones en centros comerciales tienen que ver con el lavado de dinero;
- que detrás de las protestas contra la alcaldía de San Salvador y el alcalde Carlos Rivas Zamora están los ortodoxos del Frente;
- que detrás de las protestas contra la alcaldía de San Salvador y el alcalde Carlos Rivas Zamora está ARENA;
- que Rubén Zamora apuesta a una coalición con el FMLN;
- que los socialdemócratas quieren lanzar a Salvador Samayoa como candidato a presidente en el 2009;
- que Schafick Handal no puede descartar lanzarse de nuevo en el 2009;
- que ante el fracaso del FMLN en la alcaldía capitalina y la incapacidad de ARENA de lanzar a un candidato fuerte, Héctor Silva no descarta un intento de recuperar la alcaldía de San Salvador, corriendo contra los dos partidos grandes;
- que en ARENA hay un grupo de tendencia liberal convencido que ARENA no tiene capacidad ni voluntad para una lucha contra la pobreza.

¡Que belleza esta forma de afirmar sin afirmar! Sobre todo con el doble colchón de seguridad: no puedo descartar la posibilidad de que fulano de tal no descarta tal y tal cosa...

¿Verdad que esta manera de hacer circular verdades, medias verdades, medias mentiras o mentiras sin tener que comprobarlas es bien práctica? Sirve para difamar sin riesgo de ser demandado por difamador. Sirve para tirar una piedra al agua para ver hasta donde llegan las ondas. Sirve para hacer una bulla para ver quien se corre o protesta o se hace el maje. Sirve para ahorrarse el trabajo que cuesta para comprobar las afirmaciones que uno quiere hacer.

En el caso concreto de Tony Saca, la Mara Salvatrucha y Al Qaeda, sirvió para quedar bien con los gringos con la idea de arrancarles apoyos que talvez no darían a un plan antimaras pero sí a un plan antiterrorista. O talvez no, porque la única reacción inmediata y pública de los norteamericanos participantes en la conferencia sobre la lucha contra las pandillas fue más bien reservada: “no discutamos cosas hipotéticas sino más bien los problemas reales... “

Ya que estoy hablando de temas relacionados con la lucha contra las maras: en caso que al gobierno se le acaben los nombres para las diferentes facetas de sus futuras políticas de seguridad pública, aquí algunas ideas.

Un precandidato a la presidencia hondureña ya está entrando en pleito con nuestros titulares de gobernación por el derecho de usar el nombre “puño de hierro”. En tiempos donde la relación con el país vecino es algo tensa, (no sólo por los problemas limítrofes en el golfo, sino también por la traición hondureña contra la candidatura centroamericana de Paco Flores y además por el pleito sobre de cuál país es patrimonio nacional la pupusa), no conviene entrar en pleitos adicionales por la autoría de nombres como “puño de hierro”. No tenemos necesidad, porque hay otras ideas que podemos explotar: por ejemplo “política duro-blandita” para el trabajo tan creativo del dúo “Oscar y César” presentado en coproducción por Concejo Nacional de Seguridad Pública y la Secretaría de Juventud. O si no les gusta este nombre, podría ser “política de la mano quebrada”. Y para continuar la escalada de firmeza tenemos que ser audaces, no sólo en las medidas policiales, sin también en nuestras medidas retóricas. Después de la “mano dura” de Flores y la “mano superdura” de Saca, ¿qué sigue? Propongo, para la siguiente fase, importar algo de aquellos países islámicos donde cortan la mano al ladrón. ¿Cómo sería una “política de la mano cortada?”

Para resumir todo: este escribano no puede descartar que el gobierno con sentido humano esté al punto de lanzar una campaña contra las fuerzas combinadas de MS-Al Qaeda, con el lema “venga esa mano, que te la corto”. No me consta, ni siquiera es muy probable, pero tampoco lo puedo descartar del todo. (Publicado en El Faro)

lunes, 21 de febrero de 2005

Nadie es imprescindible

Para llegar al grano de un solo: era tiempo de sustituir a Mauricio Funes. Dirigía un noticiero mal hecho, poco profesional, sin dirección periodística, sin planificación. Como entrevistador era aburrido, prepotente, hablaba demasiado, operaba con prejuicios políticos.

Precisamente para preservar y fortalecer un espacio noticioso crítico, profesional, independiente, el Canal 12 tenía que sustituir a Mauricio Funes. Tengo la percepción que los nuevos dueños y directivos mexicanos del Canal 12 están lejos de querer alinear la línea editorial al esquema derechista de TCS y de los dos periódicos grandes. Tengo entendido que quieren mantener el papel histórico del Canal 12 como contrapeso crítico e incluso como medio opositor. Depende de la definición de "opositor": para unos significa siempre estar en contra del gobierno de ARENA, para otros el periodismo crítico es opositor por definición, porque pone al medio en oposición al poder político, independiente de su signo partidario. Los nuevos dueños de Canal 12 dejaron ver desde el principio que no estaban dispuestos a continuar con una línea editorial de oposición partidaria y además definida y cautelosamente protegida por una sola persona: el director Mauricio Funes.

Cuando los mexicanos de TV Azteca compran el 12 a Don Jorge Zedán, el canal no andaba muy bien financieramente, ni en el rating ni en sus costos. Además se encontraron con una herencia muy particular: con el rol que el Canal 12 había asumido, bajo la dirección de Don Jorge Zedán, como medio opositor. En los últimos años de la guerra, el Canal 12 rompió el control que militares y gobiernos ejercieron sobre los medios y abrió espacios a la oposición, a las reivindicaciones del movimiento popular e incluso a la dirigencia guerrillera. Esta apertura hacía un periodismo crítico e independiente le costó caro a Don Jorge, pero jugó un papel importante en el proceso de paz y en la transformación democrática del país. El gran respeto y hasta cariño que mucha gente de izquierda guarda por el Canal 12, se deriva de los riesgos que Don Jorge y los periodistas del Canal 12 estaban dispuestos a correr durante la guerra y en los años de transición cuando el ejercicio crítico del periodismo provocaba riesgos económicos para los dueños y riesgos de seguridad para los periodistas.

Lo que el Canal 12 nunca resolvió es: ¿cómo mantener y desarrollar el papel de medio crítico e independiente en una situación de post-guerra y en la construcción de la democracia, cuando los esquemas de blanco-negro, enemigo-amigo, malo-bueno ya no funcionan para interpretar las contradicciones de la sociedad? ¿Y cómo mantener al mismo tiempo al canal económicamente viable? Tratando de dar respuestas a estas dos preguntas, el Canal 12 transitó por una historia complicada y accidentada: campañas de boicot del gobierno y sus aliados en la empresa privada contra el 12; la salida de Nacho Castillo y casi todo el staff del noticiero; la entrada de Mauricio Funes como sustituto. (De paso sea dicho: ahora parece que nadie se quiere acordar que Mauricio Funes entró al despacho de dirección del 12 aliándose con los malos de la película de aquel entonces, los dueños del canal que acaban de despedir al director del noticiero de entonces, Nacho Castillo. Con la diferencia significante que en aquel entonces casi todo el equipo periodístico del 12 se fue en solidaridad con su director, cosa que hoy no se vislumbra...).
Con o detrás de Mauricio Funes, de alguna manera entraron al Canal 12, para llenar el vacío y adueñarse del espacio noticioso, el FMLN y algunos personeros relacionados con la UCA. Con Funes entró personal periodístico y de producción que anteriormente laboraba con él en el Centro de Video de la UCA. (Parte de este "personal histórico" de Mauricio Funes salió ahora en la lista de los despidos que llevó a la actual crisis y a la salida de Mauricio Funes del Canal 12.)
Lo que durante la guerra se había creado, a grandes riesgos y sacrificios, como un espacio periodístico crítico e independiente, se transformó bajo la dirección de Mauricio Funes en un noticiero con tendencia partidista. Esto tiene que ver con las influencias directas e indirectas que el FMLN (o sectores del FMLN) ejerció sobre Funes y sus programas de noticias, de opinión y de debate (influencias que durante un tiempo se institucionalizaron, con un prominente miembro del FMLN despachando en el canal administrando los vasos comunicantes entre Canal 12, FMLN y UCA; la UCA por suerte se separó pronto del operador de influencias y del proyecto de Mauricio Funes.)

Pero más allá de la conspiración, la decadencia periodística y ética-profesional del Canal 12 bajo el mando de Funes tiene que ver con otro fenómeno. En una situación de guerra, censura y represión que imperaba cuando el Canal 12 se convirtió en medio opositor, no se requiere de grandes esfuerzos profesionales para cumplir el papel de medio crítico. La buena voluntad y la disposición de correr riesgos son casi suficientes.

No así cuando la guerra termina, la censura y la represión ceden y se abren espacios para el periodismo. No así cuando el medio crítico tiene que desarrollar la capacidad de aportar a la democratización del país. El diletantismo técnico que durante la guerra fue casi inevitable, hoy se convierte en pecado. Maurico Funes, en todos sus años como director del noticiero del 12 estrella del país, no hizo nada para transformar el periodismo de denuncia en periodismo profesional. Después de años de dirección de Funes, el noticiero del 12 sigue siendo un desastre, desde el punto de vista del profesionalismo periodístico y de producción (e incluso desde el punto de vista de la ética periodística). El diletantismo técnico-profesional, combinado con una clara posición en favor de un partido, no produce periodismo crítico ni independiente sino lo contrario: periodismo de denuncia, periodismo partidario, periodismo supeditado a intereses políticos.

Esta es la situación que los mexicanos encuentran al comprar el Canal 12. Don Jorge Zedán no pudo corregir las deficiencias periodísticas en su canal porque no quería romper con Mauricio Funes ni entrar en pleito con el FMLN. Por suerte, los nuevos dueños no tenían estos problemas de lealtades históricas. Desde el principio visualizaron con claridad que un montón de cosas tenían que cambiar en este canal para hacerlo competitivo. Después de hacer un exhaustivo estudio donde intervinieron varios consultores, presentaron a Mauricio Funes, su director del departamento de contenidos periodísticos, una larga y muy concreta lista de cambios que hacer. Esta lista incluía la sustitución de algunos periodistas y productores que consideraban ineficientes. Incluía sobre todo un rediseño del noticiero, manteniendo e incluso reforzando su carácter crítico y su papel de contrapeso a los medios progubernamentales. Cuando mes por mes nada de esta lista de cambios se puso en práctica por parte de Mauricio Funes, le plantearon que para operativizar los cambios necesarios en el Canal, mejor se separara la dirección del noticiero de la conducción de Entrevista al Día. Le dejaron a Mauricio Funes la opción que escogiera si quería dedicarse a la dirección y el rediseño del noticiero o a la dirección y el rediseño del espacio de los debates. La posición de Mauricio Funes fue: soy indispensable para ambos programas y los nuevos dueños no pueden prescindir de mí, por mi experiencia, por mi popularidad, mis conexiones políticas, mi prestigio, etc.

Mauricio Funes, el periodista más famoso y mejor pagado del país, conocido internacionalmente y además ícono de la izquierda, simplemente no se pudo imaginar que los mexicanos iban a asumir el costo político que significaría despedirle. Además Mauricio Funes (otra herencia histórica pero muy cuestionable de la administración Jorge Zedán) estaba personalmente involucrado en la venta de pautas publicitarias de los programas bajo su dirección. La venta era buena y garantizaba al canal excelentes ingresos y a Mauricio (aparte de excelentes ingresos) le generaba aun más la sensación de ser imprescindible y que podía darse el lujo de vetar o boicotear todos los planes de rediseño del canal.

Ahí es donde Funes calculó mal. Parte esencial del rediseño que los nuevos dueños querían dar al canal fue precisamente esto: no seguir permitiendo lo que ningún medio serio permite a sus ejecutivos editoriales: involucrarse y lucrarse de la venta de publicidad. Mucho menos con el gobierno. Y precisamente con el gobierno estaba Mauricio Funes haciendo tratos directos de venta de publicidad, muy en contra de la concepción de los nuevos dueños del canal de hacer una separación limpia entre dirección editorial y dirección comercial del medio.

Mauricio Funes jugó mal el juego de poder. Se pensó intocable. Se negó a ejecutar los cambios que los nuevos dueños del canal habían planteado. Se negó a ceder parte de su poder, considerándolo un feudo personal. Como siempre, la prepotencia, tarde o temprano lleva a la caída. Mauricio Funes fue despedido, porque se niega a colaborar con la dirección del canal en su proyecto de profesionalización. Mauricio Funes, al fin, fue sustituido por una administración nueva que ya no respeta las ataduras del canal a un partido o a los intereses económicos y políticas de un sector dentro de un partido. Mauricio Funes, en última instancia, fracasa porque se niega o no es capaz de desarrollar un noticiero verdaderamente independiente, libre de ataduras partidarias, producido profesionalmente. Los que tienen duda de esa verdad que vayan a platicar de fondo con los periodistas que han trabajado con Mauricio Funes.

¿Tienen los nuevos dueños de un medio de comunicación el derecho de decidir sobre un rediseño de sus programas periodísticos? ¿Tienen el derecho de cambiar la estructura de dirección?
Aunque a veces no guste, hay que reconocer que tienen derecho. El Canal 12 no es un proyecto del movimiento popular, sus programas no son conquistas de la lucha popular. Las organizaciones sociales y ONGs que ahora suscriben un comunicado denunciando como antidemocrática la decisión del Canal 12 de despedir a Mauricio Funes, tienen todo el derecho de opinar sobre el caso, de criticar al Canal 12 y de dejar de ver noticieros, como hoy anunciaron en la toma del arzobispado. Tienen todo el derecho a apoyar a Funes, pero se ven un poco ridículos exigiendo el derecho de negociar con el canal la permanencia de Funes y de los demás despedidos.

La manera como tanto Funes como el comunicado de las organizaciones sociales pintan el conflicto, simplemente es manipuladora. No es un conflicto entre periodistas democráticos y los dueños del medio que son derechistas y no respetan la libertad de expresión. Los directivos del Canal 12 no han dado ninguna muestra que quieren erradicar el carácter crítico e independiente del noticiero y de Entrevista al Día. Todo indica que los nombramientos que van a hacer y las líneas editoriales que van a aplicar, confirmarán que quieren mantener, profesionalizar, reforzar los espacios de expresión que históricamente han caracterizado al Canal 12.

De paso sea dicho: yo estaba inclinado a no escribir sobre la crisis en el Canal 12 antes de que todos los elementos estén sobre la mesa, antes de que todos los actores se hayan pronunciado. Pero de repente me mandaron por e-mail este comunicado firmado por organizaciones sociales y ONGs que beligerantemente toma partido en favor de Funes y contra el Canal 12. Este comunicado describe el conflicto en el 12 como "un hecho más en la escalada de regresión antidemocrática" que vive el país, citando como uno de los elementos de este contexto negro el asalto "al estilo de los escuadrones de la muerte" a la Universidad Luterana. Lo que definitivamente me "encachimba" de este panfleto es que lleva la firma de la Asociación de Periodistas de El Salvador APES. Pobre gremio…

Bueno, si así es el debate, hay que entrar y hay que hablar claro: era tiempo de sustituir a Mauricio Funes. No cumplió su trabajo de dirigir el noticiero. Dejó abandonado y huérfano al noticiero que ha puesto al Canal 12 en la vanguardia del periodismo salvadoreño, para dedicarse al estrellato como entrevistador, como interlocutor político, como hombre presidenciable. No hizo y tampoco dejó que otros hagan un noticiero profesional. Desaprovechó la oportunidad histórica de crear una alternativa profesional, creativa, atractiva al modelo de los noticieros amarillistas y progubernamentales de TCS. Y permitió que su espacio estelar, la Entrevista al Día, cayera en retórica, aburrimiento, auto-proyección y partidismo. Los manifestantes "populares" que piensan que defender la libertad de expresión y el periodismo crítico es defender a Mauricio Funes se encuentran muy equivocados y manipulados.

Aprovecho la oportunidad para hacerles una propuesta a los directores del Canal 12: está muy bien que quieren separar la conducción del noticiero de la conducción de la entrevistas. La televisión no necesita a un superman ni a un sabelotodo. No necesita gente que ni duerme ni descansa ni se divierte. La televisión no necesita la misma cara durante 20 horas en pantalla cuando hay elecciones o terremotos, locutando, opinando, analizando, entrevistando, reportando, moderando. Mejor apuesten a lo que obviamente Mauricio Funes no pude hacer: equipo. No pongan a ningún pobre diablo que tenga que levantarse todos los días a las 4 de la mañana para preparar su entrevista; no obliguen a nadie a hacerse pasar el lunes por economista, el martes por experto en cuestiones de seguridad, el miércoles por historiador o filósofo, etc., ¡y así por años!

Contraten a alguien que les puede armar un pool multidisciplinario y pluralista de entrevistadores creativos, frescos, cada uno experto en su tema. Y nombren director del noticiero a William Meléndez, buscando continuidad y cambio al mismo tiempo. Lo más probable es que William, sin un conductor omnipotente encima, haga un buen papel de director de noticia. Y de un solo se quitan encima los rumores y las denuncias sobre un gran viraje en la línea editorial. (Publicado en El Faro)