Está llegando a su fin el gobierno
actual. Ya vendrán las evaluaciones de sus 5 años en el poder, los balances,
los resúmenes críticos y otros acríticos. Y las recomendaciones para el
gobierno entrante de cómo manejar mejor la Seguridad Pública…
Uno de los temas principales a evaluar
será el de seguridad pública, las políticas contra la delincuencia, las
pandillas, la violencia.
Basado en datos oficiales he preparado un
gráfico que pone en relación la curva de homicidios con las fechas políticas y
con quienes han estado al frente de la política de Seguridad y su
implementación.
Antes de comenzar a analizar y a sacar
conclusiones y recomendaciones para el gobierno entrante, veamos las cifras.
Veámoslas fríamente. Y luego hablemos.
Todos los datos
de homicidios son oficiales proporcionados por la PNC. Por favor, tocar
la imagen para verla entera
Como ven, el gobierno actual, que tanto
habla de “reducción de homicidios”, entrega el poder con más homicidios al mes que
cuando asumió el gobierno. Y en el camino, en el 2015 y 2016, implementaron
políticas que resultaron en una violencia tan alta como en tiempos de guerra.
Hay
que analizar bien estos números – y otros que las instituciones deberían
proporcionar sobre desapariciones, extorsiones, hurtos y robos. Luego hablemos.
Entiendo que están preocupados por la situación en la cual va a entrar el país en los próximos cinco años.
Entiendo que ven con angustia que han
pasado 2 de los 3 meses de transición (entre la elección y la toma de
poder) y que no existe ningún mecanismo de entrega ordenada y
transparente del poder, de las finanzas públicas y los proyectos
inconclusos entre el gobierno saliente y el entrante —sólo porque el
presidente electo lo prefiere así.
Entiendo que les asusta la incertidumbre
en la que el presidente electo tiene al país en cuanto a la
composición y las líneas de trabajo de su gobierno.
Entiendo que ante esta situación muchos
ciudadanos y empresarios, poniendo el bien del país encima de sus
preferencias ideológicas o partidarias, quisieran ayudar para que el
próximo gobierno no fracase.
En este contexto, casi todos los días salen columnas o entrevistas de
personajes competentes y bien intencionados dándole buenos consejos al
futuro presidente. Que abra un diálogo nacional con todas las fuerzas
vivas del país; que busque un acuerdo nacional para enfrentar la
violencia y delincuencia; que aplique el principio de la meritocracia
para escoger a sus ministros y otros funcionarios claves; que deje de
deslegitimar a sus adversarios políticos, porque los va a necesitar para
construir gobernabilidad; que respete la independencia de los poderes
del estado; que respete la libertad de expresión y sea mas tolerante con
sus críticos; que aplique austeridad —y un montón de recomendaciones
más detalladas en materia fiscal, de seguridad, educación y salud.
Básicamente le piden a Bukele que sea buena gente y un presidente
decente…
La mayoría ofrece estos buenos consejos de buena onda, expresión de
su preocupación por el país. Algunos los ofrecen de manera oportunista,
buscando a acercarse al nuevo centro del poder. No es a ellos que va
esta carta, sino a “asesores” desinteresados, pero lastimosamente
también ingenuos.
Un político que maneja la alternancia del poder con tanto desprecio a
la transparencia, al diálogo y la sana administración de diferencias,
no hace caso a buenos consejos. Así como es resistente a la crítica, es
resistente a buenos consejos. Se ríe de quienes de buena onda y como
buenos patriotas lo tratan como un ser racional y abierto que va a tomar
en cuenta criticas, propuestas, recomendaciones y consejos. Es como
pedir peras al olmo. Es como esperar que un lobo se comporte como un
pastor alemán, solo porque de lejos se parecen.
No les pido que dejen de analizar y comentar los retos que enfrentará
el país en los próximos cinco años. Es necesario que lo hagan. El país y
su ciudadanía necesitan entender su situación, y sólo lo podrán lograr a
través del diálogo abierto, del debate franco, de la crítica clara. Si
en el nuevo gobierno se incluye alguna gente capaz de escuchar, van a
sacar provecho de este diálogo de la ciudadanía —pero jamás del intento
de influenciar al presidente electo con consejos bien intencionados.
Mejor esperemos qué va a ofrecer el presidente Bukele a
partir del 1 de junio: qué tipo de gabinete, qué discurso, qué políticas
públicas, qué manera de relacionarse con la prensa y los órganos que no
controla, como la Asamblea, la Corte, la Fiscalía. Y luego sometamos
todo esto a un examen crítico y veamos qué se puede apoyar y a qué hay
que oponerse.
Paciencia será la virtud principal que necesitamos desarrollar.
Revisé la sopa que nos sirve. Como usted
supuso, se encontraron pelos en ella. Pero, no encontré ninguna carne.
¿Adónde está la carne, presidente?
‘Where’s the beef?’ – con esta pregunta
Walter Mondale remató a su rival Gary Hart en el debate entre precandidatos
presidenciales del Partido Demócrata. Hart explicó su plan de gobierno, y
Mondale solo tuvo que preguntarle ‘Where’s the beef?’ para ganar la primaria…
La frase se había hecho famosa este mismo año con la campaña de Wendy’s,
haciendo burla de los Big Macs de la competencia, que tenían panes gigantescos
y poca carne…
A partir de lo de Wendy’s y Mondale usa
esta frase para decir: Pura paja, nada de sustancia. Incluso en alusión al
tamaño del órgano sexual de los machos…
Regresemos a su sopa. En su Facebook live
de miércoles 24 de abril, usted describió cómo lo maltrata la prensa: haga lo
que usted haga, siempre le encuentran ‘un pelo en la sopa’. Sus troles ya le
habían preparado el hashtag para convertir en campaña las palabras de su líder:
#ElPeloEnLaSopa…
Pues hombre, sírvanos una sopa
sustanciosa – una que tenga carne, no solo sabor de cubitos. Y aunque
encontremos uno que otro pelo en la sopa, cosa que siempre se dará, vamos a
hablar de la carne: de la sustancia, del sabor, del contenido, de las
propuestas, de las soluciones… Pero si no hay carne, ¿qué hacemos?
La gente, sobre todo la que votó por
usted, quiere saber ¿qué tipo de gobierno está armando Bukele, y con quiénes?
Han pasado dos meses de la elección y quieren saber ¿qué va a hacer el nuevo
gobierno? Usted no lo dijo en campaña y no lo dice ahora. Pero sale con un
monólogo de una hora para hablar de dos cosas: De lo mal que le tratan los
medios, y de cómo va a consolidar su partido. ¿Y la carne, pues? Nuevas ideas
no se come…
Entonces, al no encontrar carne, lo que encontramos
son los pelos.
De paso sea dicho: Cada día se parece más a Funes: la comunicación
reducida a monólogos, Funes en su programa de radio, usted en su Facebook live.
Ustedes piensan que es comunicación con el pueblo, pero son puros monólogos. No
hay diálogo. No hay debate. No hay preguntas y respuestas. Y la otra cosa que
usted aprendió de Funes: Desde el poder señalar y atacar a sus críticos – al
aire, con nombre y apellido. Así como Funes me sacó varias veces en su programa
radial sabatino, usted me sacó en su Facebook live. Usted tiene razón en decir
que como presidente también tiene libertad de expresión, igual que cualquier
ciudadano y periodista tiene el derecho de criticar al gobernante. Claro que
sí. Sólo que quien lo hace desde el podio del poder, desde la inmunidad de la Presidencia,
tiene otro tipo de responsabilidad. Puede caer en abuso del poder.
A veces es incomodo que te ataquen desde
la altura del poder. Pero no me intimida. Voy a seguir señalando los pelos que
encuentro en las sopas mal cocidas – y la falta de carne y sustancia.
Lo
que me preocupa no es que me puedan atacar, primero en un programa presidencial
y luego en campañas de troles, sino la expectativa de tener otro presidente,
como antes Funes, que se niega a someterse al escrutinio crítico de la prensa.
Podría hoy repetir literalmente la carta que publiqué el 8 de agosto 2018
sobre el primer día del juicio contra la tregua. Porque ayer otra vez
fue el primer día del mismo juicio – de su repetición. En el 2018 lo
perdió la Fiscalía y todos los 19 acusados fueron absueltos, pero logró
que la Cámara anulara el juicio y ordenara su repetición.
Lo espectacular del arranque
del juicio en agosto pasado fue que la Fiscalía presentara dos testigos
prominentes (monseñor Fabio Colindres, el que fue mediador, y el
general Francisco Salinas, el que fue director general de la PNC). Los
fiscales abrieron con ellos para conseguir goles tempranos porque
supuestamente iban a testificar en contra de la tregua y los acusados.
Pero ambos, hablando con todo el peso de su trayectoria, los
defendieron. Por esto le puse 0:2 en el titular. Exactamente lo mismo pasó ayer. Y era
lógico. El mismo juicio, con las mismas acusaciones manipuladas, con
los mismos fiscales, con los mismos testigos, con la misma ausencia de
pruebas, con los defensores ya prevenidos, ¿en qué va a terminar? En lo
mismo.
Aunque los fiscales trataron de
sacarles lo contrario, tanto monseñor Colindres como el general Salinas
establecieron que el proceso de pacificación y reducción de violencia
popularmente bautizado “la tregua” fue una política oficial del
gobierno, conducida por el gabinete de Seguridad, y que tanto el
presidente Funes como el fiscal general (primero Barahona, luego Luis
Martínez) estuvieron informados sobre cada paso de su implementación.
Según monseñor, “la tregua fue exitosa hasta que llegó Ricardo Perdomo
al ministerio de Seguridad…”.
Entonces, si fue así, ¿cómo los
diferentes funcionarios públicos que implementaron este plan pueden ser
acusados de “agrupación ilícita”? ¿Acaso el Gabinete de Seguridad es una
agrupación ilícita?
A monseñor Colindres, que acompañó a
Raúl Mijango (uno de los acusados principales) en sus visitas a los
penales para dialogar con los cabecillas de las pandillas, lo
interrogaron durante más de una hora para encontrar comprobación para el
delito de “introducción de ilícitos a los penales”, pero lo único que
encontraron fue la confirmación que introdujeron pizza y pollo, porque
una reunión alrededor de una mesa con comida siempre crea un ambiente
más propicio para construir confianza. 0:1.
Al general Salinas le querían sacar
la confesión que había perdido el control sobre los dos inspectores de
la PNC que comisionó para participar en el proceso de pacificación y
mediación, y que ellos actuaron y delinquieron por propia cuenta. Pero
lo que le sacaron al general fue que los dos cumplieron complicadas y
peligrosas misiones de inteligencia policial, que sirvieron de mucho
para la dirección de la policía. 0:2.
Raúl Mijango
Raúl Mijango ya está condenado en
otro caso penal (un caso donde interpretaron su labor de mediador entre
una empresa y sus extorsionistas como complicidad, a pesar de que esta
labor la inició a petición de la empresa). Este caso está en revisión.
Ayer lo trajeron al juzgado, siempre en uniforme de interno. Y lo que
manifestó a la prensa fue esto: “Me están acusando de haber servido de
mediador salvando unas 6 mil vidas. Si de algo estoy orgulloso en mi
vida, es de esto. Si por esto voy a estar en la cárcel, así será”.
Todos los que estaban ayer en esta
sala del juzgado especializado A sintieron la repetición como un trámite
tedioso. Hasta los dos fiscales nunca perdieron la cara de aburrimiento
que uno pone cuando le dan una tarea sin sentido.
Va a ser aun más aburrido en los
próximos días, cuando van a desfilar un montón de testigos que ya en la
primera vista pública resultaron incapaces de aportar pruebas.
Se volverá a poner interesante al
final, con dos testimonios: el de “Nalo”, el jefe pandillero convertido
en testigo criteriado estrella de la Fiscalía, y el del único testigo
que llamará la defensa, el general David Munguía Payés. El primero con
un relato sobre teléfonos introducidos al penal que resultará inútil,
porque estos aparatos ni siquiera existen en los registros oficiales de
decomisos y mucho menos como ‘cuerpos de delito’.
Al final, al juez no le quedará otra que absolver a los 19
acusados, porque quedará comprobado que actuaron cumpliendo con una
política oficial de su gobierno y porque no hay ni una sola prueba de
que en este contexto hayan cometido delitos.
Estimado Dr. Raúl Melara: Terminando
las vacaciones de Semana Santa, estoy releyendo todo lo que se
escribió sobre el juicio de la tregua, que en agosto del 2017 terminó
con el juez especializado absolviendo a todos los acusados de todas las
acusaciones.
Bueno, lastimosamente no terminó ahí. El
fiscal Douglas Meléndez apeló la sentencia absolutoria y la Cámara la
declaró nula. Hay que repetir toda la vista pública, con todo el
desfile de testigos y por esto, para poder nuevamente comentar el
juicio, estoy leyendo todo lo que se escribió sobre este espectacular
caso. Ponga “caso tregua” en google.com y le sale todo el chorro.
En agosto 2017, el juez Godofredo Salazar declaró inocentes a los 178
acusados (el mediador Raúl Mijango, un oficial de policía, el ex
director general de Centros Penales, los exdirectores de varios penales y
todos los integrantes del Consejo Criminológico Paracentral) con un
argumento central: que todos los acusados habían actuado en cumplimiento
de una política pública adoptada por el gobierno.
Esta argumentación fue atacada agresivamente por la Fiscalía General,
no solo en su apelación, sino en muy violentas declaraciones mediáticas
contra el juez Salazar. El mismo fiscal general de entonces, Douglas
Meléndez, aprovechó una entrevista televisiva para amenazar al juez
Salazar con perseguirlo penalmente. Estas amenazas motivaron a los
jueces penales del Centro Judicial Isidro Menéndez a publicar una
declaración conjunta, rechazando las “injerencias, señalamientos y
amenazas indebidas contra la independencia judicial” y denunciaron al
fiscal general ante el Relator de Naciones Unidas sobre la Independencia
de Magistrados.
Estos son los antecedentes de la segunda
vista pública del “caso tregua” contra los mismos acusados, a
celebrarse a partir de mañana 24 de abril. La presión ahora está sobre
el nuevo juez, a quien le tocará presidir el juicio y sentenciar. En
una carta que publiqué sobre el tema en marzo 2018, escribí:
“Presionar a los jueces con campañas mediáticas y amenazas de
investigación y persecución penal es inadmisible para un fiscal
general. Atenta contra su propia independencia y dignidad y las de los
juzgadores. No podemos tener a un fiscal general que cada vez que
pierda un caso arme berrinches contra el juez y que cada vez que
obtenga la reversión de una sentencia no favorable a la Fiscalía se
lance al ataque amenazando al juez de echarlo preso”.
Casi hice un llamado a sustituir al fiscal general, escribiendo: “Necesitamos
que el nuevo fiscal general, que la Asamblea tendrá que elegir este
año, sea una persona más equilibrada, más profesional y menos mediática.
Y sobre todo que sea un profesional de derecho que entienda que el
fiscal general no solo tiene la función de acusar, a nombre del Estado, a
las personas imputadas de delitos, sino que también (y sobre todo)
tiene que ser el garante del Estado de Derecho. Esto incluye garantizar
que se aplique el principio constitucional de la presunción de
inocencia, así como defender otro principio constitucional: que los
jueces puedan aplicar justicia libres de presiones y amenazas”.
Bueno, Douglas Meléndez no fue reelegido y ahora tenemos un Fiscal
General que ha prometido que ya no habrá juicios mediáticos y
politizados.
Esperemos que en la repetición del “caso
tregua”, uno de los juicios con más vicios de politización y pre
condena mediática por parte de la Fiscalía, veamos la diferencia. Cierro
con a misma frase de la carta de marzo 2018:
“Deje que la nueva vista pública se desarrolle sin
presiones indebidas de ninguna parte. Deje que se haga justicia, basada
en pruebas, y no en campañas mediáticas”.
El número de imbecilidades que puede
decir (más bien, tuitear) un presidente demagogo es ilimitado. Trump es el
ejemplo de un presidente cuya demagogia no tiene límites de racionalidad,
veracidad, responsabilidad o decencia.
“Our country is FULL” (Nuestro país está
LLENO), anunció Trump en Twitter, agregando su advertencia de cerrar la frontera
con México, si este país no capturaba a todos los “illegals” que tratan de entrar
a Estados Unidos.
No
me voy a detener en esta columna con las numerosas barbaridades políticas que
le cupieron a Trump en un solo tuit: hablar de personas “ilegales”; pensar que
los mexicanos podrán decidir a arrestar a los miles de migrantes que
diariamente cruzan su país; amenazar con cerrar una frontera de 3,175 km y 56
pasos para peatones, vehículos, trenes y mercancías. De todo esto ya se ha
hablado bastante.
Pero
que el presidente de un país diga: Estamos llenos, ya no cabe más gente – esto
si es nuevo. Sobre todo, cuando es tan evidentemente falso.
Igual que en los demás países
desarrollados e industrializados (Europa, Canadá, Australia), el desarrollo
demográfico y económico de Estados Unidos depende de una permanente inmigración.
Un reciente análisis del New York Times, titulado “Trump Says the U.S. Is ‘Full’,”llega a
la siguiente conclusión: “Esto sugiere
que la nación ya no puede acomodar mayor inmigración, porque ya está sobre
estirado. Pero esto va en contra del consenso de expertos de demografía y
economía. Ellos ven amplia evidencia de que el país no está ni cerca de ‘lleno’.
Más bien, una población cada vez más vieja y la decreciente tasa de
nacimiento entre la población nacida en Estados Unidos están creando ciudades y
pueblos carentes de población, viviendas desocupadas y finanzas públicas en
crisis.”
Sobre
todo el mercado laboral exige que elevados números de jóvenes entren a la vida
productiva – pero sin migrantes esa exigencia quedaría insatisfecha.
La
misma situación absurda se generó en muchos países europeos. En Alemania, por
ejemplo, la entrada de millones de refugiados de Siria, Irak, Afganistán y
otras regiones en crisis causó todo un movimiento anti migración, a pesar de que
los expertos en demografía y desarrollo tienen años de señalar que el país
necesita más inmigración, sobre todo de jóvenes, para evitar que colapsen el
mercado laboral, el sistema de aprendizaje de trabajadores calificados, y el
sistema de pensiones.
Ahora los alemanes se dieron cuenta que
la migración es un fenómeno no solo inevitable, sino manejable. Y es más, es un
fenómeno incluso necesario y positivo, cuando es bien administrada. Positivo
para los países receptores, que necesitan mano de obra fresca y crecimiento
demográfico – pero también para los países de origen, que necesitan bajar
presión social, recibir ingresos por remesas y calificar su mano de obra. Los
países del Sur de Europa (Italia, Serbia, Croacia, Grecia, España y Portugal)
lograron despegar su desarrollo económico, social y democrático en los años
60/70 en gran parte porque Alemania, Suecia, Holanda Francia y Gran Bretaña
necesitaban millones de trabajadores – y los integraron en concepto de “Gastarbeiter”
(“trabajadores invitados”). Los países del Sur se beneficiaron, porque evitaron
hambrunas y recibieron miles de millones de remesas; y los países del Norte se
beneficiaron, porque tenían disponible mano de obra económica para el
desarrollo de sus industrias claves, por ejemplo la automotriz. Buena parte de
los “trabajadores invitados” regresaron luego a sus países a los 15 o 20 años,
con ahorros y formación profesional – pero un alto porcentaje (unos 40%) se
quedó en el Norte, integrándose plenamente a sus sociedades y culturas.
En épocas anteriores, sin la migración
masiva a Estados Unidos, países como Irlanda e Italia se hubieran hundido en su
pobreza – y Estados Unidos no se hubiera desarrollado tanto en el Siglo 20.
Cosa parecida había pasado en el siglo 19 con la migración alemana a Estados
Unidos.
Estos países europeos, en ciertos
momento de sus historia, sí estaban llenos, o sea con más población que
podían alimentar. Así como ahora El Salvador es un país ‘lleno’, que
necesita de la migración para que la sobrepoblación no la hunda en
pobreza. Solo imagínense a nuestro país con los 8 ó 9 millones de
habitantes que tuviéramos sin el movimiento masivo de emigración al
Norte.
Claro que hay salidas de la pobreza, y
de la necesidad de la migración. Irlanda, que todavía al principio del
siglo 20 tuvo hambrunas y tuvo que mandar a millones de sus hijos a
Estados Unidos e Inglaterra, ahora es un país vibrante que recibe
migrantes para poder continuar creciendo. Portugal, el Sur de España y
buena parte de Italia comenzaron a salir del “tercer mundo” con la
integración europea y su mercado laboral libre. Sin la posibilidad de
migración masiva y mercados laborales libres no hay desarrollo para
países como los nuestros del triángulo Norte de Centroamérica.
Para esta Semana Santa, decidí volver a publicar mi carta del 1 de abril 2015)
Muy estimado Fabio:
Nuevamente, el país celebra Semana Santa. Siempre he percibido la Semana Santa
por sus procesiones, por las palmas, las alfombras… O sea, más bien como evento
folclórico. Nunca logré conectar con el contenido humano y ético de estas
fiestas.
Hasta la Semana Santa de 2013, cuando
usted me invitó a acompañarle a Mariona, donde iba a celebrar la misa del
Jueves Santo y el rito del “lavatorio de pies”. Uno de los inmensos patios
cercados lleno de cientos de reos, no solo de Mariona, sino de delegaciones de
todas las cárceles del país. En medio un toldo con un altar improvisado y 12
sillas. En ellas tomaron asiento 12 convictos, uno de cada prisión, varios de
ellos pandilleros de la MS y de la 18. A todos ellos usted les lavaría y
besaría los pies, así como, según la Biblia, Jesús lo hizo con sus 12
apóstoles. Y así como, según usted me contó, el Papa Francisco lo haría, ese
mismo día, en una cárcel de Roma.
Entendí el sentido humano de este rito
católico, cuando usted comenzó a hablar a los reos, y muy en particular a los
pandilleros y sus líderes. Cada palabra suya fue un reto -un reto muy fuerte y
exigente- a reflexionar, a recapacitar, a dejar de hacer daño a la sociedad, y
a reparar este daño apostando a la paz. Pero cada palabra suya también fue una
oferta: Si ustedes abandonan la violencia y apuestan a la reinserción, las
puertas de la Iglesia y de la sociedad estarán abiertas.
Su mensaje: Los más odiados de nuestra
sociedad, los que más daño le han causado, siguen siendo hijos de Dios para la
Iglesia y ciudadanos para la sociedad, si así lo deciden y lo muestren con sus
hechos. Este mensaje hizo que el rito litúrgico de un obispo lavando y besando
los pies de los condenados se convirtiera en el acto que simbolizaba, mejor que
cualquier análisis o discurso político, la disyuntiva en que se encontraba el
país en este momento del 2013: apostar audazmente a la construcción de la paz,
aprovechando el insólito hecho que en esta Semana Santa del año 2013
completamos ya un año entero con tasas de homicidio reducidas a un histórico
mínimo de 6 al día, o guiarnos por los miedos, rencores, y resentimientos y
resistencias en la opinión pública, que rechazaba cualquier entendimiento con
los pandilleros.
Ya sabemos qué pasó. En junio del mismo
año 2013, el gobierno de Mauricio Funes optó por lo oportunista: no asumir el
costo político-electoral que significaba apostar consecuentemente al proceso de
diálogo como método de reducción de la violencia. Inmediatamente, el país
comenzó a regresar a la conflictividad y a las tasas de homicidio crecientes.
En la Semana Santa del año siguiente, el
2014, ya no había condiciones para celebrar una misa parecida en una prisión
salvadoreña. Pero usted no se rindió: invitó a una misa todavía más inusual,
esta vez en una de las comunidades más conflictivas del país, la “13 de
febrero” en Ilopango. Esta vez, las 12 sillas estaban ocupadas por 6 familiares
víctimas de la violencia y 6 victimarios, pandilleros de esta comunidad.
Su discurso, Fabio, fue el mismo; pero
aún más insistente. Los 150 pandilleros presentes tuvieron que aguantar
palabras muy desafiantes: “Ustedes se comprometieron, ante este obispo, ante la
Iglesia y ante la sociedad, a buscar el camino de la paz. Aunque el gobierno
les ha fallado y no está invirtiendo en la transformación de sus barrios, y
aunque está regresando a políticas de mano dura, ustedes no pueden abandonar el
proceso de reducción de violencia.”
En este momento, abril 2014, el país ya
había recaído en un número de 10 homicidios diarios. Usted, Fabio, ya me
parecía un profeta solitario, abandonado incluso por su misma Iglesia. Las
comunidades, e incluso los pandilleros, todavía lo escucharon, pero el gobierno
ya no le prestó ninguna atención. El gobierno, tanto el saliente de Funes, como
el nuevo de Sánchez Cerén, ya tenía otros planes, y en ellos no había lugar
para usted.
Poco después la Conferencia Episcopal le
pidió apartarse del tema. La Iglesia siguió hablando del “diálogo”, pero un
diálogo tibio, estéril, excluyente, bajo tutela directa del gobierno. La
Iglesia nombró otros obispos para integrarse al Consejo Nacional de Seguridad y
Convivencia Ciudadana del gobierno. Los resultados: una marcha blanca
encabezada por el presidente y un obispo, y una nueva escalada de violencia,
que ahora incluye enfrentamientos armados entre policía y pandilleros,
ejecuciones extrajudiciales, operaciones policiales de aniquilamiento y
atentados de pandilleros contra policías.
Sus palabras, don Fabio, llenas de retos
para gobernantes y poderosos, para los pandilleros y para la sociedad, hacen
una terrible falta. Hago un llamado a los obispos de la Iglesia Católica: Pidan
a Fabio Colindres que vuelva a tomar la iniciativa y la mediación. El país lo
necesita. Hasta el gobierno, aunque no lo quiere reconocer, lo necesita. No se
trata de treguas, ni de pactos, ni de negociaciones con delincuentes. Se trata
de volver a construir un diálogo que nos encamine nuevamente en la ruta de la
paz. Así como vamos, nos encaminamos a una guerra.