lunes, 8 de mayo de 2006

Beneficio de la duda

A veces hay que ser optimista. Pero tampoco ingenuo. Estamos estrenando nuevos legisladores y gobiernos municipales. Con lo que tenemos ahora, vamos a tener que vivir por tres años.

Apliquemos el beneficio de la duda a los elegidos para destinar nuestros destinos.

Para empezar, estoy seguro que la nueva alcaldía de San Salvador será mucho mejor que la anterior. No hay nada peor que la inercia, la parálisis, el bloqueo, la incapacidad de tomar decisiones, ni siquiera de hablar claro. Tengo confianza que Violeta y su equipo atacarán los problemas de la ciudad, con mucho más decisión que Carlos Rivas Zamora y su equipo del FDR. Incluso pienso que tendrán más capacidad de negociar con el gobierno central. Carlos Rivas Zamora y el FDR pueden haber tenido menos problemas ideológicos que Violeta y el FMLN para acercarse a un gobierno de derecha, pero negociar sólo se puede exitosamente con alguien que muestra fuerza y claridad.

También puede ser que la nueva Asamblea tenga más capacidad de debatir que la anterior. Los escépticos tienen razón: Hasta el momento no hay hechos concretos que indiquen esto. Tampoco los puede haber tan rápido. Es demasiada fresca la memoria de la vergonzante carrera final de la Asamblea saliente por arreglos, componendas, mutuos favores. Pero yo más bien confío en la lógica: El electorado ha dado a ARENA y el FMLN –y sólo a ellos- la llave de la gobernabilidad – y a la larga no pueden negarse a usarla. No pueden dejar al país paralizado por tres años. Pagarían un costo demasiado alto. Y como nadie sabe a quien el pueblo cobraría en el 2009 –al gobierno, al FMLN o a ambos- por no haber resuelto los problemas del país, lo más lógico es que van a encontrar métodos de diálogo y de solución.

Aplicar el beneficio de la duda al FMLN significa: No creerles su propio discurso. Esperar –y talvez fomentar- que paulatinamente se distancien del maximalismo y encuentran sentido a soluciones negociadas.

Tampoco hay que creerles su propio discurso cuando dicen que ahora hay unidad monolítica. Hoy que la batalla contra los renovadores y reformistas está ganada, les toca a dirigentes probados del grupo vencedor asumir la responsabilidad de mantener abierto (o abrir donde sea necesario) dentro del FMLN espacio para la racionalidad, el debate, el cambio. Y también el espacio que un partido de oposición necesita para negociar y pactar con el gobierno cuando sea necesario. La presencia de Roberto Lorenzana en la directiva de la Asamblea me inspira optimismo, en este sentido, igual que la presencia de Centeno y Arias me inspira escepticismo. Pero con Lorenzana en la directiva del parlamento y con dirigentes dialogantes e inteligentes como Violeta Menjívar y Norma Guevara en la alcaldía capitalina, no hay razones para ser pesimistas y pensar que los partidarios de una política intransigente y antisistema ya han ganado la batalla sobre el futuro del Frente.

¿Cómo aplicar el beneficio de la duda a ARENA? Ahí no es tanto el discurso intransigente que hace estorbo, sino más bien sus fuentes y mecanismos subterráneos de influencia que ejerce la derecha económica sobre el gobierno. Claro, el hecho que el arquitecto de la reforma fiscal haya tirado la toalla y haya sido sustituido por un representante de las cúpulas empresariales que se oponían a la reforma fiscal, no es un buen indicio. Pero el hecho de que la correlación de fuerzas –resultado de los errores que cometió en la campaña electoral- obligue al presidente Saca a retroceder en su camino de transformar al partido y a adoptar un rol del Estado contradictorio a la doctrina ortodoxa de la derecha, no significa que haya desistido de esas intenciones reformistas. Apostó todo a ganar las elecciones y así abrir camino a su curso reformista – y no ganó. Ahora tiene que pagar el costo político. Se lo cobran sus adversarios dentro de la derecha.
Sin embargo, Saca está lejos de ser derrotado. Sigue siendo la única carta de la derecha para mantener el apoyo popular a ARENA. Y sobre todo la única carta con posibilidades de abrir rutas para desentrampar el equilibrio legislativo que amenaza con afectar la gobernabilidad y la factibilidad financiera de la administración arenera. Por lo tanto, aplicando nuevamente la lógica, no es necesariamente ingenuo predecir que Saca va a recuperar la fuerza y el espacio para poder negociar exitosamente con el FMLN. Estoy hablando no tanto de la fuerza que necesitará para enfrentarse al Frente, sino más bien de la fuerza interna que necesitaría para pararse en frente de su partido y sus dueños históricos. Fuerza como la tenía Cristiani para sentarse a negociar y hacer concesiones a la guerrilla - y para aguantar las presiones internas de su partido, de los militares y de los empresarios.

Donde más me cuesta aplicar el beneficio de la duda es al interior del FDR de constituirse como nueva opción de izquierda democrática. No tengo duda ninguna que la izquierda necesita de nuevas opciones. La manera cómo nació el FDR –sus pecados de nacimiento- no inspira mucho optimismo. Pero, en última instancia, las nuevas opciones nacen por necesidad – y sólo por necesidad. No siempre y nunca sólo por voluntad. La mala actuación del FDR en la recta final de la Asamblea, horas antes de su muerte como fracción legislativa, no borra la necesidad que existe para construir una nueva opción de izquierda. Si el FDR será el vehículo para llegar a esta opción, queda abierto. La elección de un fiscal general no adecuado para acelerar la legalización de su partido fue un error que puede resultar fatal. No hay que negociar lo que corresponde a uno por derecho. Al FDR le hubieran podido retrasar, pero no negar, la legalización de su partido. Poner en peligro su principal capital político –credibilidad, transparencia, una postura ética diferente- para conseguir algo que legalmente le compete, es estúpido. La lucha política por sus derechos de organización y participación y contra las maniobras del FMLN y de ARENA de negárselos, hubiera traído al FDR mucho más ganancia moral y política que el hecho de obtener la legalidad de manera rápida pero intransparente.

Además: ¿Qué beneficio político le puede dar al FDR su obstinación por conseguirle a Carlos Rivas Zamora un puesto elevado? ¿O piensan seguir construyendo al FDR alrededor de la figura del ex alcalde, a pesar de todo? ¿O se trata de uno de estos cargos públicos que permiten ubicar a toda una cola de cuadros? ¿Es esto el interés en la Corte Suprema o en la Procuraduría?
Pero repito: Las opciones nuevas nacen cuando hay demanda y oportunidad. Esta lógica va a mover al FDR y las otras corrientes socialdemócratas a abandonar el sectarismo y el oportunismo y a comenzar en serio la construcción de una izquierda reformista fuerte.

Entonces, no hay razón de dejarse paralizar por el pánico. Hay opciones. Hay tendencias –en todas las fuerzas políticas importantes- que vale la pena cuidar, apoyar, reforzar. Hay peligros y hay opciones de solución.

Vale la pena seguir haciendo política. Vale la pena seguir haciendo opinión pública.
(Publicado en El Faro)

lunes, 1 de mayo de 2006

Muerte en una familia disfuncional

Murió Vértice. Y nadie encendió una vela. Nadie mandó flores. No hubo velorio ni misa ni entierro. La familia no avisó a nadie. Nadie habló del difunto. Sólo una lacónica mención en una columna de Oscar Tenorio, el último editor de la revista.

Eso sólo pasa en familias disfuncionales donde en vez de amor y apoyo reinan odio e indiferencia entre padres e hijos. En caso de de Vértice, lo mató su propia familia, y por eso no hubo velorio.
Sin embargo, Vértice no merecía esta muerte sin velorio ni epílogo. Era indiscutiblemente el más valioso miembro de su familia. Todavía en 2004, al cumplir 7 años de edad, merecía el siguiente homenaje por parte de su editor de turno, Eric Lemus: “El 12 de octubre de 1997 nació Vértice como una revista investigativa que apostaba por el periodismo de profundidad. De aquel equipo original integrado por Norma Ramírez en el diseño gráfico; Carlos H. Bruch, en la fotografía; Alberto Fernández, Juan Bosco Martín, Lafitte Fernández (el originador del proyecto) y un servidor, en la redacción, han transitado colegas que migraron a la dirección de nuevas secciones, otros medios u otros países. Vértice, en ese sentido, se ha convertido en el punto de referencia del periodismo escrito salvadoreño. A lo largo de estos siete años ha cabido la denuncia, el análisis político y el sentir de la población salvadoreña, a quienes, en esencia nos debemos.”

Como ahora nadie lo hace, voy a hablar yo del difunto Vértice. Siento un poquito de paternidad. Nunca reclamé derecho ninguno, pero cada domingo cuando abrí Vértice y encontré algo interesante, algo bien escrito, algo bien documentado, algo irreverente, me sentí un poco padre.
Vértice nació llenando el vacío que dejó Primera Plana, aquel rebelde semanario independiente que publicamos por un año (1994-95), una especie de ensayo de cómo podía ser el periodismo de posguerra en El Salvador. Más que ensayo, empresa aventurada. Más allá de aventura, escuela. Aparte de escuela, una gran provocación para los periódicos establecidos.

Ante el desafío que constituía la existencia de Primera Plana (no en el mercado, donde éramos insignificantes, sino en la opinión pública y en el ambiente profesional-periodístico, donde causábamos desórdenes) uno de los dos grandes periódicos optó por tratar de sacarnos de circulación; el otro, El Diario de Hoy aceptó el reto y comenzó a preparar la salida de un propio semanario en su forma y su metodología bastante parecido a Primera Plana: irreverente, investigativo; con formatos nuevos como crónicas, reportajes, entrevistas a profundidad, humor, reportajes fotográficos; y con un diseño más creativo y experimental. (Más bien, comenzaron a preparar dos suplementos; Vértice que aceptó el reto de Primera Plana, y Planeta Alternativo que emulaba Cacao, el suplemento de Primera Plana. La segunda copia les salió fatal, la primera bastante buena.)

Dos años después de la desaparición de Primera Plana (que no disponía del capital mínimo para establecerse en el mercado), nació Vértice. Sin la independencia total de Primera Plana, pero con el mismo espíritu de superar la enfermedad más grave del periodismo nacional: lo aburrido. Nació con las mismas ganas de probar los límites. Bueno, en el caso de una revista suplemente de El Diario de Hoy, los límites eran un poco más estrechos, pero los jóvenes reporteros de Vértice, bajo la dirección de Lafitte Fernández y Juan Bosco, después de José Luís Sanz, hicieron lo posible e imposible para extenderlos.

Hicieron reportajes antes nunca vistos en los periódicos grandes de El Salvador: la investigación sobre las intervenciones telefónicas de la Oficina de Inteligencia del Estado vía Telecom; el reportaje sobre la banda de asesinos “los beepers” que operaba en Guatemala y El Salvador, el balance de los primeros 100 días de Paco Flores, los extraordinarios fotorreportajes de Álvaro López sobre víctimas del Sida – para sólo nombrar los ejemplos que más recuerdo.

Era tan fuerte el impacto periodístico de Vértice que la competencia se vio obligada a crear Enfoques. Que tan difícil es crear una revista de impacto, demuestra la historia de Enfoques: tardaron años para llegar al nivel periodístico de su competidor. Tardaron años para establecer un perfil autónomo, un lenguaje propio, separado del estilo de su periódico madre.
En gran parte, el éxito de una revista semanal de un diario depende de su capacidad de contraponerse, separarse, en cierta medida, de su periódico madre. Vértice nació, bajo la orientación de Lafitte, con esta prepotencia y frescura de los profesionales jóvenes que se paran en frente de sus padres y dicen: “Apártense, así se hacen las cosas.” Enfoques logró aprender esto, y a pesar del alto nivel de profesionalidad que ha alcanzado, sigue contaminado por el estilo aburrido, siempre equilibrado, nunca provocativo de La Prensa Gráfica.

Vértice mantuvo este espíritu de independencia e incluso –a veces- rebeldía incluso cuando salieron sus principales impulsores e incubadores, como Lafitte, Bosco, Bruch, y Sanz – algunos por haber chocado con los límites definidos por la familia dueña del periódico. Lo mantuvo incluso bajo el mando de periodistas mucho menos capaces y sedientos de independencia. Y es este espíritu, me imagino, que al final –hoy en día- ya no tiene cabida en un periódico como El Diario de Hoy.

Pero El Diario de Hoy, desde la fundación de Vértice hasta su defunción, ha viajado un gran trecho. Ahora ya parece mentira, pero en aquellos días El Diario de Hoy había tomado posiciones, si no de oposición, ciertamente de distancia crítica al gobierno y a ARENA. En estos años, el vocero oficial era La Prensa Gráfica, y el Diario de Hoy navegaba por aguas de independencia, crítica, experimentando con el periodismo investigativo.

Vértice fue el caballito de batalla de un medio que quería conquistar un papel independiente del poder partidario y gubernamental y erguirse como un poder propio de la derecha salvadoreña. Al mismo tiempo era el arma de destrucción masiva contra la eterna competencia: La Prensas Gráfica. Con Vértice podrían reafirmar que el Diario era una empresa periodística, con un director en cuyas venas corría tinta, y no una empresa principalmente mercantilista como la casa Dutriz, cuyos miembros nunca han escrito nada más que balances financieras. Tengo la impresión que los redactores y reporteros de Vértice jugaron muy bien con esta situación, conquistando, por su parte, independencia dentro del periódico.

La libertad de criticar no es fácil de dosificar, sobre todo con una generación de periodistas que sólo esperan que se abran las válvulas para ejercer su profesión de manera crítica, irreverente, apasionada, rebelde y experimental. Esa es la historia de Vértice.

Y cuando este profesionalismo ya no era compatible con la línea del periódico que ya no tenía ambiciones de independencia sino más bien de convertirse en la voz líder de la derecha y su partido, ya no hubo forma de meter a Vértice en el cajón.

Resultó más cómodo –y más eficiente- matar al hijo que tratar de reorientar o reeducarlo. Suena a tragedia griega, pero resulta nada más una historia criolla de una familia bajo la sombra de un gran hombre y gran periodista como Don Napoleón Altamirano de quien han heredado un periódico pero no la visión, el carácter ni el talento necesarios para hacerlo grande.

Así la muerte sin velorio, en una familia disfuncional.
(Publicado en El Faro)

lunes, 17 de abril de 2006

La U de es todos

Todo el mundo está enfocado en la Asamblea Legislativa y en la pregunta si logra saldar la deuda legislativa: elegir al fiscal general y encaminar la reforma electoral para que la nueva Asamblea pueda ratificar las enmiendas constitucionales que son necesarias para una reforma electoral que tenga sentido.

Todo lo demás lo pueden -y deben- dejar a la Asamblea entrante. Es obvio que cualquier intento de aprovechar la Asamblea saliente –con su correlación de fuerzas relativamente favorable para el gobierno- para adelantar otras votaciones que más adelante no se pueden ganar sin ponerse de acuerdo con el FMLN, es contraproducente y paralizaría no sólo la Asamblea saliente sino también, de una sola vez, la nueva.

Hay que concentrarse en las dos cosas que la vieja Asamblea realmente puede y debe hacer: reforma fiscal y reforma electoral.

Pero hay otro asunto pendiente que requiere definición en estos días. Es tal vez más urgente y más importante que los asuntos pendientes en la Asamblea Legislativa. Estoy hablando de la batalla dentro de la Universidad de El Salvador por aprobar o no el proyecto de fortalecimiento de la universidad y su financiamiento con un crédito que el gobierno de El Salvador solicitó al Banco Interamericano de Desarrollo BID.

En los asuntos del fiscal y de la reforma electoral no hay mucho que los ciudadanos podemos hacer. Lastimosamente cuando faltan tres años para las próximas elecciones, a los partidos les vale un comino la opinión pública y la presión ciudadana. Pero en el caso de la UES y el crédito del BID, la decisión final dentro de la universidad y sus gremios (El Consejo Superior y La Asamblea General) dependerá de la opinión pública.

Para decirlo de la manera más clara: Si la rectora -la doctora María Isabel Rodríguez- pierde esta batalla y la universidad se queda sin fondos para implementar el ambicioso plan de fortalecimiento académico, la culpa será de todos nosotros, no sólo del puñado de encapuchados y de los docentes y sindicatos corruptos detrás de ellos.

El proyecto de fortalecimiento de la Universidad de El Salvador es de trascendental importancia no sólo para la universidad misma sino para toda la sociedad salvadoreña, porque está en juego nada menos que la capacidad de la universidad de servir y aportar al desarrollo de la sociedad. Detrás de la batalla dentro de la UES sobre la aprobación del proyecto de fortalecimiento de la UES y su financiamiento por el BID está la disyuntiva entre progresar a una universidad con calidad académica, capacidad de investigación científica e incidencia en el desarrollo social, económico, cultural del país – o regresar a una universidad estancada, feudo de sectores seudo revolucionarios, reproductora de posturas ideológicas, pero no de conocimientos y capacidad crítica.

Los sectores dentro de la UES que quieren bloquear el crédito del BID, realmente quieren bloquear la implementación del plan de fortalecimiento de la universidad, la conversión de la UES en un centro de investigación y desarrollo científico, porque esto atenta contra sus intereses sectoriales. Los sectores que desde afuera de la UES dirigen el movimiento contra la supuesta privatización -que en realidad es un movimiento contra el fortalecimiento académico y científico del alma máter- quieren preservar la universidad como retaguardia del “movimiento revolucionario”, que no es otra cosa que preservar la corrupción, la incapacidad, la manipulación ideológica en la universidad.

El argumento mil veces repetido y mil veces derrotado de que detrás del crédito del BID viene la privatización de la UES, no es más que una cortina de humo para esconder intereses mezquinos. Cuando se levantó la toma de la universidad a cambio de unas campañas intensas de información y debate dentro de la universidad, los encapuchados tenían razón en un solo punto: La gran mayoría de los universitarios no conocían el plan de fortalecimiento de la universidad presentada por la doctora Rodríguez, y mucho menos el proyecto de financiamiento presentada al BID. En los tres meses consiguientes, la rectora les ganó a sus adversarios batalla tras batalla. Facultad por facultad, sede por sede, fue explicando el proyecto a los estudiantes y docentes. Cada vez tuvo que enfrentarse y derrotar de nuevo el discurso de sus adversarios: “No a la privatización, no al BID.”

En pocos días, los dos órganos legislativos de la UES -el Consejo Superior Universitario y la Asamblea General Universitaria- tendrán que autorizar el proyecto de financiamiento del BID. El hecho que la rectora ha ganado la batalla a nivel de las asambleas en las facultades y sedes regionales, no le ayuda mucho en los dos gremios que van a decidir. En el momento, nadie puede prever cómo la mayoría de concejales y asambleístas va a votar. Hay un ambiente preocupante de amenazas, de manipuleo, de presión, de intimidación. Empleados de la universidad -escondidos detrás de máscaras y capuchas- se dedican a amenazar a muchos de los asambleístas que apoyan a la rectora.

En esta situación, ya no se puede dejar sola la universidad. La universidad pública es de todos. El país necesita de una universidad pública de calidad, con capacidad de propuesta, con los mejores docentes e investigadores.

Varias ONGs y organizaciones sociales -todas con trayectoria de izquierda- han publicado una carta abierta al Consejo Supremo Universitario y la Asamblea General Universitaria exigiendo la inmediata aprobación de las negociaciones con el BID. Hace falta que partidos políticos, organizaciones sociales, ONGs, gremios de profesionales, las demás universidades, los alumnos egresados de la UES, los intelectuales del país se pronuncien e involucren. No sólo en esta coyuntura específica, cuando se trata de conseguir o perder los 25 millones de dólares del BID para el fortalecimiento de la universidad, sino a partir de ahora, de manera permanente, acompañando el proceso de reconstrucción académica de la universidad. Hay que pensar –dentro y fuera de la universidad- en cómo dar continuidad al proyecto de reconversión de la universidad. La doctora Rodríguez se va a retirar en dos años – y es obvio que sus adversarios, logren o no sabotear el proyecto con el BID, ya están alistándose para la batalla por la dirección de la universidad.

Depende de la opinión pública, de la clase política, de la comunidad universitaria a nivel nacional, de la intelectualidad del país si los años de reconstrucción de la UES bajo la rectoría de la doctora María Isabel Rodríguez fueron un interludio o fueron el comienzo de un proyecto a largo plazo que asegura la excelencia académica y el carácter público de la Universidad de El Salvador y su capacidad de convertirse en fuerza motriz y conciencia crítica de las transformaciones y del desarrollo del país.
(Publicado en El Faro)

lunes, 27 de marzo de 2006

Discurso de un estadista que no fue

Últimamente, para escribir algo positivo, hay que recurrir a la ficción. Ni modo. Transcribo, a continuación, el discurso que el señor Presidente de la República, Elías Antonio Saca, no pronunció en la ciudad de Chalatenango, el día 22 de marzo. Por un momento, imaginémonos, que hubiera ido y hablado personalmente, asumiendo su rol de jefe de Estado, convirtiéndose –en un momento de crisis del presidencialismo salvadoreño- en estadista...

A continuación, el texto del discurso histórico que Tony Saca escribió para ir a Chalatenango, el día 22 de marzo de 2006. La versión auténtica y literal. Las diferencias entre la posición real de Tony Saca y esta versión del discurso se deben a que tuve que inventarlo.


“Estimados miembros de la familia Serrano; querido pueblo salvadoreño; señores expresidentes de la República, a los cuales yo solicité apoyarme en este momento histórico; señores miembros del Estado Mayor de la Fuerza Armada, a los cuales ordené acompañarme, porque aquí también voy a hablar a nombre de la institución armada de la cual soy Comandante en Jefe; señores firmantes de los Acuerdos de Paz de 1992 a quienes pedí personalmente presenciar este acto con el cual quiero cerrar un capítulo de nuestra historia de la cual ustedes han sido protagonistas; excelentísimos embajadores a los cuales invité como testigos, ya que la deuda que hoy quiero saldar también es con la comunidad internacional:

A nombre del Estado salvadoreño que represento como presidente de la República, y a nombre de la Fuerza Armada salvadoreña que represento como su Comandante en Jefe, me dirijo al pueblo salvadoreño para pedir perdón por los abusos, atropellos, crímenes que a nombre y bajo la responsabilidad del Estado y de la Fuerza Armada han sido cometidos contra ciudadanos salvadoreños durante el conflicto armado.

Muchos me han aconsejado no decir esta palabra: “Pido perdón”. Algunos me han aconsejado ni siquiera participar en este acto y dejar que algún miembro de mi gabinete hiciera las declaraciones requeridas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto hubiera sido un acto de cobardía. Yo estoy aquí, no sólo para cumplir con algo que nos ordenara una Corte internacional. Estoy aquí para saldar una deuda del Estado salvadoreño con su pueblo y con la historia. Por esto, digo: “Pido perdón.”

Me han aconsejado, en concreto, mandar al señor canciller a que hable a nombre del Estado. Pero Chalatenango no es un país extranjero a donde se manda al ministro de relaciones exteriores. Y el asunto que hay que tratar hoy no es un asunto externo que El Salvador tiene pendiente con la comunidad internacional. Es un asunto interno. Por esto estoy aquí, el presidente de la República.

Hemos dicho miles de veces que lamentamos profundamente todos los hechos sucedidos durante el conflicto armado que imperó en nuestro país por más de 12 años y que afectó directamente a todas y cada una de las familias salvadoreñas.

Es cierto, pero no es suficiente. Más allá de lamentar, hay que asumir responsabilidad. Cada uno por lo que le corresponde. Por esto no estoy hablando de los atropellos en general, tampoco estoy hablando de los abusos a los derechos humanos cometidos por la otra parte beligerante en el conflicto. Hoy estoy hablando de los asesinatos, las masacres, los secuestros, las desapariciones, las violaciones, las torturas, los robos cometidos por y a nombre del Estado. Para estos abusos, como Presidente de la República pido perdón a las víctimas y sus familias.

Que nadie me entienda mal: No estoy diciendo que esta ha sido la conducta general que el Estado y su Fuerza Armada hayan tenido durante el conflicto. Pero hubo abusos que se han cometido a nombre de Estado, ejecutados por órganos de este Estado – y el Estado tiene que asumir su responsabilidad. Esto no resta nada al honor de nuestra Fuerza Armada, por lo contrario. Esto no ofende a los miles de soldados de nuestra Fuerza Armada que han cumplido su deber, muchos de ellos de manera heroica, muchos de ellos a costa de su propia vida.

Por lo contrario: No asumir el Estado su responsabilidad por los crímenes cometidos a su nombre pone en duda el honor de los soldados y oficiales que han actuado bajo la dirección del Estado y sus autoridades máximas.

Quiero aclarar otra cosa: Yo personalmente no me siento responsable de los crímenes por los cuales pido perdón hoy. Pero como presidente represento al Estado. Hay quienes últimamente me han señalado que mi actuación en el pasado proceso electoral haya sido dañino para la institución de la presidencia. Aunque yo no comparto esta crítica, tomo muy en serio la reflexión y el debate sincero sobre el rol que debe jugar un jefe de Estado. Tal vez sea esto lo que me ha impulsado a convertir este acto público, de una obligación frente a un organismo internacional, en un gesto de asumir, frente a todos ustedes, mi rol como jefe del Estado, tomando responsabilidad por los errores cometidos, pero también por conducir al país a un futuro de plena vigencia de los derechos humanos y por hacer el siguiente paso: un nuevo acuerdo nacional para superar la pobreza y la violencia.

Para lograr esto, la mesa tiene que estar limpia. Por eso estoy asumiendo responsabilidad por el pasado. Pero también por el futuro.

Cerrar un capítulo y abrir uno nuevo no significa olvidar. No estoy pidiendo a ninguno de ustedes que olviden los abusos que han sufrido en el conflicto armado. Tampoco estoy diciendo que nos olvidemos de los problemas que el país ha enfrentado durante el proceso electoral recién pasado. Si hubo problemas, hay que resolverlos fortaleciendo las instituciones de nuestra democracia. Si esto requiere reformas legislativas, comencemos a trabajar para hacerlas. Si esto requiere de reformas constitucionales que sólo serán posibles con el concurso de los dos partidos mayoritarios, comencemos a trabajar para remover los obstáculos.

Yo estoy aquí ante ustedes para remover, por lo menos, algunos obstáculos que provienen de nuestro pasado y que yo, como presidente de la República, puedo remover de manera unilateral. Termino con el llamado que cada uno hago lo suyo para remover los obstáculos que nos impiden resolver los problemas del país. Hay pasos que puede y debe dar cada uno, asumiendo su parte de la responsabilidad en el pasado y para el futuro. Habrá pasos que sólo podremos hacer juntos: los partidos, los sectores productivos, los ciudadanos.

Gracias."

(Publicado en El Faro)

sábado, 25 de marzo de 2006

Lecturas peligrosas

En el debate "La encricijada-resultados de las elecciones" fueron señalados, con mucha claridad, los riesgos que de estas elecciones emanan para la gobernabilidad democrática. Tienen que ver, sobre todo, con las percepciones, con las lecturas que los partidos -sus direcciones, pero también sus bases- hagan de los resultados, de la voluntad popular.

Varios de los panelistas lo dijeron: si la lectura del FMLN es que la votación alta por sus diputados significa que el pueblo ratificó la línea confrontativa y maximalista del partido, como se manifiesta en el rotundo no al TLC y la exigencia de regresar al colón; y si la lectura de ARENA es que su avance en las elecciones parlamentarias y municipales significa que el pueblo ratificó su línea de exclusión de la oposición, así como se ha manifestado en la aprobación del TLC sin discusión parlamentaria – entonces no podemos esperar nada bueno.

Si además los pocos que se han esforzado -con escasa inteligencia, con nula creatividad, mal acompañados, pero esforzado- a construir y una oposición diferente del poco apoyo electoral sacan la conclusión de que el pueblo quiere más confrontación (prepotencia gubernamental contra prepotencia “revolucionaria”) y por lo tanto tiran la toalla – entonces el panorama se vuelve aun más triste.

Yo salgo de este interesante debate con la sospecha de que las primeras lecturas talvez no sean correctas y suficientes, que antes de sacar conclusiones y definir estrategias hace falta más reflexión, más debate, más examen crítico de las elecciones y de la tal “voluntad popular”. Tengo duda que realmente sea cierto que ARENA y el FMLN, cada uno, haya recibido de sus electores un mandato para seguir haciendo lo mismo. Que no es cierto que el alto voto para ARENA es un voto que ratifica la política de exclusión, imposición y erosión de la institucionalidad que ha sido la estrategia de ARENA, por lo menos en decisiones trascendentales (como construir presupuesto nacional, aprobación del TLC, composición del TSE; etc.). Que tampoco es cierto que el alto voto para el FMLN es expresión de apoyo para la actitud de imposición e intolerancia internas de la dirección del FMLN, ni para su política de intransigencia frente al gobierno, los demás partidos, la empresa privada, etc.

Las direcciones del FMLN y de ARENA talvez subestiman la cantidad de votos que han obtenido no en su apoyo, mucho menos para ratificar sus políticas y actitudes, sino en contra del contrincante. Ese descontento, creciente sobre todo en las capas medias, con la situación económica del país, provoca un amplio voto de protesta que no encuentra otra opción para expresarse que no sea el voto razonado por el FMLN.

Igualmente, el alto grado de rechazo y miedo que provoca el FMLN en todos los sectores se traduce en voto por ARENA, pero sin convicción y adhesión ideológica.

Podría ser que la suma de los votos de protesta (los que votaron FMLN porque rechazan a ARENA, sumados a los que votaron ARENA porque rechazan al Frente) sea más grande que la suma de los votos duros y convencidos de los dos partidos grandes.

Talvez se engañan los direcciones partidarias si asumen que han sido ratificadas en sus líneas y que las elecciones pasadas les han dado un mandato para mantener la polarización.
(Publicado en encuentroselfaro.net)

lunes, 20 de marzo de 2006

Crónica de un viraje esperado

Después de las elecciones de marzo 2006, días tensos. La reñida lucha por la alcaldía de San Salvador. Una candidata se proclama vencedora, aunque los números –a esta altura- indican que cualquiera de los dos puede salir electo. El otro se proclama alcalde electo también y recibe el respaldarazo del presidente de la República. El Tribunal Electoral se niega a proclamar a ninguno de los dos electos y anuncia que procede a revisar los votos impugnados cuyo número supera la distancia entre los candidatos. Gritos de fraude por parte del FMLN. Diputados y dirigentes del FMLN irrumpen en la sede del conteo. Insultos en el hotel, piedras, garrotes y balas en la calle. Al fin de la noche el Tribunal declara a la candidata del FMLN alcaldesa electa, con 44 votos de diferencia. El Frente celebra una doble victoria: no sólo ganaron la alcaldía capitalina, también se adjudican haber derrotado un fraude electoral. Fiesta. Durante los días y noches de alboroto, pleito y fiesta, ya nadie en el FMLN puso atención al hecho que ARENA había ganado 7 diputados más que en el 2003; que la derecha recuperó el control absoluto de la Asamblea; que la izquierda perdió el control territorial en el norte, en el oriente y en el occidente del país, y que en el centro metropolitano, ARENA les llegó tan cerca como nunca.

Uno podría pensar: Lo que comienza así, no puede terminar bien. Una Asamblea con mayoría de derecha, pero con capacidad de veto y bloqueo del FMLN. Las alcaldías rojas del área metropolitana enfrentando los inmensos problemas de la ciudad, pero sin apoyo del ejecutivo. Tú me vetas, yo te veto. Así de oscuro el panorama cuando se sentó el polvo.

De repente, algo pasó. Nadie sabe dónde ni cuando empezó. En medio de los consejos de guerra de los dos bandos, comenzaron a escucharse voces diferentes. Voces muy bajitas y muy aisladas. “Momento, antes de meterse cada uno en su trinchera, listos y preparados y predispuestos para una guerra de posiciones de por lo menos tres años, ¿quién dice que no hay alternativa”, dijo un empresario cercano al presidente. Nadie le hizo mucho caso. Todo el mundo ocupado con almacenar municiones contra el FMLN y su labor de sabotaje a la gobernabilidad.

“Momento, ¿porqué no probamos otro camino. Nadie ganó, nadie perdió. En vez de aceptar un empate de inmovilidad, ¿por qué no tratar de crear una situación en que nadie gana, nadie pierde y el país avanza?”, dijo un intelectual de trayectoria de izquierda –pero también de independencia- a sus ex compañeros. Nadie le paró bola, todo el mundo almacenando municiones contra una derecha que está dirigiendo al país a una nueva dictadura.

Como ARENA no hizo caso a su amigo empresario, ni el Frente a su amigo intelectual, los dos dijeron: Creamos un cortocircuito. Salgamos de los padrones. Rompamos moldes. Empezaron a hablar entre ellos. No hicieron ningún intento de superar las diferencias filosóficas, ideológicas que de manera muy marcada los separaban. Hicieron el ejercicio de identificar fríamente las coincidencias y las posibilidades de llegar a coincidencias en varios de los problemas muy graves, pero también muy prácticos, del país. La gran sorpresa: la lista de posibles coincidencias era muy larga e incluyó campos como industria, agronomía, turismo, seguridad, cárceles, salud, educación. Y la otra sorpresa: No dolía. Ninguno de los dos se sentía traidor a su ideología. Quedaron suficientes diferencias.

Con esta experiencia sorprendente, decidieron proceder de forma concéntrica. Cada uno iba a hablar primero con sus amigos. El empresario de derecha comenzó a hablar con intelectuales de derecha. El intelectual de izquierda comenzó a hablar con los pocos empresarios que apoyaban la izquierda.

Después se juntaron los círculos. En abril se celebró una serie de reuniones con empresarios, representantes de gremios, tanques de pensamiento de izquierda y de derecha, reconocidos académicos y respetados dirigentes religiosos. Reuniones a puertas cerradas, muy discretas. Muy prácticas. Repitiendo la misma dinámica: mantener diferencias, para que nadie tema por su identidad, y al mismo tiempo identificando coincidencias. El mismo resultado, la misma sorpresa: Hay soluciones que pueden ser apoyadas por derecha e izquierda. El país no está condenado a la inmovilidad, sólo porque hay un empate entre ARENA y el FMLN.

A finales de abril vino la parte decisiva y más difícil: influir en los partidos. Ambos partidos mayoritarios ya estaban listos para la guerra de posiciones. Iban a tomar posesión en la Asamblea, en las alcaldías, como si fueran casamatas, trincheras. Pero también en cada uno de los partidos –por muy enfrentados que fueran- había gente crítica y por nada feliz con la perspectiva de otros tres años de inmovilidad y polarización estéril. Los empresarios y los intelectuales hablaron con ellos, primero uno por uno, después enfrentándolos con la sorpresa de un grupo compuesto por gente de derecha y de izquierda; después confrontándolos mutuamente, o sea gente de ARENA con gente del FMLN.

Sembraron en la cabeza de varios líderes de los dos partidos primero la duda, después la idea loca de volver el empate político-electoral en la base de una concertación que respeta las diferencias ideológicas, pero llega a un pacto de gobernabilidad para sacar al país de la incapacidad de avanzar y reformarse.

A finales de abril tiene lugar la primera reunión bilateral informal entre los dos partidos. Las dirigencias se ven obligadas a arriesgarse y hacer un ejercicio que primero lo ven como meramente hipotético: identificar los puntos donde ambos pueden coincidir, sin perder su identidad política e ideológica. Algunos de los conspiradores iniciales han propuesto, cada uno a sus amigos en los partidos, una regla novedosa, también de manera hipotética: Que se acuerde que nadie tome crédito de las medidas que emanen de un posible pacto nacional. Que todas las medidas sean presentadas por comisiones multi-partidos o interinstitucionales (gobierno central, alcaldías), ninguna por el presidente, por los alcaldes o por las fracciones. La otra regla de un hipotético pacto nacional: dejar suficientes campos de desacuerdo. O sea, dejar suficientes campos abiertos donde enfrentarse en las próximas elecciones, sin tener que romper las coincidencias alcanzadas y la políticas consensuadas.

Lo hipotético, una vez que se articulaba con lógica y rigor, en cierto momento dejó de ser hipotético. Al principio por una minoría en cada partido, una concertación de este tipo comenzó a verse como una opción a considerar. Muchos dirigentes muy escépticos empezaron a considerar la posibilidad de un pacto nacional, no necesariamente por convicción, sino simplemente porque les pareció práctico.

Por otra parte, creció la presión. Suave, pero persistente. Reuniones con académicos, con organismos internacionales, con los gremios empresariales, con las iglesias. Todos empujando hacía un pacto interpartidario de gobernabilidad. Más bien un pacto para ejecutar las reformas y las medidas drásticas que necesita el país, pero que ningún partido tiene el valor de asumir.
Se discutió el viejo problema de concertación y co-gobierno. Quedó claro: nada de co-gobierno. Un pacto entre partidos y entre instituciones estatales, con medidas consensuadas, pero bajo la responsabilidad ejecutiva de los gobiernos respectivos.

En mayo al fin la reunión bipartidaria, donde el presidente Tony Saca y dos dirigentes areneros, junto a tres dirigentes del FMLN (que por su parte representan diferentes tendencias dentro de su partido) proponen a sus partidos y a la nación un pacto de gobernabilidad y reforma institucional para el período de 2006 al 2009. Incluye reformas institucionales, una política integral para enfrentar el crimen organizado (incluyendo las pandillas), y medidas de fomento a la producción nacional.

Todavía no están claras las medidas concretas, pero hay un acuerdo, a esta altura, casi irrevocable. Nadie se puede echar atrás porque el costo política sería inmenso debido al alto nivel de expectativa que el acuerdo bipartidario ha despertado en la población, en la comunidad internacional, en el mundo de los organismos internacionales.

Está abierta la discusión sobre las reformas, las medidas, las políticas, las legislaciones concretas. Identificar los campos donde se puede avanzar y llegar a consenso. Identificar igualmente los campos donde nos sigamos enfrentando, ofreciendo al pueblo diferentes visiones de cómo avanzar del punto de partida que es: cortar el nudo gordiano y devolver al país la capacidad de avanzar y reformarse.
(Publicado en El Faro)

lunes, 13 de marzo de 2006

Se fortalecen los conservadores de todos los colores

Sea cual sea el resultado matemático final de las elecciones del 12 de marzo, los resultados políticos ya están a la vista. El gran ganador: el Frente. Pasó por una de las peores crisis de su historia, perdió una buena parte de su dirigencia y militancia cuando se formó el FDR; perdió con ello la posición de fuerza ganada en las elecciones del 2003 y la capacidad de veto en la Asamblea. Perdió protagonismo. Pero salió de esta crisis no sólo intacto, sino fortalecido, crecido, vitalizado. Aunque los resultados oficiales todavía no lo respaldan, todo indica que el Frente volvió a tener la fracción más grande en la Asamblea Legislativa y que volvió a ganar la alcaldía capitalina. Los dos premios mayores. Sobre todo después de que el presidente de la República había convertido en punto de honor la conquista, por parte de ARENA, de estos dos premios principales. No pudieron. Y con esto ya está claramente identificado el perdedor político de estas elecciones: Tony Saca. Apostó todo, empeñando incluso su prestigio y popularidad como presidente, para ganar más gobernabilidad - y sale teniendo mucho menos.

Por más que los dos partidos mayoritarios hayan hablado de conquistar 43 diputados, o sea la mayoría en la Asamblea, nunca se trató de esto. Se trató de la mayoría calificada de 56 diputados que necesita el Frente para recuperar su capacidad de veto, para dejar al presidente sin presupuesto, sin préstamos internacionales, sin fiscal. Un Frente con más de 28 diputados tiene la llave en la mano. Puede botarla y deja al país ingobernable. O puede usarla parta conseguir, como prebenda, más magistrados en la Corte Suprema, más influencia en otras instituciones del Estado. O podría usar esta llave para iniciar una nueva fase de concertación: plantear a la nación la concertación de un nuevo pacto nacional, una nueva reforma institucional con el fin de tener un sistema donde la gobernabilidad deje de ser obstáculo para la democracia y la democracia deje de ser obstáculo para la gobernabilidad. Con la idea que en el 2009 salga un ganador con plena gobernabilidad -y además plena legitimidad democrática- para resolver de fondo los problemas económicos y sociales del país.

El problema es que este resultado del 2006 no favorece, en ninguna de las fuerzas políticas, las tendencias que seriamente apuestan a la concertación y a la búsqueda de unas reformas que faciliten una gobernabilidad a la vez democrática y productiva. En el Frente, el resultado electoral positivo se va a leer como la aprobación, por parte del pueblo, de la línea dura, confrontativa y antisistema que se ha impuesto en el FMLN. Los concertadores, los reformistas, los renovadores que todavía quedan en el Frente salen sumamente debilitados y con poca influencia.

En ARENA existe el peligro que Tony Saca, quien apostó todo y consiguió poquito, pierda el poder de reformar a ARENA. A partir de ayer, le costará más seguir jalando a su partido hacía una derecha concertadora, abierta a programas sociales, a reformas democráticas, a políticas de inclusión. Van a volver a levantar cabeza los más reaccionarios, los más retrógrados, los partidarios del neoliberalismo puro y excluyente, queriendo retomar el control del partido, buscando a posicionarse para el 2009.

Las tendencias confrontativas en los dos partidos mayoritarios se fortalecen mutuamente. Los tambores de guerra que suenan por parte de los más combativos en el FMLN despiertan a los fantasmas del pasado en ARENA. Y viceversa.

Y las fuerzas que han escogido como su bandera la concertación y la ruptura de la polarización no han sabido conectar con los votantes. Cambio Democrático y la Democracia Cristiana -aparte de unos éxitos muy puntuales y personales como de René Canjura en Nejapa y Orlando Mena en Santa Ana- han sido rechazados por el electorado, tal vez, incluso, nuevamente condenados a la muerte legal.

En el caso del Frente Democrático Revolucionario, dudo que políticamente sobreviva estas elecciones – y los errores que cometieron: en adoptar un lenguaje parecido al Frente, en escoger a Carlos Rivas Zamora como su candidato emblema, en toda su estrategia de comunicación.
El rol muy positivo que los parlamentarios de Cambio Democrático, del FDR y del PDC han jugado en la actual Asamblea -generando gobernabilidad basada en concertación democrática- no ha sido reconocido por el pueblo votante. Más bien, el pueblo ha reestablecido en la Asamblea -y en el mapa político salvadoreño- el “status quo antes” del mutuo bloqueo, del veto, de la polarización estéril y de la confrontación sin resultado productivo. El votante, por razones que habrá que analizar detenidamente, ha fortalecido a los conservadores de todos los colores.

Parece, entonces, muy poco probable que los tres años sin votaciones que el calendario electoral nos regala antes de la fecha histórica del 2009, cuando esté por definirse toda la estructura de poder del Estado, puedan aprovecharse para resolver los problemas del país. Ni siquiera para allanar el camino para posteriores soluciones...

Esto obliga a los que dentro de la derecha y dentro de la izquierda -adentro y afuera de los partidos- realmente tienen voluntad de llegar a un pacto nacional capaz de resolver los problemas del país a repensar seriamente el mapa político. Con el mapa así como está dibujado, sólo hay callejones sin salida y caminos enredados que al final de muchas vueltas nos llevan al mismo punto.
(Publicado en El Faro)