lunes, 6 de noviembre de 2006

Mejorar la calidad de vida es combatir la delincuencia

Todo el mundo está discutiendo sobre seguridad pública, sobre la ley contra el crimen organizado, sobre los tribunales especiales anti-pandillas. En medio de este debate que ocupa todos los canales de expresión, La Prensa Gráfica publica dos entrevistas largas en un fin de semana, una el sábado 28 y la otra el domingo 29 de octubre. Una con el director de la PNC, Rodrigo Ávila. Interesante, pero no trascendente. La otra con un señor que vino al país para hablar del transporte público. Y es esta segunda que enfoca de manera sorprendente, trascendente y profunda el problema de la inseguridad pública. Claro, el entrevistado –Enrique Peñalosa- ha sido alcalde de Bogotá en un período cuando se logró bajar la delincuencia, la violencia, la tasa de homicidios de un nivel comparable con el que sufrimos aquí a un nivel comparable con países civilizados.

Lo más sorprendente: No es que este señor, invitado a presentar y explicar el éxito del sistema de transporte público de Bogotá, llamado Transmilenio, de repente haya cambiado el tema para hablar de seguridad pública; sobre cómo han reducido en Bogotá le delincuencia y la violencia. No, disertando sobre la trascendencia del transporte masivo, sobre el derecho de los peatones, sobre el ancho que deben tener las aceras, sobre la vital importancia de espacio públicos para una ciudad y para el tejido social... este señor hizo el aporte más importante a nuestro actual debate sobre seguridad pública que he visto en meses. (De paso, hay que felicitar a los colegas de La Prensa Gráfica por esta entrevista de fondo – arte que últimamente están desarrollando con admirable profesionalidad).

La tesis de Peñalosa es tan simple como inusual: Para la reducción de la delincuencia, más estratégico que la presencia policial, es “el mejoramiento de los espacios públicos”. Una policía efectiva –y sobre todo un policía que goce de legitimidad, credibilidad y confianza en la población- es importante. Pero mucho más importante aún –porque afecta las raíces del problema, no los síntomas- es que las ciudades, las comunidades, los vecindarios donde vivimos mejoren la calidad de vida. Peñalosa no usa este término, pero toda su argumentación sobre cómo hay que concebir el desarrollo de las ciudades –priorizando el derecho del ciudadano de a pie sobre las necesidades del tráfico de vehículos individuales; recreando los espacios públicos como lugares de encuentro, comunicación y diversión; limitando la inmanejable expansión de las ciudades que requiere cada vez más infraestructura vial- se puede resumir de esta manera tan sorprendente como positiva: para tener más seguridad, hay que elevar la calidad de la vida.

Así de simple. Construir una sociedad menos insegura no es tanto un asunto de tener más policías, más cárceles, tribunales más eficientes. Todo esto, obviamente, se necesita urgentemente - pero no toca la raíz del problema. Por otra parte, construir una sociedad menos insegura tampoco es un problema de altruismo. No es una tarea misionaria como erradicar la pobreza, ayudar a los marginados o superar la ignorancia - todas ellas causas nobles y necesarias - pero en el fondo altruistas. Porque normalmente no son los analfabetas los que emprenden la obra de erradicar la ignorancia, sino los ilustrados y bien intencionados; no son los pobres que diseñan estrategias de superación de la pobreza, sino políticos y expertos bien intencionados y bien comidos.

Construir seguridad –si seguimos la línea de enfoque trazada por Peñalosa - es una cosa que nada tiene que ver con altruismo y mucho con el sentido interés de cada uno de los ciudadanos: aumentar la calidad de vida, mejorar nuestras ciudades y barrios, recuperar nuestros espacios públicos secuestrados por vías express mal concebidas y ejecutadas (ejemplo: 49 Avenida Sur; el desmadre de carreteras que hicieron en El Espino), por centros comerciales exclusivos, o simplemente secuestrados por el desorden, el irrespeto y el abandono: aceras ocupadas de carros parqueados o por vendedores o por comedores; parques sucios y no iluminados, etcétera, etcétera, todos conocemos la larga y triste lista.

¿Qué tiene que ver el espacio público con la delincuencia? Todo. Dice Peñalosa: “Lo mínimo a pedir es que haya espacios peatonales que muestren respeto por el ser humano. En un parque es donde todos somos iguales. En Central Park, en Nueva York, se encuentra gente que no sabe donde va a dormir el día siguiente con otros que ganan $20 mil mensuales. Además, en el espacio público ordenado, limpio e iluminado, el delincuente se siente menos seguro.”

O para decirlo al revés: Mientras en nuestras ciudades nadie respeta el derecho y la vida de los peatones, mientras el desorden impere en los centros, mientras los ricos se diviertan en sus clubes exclusivos, la case media en los centros comerciales y los pobres en ninguna parte, no habrá solución al problema de la violencia.

Para tener seguridad, mejorar la calidad de vida. Tan simple. Y tan realista. Hoy los parques son territorio de inseguridad. Para hacerlos seguros, no hay que poner un policía debajo de cada árbol, basta tenerlos limpios, bellos, iluminados, atractivos. Entonces, se van a llenar con gente paseando, jugando, comiendo helado, divirtiéndose. Donde hay vida, luz y alegría, no hay espacio para maleantes. Y así las calles, los barrios, los pueblos, los centros de las ciudades...

Para hacer las ciudades amigables, hay que romper la dictadura del carro. Es una cuestión de prioridades. En vez de seguir construyendo carreteras más grandes, desniveles, autopistas urbanas –todo para resolver el caos vehicular- invertir en mejorar, hacer atractivo y efectivo el transporte público. Dice Peñalosa, el ex-alcalde de Bogotá, donde se hizo exactamente esto: “La consecuencia de todo esto es que se liberaron recursos para parques, mejoramiento de barrios marginales, hicimos una vía peatonal de 23 kilómetros y un gran parque en el centro. Ahí estaba más invadido que el centro de San Salvador.”

Es todo un proceso a desarrollar y aplicar una visión nueva de la ciudad y de las prioridades. Al final del proceso se tiene: un sistema eficiente de transporte masivo; menos carros, menos embotellamientos; más y mejores espacios públicos y parques. Y sobre todo: más seguridad, menos delincuencia. Aparte se ha dicho: sin haber aumentado la policía. Más bien, invirtiendo en la calidad, la eficiencia y la credibilidad de la policía.

Es obvio que El Salvador, en esta encrucijada que se encuentra ahora en cuanto a la seguridad como requisito para su desarrollo, puede aprender mucho de experiencias como la de Bogotá – y también Medellín, otra ciudad anteriormente famosa por sus niveles de violencia.

De repente nos damos cuenta que el viejo debate sobre cómo recuperar los centros de nuestras ciudades (al que ya casi nadie aquí le pone ganas) y el debate sobre cómo prevenir la delincuencia y la violencia no son dos temas separados, sino dos caras de la misma moneda. Y ojo, no se trata solamente de San Salvador; no sólo de las otras ciudades grandes – se trata de casi todas las ciudades, grandes o pequeñas. Si no, vayan a dar una vuelta a pie por el centro de San Martín, Aguilares o Usulután...

Y tampoco es un problema solamente de los centros. Igualmente –o aun más- es un problema de los cordones suburbanos. Si no, los invito a hacer un paseo por el Distrito Italia en Tonacatepeque o por lugares comparables en Ilopango, Soyapango o Auyutuxtepeque. O a visitar los suburbios de París o Marsella, Berlín o Los Ángeles. Es evidente la relación directa entre la falta de calidad de vida –y la ausencia de espacios públicos para una vida social digna- en estas aberraciones urbanísticas y los índices de violencia. En El Salvador, en Francia y en Estados Unidos. (En este caso, en la China no, pero sospecho que es por el funcionamiento inquebrantado del autoritarismo dictatorial.)

Escribo todo esto por una razón: Siento que el debate que -¡al fin!- se desató en el país sobre cómo parar la delincuencia corre el peligro de quedarse nuevamente corto. Todo lo que ahora se está discutiendo es importante: el presupuesto de la PNC, las deficiencias de la fiscalía, la necesidad imperante de construir cárceles que realmente saquen del juego a los delincuentes, la revisión de las leyes penales. Todo esto hay que resolverlo – y que bueno que ahora, gracias al malestar de la ciudadanía, de ANEP y del señor embajador Douglas Barclay, está en la agenda de la sociedad, de la opinión pública y de la política.

Sin embargo –como decía mi amigo Francisco Díaz en un debate el otro día- esto es como pedir que un carro tenga cuatro llantas para caminar. No dice nada sobre el rumbo del viaje. Hay que poner las 4 llantas: cárceles que no sean escuela superior y estado mayor de la delincuencia; presupuestos adecuados para PNC y fiscalía; capacidad de investigación del delito; y una depuración del órgano judicial, de pie a cabeza. Entonces, tendríamos un carro completo.

¿Y el rumbo? Para definir el rumbo necesitamos debates como el que nos provoca Peñalosa. Solicito que la nueva Comisión que nombró el presidente invite y escuche no sólo a expertos en derecho penal, sino a los alcaldes y ex-alcaldes de ciudades como Bogotá y Medellín, como Nueva York y Los Ángeles. No sólo a criminólogos, sino a urbanistas y sociólogos que han investigado la relación entre calidad de vida y violencia.

A mi me fascina la pista que nos ha dejado Peñalosa: que para construir seguridad hay que empezar -cada uno en su ámbito y desde su función- a mejorar la calidad de vida; hay que empezar a reconstruir el tejido social a nivel de vecindario, colonia, ciudad; a recuperar los espacios públicos y darles vida, belleza y alegría. No es –parafraseando la absurda campaña del Ministerio de Turismo- “la tarea de todos”: es el interés propio, la oportunidad de cada comunidad, cada familia, cada persona de mejorar la calidad de su propia vida; de arrancarle al caos imperante un pedazo de orden, de paz, de respeto y de amabilidad. La suma de todos estos esfuerzos será un país más seguro. Así de simple, porque significa que no hay que esperar que el presidente, el director de la policía o una nueva comisión tome la iniciativa. Empieza en lo chiquito, tiene resultados pequeños inmediatos – y crea una situación que obliga a la política, al gobierno y al Estado a hacer lo suyo.
(Publicado en El Faro)

lunes, 23 de octubre de 2006

Esta historia no cuadra, señores

Imagínese la siguiente historia: Detectan que en El Salvador reside el “tercero en el mando” de uno de los poderosos carteles colombianos de droga; un hombre que “era prácticamente el tesorero” nada menos del capo de los capos de la droga, Pablo Escobar Gaviria.

Imagínese además que esto lo dicen no solamente La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy –medios que en este caso no se destacaron por investigación rigurosa, sino por la reproducción irresponsable de fuentes oficiales irresponsables-, sino lo dice (¡literalmente!) el presidente de la República, Elías Antonio Saca. Asistido por su ministro de gobernación, René Figueroa, quien habla de “el señor de las tinieblas”. Y por el Fiscal General de la República, Félix Garrid Safie, quien habla de “uno de los más buscados acusado de tráfico de drogas”.

Imagínese que además detectan que este señor planeaba asesinar al presidente Elías Antonio Saca.
¿Y qué pasa? Lo arrestan y lo deportan. A Honduras, pero en un vuelo a Washington, donde es arrestado por las autoridades de Estados Unidos.

¿Algo de esta historia le parece coherente? – Ni a mi. Es la historia de George Nayor. Si sólo la mitad de esta historia fuera verdad, habría que exigir la renuncia de todos los funcionarios encargados de investigar este tipo de situaciones - y de mantener informado al presidente.
Obviamente no es cierto. No puede ser. Porque –contrario a lo que los funcionarios y sus cajas de resonancia, los periódicos salvadoreños, informaron durante semanas- el mencionado “señor de las tinieblas” vivió, trabajó, mantuvo negocios muy visibles durante muchos años en El Salvador; inauguró plazas públicas y fue fuente importante de El Diario de Hoy.

Hoy sabemos que contra Nayor –así lo vamos a llamar mientras no sepamos quien es realmente- existe una orden de captura de una corte de Miami desde el año 1994. Sin embargo, durante todos este tiempo se pasó de lo más publico en El Salvador. ¿Y ni la embajada norteamericana ni la DEA, ni la Fiscalía, y ni la INTERPOL se dieron cuenta? Muy poco creíble. Pero el pequeño resto de probabilidad que Nayor, según Figueroa “unos de los más buscados por tráfico de drogas”, haya pasado desapercibido en El Salvador durante todos estos años, se esfuma cuando nos enteramos que el mismo Nayor (y bajo este mismo nombre, no bajo uno de sus múltiples identidades falsas que ahora reportan nuestras autoridades) figuró como representante de Triple Canopy en El Salvador, compañía de seguridad norteamericana que reclutaba y mandaba guardias de seguridad a Irak para custodiar instalaciones norteamericanas.
¿Realmente nos quieren hacer creer este cuento? Un cuento que los norteamericanos no investigaron muy de fondo a un señor que les recluta y ofrece mercenarios para que cuiden sus instalaciones en Irak. Con el cual contratan personal de seguridad que antes de ir a Irak tiene que ser entrenado (e investigado) por los mismos norteamericanos, en instalaciones militares en Estados Unidos y Kuwait.

A esta altura, con tantas cortinas de humo difundidas por las autoridades y reproducidas –sin investigación propia, sin ni siquiera cuestionamientos- por El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica, es imposible saber qué realmente pasó. Es imposible saber quién es Nayor y para quien trabajaba.

Lo único que podemos hacer –y lo mínimo que debemos hacer si somos periodistas- en este momento es hacer un inventario de todas las incongruencias y contradicciones que rodean este caso.

Empezando con el señor presidente que en entrevista con La Prensa Gráfica habla del autor del plan contra su propia vida “prácticamente tesorero del fallecido Pablo Escobar Gaviria”, pero al mismo tiempo lo nombra como “tercero al mando del cartel de Cali”. Eso es como acusar a alguien de ser el lugarteniente del Viejo Lin y dirigente de la 18.

Siguiendo con el pequeño detalle de la deportación de Nayor. Dice el presidente, literalmente, según El Diario de Hoy del 13 de octubre: “Como gobierno combatimos al narcotráfico, deportamos a gente que comete delito grave”. De veras, ¿es política de El Salvador deportar a los acusados de narcotráfico, en vez de enjuiciarlos? ¿Será política del gobierno Saca deportar a alguien acusado de ser capo de la droga, incluso antes de poder investigarlo bien? ¿Y será política oficial deportar a un sujeto acusado por el señor presidente de haber conspirado a matarlo antes de poder completar la investigación?

La única respuesta lógica es: No. Ningún gobierno hace esto. La única explicación lógica: No hubo tal plan de atentado. Fuentes muy cercanas a Casa Presidencial –que por razones obvias no pueden ser identificadas- indican que, contrario a las declaraciones del mismo presidente, la Oficina de Inteligencia del Estado no tenía ningún reporte sobre el tal atentado con cohetes y el rol de Nayor en esta historia. Parece que fue Gobernación que informó mal al presidente, induciéndole a dar declaraciones no sustentadas sobre el plan de atentado.

Regresemos a la deportación de Nayor. El Diario de Hoy escribe el 13 de octubre: “Garrid Safie (el Fiscal General de la República) explicó que la salida de Nayor se debió estrictamente a motivos migratorios y no a su vinculación a carteles de droga". Pero el mismo Safie, en la misma edición del mismo diario, dos páginas más adelante, explica la deportación de Nayor de otra manera: “El Fiscal sostuvo que actuaron en pleno derecho constitucional ya que se trataba de una persona reclamada por las autoridades de Estados Unidos.”

Claro, esto lo explica de otra manera inexplicable: que para deportar a Nayor a Honduras, lo metieron en un vuelo a Washington DC, donde fue apresado.

Dicho sea de paso: el Diario de Hoy no repara en el hecho que el mismo funcionario, el mismo día, le da dos explicaciones diferentes sobre el mismo hecho.

Como tampoco a los medios les extrañó que el mismo presidente de la República declarara sobre Nayor: “El capturado fue deportado a Estados Unidos por tráfico de drogas y terrorismo”, – cuando la versión oficial es que fue deportado a Honduras, sólo que en el camino –que casualmente pasaba por Washington; pues si, casi todos los caminos llevan a Tegucigalpa-- fue arrestado por los norteamericanos.

Tampoco nuestra prensa reparó en el hecho que la afirmación del presidente Saca –que Nayor está siendo acusado en Miami de terrorismo- ya no aparece en ningún reporte desde Estados Unidos. ¿Otro pequeño lapso de un jefe de Estado, como lo del plan de un atentado contra él, como lo de los informes de la inteligencia del Estado, o como la afirmación de dudable sostenibilidad jurídica de que “deportamos a gente que comete delitos graves”?

Regresemos por un momento a la compañía Triple Canopy. El Diario de Hoy publicó varios reportajes sobre el reclutamiento que esta compañía hace de personal de seguridad para Irak. Entrevistaron a Nayor en noviembre de 2004, como representante de Triple Canopy. En esta nota y otra publicada en Octubre de 2004 informan de la salida a Irak de los guardias privados contratados por Triple Canopy, hablan del entrenamiento: “Cada una de las personas que viaja a Iraq debe de recibir un entrenamiento en los Estados Unidos. La capacitación se realiza en las ciudades de Miami y Houston. (...) Luego viajan a Jordania y Kuwait, desde donde se trasladan a Iraq” (EDH, 29 de nov. 2004). Meses después, el Diario de Hoy reporta sobre el regreso de los mercenarios salvadoreños. Les cuentan de sus aventuras y penas sobre los conflictos laborales con Triple Canopy. (EDH 19 de abril 2005).

Pero ahora que Nayor sale a la luz como capo de la droga y terrorista con planes de matar al presidente, El Diario de Hoy tiene amnesia. El 6 de octubre escribe: “Estuvo entrevistando a militares, policías, enfermeras y médicos, supuestamente para contratarlos y enviarlos a trabajar en Irak. Sin embargo nunca fue comprobado que enviara a algún grupo.” Entonces, los sendos reportajes del Diario de Hoy sobre los mercenarios en Irak, ¿puro invento? O más bien, ahora que Nayor es terrorista y “más buscado” desde 1984 ya no conviene acordar que tuvo tanta visibilidad en El Salvador.

El 5 de octubre de 2006, El Diario de Hoy reporta que “fuentes policiales confirmaron que el sujeto (Nayor) era de tendencia comunista.” Vaya, aun más misteriosos se vuelve el caso. Un comunista reconocido como tal por la policía salvadoreña facilita seguridad privada a las instalaciones de Estados Unios en Irak – y nadie lo investiga. Porque, al investigarlo, se hubieran dado cuenta que era narcotraficante con orden de arresto de una corte en Miami.

Y ni cuando El Diario de Hoy hizo la serie de reportajes sobre las actividades extrañas en El Salvador de Triple Canopy –reportajes que siempre tenían como una de las fuentes principales al comunista, capo del cartel de Cali... perdón Medellín, dueño de un famoso gimnasio frecuentado por la farándula salvadoreña, Nayor- nadie realmente investigó a esta extraña empresa Triple Canopy que se dedica, a nivel mundial, al reclutamiento y alquiler de mercenarios. ¿Quiénes son los socios de Triple Canopy en El Salvador? ¿Qué rol juegan altos militares salvadoreños en esta empresa?

Tampoco lo investigan ahora que Nayor, el representante de esta compañía en el 2004-2005, adquiere tanta fama.

¿O estoy equivocado? ¿Será que ya en 2004 investigaron a Triple Canopy y a Nayor? Sabiendo perfectamente quien era, ¿cuáles eran sus vínculos con el narcotráfico y –quien sabe- con qué agencias norteamericanas? Sólo que de esto nadie quiere hablar. No sería tan extraño. O digamos, no más extraño que todo lo demás en el caso Nayor, su deportación, su conspiración de matar al presidente. Tampoco más extraño que la forma en que las autoridades y los medios (des)informan sobre todo esto.

Cuando en la entrevista de La Prensa Gráfica preguntan al presidente de cuál fue su reacción al conocer del atentado en su contra, Saca contesta: “El pensamiento más grande que tuve es decir: “Este trabajo como presidente está dando resultados”. Si el crimen organizado y el narcotráfico quieren asesinarme, es porque los estamos golpeando.” O, como decía el Don de los Dones en El Padrino: Por más enemigos, más honor...

¿Realmente? Adonde están las cabezas del narcotráfico en El Salvador. En la cárcel no están. ¿Adonde están los criminales de cuello blanco? En las cárceles sólo vemos los hijos de familias pobres. ¿Hay tanta presión sobre el crimen organizado y blanco que se vuelva lógico atentar contra el presidente? ¿Qué es ficción y que es verdad detrás de tantas cortinas de humo?
(Publicado en El Faro)

lunes, 9 de octubre de 2006

Pensando positivo

He hecho un ensayo: traducir la crítica, el escepticismo, la frustración de los expertos medioambientalistas en medidas positivas. Mi manera de procesar el debate que tuvimos en Encuentros – y mi manera de evitar caer en depresión.

Entonces, si le hacemos caso a nuestra conciencia, El Salvador podría ser así en 10 años.

Un presidente que gana las elecciones con el compromiso de dar prioridad máxima el medioambiente.

Un gabinete en el cual el Ministro de Medioambiente, a la par del Ministro de Desarrollo Productivo son los hombres fuertes que presiden gabinetes especiales, cada uno en su rubro.

Un presupuesto de la nación que dedica más del 20% a la cartera de medio ambiente, incluyendo inversiones en el tratamiento de aguas negras, parques nacionales y en el Instituto Nacional de Investigaciones Ecológicas.

Un Ministerio de Planificación al cargo de la elaboración de los planes de ordenamiento territorial y descentralización administrativa y productiva.

Impuestos mensuales sobre la tenencia de vehículos, con tasas progresivas para vehículos de lujo, “todoterrenos” y los segundos y terceros vehículos de cada familia. Impuesto sobre la gasolina. De ambos impuestos se nutre el presupuesto del Ministerio del Medioambiente y las inversiones del Estado en las plantas de tratamiento a las aguas negras, la recuperación de los lagos y ríos, y en empresas de utilidad ecológica, como por ejemplo en el transporte público.

Alcaldías asociadas en regiones. Autoridades regionales, con participación del gobierno central y las municipalidades, de Planificación y Desarrollo que autorizan, regulan y supervisan todo tipo de construcciones, proyectos de infraestructuras.

Un sistema nacional de disposición final de la basura, manejado por una empresa de utilidad pública y de capital mixto: gobierno, alcaldías, empresa privada.

Una autoridad metropolitana de transporte público que maneja las rutas de buses y construye y operará los sistemas de tranvías urbanos y trenes suburbanos.

El 20% del territorio nacional convertido en áreas protegidas, reservas forestales, parques nacionales - la mayor parte bajo administración de iniciativas ciudadana, organizaciones no gubernamentales, fundaciones.

Considerables incentivos fiscales para personas o empresas que poseen o compran tierras y las ponen bajo régimen de área protegida bajo supervisión de las autoridades regionales y centrales.

Incentivos fiscales para inversiones en reforestación, turismo ecológico, producción ecológica certificada, tecnologías medioambientales.

Una Escuela Nacional del Medio Ambiente y un Instituto Nacional de Investigaciones Ecológicas adscritos a la Universidad de El Salvador, con presupuestos especiales provenientes del Ministerio de Medio Ambiente.

Un Consejo Nacional de Desarrollo Sostenible con amplia participación ciudadana, de las municipalidades, las universidades, las iglesias, los partidos y el gobierno, al cargo de elaborar políticas de desarrollo y de protección medioambiental.

Un fuerte movimiento verde, con capacidad de presión sobre los partidos, los gobiernos locales, el ejecutivo nacional y la empresa privada, con presencia local y territorial, sin amarres partidarios, pero radical, persistente, paciente...

Todo esto podría ser realidad o estar en gestión en nuestro país. No en un futuro lejano, sino en 10 años.

El único requisito: Dejarnos de paja, dejarnos de quejas, ponernos de acuerdo, presionar, y hacer ya lo que todo el mundo sabe que alguien lo tiene que hacer en el futuro. Nada del escenario aquí descrito es utópico, cada una de las medidas es razonable, viable, financiable. El único elemento utópico: la voluntad política.

(Publicado en El Faro)

lunes, 2 de octubre de 2006

Nacionalicemos a MIDES

Hay que nacionalizar a MIDES. Talvez tambien intervenir a las alcaldías metropolitanas. La recolección y disposición final de la basura son servicios públicos de vital interés para los ciudadanos. La salud pública depende de estos servicios.

No tengo ninguna fobia a las privatizaciones. Tampoco a un Estado fuerte. Si la empresa privada se puede encargar de un servicio público de manera más eficiente, bienvenido sea. Pero esto no quita la responsabilidad del Estado. El Estado tiene que crear instituciones, mecanismos, criterios, procedimientos para garantizar que los servicios públicos funcionen. Por esto existen superintendencias estatales que regulan y supervisan y pueden sancionar e intervenir las empresas privadas que operan servicios públicos, por ejemplo de telecomunicación, energía, pensiones e incluso del sector financiero. No se trata de analizar ahora si en El Salvador cumplen su función estas instancias estatales de supervisión y regulación de los servicios públicos. El enfoque es: ¿Por qué no existe instancia estatal que interviene cuando servicios públicos de interés vital para la población como la recolección y la disposición de la basura (o el transporte público de personas) no funcionan?

Por un pleito legal entre algunas alcaldías metropolitanas y la empresa casi monopolio de disposición final (MIDES), la basura de casi todo el Gran San Salvador no tiene un destino que cumple con las más mínimas leyes de protección ambiental y de higiene. Como las alcaldías –por el pleito con MIDES- no tienen donde depositar la basura, tampoco funciona la recolección. La capital está llena de basura, con todas las consecuencias de insalubridad que esto tiene.

En este contexto es absolutamente insignificante si MIDES le debe a las alcaldías o al revés. No importa quien tenga la razón en este pleito, lo que no se puede permitir es que un pleito sobre cobros paralice un servicio público hunda la ciudad en basura, tufo y pudrición. Tampoco tiene importancia quienes son los actuales dueños de MIDES. No importa que ayer fueran aliados de los alcaldes del FMLN. No importa que hoy sean amigos de los Areneros.

Lo que no puede ser es que nadie intervenga. No sé si existe facultad legal para que el gobierno intervenga. Si no existe, hay que crear la facultad para hacerlo - para hacerlo eficientemente. Si la alcaldía no está en capacidad de recoger la basura, el gobierno debe tener la autoridad –el deber- de intervenir. Puede ser que le eche la mano a la alcaldía, así como lo hizo hace unos meses cuando mandó camiones del MOP y de la Fuerza Armada a recoger la basura que la alcaldía no estaba en condiciones de recoger. O, si el problema es más estructural, incluso debe haber facultad para intervenir de manera más drástica, asumiendo el gobierno temporalmente el servicio que la alcaldía no cumple.

Y en el caso de la disposición final, queda comprobado que la empresa MIDES, con su decisión de bloquear la entrada de los camiones de basura de Gran San Salvador, está inhabilitando un servicio público de vital interés y, de esta manera, atentando contra la salud pública de la población.

Esto requiere de una inmediata intervención del Estado. Si no hay bases legales para esto –como me imagino que no las hay en un país gobernado por “estadofóbicos”-, urge crearlas para poder intervenir y, si fuera necesario, nacionalizar a MIDES. A lo mejor a todas la empresas de disposición final de la basura. Y para intervenir las alcaldías que no logran recolectar, de manera eficiente, la basura.

Urge crear superintendencias fuertes y con capacidad de supervisión, regulación y –al ser necesario- intervención efectiva para garantizar el funcionamiento de los servicios públicos. Esta es la condición indispensable para que sean asumidos por la empresa privada. De la misma manera, una supervisión eficiente y autoridad de intervención son condiciones indispensables para seguir adelante con la descentralización del Estado que pone una gran parte de las responsabilidades del Estado (incluyendo servicios públicos como salud, transporte y educación) en manos de los gobiernos municipales .

Ni privatización ni descentralización de los servicios públicos sin fuertes instancias de regulación, supervisión y –en última instancia- intervención del Estado.

Efectivamente, en la lista de servicios públicos que el Estado tiene que garantizar –o proporcionándolos o supervisándolos- se encuentran la recolección y la disposición final de la basura. A MIDES –y tal vez paralelamente a algunas alcaldías- hay que intervenirlas ya. Hay que restablecer los servicios y después buscar la forma como asegurarlas sostenidamente. En el caso de MIDES, lo más lógico sería nacionalizarlo y después crear una empresa de utilidad pública que se haga cargo de la disposición final. Cosa parecida hay que hacer en el campo del transporte público. Quiere valor hacerlo, pero el costo de no hacerlo es mucho más alto.

El obstáculo principal para hacerlo: la irracional ideologización de este problema. La ortodoxia de los dos lados, unos defendiendo a capa y espada la privatización, aunque hunda la ciudad en basura. Los otros defendiendo a capa y espada la autonomía municipal, con el mismo efecto desastroso.

Pero ni la privatización ni la autonomía ni la intervención estatal son valores por sí. Son instrumentos para asegurar el bienestar público. Tienen que ser eficientes y responsables o ser sujetos a cambios.

Muchos tenemos miedo a un Estado demasiado fuerte. Con razón. Pero más aun hay que tener miedo a un Estado débil. Débil frente a grupos económicos. Un Estado débil que no asume su responsabilidad con el bienestar de sus ciudadanos.

No queremos a un Estado que se mete en nuestras vidas personales. Pero tampoco un Estado que permite que empresas monopolistas (o alcaldías inoperantes) nos jodan la vida.
(Publicado en El Faro)

lunes, 25 de septiembre de 2006

Estimado doctor Argumedo

Estimado doctor Argumedo:

Hace poco fui invitado a la celebración de décimo aniversario de la radio 102.9.En la cabina montada en Multiplaza un permanente ir y venir de políticos, periodistas, artistas y amigos que querían compartir la fiesta con esta pareja excepcional de radiolocutores. Conmigo en la pequeña cabina estaban Daniela Heredia, la Tenchis y Federico Colorado. Sale Federico y entra Arturo Argumedo, diputado del PDC por Santa Ana…

Saludos, presentaciones, apretones de manos. ¿Ya se conocen?, pregunta alguien. El diputado: Claro que conozco a Paolo. Fue guerrillero, anduvo por las montañas de Morazán. Bueno, gracias a la amnistía, ahora los guerrilleros andan por todas partes. Hasta en la Asamblea. Se pusieron sacos y descubrieron el desodorante…

Más o menos así. Por el respeto y cariño al Chiri, a Aída y a Pencho, le dejé hablar veneno al honorable diputado, al reputado ex fiscal general de la república. Entregamos nuestros regalos y saludos a la 102.9 y nos fuimos.

Pero sí hay un par de palabras que hay que decirle a este padre de la patria: Hay tufos, señor diputado, que ningún desodorante quita. Usted -que nunca se quitó el saco, nunca dejó de usar desodorante- huele mal.

Es cierto: Nosotros bajamos de la montaña con el tufo a monte, sudor, sangre – y el tufo que deja la muerte cuando pasa cerca. La muerte dada como la muerte recibida. Algunos nos bajamos con la plena conciencia de que parte de este mal olor que deja la guerra podremos quitárnoslo con un buen baño – pero otra parte no. El olor al sudor del sacrificio, sí. El olor a carne humana quemada en El Mozote; el olor al sudor del miedo, no. Estos olores uno no se los quita con ropa limpia ni con desodorante. Tal vez con un arduo trabajo para cuidar la paz, para desarrollar la democracia…

Me imagino, diputado Argumedo, que detrás de su cinismo esconde algo muy humano. ¿Duerme bien cuando piensa en el rol que jugó como fiscal general de una república secuestrada por matones y corruptos?

Cuando otros se subieron a la montaña, usted se hizo fiscal general de la república. Su misión: enterrar las investigaciones en los casos de Óscar Arnulfo Romero, de los dirigentes del FDR, de las masacres de Sumpul y El Mozote, de los asesores de la reforma agraria asesinados en el Sheraton…

Usted se burla de la amnistía que hizo bajar de la montaña y salir de la clandestinidad a los guerrilleros, que hizo que nos mezcláramos con los portadores de sacos, perfumes y poderes. Pero no fue esta amnistía que hizo daño a la sociedad, señor diputado, por lo contrario: La amnistía (a los dos bandos beligerantes) hizo posible la paz. E hizo posible la democracia integrando la izquierda al sistema político. Lo que sí hizo daño y sigue haciendo daño a la sociedad es el sistema de impunidad que funciona gracias a fiscales generales como usted.
Entiendo perfectamente, diputado, que le molesta, que por todas partes, toparse con ex guerrilleros que se mueven en este país como si fuera suyo. Están en la Asamblea, en la policía, en los tribunales - por ello, su exabrupto contra la magistrada Mirna Perla, la cual no fue guerrillera, sino algo peor: activista de derechos humanos precisamente cuando usted era fiscal general de la república, o sea su peor pesadilla investida del más alto cargo judicial de la nación). Hasta en la dirección de su partido se tiene que topar con ex guerrilleros.

Le recomiendo, diputado, que cada vez que esté reunido con la dirección del PDC le regale a Ana Guadalupe Martínez un frasco de perfume. O se tape la nariz.

No se sienta tan mal, señor diputado: No está solo. Así como hay gente como usted que resienten la amnistía porque los obliga a convivir con ex guerrilleros, hay trasnochados de izquierda que quieren abolir la amnistía porque les obliga a convivir con los protagonistas de la represión y los crímenes de guerra cometidos a nombre del estado y del status quo. Por suerte, los resentidos de los dos lados son la minoría - y la mayoría ha aprendido a convivir con los adversarios.

Con todo respeto a su cargo,

Paolo Luers

lunes, 11 de septiembre de 2006

Querido candidato escondido...

No te has lanzado, pero te conozco. Te puedo, incluso, describir: Has dirigido instituciones estatales o empresas importantes. Provienes de la izquierda, pero te confían mucha gente en la derecha y en la empresa privada; o al revés: provienes de la derecha, pero te confiamos muchos en la izquierda y en la otra empresa privada (la que no está ligada a ARENA). No importa cual de las dos historias es tuya. Es una diferencia importante, pero para efecto de la alternativa que necesitamos en 2009 da igual.

De todos modos puedes ganar los votos del medio millón de gente que votaron por ARENA (más bien por Tony Saca), por la única razón de estar contra el FMLN; y del otro medio millón de votantes que votaron por el FMLN, pero por la única razón de estar contra ARENA; más en el otro medio millón de gente que no han votado porque están en contra de los dos, ARENA y FMLN, y la manera como entre los dos tienen secuestrado al Estado.

Todos los sabios dicen que nuestro sistema partidario está hecho en piedra y que no hay vida política más allá de los dos partidos grandes. Pero existe un millón de votantes y millón y medio de aptos a votar que no están de acuerdo ni con la derecha gobernante ni con el Frente. Qué falta de imaginación, qué falta de creatividad, qué falta de coraje político de parte de todos los que no estamos de acuerdo con la manera como los dos partidos, en un extraño contubernio de adversarios, tienen secuestrado al país.

Entonces, basta ya con los juegos al escondite: Hay cinco o seis personas –mujeres y hombres- que tienen la llave en la mano. Son ustedes, los candidatos no declarados. O son candidato o son creadores de candidato. Como dije, algunos provienen de la derecha, otros de la izquierda, otros de la empresa privada. Cada uno de ustedes puede ser el candidato de todos ustedes y de todos nosotros. Teóricamente sólo se tienen que reunir y ponerse de acuerdo, cada uno asumiendo su papel. El que presenten ustedes, será. Juntos pueden ganar y transformar al país.

Ustedes ya saben que la alternancia no es de ARENA al Frente. El país no aguanta otro gobierno de ARENA bloqueado por el Frente, ni un gobierno del Frente bloqueado por ARENA y la empresa privada. La alternancia se facilita construyendo nuevas opciones; o sea un sector de la derecha asumiendo el poder abriendo las puertas a la izquierda responsable. O sea un presidente de izquierda que gobierne con los sectores democráticos, responsables y progresistas de la derecha y del empresariado. Sólo así se pueden empezar a diseñar políticas de Estado para seguridad pública, empleo y producción.

Ustedes ya saben todo esto. Ya lo están discutiendo. Saben incluso que esto no significa, para nadie, negar su identidad ideológica. No estoy hablando de revivir la idea de un partido del centro. Ya sabemos que esto no sirve. Estamos hablando de una alianza estratégica entre socialdemócratas, socialcristianos, demócrata-cristianos y liberales. Estoy hablando de un gobierno de transición. De un movimiento de rescate. De la construcción de liderazgo responsable.

Así que, antes de que me sienta obligado a presentar aquí, con todo y fotos, las fórmulas y las listas de gabinete posibles y deseables, salgan del closet. Asuman su responsabilidad. Si no, conformémonos, de una sola vez, que la única alternativa es un alcalde de Oriente.
Mis más cariñosos pero impacientes saludos,

Paolo “el Wagner” Luers.
(Publicado en El Faro)

viernes, 8 de septiembre de 2006

Lenguaje paternalista vrs. lenguaje de impotencia

Con el perdón de los que piensan diferente –como suele decir mi respetado amigo Héctor Dada Hirezi antes de repartir golpes certeros- voy a hacer algunos comentarios sobre el lenguaje de los participantes del Encuentro sobre la ratificación de los convenios de la Organización Internacional de Trabajo y la armonización de las leyes nacionales con los derechos garantizados en dichos convenios.
El lenguaje a veces dice más que las declaraciones explícitas. Veamos. Más bien, escuchemos. Leamos.

El representante del gobierno, el secretario jurídico de la presidencia, Luis Mario Rodríguez, en varias ocasiones anteriores me ha sorprendido –y conquistado mi respeto- con su lenguaje estructurado; con su independencia de criterio; con su capacidad crítica frente a la derecha, de la cual orgullosamente se declara militante; con su esfuerzo de construir un lenguaje común que exprese la posibilidad de llegar a visiones comunes….

En este debate, sobre los derechos sindicales, su lenguaje es diferente. Habla de los derechos sindicales como algo que el gobierno, el presidente, la derecha ha dado, concedido, casi regalado. Nunca habla de estos derechos como algo que pertenece al trabajador, al empleado, al servidor público y que –medio siglo tarde- el gobierno reconoce y se compromete, no sólo a respetar, sino a cuidar, desarrollar, convertir en motor de la concertación… Hace incluso una metáfora que explica mucho, comparando a los sindicalistas con el niño que no se pone feliz con el chocolate que le regala su mamá. El gobierno es la mamá que regala chocolate. Los sindicalistas los niños que, en vez de decir gracias, arman berrinche… En este contexto, no es extraño que Luis Mario, uno de los más cuerdos, más conciliadores, más pacientes representantes de este gobierno, en este debate se enojó. El enojo del papá con el niño malagradecido…

Claro, la otra parte en la mesa, el sindicalista William Huezo de AGEPYM, y el diputado Calixto Mejía del FMLN, emplean el lenguaje opuesto: hablan de derechos conquistados. ¿Conquistados? ¿Por quién? ¿El movimiento sindical? ¿El partido vanguardia de la clase trabajadora? ¿O por el señor Ramón Calvo?

Nadie habla de los derechos sindicales como resultado de una construcción conjunta, de una visión compartida, de una llegada a un punto común, de concertación. Como digo, el lenguaje es traidor. Los diferentes términos que las partes emplean expresan una verdad: No hay visión común. No hubo proceso de construcción conjunta. Ni siquiera en el raro caso de haber votado conjuntamente… Hubo una rara coincidencia de conveniencias. Y un par de llamadas de los señores Calvo y Zapatero.

No me extraña, pero sí me llama la atención, que el tema sindical es un tema que despierta pasiones, malentendidos, desconfianzas. La derecha –la gobernante como la empresarial- no logran visualizar a los sindicatos como factor de estabilidad. Ni tampoco el FMLN. Los dos lo ven como instrumento de desestabilización. Y los sindicalistas, los pocos que hay, se ven como perdedores, como víctimas. El sindicato como instancia de denuncia.

Nuevamente, así es el lenguaje: llorón, contestatario, encapsulado en la denuncia, la experiencia de violaciones, batallas perdidas, engaños e instrumentalizaciones….

Si algo puso al descubierto este debate –si uno escucha bien los lenguajes- es que la democracia laboral, en este país, sigue inexistente. Ni siquiera un sueño –porque nadie está soñando de estas cosas. Inexistente. Punto.

Como dije: con el perdón de los que no están de acuerdo conmigo.

(Publicado en encuentroselfaro.net)