martes, 7 de julio de 2020

Carta a un veterano de los US Marines: Semper fi




Publicado en MAS! y EL DIARIO DE HOY, martes 7 julio 2020

My dear friend David Evans:
Tu muerte, hace 1 semana en tu querida Antigua Guatemala, conmovió a muchos aquí en El Salvador: ex dirigentes guerrilleros, combatientes lisiados y activistas humanitarios, etc. Teníamos años de no verte aquí, pero sabíamos que estabas haciendo en otros lados del mundo el mismo trabajo que te trajo a El Salvador: atender a combatientes y civiles que en las diferentes guerras habían sufrido amputaciones.
Fuiste a Vietnam con los Marines. Perdiste en esa guerra ambas piernas y el entusiasmo que te llevó a unirte a los Marines para para defender el “mundo libre” en las junglas de ese país asiático. A tu regreso, te hiciste activista contra esa guerra, junto a muchos otros veteranos, y en especial te hiciste organizador de campañas contra el uso de minas. Y te hiciste técnico de prótesis, aprendiste a fabricar piernas postizas, adaptarlas a los lisiados y enseñarles cómo volver a vivir y trabajar. Y como esto era una tarea de Sísifo, porque las guerras continuaban produciendo más lisiados que tú y otros protecistas podían atender, comenzaste a armar talleres para enseñar a los mismos lisiados a formar talleres y producir las prótesis y atender a los pacientes.
Con esta idea andabas, cuando te conocí en Los Ángeles, en la oficina de Medical Aid for El Salvador, en 1986. Y junto con Mario Velásquez, el fundador de Medical Aid, hicimos planes de cómo atender a los lisiados de guerra en El Salvador. Con el agravante que esa guerra estaba en pleno desarrollo…
Pero para vos no había excusa para no hacer las cosas necesarias solo porque había obstáculos y riesgos. Siempre dijiste: “Los Marines no se rinden. Semper fi! (Siempre fiel)”. Te llevamos a viajes de exploración en zonas de control guerrillero, donde había campamentos de lisiados que esperaban ser evacuados del país y atendidos en el extranjero. No era tan “chiche” en medio de la guerra. Una vez fuimos a Chalatenango, el carro lleno de tu taller móvil de prótesis. Al llegar al retén en el puente del río Lempa, vos sacaste tu carnet de Marines y ellos pensaron que veníamos de la embajada en misión especial…
También fuiste a Cuba, donde había un centro de atención a lisiados salvadoreños en el Campamento Cacahual, en las afueras de La Habana. Fue en este lugar donde fundaste el primer taller de prótesis. Fundar significaba conseguir el pisto en Estados Unidos, comprar o recibir en donación las maquinarias y los materiales, llevarlos para Cuba, instalarlos, escoger a los alumnos, y capacitarlos…

David Evans adaptando una pierna a un combatiente guerrillero
Foto: Corina Dufka

Luego se replicó esta metodología en algunos campamentos guerrilleros, a menor escala, solo para dar mantenimiento a las prótesis que vos trajiste desde el exterior, hechas a la medida. Y luego de los Acuerdos de Paz, el proyecto estrella: La escuela de prótesis de la Promotora de Discapacitados de El Salvador PODES, donde docenas de excombatientes recibieron una capacitación formal e integral como protecistas y donde se adaptó prótesis a cientos de lisiados de guerra.
Pasé muchas anécdotas inolvidables con vos, Evans, el Marine cuto y loco. ¿Te acordás cuando en el Camino Real estuvimos tomando Jack Daniels (¡siempre Jack Daniels!) en la terraza a la par de la piscina? Y ante las miradas de todos, incluyendo muchas mujeres muy guapas que querías impresionar, te fuiste a la orilla de la piscina, te quitaste el pantalón, desabrochaste tus dos prótesis, y te tiraste al agua, dejando paradas las patas y luego de unos segundos de silencio, algunas mujeres comenzaron a aplaudir. 
Siempre mostraste orgullo de ser marine, orgullo de ser lisiado y orgullo de ser americano. 
Recuerdo también otra escena en el Camino Real, todavía en tiempos de guerra, cuando nos encontramos con un grupo de seguridad de la embajada: borrachos, gritando a carcajadas, como si fuera su casa. 
Vos dejaste de hablar. Vi que estabas a punto de explotar. De repente te levantaste, te pusiste al frente de tus compatriotas y dijiste, en voz de mando: “Shut up, assholes. Behave yourselves, this is not your country. Show some respect…” (Cállense, este no es su país, muestren algo de respeto). Uno de los soldados contestó: “Do you know who you’re dealing with? Nobody tells the marines to shut up…” (No sabes con quiénes estás hablando. Nadie calla a los Marines.) Vos comenzaste a subirte tu pantalón a la rodilla, en ambas piernas, revelando tus dos patas de hierro. “This is a marine! You ain’t marines, ‘motherfuckers’. You’ve never seen combat. You’re the ambassador’s bodyguards, a disgrace to the Marine Corps.” (Esto es un Marine. Ustedes son los guardaespaldas del embajador y una vergüenza para los Marines.) Los soldados pagaron su cuenta y se fueron en silencio. “See, I showed them some respect”, dijiste (Viste, les enseñé el respeto).
Enseñaste respeto a mucha gente. Respeto y dignidad. Te vamos a extrañar, Evans. See you later. 
Your old friend,