jueves, 27 de noviembre de 2014

Columna transversal: ¿Y el Fomilenio para el triángulo de la muerte?

Durante años el Fomilenio II estuvo en el centro de la discusión nacional. Pero la agenda estuvo dominada por las condiciones que pusieron los Estados Unidos para nuevamente tomarnos en cuenta para estos "Fondos del Milenio". Washington exigió reformas legislativas para el lavado de dinero, y durante meses gobierno, posición, medios y empresa privada debatieron extensamente si los políticos y ex-funcionarios y sus familiares de gobierno deberían o no estar incluidos en los mecanismos de control del lavado de dinero mal habido. Al fin medio se resolvió, por presión de Estados Unidos.
Washington puso como otro requerimiento que El Salvador establezca una institución fuerte y más autónoma para regular y supervisar la creación y operación de los Asocios Públicos Privados, y comenzó otra batalla en la Asamblea y en los medios, hasta que al final el FMLN y Funes aceptaran a los Estados Unidos lo que tercamente se habían negado a aceptar a la oposición y los gremios empresariales.


En medio de esta discusión sobre los requerimientos institucionales para el Fomilenio II todos, sin excepción, nos olvidamos a discutir el contenido. Ahora me pregunto: ¿Y en base de qué debate, de qué estudio, de qué concertación nacional sobre las prioridades para nuestro país el gobierno decidió que el segundo Fomilenio iba a enfocarse en la zona costera? Los proyectos de desarrollo para la zona costera me parecen interesantes, y bien ejecutados seguramente constituirán un aporte importante al país y mejorarían la vida de mucha gente. Sin duda será así, sobre todo sabiendo cómo Estados Unidos impone reglas claras y transparencia para el manejo de los fondos. Pero pregunto: ¿Se presentó un documento bien fundamentado en análisis, estudios económicos y datos, que defina una jerarquía de prioridades, para argumentar que es en la zona costera, en turismo y logística que está la llave para destrabar la falta de crecimiento y seguridad en nuestro país? Que yo sepa, no existe tal priorización rigurosa, y mucho menos existe un acuerdo nacional sobre el tema. ¿Entonces, en base de qué análisis y qué acuerdo nacional se definió el contenido del segundo Fomilenio? No existen.

Vamos unos pasos atrás. El gobierno de Armando Calderón instaló la Comisión Nacional de Desarrollo, compuesta por personajes de reconocida capacidad de interlocución con todos los sectores del país: David Escobar Galindo, Sandra Barraza, Salvador Samayoa, Roberto Rubio, Bobby Murray y Francisco de Sola. Esta Comisión, que trabajó con autonomía pero también con pleno respaldo del gobierno, desarrolló una compleja y novedosa metodología de participación ciudadana e investigación académica para construir un Plan Nacional de Desarrollo. Es de este trabajo, que tomó en cuenta a los liderazgos políticos, empresariales y comunales en los territorios de todo el país, que se desprendieron dos megaproyectos: el Fomilenio I, enfocado en la zona norte del país, y el puerto de La Unión. Por la manera transparente y participativa cómo se habían diseñado estos proyectos, dentro del marco de una clara definición de prioridades y apuestas estratégicas para el país, ambos megaproyectos gozaron del consenso de todos los sectores del país.

Es uno de los méritos más importantes de la administración Flores que al asumir el gobierno mantuvo vigente el mandato de la Comisión Nacional de Desarrollo y siguió trabajando con las prioridades y metodologías establecidas. Esto explica que los dos megaproyectos se realizaron. Sin embargo, el gobierno Saca ya no siguió el guión elaborado y consensuado e hizo al lado la Comisión Nacional de Desarrollo y su Plan Nacional de Desarrollo. Esto explica que el puerto de La Unión, aunque se terminó su construcción física, nunca se concesionó y nunca, hasta la fecha, se puso a operar; explica también que el proyecto integral de desarrollo de La Unión, que daba sentido y proyección al puerto, se abandonó: ya no se persiguió el plan de un canal seco con Honduras, ya no se construyó el parque industrial al la par del puerto. El otro megaproyecto, el Fomilenio I con la Longitudinal del Norte, no sufrió la misma mala suerte, no por voluntad del gobierno, sino simplemente porque estaba en manos de una institución autónoma supervisada por Estados Unidos.

Y la administración Funes, al solo asumir el gobierno, le dio el tiro de gracias a la ya moribunda Comisión Nacional de Desarrollo. Una entidad tan autónoma y competente no cabía en su esquema de gobernabilidad.

Repito la pregunta, incluso de una manera bastante autocrítica: ¿A dónde estuvo ahora, cuando se diseñó el Fomilenio II y su enfoque, el debate nacional sobre el rumbo de las políticas públicas, sobre las apuestas principales del país, y sobre la definición de prioridades? El gobierno ni la Asamblea ni los partidos ni la academia ni las empresa privada ni los medios de comunicación generamos este debate. Todos dejamos que el gobierno de Funes lo definiera, sin transparencia, sin análisis, sin concertación, en negociaciones bilaterales con el gobierno de Estados Unidos. Pero el desarrollo y las apuestas estratégicas del país son demasiado importantes para dejarlos al gobierno. Cualquier gobierno, menos uno tan errático como el del FMLN.

Ya es tarde. Ya fue aprobado el Fomilenio II, y algo bueno va a traer al país. Pero para futuras decisiones vale la pena preguntarse: ¿Y si hubiéramos enfocado el segundo Fomilenio para poner en práctica otro megaproyecto diseñado por otra entidad competente desechada por Saca y Funes, el antiguo Consejo Nacional de Seguridad encabezado por Salvador Samayoa: la transformación de los barrios marginados, para romper el ciclo vicioso de marginación, violencia, represión y más violencia que se produce y reproduce en estas situaciones de gueto que viven estas comunidades suburbanas?
A lo mejor la prioridad número uno y la palanca para destrabar el problema de falta de crecimiento e inseguridad no era un megaproyecto en la zona costera, sino en el "triángulo de la muerte", en los barrios de Soyapango, San Martín, Tonacatepeque y Apopa. Según el plan bien fundamentado del difunto Consejo Nacional de Seguridad, que funcionó en el sexenio de Flores, con un fondo parecido al del Fomilenio se podía transformar, pacificar y lanzar al desarrollo buena parte de los territorios conflictivos, con escuelas de tiempo completo, mejoramiento de la infraestructura urbana, creación de oportunidades de empleo, etc.

Invito a hacer esta reflexión, porque el país sigue careciendo de capacidad de definir bien sus prioridades.
(El Diario de Hoy

Carta a los diputados sobre matemática básica y justicia electoral

Durante años el Fomilenio II estuvo en el centro de la discusión nacional. Pero la agenda estuvo dominada por las condiciones que pusieron los Estados Unidos para nuevamente tomarnos en cuenta para estos "Fondos del Milenio". Washington exigió reformas legislativas para el lavado de dinero, y durante meses gobierno, posición, medios y empresa privada debatieron extensamente si los políticos y ex-funcionarios y sus familiares de gobierno deberían o no estar incluidos en los mecanismos de control del lavado de dinero mal habido. Al fin medio se resolvió, por presión de Estados Unidos.
Washington puso como otro requerimiento que El Salvador establezca una institución fuerte y más autónoma para regular y supervisar la creación y operación de los Asocios Públicos Privados, y comenzó otra batalla en la Asamblea y en los medios, hasta que al final el FMLN y Funes aceptaran a los Estados Unidos lo que tercamente se habían negado a aceptar a la oposición y los gremios empresariales.


En medio de esta discusión sobre los requerimientos institucionales para el Fomilenio II todos, sin excepción, nos olvidamos a discutir el contenido. Ahora me pregunto: ¿Y en base de qué debate, de qué estudio, de qué concertación nacional sobre las prioridades para nuestro país el gobierno decidió que el segundo Fomilenio iba a enfocarse en la zona costera? Los proyectos de desarrollo para la zona costera me parecen interesantes, y bien ejecutados seguramente constituirán un aporte importante al país y mejorarían la vida de mucha gente. Sin duda será así, sobre todo sabiendo cómo Estados Unidos impone reglas claras y transparencia para el manejo de los fondos. Pero pregunto: ¿Se presentó un documento bien fundamentado en análisis, estudios económicos y datos, que defina una jerarquía de prioridades, para argumentar que es en la zona costera, en turismo y logística que está la llave para destrabar la falta de crecimiento y seguridad en nuestro país? Que yo sepa, no existe tal priorización rigurosa, y mucho menos existe un acuerdo nacional sobre el tema. ¿Entonces, en base de qué análisis y qué acuerdo nacional se definió el contenido del segundo Fomilenio? No existen.

Vamos unos pasos atrás. El gobierno de Armando Calderón instaló la Comisión Nacional de Desarrollo, compuesta por personajes de reconocida capacidad de interlocución con todos los sectores del país: David Escobar Galindo, Sandra Barraza, Salvador Samayoa, Roberto Rubio, Bobby Murray y Francisco de Sola. Esta Comisión, que trabajó con autonomía pero también con pleno respaldo del gobierno, desarrolló una compleja y novedosa metodología de participación ciudadana e investigación académica para construir un Plan Nacional de Desarrollo. Es de este trabajo, que tomó en cuenta a los liderazgos políticos, empresariales y comunales en los territorios de todo el país, que se desprendieron dos megaproyectos: el Fomilenio I, enfocado en la zona norte del país, y el puerto de La Unión. Por la manera transparente y participativa cómo se habían diseñado estos proyectos, dentro del marco de una clara definición de prioridades y apuestas estratégicas para el país, ambos megaproyectos gozaron del consenso de todos los sectores del país.

Es uno de los méritos más importantes de la administración Flores que al asumir el gobierno mantuvo vigente el mandato de la Comisión Nacional de Desarrollo y siguió trabajando con las prioridades y metodologías establecidas. Esto explica que los dos megaproyectos se realizaron. Sin embargo, el gobierno Saca ya no siguió el guión elaborado y consensuado e hizo al lado la Comisión Nacional de Desarrollo y su Plan Nacional de Desarrollo. Esto explica que el puerto de La Unión, aunque se terminó su construcción física, nunca se concesionó y nunca, hasta la fecha, se puso a operar; explica también que el proyecto integral de desarrollo de La Unión, que daba sentido y proyección al puerto, se abandonó: ya no se persiguió el plan de un canal seco con Honduras, ya no se construyó el parque industrial al la par del puerto. El otro megaproyecto, el Fomilenio I con la Longitudinal del Norte, no sufrió la misma mala suerte, no por voluntad del gobierno, sino simplemente porque estaba en manos de una institución autónoma supervisada por Estados Unidos.

Y la administración Funes, al solo asumir el gobierno, le dio el tiro de gracias a la ya moribunda Comisión Nacional de Desarrollo. Una entidad tan autónoma y competente no cabía en su esquema de gobernabilidad.

Repito la pregunta, incluso de una manera bastante autocrítica: ¿A dónde estuvo ahora, cuando se diseñó el Fomilenio II y su enfoque, el debate nacional sobre el rumbo de las políticas públicas, sobre las apuestas principales del país, y sobre la definición de prioridades? El gobierno ni la Asamblea ni los partidos ni la academia ni las empresa privada ni los medios de comunicación generamos este debate. Todos dejamos que el gobierno de Funes lo definiera, sin transparencia, sin análisis, sin concertación, en negociaciones bilaterales con el gobierno de Estados Unidos. Pero el desarrollo y las apuestas estratégicas del país son demasiado importantes para dejarlos al gobierno. Cualquier gobierno, menos uno tan errático como el del FMLN.

Ya es tarde. Ya fue aprobado el Fomilenio II, y algo bueno va a traer al país. Pero para futuras decisiones vale la pena preguntarse: ¿Y si hubiéramos enfocado el segundo Fomilenio para poner en práctica otro megaproyecto diseñado por otra entidad competente desechada por Saca y Funes, el antiguo Consejo Nacional de Seguridad encabezado por Salvador Samayoa: la transformación de los barrios marginados, para romper el ciclo vicioso de marginación, violencia, represión y más violencia que se produce y reproduce en estas situaciones de gueto que viven estas comunidades suburbanas?
A lo mejor la prioridad número uno y la palanca para destrabar el problema de falta de crecimiento e inseguridad no era un megaproyecto en la zona costera, sino en el "triángulo de la muerte", en los barrios de Soyapango, San Martín, Tonacatepeque y Apopa. Según el plan bien fundamentado del difunto Consejo Nacional de Seguridad, que funcionó en el sexenio de Flores, con un fondo parecido al del Fomilenio se podía transformar, pacificar y lanzar al desarrollo buena parte de los territorios conflictivos, con escuelas de tiempo completo, mejoramiento de la infraestructura urbana, creación de oportunidades de empleo, etc.

Invito a hacer esta reflexión, porque el país sigue careciendo de capacidad de definir bien sus prioridades.
(El Diario de Hoy

lunes, 24 de noviembre de 2014

Carta al gobierno de El Salvador

Estimados señores:
Ayer salió un comunicado de prensa extremadamente escueto, que anuncia que "este día iniciaron en Washington DC las conversaciones para encontrar soluciones integrales a los diferendos que existen entre el Estado de El Salvador y la empresa italiana Enel Green Power, con motivo de la composición accionaria en la empresa LaGeo SA. De CV."

Tan escueto es este comunicado que ni siquiera lo firma una entidad específica, como la Presidencia, o la CEL, o la Fiscalía General de la República. Lo firma nadie. Solo lleva el sello 'Gobierno de El Salvador" y el escudo nacional.


De todos modos, es una buena noticia que al final de seis años de pleito en cortes nacionales e internacionales ahora se negocia en serio para resolver este problema. La negativa de los gobiernos de Saca y Funes, de buscar un acuerdo con Enel, ha hecho un daño incalculable al país, en, por lo menos, tres direcciones: primero, ha paralizado durante años el desarrollo de la energía geotérmica como fuente de energía barata. Con graves consecuencias para la competitividad de nuestras empresas y el crecimiento del país. Segundo: El capricho de Saca y, sobre todo, de Funes contra un potencial socio de nuestro desarrollo, la italiana Enel, ha minado todos los esfuerzos de atraer inversión extranjera que tanto necesitamos. Otra vez con graves consecuencias para nuestro crecimiento. Y tercero: La manera como el gobierno Funes, pero también la Fiscalía General de la República, han manejado este pleito, ha envenenado el ambiente nacional con persecuciones jurídicas contra ex-funcionarios, que no han hecho otra cosa que ejecutar políticas públicas debidamente legisladas.

Es una buena noticia que el actual gobierno está dispuesto a buscar una solución negociada con Enel, la que por lógica incluirá una suspensión de la persecución jurídica y penal contra esta empresa italiana y contra los ex-funcionarios salvadoreños que construyeron este primer gran Asocio Público Privado que se llama LaGeo. Felicidades al presidente por la madurez que no tuvieron sus dos antecesores Saca y Funes.

Pero hay una mala noticia. O más bien dos. La falta de transparencia y la pérdida del socio estratégico que hubiera podido ayudarnos a desarrollar la industria geotérmica. El comunicado, aunque habla explícitamente de transparencia, dice que hoy inicia la negociación con Enel, cuando en realidad ya se negoció que Enel se va del país. Es mentira que la negociación inicia hoy, como dice el comunicado. La negociación comenzó hace ratos y ya produjo una "solución": Enel se va del país, con toda su experticia tecnológica y con toda su capacidad financiera. Lo que nos esconde el comunicado es que ya se llegó al punto medular del acuerdo que pondrá fin al pleito: el estado salvadoreño, vía CEL, comprará las acciones italianas en LaGeo SA. De CV.

Los italianos de Enel se pueden ir del país contentos: lograrán recuperar su capital invertido, más las ganancias producidas. Pero nosotros nos quedamos sin socio. Perdimos 6 años y regresamos al punto de partida: Solos, sin un socio estratégico con tecnología y capital, no podemos ampliar la explotación de la energía geotérmica ni salir del problema de los costos prohibitivamente altos de la electricidad.

De todos modos, aún con estos costos, era mejor salir del pleito caprichoso con los inversionistas internacionales y de la situación insoportable de persecución política que se había generado internamente. Por lo menos podemos recuperar cierta confianza en la seguridad jurídica.

Sin embargo, ¿por qué la falta de transparencia? ¿Por qué nos dicen que hoy inicia la negociación, en vez de decir: Ya está el acuerdo general, este es, con todas sus implicaciones positivas y negativas, solo falta la carpintería jurídica y financiera?

Saludos, Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy)

martes, 18 de noviembre de 2014

Carta al ministro de Seguridad

Estimado Benito Lara:
Policías detenidos al cobrar renta, un agente de la DAN fugitivo luego de asesinar a dos jornaleros en Mercedes Umaña, una página Facebook llamada “Héroes Azul” que ataca y amenaza a periodistas que escriben de estos casos, un dramático auge en el uso letal de armas en muchos operativos policiales, cateos y detenciones arbitrarias en muchas comunidades, unidades de inteligencia que actúan con lógica partidaria… usted tiene algunos problemas serios en su policía, ministro.
Yo siempre defiendo (y seguiré haciéndolo) a la Policía Nacional Civil contra acusaciones generales que hablan de infiltración del crimen organizado, de un cuerpo policial corrompido. Sé que esto no es cierto. La PNC como institución sigue siendo la mejor policía de Centro América. La corrupción, las actitudes delincuenciales y las violaciones a los Derechos Humanos no son institucionales. Hay malos policías, como en cualquier cuerpo de seguridad del mundo. Sólo miremos lo que está pasando en Ferguson/Missouri, en el estado mexicano de Guerrero, en San Pedro Sula o en Guatemala.
Lo que preocupa es que no se ve claro cómo el gobierno, y usted como ministro responsable de seguridad, quiere enfrentar estos problemas. La corrupción policial y los abusos de autoridad florecen más cuando hay un vacío de liderazgo y de estrategias de seguridad coherentes. Esto está pasando. El gobierno no ha definido su plan de seguridad: El presidente habla un discurso general, en el recién nombrado Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana hay varios discursos, usted más bien está callado (porque es obvio que lo del Consejo no es su proyecto) - y mientras tanto la cúpula policial, calladita, crea hechos implementando planes que nunca se discutieron, ni en el ministerio, ni en Casa Presidencial, ni mucho menos en el Consejo de honorables.
Y algunos de estos planes y hechos creados son inconfesables, usted lo sabe igual que yo y muchos observadores. Mientras todos hablan de la Policía Comunitaria, la PNC ha regresado a sus viejas y fracasadas prácticas de mano dura: redadas en las comunidades, capturas masivas, acoso permanente a los familiares de los cabecillas de las pandillas…
Y en este rio revuelto muchos policías, carente de una conducción clara y una visión unificada, toman sus propias decisiones. Algunos delinquiendo para su propio beneficio, otros tomando la justicia en sus manos. Donde no hay una mística y además nunca llegan los recursos para poder desarrollar un trabajo profesional, se abre espacio para la corrupción.
En el fondo, nadie cree en la receta mágica de la policía comunitaria. Los agentes saben que es discurso político. Además, donde realmente hay problemas, se aplica, por ordenes de arriba, lo contrario. Por ejemplo, en lugares como Las Palmas, los agentes desplegados bajo el concepto de la policía comunitaria, no hacen absolutamente nada. Y tienen razón: nada pueden hacer, cuando a cada rato entran otras unidades como fuerza de choque, botan puertas, maltratan a la gente, expresan amenazas.
Si la mano derecha trata de hacer lo contrario que la izquierda, al fin no se resuelve nada. Ni se reprime con eficiencia ni se gana la confianza de la comunidad. Pero sí se crea daños, a la policía igual que al tejido social.
Me gustaría ver a usted asumir el liderazgo, hablar claro, poner orden en este desmadre. Sin liderazgo no hay mística, y sin mística cualquier cuerpo policial anda perdido y se corrompe.
Algún día, sin hacer caso a diferencias ideológicas, hablemos de esto. Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy

lunes, 17 de noviembre de 2014

Josué Alvarado: “Cuando la gente correcta se haga cargo de la política, este país vuela”

Conversación de Paolo Lüers con un empresario que incursiona la política

Nacío en el 1957 en El Carmen en La Unión. Emigró para Estados Unidos en 1986. En el 1990, luego de 4 años de vendedor informal, funda en Washington la empresa Rio Grande, que comienza a distribuir productos alimenticios latinos en Estados Unidos. En el 1996 inicia la producción en El Salvador, con seis empleados en Santa Tecla. Hoy emplea 400 trabajadores en su fábrica en San Martín, y otros 250 en sus operaciones agrícolas en el departamento La Paz. Produce en El Salvador para Estados Unidos y Canadá. Este año se inscribió en el PDC para postularse como candidato a diputado en San Salvador.
Paolo Lüers: Todos se quieren ir del país. Y tú haces lo contrario: teniendo éxito en USA, montas una fábrica en El Salvador. Teniendo éxito con esta empresa, que produce y exporta 60 mil pupusas al día y similar número de tamales, compras tierras en el departamento La Paz y montas una ganadería, que ahora es una de las más eficientes del país. Y además comienzas a cultivar maíz a escala grande, con sistemas de riego innovadores. Ahora te metes en política y corres por una diputación. ¿Por qué todo esto, si estabas bien en Estados Unidos y en la vida empresarial?
Josué Alvarado en su fábrica Rio Grande en San Martín
Josué Alvarado: En primer lugar, porque amo este país. La mayoría de los salvadoreños en Estados Unidos, cuando llegamos a la mayoría de edad, comenzamos a ver cómo regresar al país, aunque sea para vivir la vejez…
Pero tú no viniste a El Salvador en plan de retiro. Las inversiones tuyas en El Salvador, ¿son un gesto de amor al país, o es una inversión para hacer ganancias como cualquier empresario? O sea, ¿es viable invertir y producir en ES?
Sí es viable y se puede ganar dinero, a pesar de las condiciones adversas. Y si mejoramos un poco las condiciones, este país lo sacamos adelante.
Entonces, este tu modelo de una pata en Estados Unidos, la distribución, y la otra en El Salvador, la producción, ¿te funciona?
Me funciona. Yo produzco aquí y nuestro mercado está en Canadá y Estados Unidos, aunque también comenzamos a vender aquí. Y todavía estamos expandiendo la producción, a pesar de que el país no ofrece el mejor escenario. El costo de electricidad y gas es demasiado alto, y el costo de seguridad te complica todo. Esto nos desfavorece dramáticamente. Pero esto se compensa por la dedicación que tienen nuestra gente al trabajo.
¿Te hubiera salido más barato producir en otra parte de Centroamérica?
Tal vez sería más barato. Pero nosotros nacimos en el mercado de los salvadoreños en Estados Unidos, y es una gran ventaja que lo que vendemos sea “Made in El Salvador”. Hay un potencial grande, siempre cuando logremos hacer la conexión con el potencial económico de los 3 millones de salvadoreños en el exterior; siempre cuando sepamos producir lo que ellos buscan en nuestro país, y con valor agregado; y siempre cuando se construya un sistema de distribución en Estados Unidos, que llegue a todas partes donde hay gente nuestra. Una vez que los productos penetran con los salvadoreños, dan el salto para todos los latinos. Y en el caso de Rio Grande, se convierten en productos para el público americano en general.
¿En cuánto a inversión, también existe un potencial entre los migrantes salvadoreños?
Muchos quisieran invertir aquí en El Salvador, pero no son tan aventados como yo, ven más bien los riesgos: violencia, inseguridad jurídica y política… Las noticias no son favorables para incentivar la inversión.
¿Y tú por qué te arriesgaste?
Cantidad de gente me ha dicho que estoy loco invirtiendo en El Salvador. Comencé chiquito, con poca inversión, pero me di cuenta que en el país se puede trabajar, invertir, expandir - y ganar dinero. Mejorando las políticas públicas, sobre todo de seguridad, se puede abrir espacio a la inversión, se puede trabajar rentablemente, y sobre todo: se puede cambiar la situación de muchas familias.
Tú tienes la fábrica de Rio Grande en San Martín, en medio de territorios disputados por pandillas. Tienes el hato ganadero con más de 1000 piezas y el cultivo de maíz en el departamento La Paz, en este momento la zona más caliente del país. En tus tres locaciones estás rodeado de problemas de violencia y pandillas, pero sigues invirtiendo. ¿Cómo es posible que tú tengas la experiencia opuesta a la mayoría de empresarios que dicen que ya no aguantan la situación de inseguridad? ¿Eres mago?
No. Es bien simple: Yo como empresario llego a estos lugares conflictivos con la conciencia que puedo cambiar la vida de mucha gente y sus familias. No sólo creando oportunidades de trabajo, sino empleo estable durante todo el año y bien pagado, con beneficios sociales, bonos, acceso a salud. Esto genera comercio en las zonas, donde operan mis empresas. Es una relación de socios con todo una zona, y explica que podamos trabajar y producir en medio de la más cruda violencia que hay en el país.
El hato de Rio Grande en La Paz
Entonces, ¿lo que da seguridad a tus operaciones en San Martín y La Paz no es tanto lo que inviertes en vigilancia, sino más bien la relación con el entorno social que construyes?
Lo decisivo es convertirse en factor de desarrollo e inclusión social. Ni que tuviera un ejército me aseguraría seguridad. Hemos venido a convertirnos en una opción de inclusión, empleo y desarrollo. La gente ha visto un cambio en su vida y su situación social. Y nosotros no preguntamos a nadie si es pandillero o familiar de pandillero. Si quiere trabajar, que trabaje. Yo ni sé cuántos pandilleros tengo trabajando. Lo importante es que no tenemos problemas de violencia, ni contra la empresa, ni contra los empleados.
Hablemos del agro. Levantaste una ganadería exitosa, con más de 1000 vacas de alto rendimiento. Cultivas maíz para abastecer tu producción en San Martín. Y sigues invirtiendo en ambas ramas. Si tú lo pudiste hacer, ¿por qué dicen que aquí la agricultura está condenada a la muerte?
L a apuesta es implementar tecnología y métodos de eficiencia que me faciliten ser rentable en el agro. Si me pongo a cultivar confiando que la lluvia me cae cuando la necesite, voy a fracasar. Entonces, invertimos en un sistema de riego novedoso y en tecnología de siembra. Esto requiere mayor inversión y mayor capacitación, pero da resultados. Esto no lo puede hacer cualquier campesino, pero empresas de agroindustria sí.
Agroindustria, ¿esta es la receta para el crecimiento del agro?
Definitivamente. Nos metimos en ganadería, porque queremos producir y exportar queso. Nos metimos en el cultivo de maíz, porque es nuestra materia prima para la producción de tamales, riguas, elotes y pupusas que exportamos. Es agricultura con valor agregado. Además cerramos círculos de producción. Los desperdicios del maíz alimentan al hato, e incluso pueden ayudar a campesinos de la zona, que tienen un par de vaquitas. La ganadería produce abono para el cultivo. Al rato en el hato vamos a producir energía biológica y bajar nuestros costos energéticos.
Los maizales de Rio Grande en La Paz
Entonces, ¿el agro tiene futuro en El Salvador?
Pero sólo con una visión de responsabilidad social. Cuando quiero todo para mi, estoy haciendo que otro muera. Ahí está la esencia del asunto. No estoy hablando que como empresario hay que ser buena gente. Por nuestro propio interés como empresa tenemos que aportar al desarrollo de nuestros trabajadores y proveedores. Y esto nos asegura que la comunidad, incluyendo los pandilleros, nos respetan y nos dejan a trabajar.
Vamos a la política. ¿Por qué quieres incursionar en la política?
Me meto en política, porque si generamos políticas públicas viables podemos impulsar inversiones múltiples en el país. Urge generar estas políticas y corregir las actuales.
Lo que estás haciendo en San Martín o en La Paz, como un empresario casi solitario, ¿se puede potenciar con políticas públicas?
Se puede. Y entonces se resolvería la crisis económica y a la vez la crisis de inseguridad. Para buscar esto, me meto en política.
Si logras ser electo a la Asamblea, ¿en qué comisiones te ves trabajando?
Economía, agricultura, y seguridad. En las tres áreas tengo algo que aportar. En Seguridad por ejemplo tenemos un proyecto “Trabajando por la Paz”, de prevención y reinserción de jóvenes en riesgo. En fomento de la exportación y en agricultura yo puedo dar aportes concretos, porque tengo la experiencia práctica.
¿Qué rol desearías que tome el Estado en estos asuntos de la agricultura y agroindustria?
Crear instituciones que apoyen con conocimientos y capacitaciones al agricultor. No hay un instituto que tenga seguimiento a las enfermedades o plagas que afectan al ganado o a los cultivos, antes de que se haga desastre, como en el caso de la roya. No hay un instituto que diseñe sistemas de riego u otras aplicaciones técnicas. El Estado tiene que generar esta información y ponerla al servicio de los productores.
Quiero ir al problema de seguridad. Por una parte, dices que actuar responsablemente como empresario abona a crear seguridad para tus empresas y tus empleados. Por otra parte, ¿creaste una fundación que se dedica a prevención y reinserción?
Hace 4 años creamos la fundación Trabajemos por la Paz. En el fondo se trata de rehabilitación. Vamos a las partes más conflictivas, en Soyapango, en el Distrito Italia, en Apopa…
¿Va más allá de crear un entorno de seguridad alrededor de tus empresas?
Vamos a las zonas más conflictivas, no necesariamente vecinas a nuestras empresas. Pero también trabajamos en San Martín en un programa con las escuelas. Estos proyectos los ha sostenido Rio Grande. Trabajamos con los líderes religiosos de las zonas, que por su trabajo son interlocutores con todos, incluyendo los pandilleros. Por una parte damos provisiones de canasta básica, por otra parte los capacitamos, hasta que a los seis meses estén listos para aplicar a un empleo, o en las empresas nuestras o en otras.
Ya me dijiste que el mitos que aquí no se puede invertir, es falso. Dijiste que el mitos que la agricultura no vale la pena, es falso. Ahora me estás diciendo que también es falso el mitos que no se puede hacer nada para construir seguridad…
Bueno, por esto mi consigna es: Sí se puede. Tenemos unos 500 muchachos que han dejado de delinquir y están trabajando. Varios de ellos en mis empresas, y son buenos trabajadores.
Entonces, cuando decidiste correr por una diputación, ¿piensas que esta tu experiencia en el campo empresarial y social la puedes traducir a política, a la generación de políticas públicas?
Esto es exactamente lo que me mueve. Mi idea es resolver los problemas que se generan arriba, en malas prácticas de gobierno, con ideas que nacen de abajo, de la experiencia concreta en las empresas y en las comunidades. Entonces, hay que ir donde se toman decisiones de país, donde se pueden generar cambios que mejoren la vida de muchos.
¿Por qué con el PDC?
Los partidos grandes son bastante cerrados, no abren suficientes espacios. Entonces, un grupo de empresarios que queríamos participar, hablamos con los partidos pequeños, hablamos con Cambio Democrático y con el PDC – y hallamos el espacio con el PDC.
¿En qué tipo de partido tendría que convertirse el PDC para recuperarse y convertirse en un partido con capacidad de incidir?
Un partido abierto a oportunidades para la clase media y para empresarios con visión social. Un partido que incorpore a personas de izquierda y de derecha, porque hay mucha gente de izquierda que está cansada del FMLN, así como mucha gente de derecha y centro que ven muy lenta la apertura de ARENA. El PDC puede ser la unión de centroizquierda y centroderecha en un país polarizado. Por eso entramos al PDC juntos Facundo Guardado y yo. No es casualidad. Hay una buena noticia: Quieren entrar en la política mucha gente que no buscan vivir de la política, y resulta que en el PDC y en ARENA se están abriendo espacios. El partido que abra espacio para gente fresca que quiere aportar, da un gran servicio al país.
 
Hay una discusión ideologizada sobre subvenciones, por una parte, y por otra incentivos al desarrollo, para que la gente ya no dependa de subvenciones del Estado. ¿Cómo ves este debate?
En ningún país del mundo se ha podido crecer y progresar dándole todo fácil o gratis a la gente. Es cierto, el Estado tiene que gastar para que el joven puede defenderse en la vida y avanzar, pero hay que verlo como inversión social que da rendimiento, no como puro gasto social. Estamos cansados que sólo ocupan al pobre, pero no invierten en su futuro. Mira, en Estados Unidos son pocos los salvadoreños que viven del “welfare”, o sea de beneficios del Estado. Cuando hay empleo, prefieren trabajar y ganarse la vida. Los salvadoreños tenemos sentido de dignidad. Si trabajamos juntos la gente pensante, podemos sacar adelante el país y sacar a la gente de la pobreza. Hay que crear las condiciones políticas adecuadas. Para esto necesitamos hombres y mujeres honestos que incursionen en la política. Cuando la gente correcta se haga cargo de la política, este país vuela. Solo ve el éxito que tenemos los salvadoreños en Estados Unidos, como empresarios, profesionales, trabajadores. ¿Cómo no lo podemos tener aquí en casa? Lo que está fallando es la política.
(El Diario de Hoy)

sábado, 15 de noviembre de 2014

Carta a Ignacio Ellacuría

Estimado padre:
Le mataron por la misma razón que asesinaron a Antonio Rodríguez Porth: Para abortar el proceso de paz. Ambos se volvieron peligrosos para los enemigos de la búsqueda de una solución negociada al conflicto. Estos enemigos los hubo en ambos bandos. Los que dentro de la insurgencia vieron con preocupación que con Alfredo Cristiani había llegado al poder un hombre que tenía la autoridad y la visión de abrir dentro de la derecha espacio a la idea de una salida sin vencedores ni vencidos. Por esto mataron al cerebro detrás de esta visión del nuevo presidente: su Ministro de la Presidencia y más cercano asesor, Rodríguez Porth.


Usted sabía esto y expresó en muchas pláticas privadas y no tan privadas que con este crimen se podía abortar el proceso de paz antes de poder agarrar impulso y correlación de fuerza en el campo de la derecha y de los militares. De hecho, usted comenzó a convertirse en el puente entre los sensatos de ambas partes. Esto -y la incidencia que esto podría tener sobre las decisiones del presidente Cristiani- lo convirtió en un peligro para los enemigos de las negociaciones dentro de la Fuerza Armada. Y cuando el FMLN lanzó su ofensiva al tope sobre San Salvador, vieron la oportunidad de eliminar este peligro.

Muy pocos en el ejército, y ciertamente no los que tomaron decisiones, se creyeron la paja que usted y sus hermanos jesuitas estaban detrás de la ofensiva insurgente. Esto era el pretexto para justificar la operación contra la UCA. Los que ordenaron este crimen no querían eliminar a colaboradores de la guerrilla sino a uno de los pocos puentes que quedaba funcionando entre los que, dentro del FMLN y dentro de la derecha, querían en serio avanzar hacia una solución negociada.


Por esto es ridículo pensar que Alfredo Cristiani haya ordenado o consentido la muerte de los jesuitas. Fue una operación contra Cristiani, para debilitarlo; para pararlo; para comprometerlo con los guerreros que querían pasar a la fase definitoria de la guerra contrainsurgente. Estaban desesperados, porque hasta el mayor D'Aubuisson había ya abandonado la idea de buscar una victoria militar y estaba respaldando a Cristiani en su búsqueda de una solución negociada. Es más, parece que precisamente para asumir este rol histórico, el mayor había escogido a Alfredo Cristiani como candidato a la Presidencia.

En la última plática que tuvimos, poco antes de su último viaje para España, usted mismo me explicó este nuevo mapa político. Yo estaba escéptico, usted estaba convencido de las intenciones de Cristiani e incluso de D'Aubuisson. Usted sabía que la ofensiva ya no se podía detener, y al final me dijo: Una vez pase este último auge de la guerra, hay que trabajar duro para retomar las negociaciones y llevarlas a las últimas consecuencias.

Lo mataron, pero ya no pudieron conseguir su objetivo. Pasó la ofensiva, con todo el horror que significaba, incluyendo su propia muerte, pero luego ya no hubo como contener la paz. Cristiani cumplió su misión. Tanto en la Fuerza Armada como en el FMLN se impuso la razón.

Al fin, usted ganó. Pero qué horrible la falta que nos hace, todavía hoy, en la construcción de la paz y de la democracia. Adiós, Ignacio Ellacuría. Paolo Lüers
(Mas!/El Diario de Hoy

jueves, 13 de noviembre de 2014

Carta a un amigo caído en la guerra

Dear Lucas:
Un día 11 de noviembre, creo que fue en el año 2000, llegué a la Ventana, todavía en la San Luis, y en la barra me estaban esperando Greg y Paul, dos excomandos británicos, y mi amigo Raúl Otero, salvadoreño que había ido a la guerra gringa en Vietnam. Los dos ingleses estaban en El Salvador para terminar la tarea de buscar y desactivar las miles de minas que la guerra había dejado en nuestro país. Raúl, quien vivía en Los Ángeles, recién había regresado al país para establecerse como fotógrafo de publicidad y moda.

Los tres ya habían tomado varios tragos. "Sit down, man! ¡Sentáte, hombre! Today is Remembrance Day, let's drink on the fallen. Hoy es el día de memoria, tomemos en honor de los caídos…"


Carlos, el bartender, nos sirvió 4 whiskies. De una botella de Glenlivet que Glen había traído. Shots sin hielo, así como lo toman los británicos. "Falta uno, man, para mi amigo Shawn quien murió en una emboscada en Dublin," dijo Paul. Se levantó, los 4 nos levantamos, y Paul contó la historia de Shawn. Recién había llegado de Glasgow, donde tenía 2 hijas. Murió de un tiro certero de un francotirador. "You're not forgotten, my man. No te olvidamos. Cheers!" Y Paul se tomó su whisky, y el shot de Shawn.

Nos sentamos. Nadie habló. Cada uno pensando en camaradas muertos. 5 nuevos shots. Se levanta Greg, quien había estado en 10 guerras, algunos de ellos inconfesables, nunca declaradas. "There was a man, the best of the braves, Kovalski his name, he was from Poland. El mejor de los más bravos, polaco. Y yo ni siquiera puedo recordar su cara ni su nombre. Pisó una mina el 24 de febrero de 1991, en la frontera de Kuwait, cuando entramos a Irak. Íbamos infiltrados detrás de las líneas de Hussein. This is on you, Kovalski! Disculpe que se me olvidó tu nombre…"

Turno de Raúl. 5 nuevos shots. El hombre no puede hablar sin llorar. No me recuerdo el nombre del hombre a quien dedica esta ronda. Algún chicano que anduvo con él en Saigón. Murió en el jeep que Raúl manejó, a 100 metros del cuartel. Francotirador él, francotirador quien lo mató. 5 whiskies. Silencio largo.

"Your turn, Paolo! Te toca a vos, Paolo". A esta altura ya me habían pasado revista docenas de caras de compañeros muertos. Algunos que había conocido bien: el Gato Jimmy, quien me condujo de San Miguel hasta La Guacamaya, la primera vez que entré al frente de guerra en Morazán, pasando por el maldito cerro de Chapeltique; Mabel, la hermana de Letty; Walter, quien murió en la toma de Perquín. Y vos, Lucas, el gringo viejo…

"Tomemos por Lucas, el tipo más loco que he conocido en Morazán. Otro francotirador. Escritor. Fumador dispuesto a arriesgar su vida por conseguir cigarros. Me enseñaste desarmar, limpiar, armar y disparar mi carabina M2. Me enseñaste cómo enrollar tabaco con papel de biblia. Te mataron en Poza Honda, y años después logramos mandar tus diarios a tu hermano en Estados Unidos. Cheers, Lucas!" 5 shots Glenlivet.

Pasamos horas y horas tomando whisky y recordando a hombres y mujeres que hoy nos hacen falta. No sé cómo llegue a la casa esa noche. A partir de esa noche, cada 11 de noviembre, sirvo un trago a algún amigo muerto. No sé qué se han hecho Greg y Paul, pero estoy seguro que no pasa un Remembrance Day sin que estén en algún bar en alguna parte del mundo para tomar en honor de sus caídos.

Brindo por ellos también. Y por vos, Lucas, con quien nunca tomé otra cosa que aquel café espeso hecho en tu taza de equipo, que trajiste de a saber qué guerra.

Adiós, Lucas, adiós soldados y guerrilleros muertos en guerras que ya nadie se recuerda bien cómo comenzaron. Paolo Lüers 


(Mas/El Diario de Hoy)