miércoles, 7 de diciembre de 2016

Carta a Rodrigo Bolaños: La inclusión no solo es posible, puede ser hasta rentable

Estimado Rodrigo:
Pocas veces en El Salvador se generan buenas noticias o tal vez el problema es que entre tantas noticias malas de corrupción y violencia no nos fijamos en ellas. Por esto las noticias buenas ocupan, tal vez injustamente, tan poco espacio en los medios, incluyendo en estas cartas.

Lo más irónico: De repente desde afuera, desde la distancia, se fijan en algo positivo que nosotros mismos ni siquiera conocemos y apreciamos.

Usted acaba de recibir en Londres el Premio 2016 llamado “Capitalismo Responsable”, otorgado por la organización británica FIRST, una red de líderes empresariales, académicos y políticos europeos que se dedica generar nuevas formas de cooperación entre políticas públicas y estrategias empresariales para resolver problemas que enfrentan nuestras sociedades.


Usted recibió este prestigioso premio por el modelo de inclusión social que ha puesto en marcha en El Salvador en su empresa textil League. Pero nadie recibe este premio solamente por hacer buenas obras. FIRST no busca a empresarios que entiendan la “responsabilidad empresarial” como caridad, donando parte de sus ganancias a proyectos sociales o humanitarios. Buscan a líderes que desarrollen modelos donde la inversión en la solución de los problemas sociales se convierta en factor de éxito empresarial. Esto lo llaman ellos “capitalismo responsable”.

¿Cuál es el modelo de League? La inclusión social como factor de productividad. Lo revolucionario que usted está practicando es bien simple: Si la exclusión social, la marginación, es un factor destructivo para la sociedad, generando inestabilidad social y política, violencia y delincuencia, entonces también lo es para las empresas y su productividad. Esto evidentemente es el caso en El Salvador.

La conclusión que usted sacó también es simple: Tengo que organizar mi empresa y su producción alrededor de la idea central de la inclusión. Suena fácil, pero para ponerlo en práctica requiere de mucha visión, de mucho valor y de mucha creatividad. Requiere, sobre todo, de tomar una decisión: Como empresario no voy a esperar que el Estado resuelva los problemas sociales – incluyendo las de inseguridad – que frenan la productividad en El Salvador. Si el gobierno no tienen políticas que atacan los problemas de exclusión que están generando un clima tan adverso para las inversiones privadas, lo vamos a hacer desde nuestra empresa y su rol en la comunidad.

Usted ha ido, como varios empresarios, al encuentro del gobierno, participa en el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, pero no para esperar que el gobierno cambie sus políticas, sino para exhibir su modelo y exigir que el Estado haga lo suyo. Y si la triste realidad es que el gobierno no lo hace, sino apuesta más bien a estrategias de represión, usted como “capitalista responsable” no se resigna, sino que sigue adelante con su modelo.

¿Cómo funciona el modelo de inclusión social de una fábrica textil salvadoreña como League, que produce uniformes deportivos para cientos de colegios y universidades en Estados Unidos? Reclutar su mano de obra prioritariamente en los sectores más excluidos de las comunidades que rodean su empresa: discapacitados, expandilleros, los famosos “jóvenes en riesgo”, migrantes deportados, miembros de minorías discriminadas en la sociedad por su orientación social. Invertir no solo en su capacitación vocacional, sino sistemáticamente en su educación escolar y hasta universitaria.

¿Qué se logra con esto? La empresa logra una fuerza laboral altamente motivada. Gente que nunca ha tenido oportunidades, se convierten en colaboradores disciplinados y fieles.

¿Qué ganan las comunidades que rodean la empresa? No solo desarrollo económico, sino que baja la tensión social, también la delincuencia y la violencia.

¿Qué gana el país? De repente hay un modelo que fácilmente puede reproducirse en otras empresas. League comprueba que dedicar fondos a la creación de oportunidades, la inclusión social y educación no es un costo extra, sino inversión que mejora la productividad y crea un clima propicio para crecer.

Y todo esto está pasando en el sector industrial salvadoreño, que por las malas prácticas durante el boom de las maquilas tiene una imagen de explotación y de “irresponsabilidad capitalista”.

Otras empresas importantes, como Calvo y Río Grande, están desarrollando modelos parecidos, que tampoco han encontrado la debida atención en la opinión pública y mucho menos en la política. Solo falta que algún día un gobierno detecte el potencial de estos modelos, y de repente tendremos una estrategia integral nacional para enfrentar de verdad, desde sus raíces, el problema de violencia que sufrimos como país.

Gracias, Rodrigo Bolaños, por ser pionero. Gracias por permitirme escribir una buena noticia. Saludos,

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(MAS!/El Diario de Hoy)