domingo, 18 de noviembre de 2018

Hablar suave entre tanto griterío. Columna Transversal



18 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Esta semana vi en un canal alemán una conversación entre el rockero Herbert Grönemeyer y la nueva estrella de la política alemana: Robert Habeck. El último es uno de los dos presidentes de Los Verdes (este partido siempre tiene una dupla en su dirección: una mujer y un hombre). Conozco a Herbert Grönemeyer, por que tiene décadas de estrellato musical. Pero nunca lo había escuchado hablar de política. En cambio, Robert Habeck es una figura nueva para mi. Desde que subió a la dirección de Los Verdes, este partido no ha parado de crecer en las encuestas y las elecciones. En el último sondeo de opinión nacional, Los Verdes han sobrepasado a los socialdemócratas y disputan el primer lugar con los demócrata-cristianos de Angela Merkel. De un partido-movimiento nicho (ecologista), Los Verdes se están transformando en opción de poder.

A la pregunta de cómo se explicaba su éxito, Habeck dijo una frase sorprendente: “En un tiempo cuando todos gritan –en nuestras calles, en nuestros parlamentos, en la tele, en las redes– nosotros hablamos suave, y de repente la gente nos escucha y entiende. Están cansados de los gritos”.
Se refiere a la manera histérica que los políticos están reaccionando al surgimiento del populismo en Alemania –y a los gritos e insultos permanentes de este movimiento nacionalista y racista.

El rockero, conocido por sus textos provocativos, le contesta: “Tienes razón, no tiene sentido toda esta exaltación. Los alemanes deberíamos estar relajados –firmes, pero relajados– porque el 80 % no quiere que el populismo avance ni un milímetro más. Parece que no nos damos cuenta que somos un país mucho más democrático, tolerante e inmune contra el populismo”.

Lo que sigue es una fascinante conversación sobre el lenguaje en la política. Ambos, el rockero y el político, coinciden en la fórmula “firme, pero relajado”, un concepto muy extraño en la política, y más aun en tiempos en que los medios, la academia, los talk-shows y los dirigentes políticos no paran de hablar de crisis: crisis de partidos, crisis de la democracia liberal, crisis de migración, crisis de valores, peligro del populismo, riesgo para la convivencia…

La vieja estrella de rock le pregunta a la flamante estrella política: “Siempre pensaba que Los Verdes eran radicales. Nacieron de un movimiento de protesta. ¿Y vos proponiendo hablar suave?”.
La respuesta: “Seguimos siendo radicales. Pero radical no es quien grita más. Radical es quien define su política desde el fin, desde la meta, desde o necesario. No desde lo popular. Y explicándolo bien, la gente nos entiende. Somos realistas radicales”.

Me impresionó esta conversación. No creo que son enfoques solamente válidos para Alemania. Nosotros en El Salvador también convertimos la política en una competencia de quien grita y pega más fuerte. También enfrentamos un populismo intransigente, que se expresa a puros gritos, insultos, descalificaciones. Y para enfrentarlo, nosotros también tendemos a caer en la trampa de ponernos histéricos, levantando la voz, en vez de confiar en el argumento, la racionalidad, el realismo con visión.

Sin embargo, de repente, en medio de la campaña electoral, observo que aquella fórmula “firme, pero relajado” comienza a abrirse espacio en nuestro escenario político. De los cuatro candidatos, tres tienden más a hablar suave que a gritar. Y es obvio que entre los tres representan la mayoría. Entonces, ¿por qué no relajarse y confiar en que la gente escucha cuando se hable suave – pero claro y firme?

¿No será que aquel candidato que apuesta únicamente a recoger y profundizar los resentimientos de la gente, acercándose el día de las elecciones pierde momentum y credibilidad?
Quien logre agregar a la fórmula “firme pero relajado” una dosis fuerte de “realismo radical”, combinado con la claridad y el valor para expresar los problemas que padecemos y las soluciones posibles, se convertirá en la alternativa al populismo gritón y histérico. También en El Salvador.