jueves, 2 de diciembre de 2010

Columna transversal: ¿Cuál es el gran escándalo?


Washington no es la administración mundial de verdades. El State Department no es una corte global para establecer verdades. Aunque parezca irónico, esta verdad hay que acordarles, sobre todo, a los enemigos de los Estados Unidos, antes de que agarren los miles de cables "desclasificados" por Wikileaks, como pruebas para cualquier tesis. Los cables de las embajadas al State Department contienen opiniones, análisis, informaciones, así como el personal diplomático los percibe. O así como el personal diplomático quiere que los perciba el State Department...

Ejemplo: los cables de la embajada norteamericana en Tegucigalpa, describiendo "conspiraciones" entre empresarios, militares, jueces y diputados hondureños para derrocar a Zelaya, no sirven para comprobar la tesis de un golpe de Estado. Ni para confirmar lo contrario. Confirman, sobre todo, que los diplomáticos norteamericanos andaban perdidos y no entendieron lo que estaba pasando. Confirman también que Estados Unidos no tiene política definida frente a la expansión del ALBA.

Los cables de la embajada hondureña en 2009 sobre el conflicto hondureño, tienen el mismo carácter especulativo y vacilante que los famosos cables que el embajador Robert White mandó desde San Salvador en los años 1980-81. Cuando estos cables fueron desclasificados y publicados años después, también muchos voceros de la izquierda, a pesar de su usual desconfianza y rechazo a los representantes del imperialismo yanqui, los tomaron como pruebas contra sus adversarios de la derecha. Leyendo detenidamente los cables de White y su gente, cualquiera que conoce la historia salvadoreña se sorprende de lo perdido, confundido y especulativo de sus análisis. Pero esto no ha impedido que generaciones de periodistas, sobre todo de izquierda, citen estos cables desclasificados como la verdad absoluta.

Es de esperar que las nuevas publicaciones de Wikileaks van a provocar la génesis de varias leyendas nuevas, comparables a la de los "Miami Six" del año 1980, o de la emergente derecha salvadoreña llamada ARENA, como movimiento de "sicópatas". Claro, quienes "entendieron" el surgimiento de ARENA de esta manera (como Robert White y su jefe Carter), nunca pudieron comprender la necesidad histórica de una nueva derecha que desplazara a la Democracia Cristiana y abriera el paso a una solución política...

Parece irónico el grado al cual muchas veces las izquierdas sobreestiman la capacidad de inteligencia y análisis de sus adversarios norteamericanos.

Una vez que todos los documentos de Wikileaks sean accesibles y analizados, saldrá un panorama interesante de la incapacidad de Washington de entender los conflictos en el mundo, y sus propios intereses. Saldrá, con seguridad, un cuadro patético de confusión e interpretaciones erróneas sobre la llegada al poder de Hugo Chávez y las diferentes crisis de su régimen. Si tenemos suerte saldrá, en el caso salvadoreño, al fin una explicación por qué altos funcionarios del State Department compraron y avalaron la tesis del gobierno del FMLN de un inminente golpe de Estado contra Funes. Lo más probable es que este nuevo error de Estados Unidos no se originó en la embajada, sino en fuentes de la izquierda salvadoreña y norteamericana.

Según El País (uno de los periódicos que ha tenido acceso anterior a los materiales "desclasificados" por Wikileaks), el State Department de Hillary Clinton había pedido a la embajada en Buenos Aires un "perfil" de Cristina Fernández e información escrita sobre "su estado mental y salud", "su visión política" y "su forma de trabajo". Gran escándalo en Argentina y entre los amigos de Cristina Kirchner en varias capitales del hemisferio. ¿Pero qué esperan a qué se dedica una embajada (cualquiera) en Argentina: reportes sobre la locura de Maradona? ¿O sobre los precios del mate? Es totalmente normal que las cancillerías piden este tipo de información, lo que obviamente no dice nada sobre la veracidad de los reportes. Cualquier embajador que no aporte a su gobierno datos sobre el estado mental de personajes como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales y Cristina Kirchner, no está haciendo su trabajo.

Claro que la señora Clinton, al ver el comportamiento errático de Cristina Kirchner en el famoso vuelo para Tegucigalpa para volver a instalar en Honduras al depuesto "Mel" Zelaya, mandó a su embajada en Buenos Aires las siguientes preguntas: "¿Cómo controla Cristina Fernández de Kirchner sus nervios y su ansiedad? ¿Cómo afecta el estrés a su conducta con sus asesores y/o en su proceso de toma de decisiones? ¿Qué medidas toma CFK o sus asesores para ayudarla a manejar el estrés? ¿Toma alguna medicación?"

Todo esto es tan normal que no puede afectar mucho la diplomacia norteamericana. ¿O es un escándalo que de Washington mandaron línea a las embajadas en toda América Latina a que busquen "aislar" a Hugo Chávez? Es tan lógico como la reacción de Hugo Chávez: "El imperio al desnudo (...) La señora Clinton debería renunciar. Es lo menos que puedes hacer: renunciar. Y esos delincuentes que hay en el Departamento de Estado", refiriéndose principalmente a la solicitud de Washington de estudiar "el estado de salud mental" de Cristina Kirchner y de "aislar" a Caracas.

Me encantaría conocer los intercambios entre la embajada de San Salvador y Washington sobre la presencia de Manuel Melgar en el gabinete de seguridad de Funes, así como las solicitudes de información sobre las relaciones que mantiene el comandante Ramiro con contrapartes tan diversos como Herbert Saca, Enrique Raíz y las FARC. Debe ser interesante lectura. Ojalá que Wikileaks las incluya en su desclasificación.

(El Diario de Hoy)