martes, 25 de febrero de 2014

Carta a los viejos chambrosos

Estimados señores:
No voy a hablar de “viejas chambrosas”, porque no quiere correr el riesgo que (¡Dios guarde!) me comparen con el profesor Sánchez Cerén, quien dijo que no va a debatir con su contrincante Norman Quijano, porque esto sería un “chambrerío de viejas” – y mire cómo le fue al pobre con este comentario: hasta las feministas las tiene encima, menos por supuesto las que juraron sumisión a los hombres que conducen al FMLN...

Así que me dirijo a los que difunden “chambrerío de viejos”: Dejen de joder al pobre presidente con el Ferrari. Dejen que el presidente se componga del trancazo, sea cual sea que haya sido, por que el hombre tiene cosas importantes que hacer. Por ejemplo, ganar unas elecciones...
Les voy a decir cómo yo veo este asunto. No tengo ni idea quién iba en el Ferrari que se hizo torta contra el pobre arbolito en la Plaza de la Bandera a las 3 de la mañana del día 18 de febrero. ¿Y saben qué? No importa. Los que andan en Ferrari en este país, sean empresarios o presidentes u otro tipo de playboys, no me importan. Pueden hacerse torta donde quieren, mientras no matan a nadie en el intento...
Lo importante ya pasó: ustedes, los “viejos chambrosos” comprobaron una tesis interesante, y esta es válida independientemente de que sepamos o no quién iba a en el Ferrari y quien no: Aquí la mara ya no se sorprende de nada que digan del presidente. Aparte de su alero de toda la vida Hato Hasbún, aquí nadie dijo que era impensable que nuestro presidente haya andado en un Ferrari – esto ya nos parece lo más normal. Tampoco nadie dijo que era impensable que nuestro presidente hubiera andado en zumba, ni mucho menos que fuera capaz de poner al batallón presidencial y la PNC para ocultar un accidente...
Me explico: ya no es tan importante saber quién anduvo en el Ferrari, sino el mero hecho que nos causa tan poca sorpresa cuando ustedes, los “viejos chambrosos” digan que fue el presidente.
En Nicaragua, cuando su propia hijastra acusó a Daniel Ortega de haberla violada desde su infancia, nadie escuchó a los nicaragüenses pegar el grito que esto era impensable. Igual, nunca sabremos si era cierto o no. Pero el hecho es que a su pueblo no le sorprendió por nada la acusación.
En cambio, si alguien trataría a contarles a los uruguayos que su presidente Pepe anduvo en un Ferrari, lo declaran loco. Y punto, discusión terminada. O si alguien me quiere vender la historia, aunque sea con fotos, que la señora Merkel se escapa de noche en el Ferrari de un amigo empresario, me muero de risa al solo tratar de imaginármelo. Aquí nadie se murió de risa. Ni en Francia, cuando dijeren que el presidente Hollande, para ver a una su amante, atravesaba Paris en una moto escondido detrás de un casco.
Para ser justo: Cuando salieron algunos “viejos chambrosos” hablar sobre Paco Flores y los cheques chinos, tampoco escuchamos a nadie gritar: ¿Paco? ¡Imposible!
La verdad: Lo que nos sorprendió no fueron los cheques chinos sino la forma torpe como se defendió (mas bien, no defendió) ante la comisión de la Asamblea.
¿Y Saca? Nadie se sorprende al ver las fotos de la mansión que se construyó, aunque parece de mentira.
Entonces, ¿qué tipo de gobernantes tenemos que nadie se sorprende, por más increíbles que sean las historias que nos cuenten de ellos?
Dejen de chambrear, viejos. Aquí no pueden competir con la vida real.
Saludos, Paolo Lüers
(Más!/EDH