jueves, 20 de marzo de 2025

Carta al Dr. José Albino Tinetti: A honrar y practicar sus enseñanzas. De Paolo Luers (+capítulo 8 de DOBLE CARA / Libro II)

 

"Es un conflicto entre el poder ejecutivo y el poder judicial, que en El Salvador ya está resuelto a favor del gobierno. No será tan fácil que Trump logre eliminar el control judicial sobre sus acciones, como lo ha logrado Bukele, porque en El Salvador el poder judicial se rindió sin haber peleado en defensa de su rol de garante del Estado de Derecho."

 En la voz del autor: Dr. Tinetti.mp3


Publicado en MAS!  y DIARIO DE HOY, jueves 20 marzo 2025

Estimado doctor:


No tuve el honor de conocerlo en persona, pero todos los abogados serios que conozco, se refieren a usted como el maestro entre los constitucionalistas y el celoso el padre del debido proceso, sin el cual no hay justicia. Duele ver que a la hora de su muerte, la justicia está en su peor momento en nuestro país. El gobierno se burla de la Constitución y el ciudadano no tiene garantía de un debido proceso. Es cuando más se necesitarían letrados como usted. Esperemos que sus alumnos, que son muchos y los mejores en la noble profesión de la abogacía, se despierten y sepan honrar el legado de su maestro, defendiendo el Estado de Derecho. Si no, que alguien apague la luz en los tribunales...

 

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En El Salvador, con tal que un policía, un soldado, un fiscal o incluso un vil soplón diga que eres pandillero, te vas al bote. El régimen de excepción elimina el control judicial sobre tu caso. No tienes derecho a consultar con tu abogado. No hay juez que examine las pruebas con los cuales te acusan. Puedes pasar dos años en una cárcel sin que tengas tu juicio. Puedes haber sufrido torturas y enfermedades no atendidas. Puedes haber muerto antes de que veas la cara de un juez. 


Conclusión: el gobierno ha logrado eliminar el control judicial y puede disponer a su gusto de quienes considera delincuentes, terroristas o simplemente adversarios. Esto se llama dictadura.

 

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En Estados Unidos, con tal que un agente de ICE diga que alguien es un delincuente vinculado a una pandilla como el Tren de Aragua o la MS, va al bote - y sin ver a un juez que examine las pruebas está sentado en un avión para El Salvador y termina en el CECOT, sujeto a un régimen contra terroristas. Cortesía de un decreto presidencial que permite evadir el control judicial, y a un pacto de caballeros entre Nayib Bukele y Donald Trump...


La recepción de los venezolanos en el CECOT. Foto: AFP

Así que no estamos solos en esta situación crítica. El caso de los vuelos de deportados de Estados Unidos a El Salvador ha mostrado que Estados Unidos va en la misma dirección que nuestro país. Ahí no es un régimen de excepción que permite al gobierno eliminar el control judicial, es una oscura ley del año 1798 llamada “Alien Enemies Act” (Ley de Enemigos Extranjeros), que el presidente Trump invocó para poder efectuar deportaciones sin que un juez las autorice. Deja al migrante sin recurso legal. Los letrados de ley, jueces y analistas en los grandes periódicos en Estados Unidos lo llaman una “crisis constitucional”, en la cual ven en juego la existencia de un principio del Estado de Derecho: la garantía de cada persona a un debido proceso. Más allá de esta frontera comienza la tiranía...

 

El New York Times, en un artículo titulado “Desafío y amenazas en el caso de deportación reavivan el miedo a una crisis constitucional”, escribe lo siguiente: “Los estudiosos del derecho dicen que la nación ha alcanzado un punto de inflexión y que la verdadera pregunta no es si hay una crisis, sino cuánto daño causará.”

 

Se refieren al hecho que el gobierno se negó a acatar la orden de un juez federal de suspender los vuelos con los venezolanos y salvadoreños a El Salvador hasta que el tribunal decida si la invocación del “Alien Enemies Act”, concebido para situaciones de guerra, es válida para deportar sin intervención de jueces, a migrantes, incluso a migrantes acusados pero no enjuiciados por delitos.

 

El gobierno Trump no quiere aceptar que un juez federal tenga la autoridad para suspender una acción respaldada por un decreto ejecutivo presidencial. Tampoco quiere aceptar que el gobierno, antes de efectuar una deportación, tiene que conseguir una orden judicial. Esto está en juego ahora en las cortes federales y seguramente va a llegar a la Corte Suprema, cuyo presidente Roberts ya condenó públicamente que el presidente Trump haya exigido remover de su cargo al juez que ordenó suspender las deportaciones. 

 

Es un conflicto entre el poder ejecutivo y el poder judicial, que en El Salvador ya está resuelto a favor del gobierno. No será tan fácil que Trump logre eliminar el control judicial sobre sus acciones, como lo ha logrado Bukele, porque en El Salvador el poder judicial se rindió sin haber peleado en defensa de su rol de garante del Estado de Derecho.

 

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Escribo esta líneas como un homenaje a usted, Dr. José Albina Tinetti. Espero haber entendido sus enseñanzas, aunque no soy estudioso del Derecho. Una de las enseñanzas es que el derecho tiene que corresponder a la razón común, accesible a todos. Usted hizo lo suyo, construyendo el Estado de Derecho en El Salvador. Defenderlo -más bien reconstruirlo- nos tocará a nosotros. 


Que descanse en paz, 

 




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El libro Doble Cara está disponible en las librerías de la  UCA, en el campus y en Cascadas/Soho. También lo pueden pedir amazon.com, o desde México en amazon.com.mx y desde Alemania en amazon.de

Ahora puede leer el libro, en tres entregas cada semana, en este blog. Disfrútenlo.




Para Raúl Mijango.

Como todo prisionero político, para sobrevivir pasó escribiendo, siempre y cuando no le nieguen

papel y lápiz. 

Si existiera su libro, quizás no hubiera escrito 

esta segunda parte del mío. 

Raúl murió el 28 de agosto 2023, 

luego de que durante años de encarcelamiento 

le negaron la debida atención médica.



Capítulo 7: Ilopango


Reunion del alcalde Ruano con líderes locales, incluyendo de la dos pandillas.
Foto: Paolo Luers

Diciembre 2012. Llego a la alcaldía de Ilopango, para explicarle al alcalde Salvador Ruano la idea de gestionar un acuerdo local de paz, involucrando al gobierno municipal, las iglesias, las escuelas, la empresa privada – y a las pandillas locales. Raúl hizo la cita, pero en el último momento no pudo ir. Me toca a mí. A saber qué le ha explicado Raúl a Ruano, pero cuando llego, tiene reunido en su oficina a varios de sus gerentes, pastores, un padre, dos empresarios, un director de escuela —y a tres sorpresas. “Te presento a Marvin, jefe de la MS13 en el municipio, y a Chepe El Cejas, jefe de la 18 en esta zona. Y este hombre uniformado en frente es el jefe de la delegación policial San Bartolo. Comencemos. Ya adelantamos un poco: a todos nos parece la idea del acuerdo local. Queremos ser el primer municipio...” 

Nunca había visto a Ruano. Sólo me contaron que este arenero gordito, detrás de su aspecto campechano, es un tipo aventado y rebelde. Parece que tienen razón. 


Salvador Ruano, alcalde de Ilopango

Me pide que explique el concepto de ‘territorializar’ el proceso de tregua. Les digo que esta es la vía para hacerla sostenible, haga lo que haga —más bien, lo que no haga— el gobierno central. Este no es el lugar y tiempo de grandes teorías, ellos quieren acciones, acuerdos y resultados. “Si las fuerzas sociales del municipio nos dan el beneficio de la duda, podemos dar los primeros pasos a la paz y la inclusión social,” cierro mi exposición.

Observo a los dos delegados de las pandillas rivales en la mesa, debidamente separados por un pastor: muchachos de unos 25 años, sin tatuajes visibles, bien vestidos, bien portados. Marvin hace contacto visual conmigo, como diciendo: “Yo sé de qué estás hablando, ya me avisaron de qué se trata.” Cuando toma la palabra, lo confirma: “Nosotros ya lo discutimos con nuestra gente. Incluso con ellos...” —señala al Cejas— “...y estamos listos para cualquier cosa que beneficie a las comunidades y su gente.” Y cierra con la frase casi de liturgia: “Somos parte del problema, y podemos ser parte de la solución...” Vaya, ya recibió línea y discurso de Ciudad Barrios. Luego, en un receso, le pregunto a Marvin con quién ha hablado. “Con el Piwa, pero no lo entendí bien. Me estaba diciendo que no confiemos en Ruano, pero luego me habló el Diablito y me explicó bien. De todos modos, el gordito siempre me ha caído bien. Tiene palabra. El Diablito dijo que hablara con Mijango o con vos...”


Marvin, jefe local de la MS 13 en Ilopango.
Foto Paolo Luers

Cejas se acerca y dice: “Con Ruano, esta cosa puede funcionar, es un tipo aventado y no se deja mangonear por el partido ni por el gobierno. Luego quiero que hablemos de Soyapango, ahí es mucho más complicado, no podemos contar con el alcalde.”

“¿Y ustedes están seguros de que pueden comprometerse que toda su gente va a cumplir los acuerdos? Estamos hablando de cero violencia, de cero presión sobre las escuelas, y en un plan de reducir las extorsiones, en la medida que se abran oportunidades de trabajo.”

Intercambian miradas, luego Marvin dice: “¿Y qué conseguimos a cambio? ¿Qué nos ofrecen?” 

“Nada”, les digo. “Estos son pasos de buena voluntad por parte de ustedes. No pueden pedir nada, se lo tienen que ganar.” Cejas me estrecha la mano: “Cuente con nosotros. Si firmamos el acuerdo, cumplimos. Palabra es palabra, ya sabés.” Me enseña su pulsera negra, con una sola palabra: ‘palabra’. Ya he visto las mismas en el penal de Cojute. “¿Te gusta, te consigo una?” 

“No, gracias.”


"Cejas" Chepe, jefe de la pandilla 18/Sur en Iopango y Soyapango.
Foto: Paolo Luers

Luego de la reunión, Ruano me lleva a su oficina. “Entonces, ¿qué te parece?” 

“Parece que tenés un acuerdo, alcalde. Faltarán algunos detalles. Hay que amarrar bien las reglas entre las dos pandillas y sus territorios. Tiene que terminar la segregación de las colonias MS y las de la 18. Hay que establecer un mecanismo de apagar fuegos.” 

“Yo me encargo de trabajar los detalles con ellos,” dice Ruano. “Pero voy a necesitar tu ayuda.”

“¿Qué ondas con el inspector? No dijo nada, sólo observó,” le pregunto a Ruano. Con una su sonrisa contesta: “Es de confianza. Tiene que tener cuidado. No va a decirlo en público, pero apoya la tregua.”  

Me pide un favor: “Hay que preparar el terreno en el partido. Habrá resistencia fuerte. ¿Vos podés hablar con Jorge Velado? Si él nos apoya, otros alcaldes nuestros se van a apuntar. Me dicen que sos amigo de él...” 

“Amigo no sé. Pero nos escuchamos mutuamente. Voy a hablar con él.”

 

Jorge Velado me recibe en su casa en la colonia San Benito. Le explico al plan de los pactos locales y le cuento de la reunión en la alcaldía de Ilopango. Me escucha detenidamente, una calidad inusual entre los políticos. Luego me dice:

“Ruano es un poco loco, pero a veces se necesita a un loco para romper la inercia. Si tú me prometes estar cerca de él para evitar disparates, yo los apoyo.” Hablamos de otros alcaldes que podrían entrar en el plan. Jorge se compromete a sondear con los de Quezaltepeque, Sonsonate y San Vicente. “Ten cuidado, Paolo. No te metás en problemas. Hay quienes te llevan hambre, incluso en mi partido.”

“Yo sé.”


Jorge Velado, presidente del partido ARENA


En enero 2013 se lanza en público el proyecto de la ‘paz local’, en Ilopango. Escenario: el parque enfrente la alcaldía. Está toda la prensa, el ministro de Seguridad y su viceministro Douglas Moreno; los mediadores Mijango y Colindres; el alcalde Ruano y algunos de sus concejales; miembros de la Fundación Humanitaria, algunos embajadores, y bastante gente del pueblo. Y por primera vez en la historia, aparecen en un acto oficial en plaza pública cientos de pandilleros de la MS y de la 18, ordenados en dos bloques. 

Los periodistas disparan miles de fotos de ellos, también los ciudadanos con sus celulares. Lo que todos en esta plaza se preguntan es: ¿Van a hablar los pandilleros? ¿Y qué van a decir a los habitantes de Ilopango? 

Luego de su discurso, Ruano presenta a Marvin. Aparece en el podio el muchacho flaco y serio bajo una tormenta del clic-clic de las cámaras, camina al podio y agarra el micrófono: “Hablo a nombre de la MS13. Estamos listos para firmar hoy un compromiso con la gente de Ilopango. Juntos con la otra pandilla,” -mira hacía el bloque de la 18- “las comunidades, las iglesias, los empresarios, y la alcaldía vamos a construir algo nuevo en Ilopango: la paz. Tenemos conciencia de que le hemos fallado a la gente de Ilopango, les hicimos mucho daño. Pero estamos dispuestos a ser parte de la solución. Y ojo: Sin nosotros y los barrios no habrá solución...”


Marvin, vocero de la MS13, hablando en la plaza central de Ilopango.
Foto: Paolo Luers

En la plaza hay, por unos momentos que parecen eternos, un silencio total. De repente algunos habitantes comienzan a aplaudir. Hasta a algunos policías veo aplaudir. Se juntan los pandilleros, ambos bloques. Me dice Raúl: “Mirá, los de la 18 aplaudiendo a un tipo de la MS...”

El vocero de la 18 da el mismo mensaje. No es Cejas, es otro muchacho, aún más joven. “Les damos nuestra palabra, y para nosotros, la palabra es la palabra.” Después todos firmamos ante las cámaras y la mirada de los habitantes de la ciudad, el ‘Acuerdo de Paz Social de Ilopango’. Yo firmo como testigo y representante de la Fundación Humanitaria. Luego busco a los voceros de las pandillas para entrevistarlos. Sólo encuentro al muchacho que habló por la 18. Me dice: “Nunca pensé posible que algo como lo que vivimos este día podía pasar. Por primera vez veo que tal vez podamos salir de esta mierda de la violencia. Ojalá...”


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Foto: Paolo Luers

El vocero del Barrio 18/Sur hablando en la plaza central de Ilopango.
Foto: Paolo Luers

El ministro de Justicia y Seguridad, general David Munguía Payes.
Foto: Paolo Luers

La firma del Acuerdo local de Paz en Ilopango.
Paolo Luers firma por la Fundación Humanitaria

La plaza de Ilopango. Foto: Paolo Luers



Siguiente entrega, sábado 22 marzo:

9.  El teatro va a la cárcel