"Es cómico ver cuántas veces repiten, en cada tema que tratan, las palabras claves: ‘supervisión’, ‘rendición de cuentas’, ‘transparencia’, sabiendo que son las palabras que Nayib Bukele odia como el diablo la cruz o el vampiro la estaca y la luz. Suena casi como conjurar o invocar espíritus: “mejorar el sistema general de supervisión”; “más transparencia”, y “rendición sistemática de cuentas” – en los presupuestos, en el uso del Bitcoin, en el Banco Central, en las reservas de liquidez de la banca, en el sistema de pensiones, y sobre todo en los contratos y las compras del gobierno."
Publicado en MAS! y DIARIO DE HOY, martes 11 marzo 2025
Me tomé la molestia de leer todo el mamotreto elaborado por los técnicos del Fondo Monetario, que ha sido la base para otorgar a El Salvador el préstamo de 1,400 millones de dólares.
Este tipo de documentos, llenos de tecnicismos que cuesta entender, normalmente son muy aburridos. Pero este, que define las obligaciones que el gobierno tiene que cumplir para que el FMI autorice los desembolsos, realmente es lectura divertida.
Al leerlo se entiende qué pasó entre el FMI y el gobierno salvadoreño. En las esferas altas del Fondo y de los poderes que lo rigen se tomó la decisión de darle a El Salvador el dinero que el gobierno Bukele ha solicitado por años y con tanta urgencia para aliviar su permanente crisis fiscal. Una decisión meramente política, influenciada por los intereses de Estados Unidos de tener un aliado sólido en Centroamérica. Pero luego de unas frases generosas que elogian los avances de El Salvador en materia de seguridad, en el resto del documento tienen la palabra los expertos – los técnicos que realmente han estudiado el estado lamentable de la economía salvadoreña y la manera de gobernar de Bukele, que ha metido al país en la profunda crisis fiscal. Y son los mismos técnicos, que durante los próximos años tendrán que controlar si el gobierno cumple los compromisos adquiridos con el Fondo.
Y por Dios van a supervisar cada paso del señor Bukele. Este es el componente divertido del documento: Un gobernante autoritario y egocéntrico, que toma sus decisiones por impulso, guiado por estudios de mercadeo político y no de factibilidad y necesidades de desarrollo; improvisando en vez de planificando; y que en sus 6 años de gobierno ha logrado deshacerse de todos los controles democráticos, será sujeto de una estricta supervisión por parte de los expertos del Fondo Monetario.
Su primera reacción fue un berrinche. En el documento dice claramente que ya no puede seguir usando fondos públicos para comprar más Bitcoins – y Nayib Bukele no sólo continuó comprándolos, sino que exhibió su provocación en Twitter, diciendo que jamás va a parar con este hobby.
El documento del Fondo se lee como unos adultos sermoneando a un adolescente, explicándole punto por punto como funciona “la gobernanza”, que es el término clave en todo el texto. ‘Gobernanza’ significa el sistema mediante el cual un Estado se controla y opera, así como los mecanismos mediante los cuales el gobierno y su personal rinden cuentas. La ética, la gestión de riesgos, el cumplimiento normativo y la administración son elementos de la gobernanza.
Los expertos han estudiado durante años y de fondo como se está gobernando en El Salvador, sin contrapesos institucionales, sin mecanismos de transparencia ni de rendición de cuentas, sin control constitucional, sin oposición parlamentaria. Ellos saben que Bukele no entiende ni acepta esta definición de ‘buena gobernanza’. Por tanto, llenan el documento con señalamientos para explicar al adolecente lo que no debe hacer y lo que debe hacer, siempre recordándole que a partir de ahora sí habrá supervisión.
Es cómico ver cuántas veces repiten, en cada tema que tratan, las palabras claves: ‘supervisión’, ‘rendición de cuentas’, ‘transparencia’, sabiendo que son las palabras que Nayib Bukele odia como el diablo la cruz o el vampiro la estaca y la luz. Suena casi como conjurar o invocar espíritus: “mejorar el sistema general de supervisión”; “más transparencia”, y “rendición sistemática de cuentas” – en los presupuestos, en el uso del Bitcoin, en el Banco Central, en las reservas de liquidez de la banca, en el sistema de pensiones, y sobre todo en los contratos y las compras del gobierno.
Este último punto será la primera prueba: El Fondo quiere ver -y analizar- la lista completa de contratistas del gobierno. Y la quiere ver ya, a finales de marzo. Esto incluye un montón de información que para nosotros, los ciudadanos, es reservada, como si se tratara de secretos de Estado. Incluye todos los contratos que el gobierno ha hecho en el marco de la pandemia y que han sido sujeto de investigaciones de la CICIES (q.e.p.d) y de la Unidad Especial de Investigaciones (q.e.p.d) de la Fiscalía, antes de que ambas fueron disueltos por Bukele y su nuevo fiscal impuesto. ¿Tendrán al fin que abrir los casos archivados? Las carpetas incluirán un montón de proveedores en Sinaloa. Incluye consorcios de construcción extranjeras y nacionales, que no tenían la capacidad de terminan sus obras...
El Fondo va a insistir que este como el otro montón de informes que exige al gobierno sea de carácter público, accesible para cualquiera. Esto va contra el ADN del sistema Bukele.
Así como yo me divertí leyendo todas las regañadas indirectas y las advertencias en el documento del Fondo, voy a gozar observando como funcionará la supervisión que el Fondo ejercerá sobre la gobernanza, la transparencia y la rendición - y como se va a retorcer el régimen. Lo vamos a observar de cerca...
Saludos,
Para Raúl Mijango.
Como todo prisionero político, para sobrevivir pasó escribiendo, siempre y cuando no le nieguen
papel y lápiz.
Si existiera su libro, quizás no hubiera escrito
esta segunda parte del mío.
Raúl murió el 28 de agosto 2023,
luego de que durante años de encarcelamiento
le negaron la debida atención médica.
Estoy sentado en mi casa, tomándome una cerveza y viendo televisión, cuando alguien toca la puerta. Un señor a quien nunca antes he visto. Si tuviera que adivinar, diría vendedor de seguros; así que le digo: “Yo no compro nada, no firmo nada.” Me dice que me busca en la casa, porque en mi negocio no me ha encontrado. Cuando le pregunto cómo conoce la dirección de mi casa, se ríe: “Sé muchas cosas de usted, porque es mi oficio. Tengo meses de darle seguimiento. También a varios de sus amigos. Raúl Mijango es uno de ellos, Roberto Castillo es otro.” El último es el nombre de Camilo.
“¿Seguimiento, qué clase de seguimiento? ¿Es policía?”
“No. Seguimiento del Estado...”
“¿Qué?”
“Trabajé en el OIE, el Organismo de Inteligencia del Estado, y en marzo nos encargaron investigarlos a usted y sus amigos.”
“¿Y por qué putas me viene a contar esto? ¿Qué mierda de extorsión es esta?”
“No es extorsión. Es que los hijos de puta me echaron. Me dejaron en la calle, sin nada. Estoy hecho mierda...”
Bueno, este hombre pisto querrá. Una nueva forma de extorsión. Pero no me pide nada. Me dice que piensa que yo debería saber que me habían investigado. Aunque, según él, nunca llegaron a nada. Me enseña una libreta con apuntes: nuestros nombres, un montón de fechas, que corresponden a diferentes viajes, reuniones mías y de mis amigos; direcciones. Todos datos correctos.
El hombre se va, reiterando que no busca extorsionarme, que sólo está ofreciendo sus oficios. Me deja su tarjeta de presentación: “Investigaciones matrimoniales y más. 25 años de experiencia.” Sus últimas palabras: “Cuídese, don Paolo.” Esta frase se la dicen a uno todos los días diferentes personas. ¿Pero qué significa cuando viene de la boca de un agente o exagente de la policía secreta?
Este mismo día pido una cita a un hombre que conoce desde adentro este submundo de inteligencia. Trabajó ahí en los tiempos de Tony Saca y pasó mucha información confidencial. Me dice: “Paja, ningún ex miembro del OIE va a contactar y alertar a alguien que ha sido sujeto de investigación. Nunca. En este mundo esto es un pecado que puede ser fatal. Simplemente no pasa.”
“¿Y entonces?”
“A este fulano te lo mandaron. Alguien te está mandando una advertencia: Mirá, papito, te tenemos en la mira...”
“¿Alguien? ¿Quién?”
“Alguien que te quiere impresionar o intimidar. Alguien que no le gusta lo que estás haciendo. Alguien que se siente amenazado, ¿qué sé yo? Alguien que el Frente metió al OIE...”
“¿Entonces, es paja que lo echaron del OIE? ¿Es el mismo OIE que me lo mandó para asustarme? No lo creo.”
“Yo tampoco. Pero hay grupos paralelos de inteligencia vinculados a ciertos partidos, y se han llevado exmiembros de la OIE a operar para ellos, clandestinamente...”
“¿Quiénes me van a mandar este tipo de recados?”
“Vaya, vos sabrás a quién estás molestando. Saca tu conclusión...”
“¿Y por qué harían esto?”
“Porque saben que a vos no te impresionan con insultos en internet, que cuando te tiran mierdas, las agarrás y se las tirás de vuelta...”
¿Este hombrecillo sólo fue un loco? ¿Fue realmente un exagente resentido que me quería hacer un favor, o es un agente activo —a saber de quiénes— que me quería asustar? Nunca lo voy a saber. ¿Realmente me están siguiendo? A veces tengo la impresión que sí. El vigilante de nuestro pasaje me ha advertido que a veces hay carros raros, con gente sentada adentro, parqueados por horas en frente de la entrada. Y Raúl y Camilo de todos modos parten de que nos están vigilando.
Tal vez hay una forma de averiguarlo. Hablo con Raúl y Munguía Payés. El ministro me dice: “La policía no puede ser. Salinas ya chequeó. Deberías hablar con Perdomo.” Ricardo Perdomo es el director del OIE. Pero ni el ministro, que supuestamente es chero de él y lo recomendó al presidente para este cargo, le tiene plena confianza. Yo menos. Casi no lo conozco, pero nunca me cayó bien. Demasiado ambicioso, demasiado opaco. Supuestamente apoya al equipo de mediación con recursos, pero no sabemos si es por apoyar o para controlar.
Hago la cita con Perdomo. Me recibe en una casa particular, una ‘casa de seguridad’. Le cuento lo del hombrecito que me visitó. Le doy la tarjeta con su nombre y teléfono. “Voy a investigar, pero estoy seguro que es paja. No puede ser del OIE.”
“¿Y cómo puedes saber sin investigar? Me imagino que hay muchos agentes que despidieron cuando vos asumiste, gente de Eduardo Linares, gente del Frente. ¿Por qué no puede ser un hijueputa de estos?”
“Porque nosotros estamos controlando a toda esta gente. Sería un delito que alguien estuviera haciendo lo que tú me dices, por esto los vigilamos. Esto debe ser algún loco. Nunca pensé que te asustarían tan fácilmente.”
“Esperáte, ¿me veo asustado? Nosotros —Raúl, Camilo y yo— venimos de donde asustan. Pero tampoco me voy a quedar sin averiguar qué ondas con este tipo. Es tú deber investigarlo, ¿y no es este tú trabajo?”
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Ricardo Perdomo, director de del Organismo de Inteligencia del Estado |
El día siguiente me habla y me dice: “Ya investigamos. Es paja. Ese hombre no existe. Nadie contesta ese número de teléfono. Nadie lo conoce. Te dije, no hay nada. Tranquilo.”
“¿Con una llamada telefónica terminaron la investigación? Con razón ustedes siempre andan despistados y no saben lo que está pasando en el país.” Y le cuelgo.
Recapitulando las conversaciones con el spymaster del gobierno, me da risa. Me confirma que el apodo que le dan es acertado: Es enano, tiene barba blanca larga, y es inútil. Es ‘el enano de jardín’. Así lo voy a llamar...
Siguiente entrega, martes 20 marzo:
Capítulo 7: La Fiscalía Interviene