martes, 5 de junio de 2007

Cartas sobre el retiro de la columna

Paolo Lüers y los millones de salvadoreños pueden opinar lo que se les antoje del reportaje que escribí, el 6 de mayo pasado, sobre el servicio de espionaje soviético KGB (por sus siglas en ruso) y sus conexiones con el Partido Comunista de El Salvador (PCS). Las posturas van desde las que lo califican como una de las mejores piezas que se han publicado en los últimos años hasta las que aseguran que es un engendro político para afectar la precampaña presidencial. Ninguno de las dos ha puesto en duda la veracidad de los hechos. Es claro que para Lüers, tal como lo escribió en su columna del 21 de mayo de 2007 de El Faro, el trabajo es malo. Respeto la opinión de Paolo, aunque no la comparto.

Pero la presente carta lejos de defender las bondades del reportaje e intentar persuadir a los detractores de las virtudes de mi texto, tiene otra misión más sencilla: subrayar una mentira escrita por Paolo Lüers. Lüers aseguró: "Está bien que un reportero reciba del PC salvadoreño la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a un general del KGB retirado (porque cuesta imaginarse a un periodista de La Prensa Gráfica llegando por cuenta propia a La Habana buscando a generales retirados del KGB); está bien que reciba del PC toda la información y las pistas para reconstruir la historia de las armas recuperadas por el Vietcong y después regalados a Schafik"
Paolo establece la existencia de un contubernio entre mi persona y la gente del PCS durante la investigación. En el párrafo, no existe un "creo", "pienso", "intuyo" o "maquino". Lo presenta como un hecho, como quien tiene pruebas, que revelan una conspiración manejada por el PCS y de la cual LA PRENSA GRÁFICA fue ejecutora. Aquel párrafo sería anecdótico si yo me dedicara a otras ocupaciones. Pero soy periodista y trabajo con la premisa de que la gente crea que lo que yo publico se acerca rigurosamente a la verdad. Por eso, las palabras de Paolo intentan empañar mi honor e independencia al ligarme con una conspiración falsa, inverosímil y delirante (Lüers se lleva de encuentro a nuestros corresponsales y colaboradores en Londres, Moscú y México que me ayudaron).

La inexistencia del supuesto complot entre mi persona, LA PRENSA GRÁFICA y el PCS puede ser corroborada con facilidad consultando a las fuentes que el mismo columnista sugiere como los responsables. Cosa básica del periodismo, pero que Lüers omitió hacer para dejárselo todo a su imaginación.

A nuestros lectores les recalco que la Revista Enfoques amarró, sin injerencia externa, cada uno de los hilos de esta investigación, que duró más de 8 meses -incluida las gestiones para entrevistar al exKGB Nikolai Leonov y los documentos secretos de la Unión Soviética. No hubo "gargantas profundas", ni tropicales "Big Brother", ni intermediarios, ni políticos que patrocinaron los viajes, ni gobiernos bondadosos. Simple y llanamente, reporteo puro y duro, que fue apoyado decididamente por el editor de Enfoques, Ricardo Vaquerano, y la jefatura de nuestra redacción.

Ojalá que Lüers, quien se autodefine como defensor del periodismo independiente, ético y riguroso, presente las pruebas: ¿A qué se refiere con "ayuda"? ¿Qué le dicen sus fuentes dentro del PCS? ¿Quién me dio apoyó? ¿Cómo se planificó el complot? Si se puede, que lo haga de las misma manera en la que se cuadricularon las reuniones entre la KGB y el secretario del PCS, Schafik Hándal, en 1980. Con documentos y citas incluidos.

Es respetable que Lüers piense que mi reportaje digno de ser echado a la basura o que crea que fue motivado por intereses políticos. Tiene todo el derecho a criticarlo y a encontrarle lados débiles. Pero el párrafo antes citado traspasa la línea de la opinión para colocar sus palabras en el terreno de la difamación.

Quedo a la espera de que Paolo Lüers rectifique los señalamientos que vierte contra mi persona. No dudo que encontrará la mejor manera, como periodista experimentado de aclararles a los salvadoreños que todo fue un exabrupto.

Ricardo José Valencia, periodista de la revista Enfoques de La Prensa Gráfica


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Con gran interés leí el lunes la columna de Paolo Lüers en la que este hace un peregrinaje por el reportaje que Enfoques publicó los domingos 6 y 13 de mayo, acerca del rol del KGB en la guerra salvadoreña.

Lüers hace dos tipos de señalamientos: los infundados y los difamatorios. Y estos últimos también son infundados. Los primeros, que son esos en los que, por ejemplo, establece que su estatura periodística es el patrón para medir la estatura de los periodistas de La Prensa Gráfica y, en particular, la de los de Enfoques y, específicamente, la de Ricardo Valencia. “Cuesta imaginarse a un periodista de La Prensa Gráfica llegando por cuenta propia a la Habana buscando a generales retirados del KGB”, deja caer, como para excusar el contenido difamatorio de su afirmación previa: “Está bien que un reportero reciba del PC salvadoreño la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a un general del KGB retirado (...)

De algún modo -de cualquier modo- Lüers concluyó que el PC salvadoreño dio a Valencia la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a Nikolai Leonov. En el mismo párrafo de su columna chorrea, posteriormente, otra ficción: “Está bien que reciba del PC toda la información y las pistas para reconstruir la historia de las armas recuperadas (...)” En un alarde de hemorragia imaginativa, ya con tono de maestro, preparando el cierre de su columna y como esculpiéndose un pedestal para dictar cátedra, insiste en su propio cuento cuando sazona un consejo: “Ricardo Valencia y La Prensa Gráfica, con un poco más de paciencia y profesionalidad, hubieran podido investigar más allá del cebo que les puso el PC. Si de periodismo investigativo se tratara (...)”

Periodismo investigativo. Dejémoslo en periodismo. El género de opinión, he entendido hace tiempo, también es periodismo. Y porque no he cruzado con él más que algunas palabras amistosas de vez en cuando, no pretendo entender las causas de la accidentada columna de Lüers. Sí creo, que los que amamos el oficio del periodismo y valoramos su función y, por tanto, lo respetamos, no podemos jugar a ser víctimas catatónicas cuando se está insultando no a una persona o a un medio, sino a una profesión ya muy estigmatizada en El Salvador.

Lüers asegura que el Partido Comunista de El Salvador dio a Valencia toda la información y las pistas para reconstruir la historia de las armas. Y que Valencia recibió del PCS “la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a un general del KGB retirado”. Y que el PCS puso un cebo a Valencia y a La Prensa Gráfica. A propósito de ese supuesto cebo, añade que la presa queda perdida irremediablemente “cuando no tenés la capacidad, o la curiosidad, o los recursos o el apoyo de tu medio para investigar independientemente. No es primera vez que le pasa a Ricardo Valencia.”
No es primera vez que leo con tal atención a Lüers. Porque con frecuencia escribe con lucidez, con ecuanimidad, con amenidad, con agudeza y a salvo de garbos absurdos. Porque, antes que juzgar, argumenta. Porque, antes que inventar, averigua. Porque, antes que usar los dedos de las manos en su computador, los conecta a su cerebro. En fin, porque me da la impresión de que es un periodista que tiene algún respeto por el periodismo. ¿O lo tenía? ¿Qué cortocircuito desafortunado le hizo mezclar opinión con falso testimonio? ¿Acaso una falla de sinapsis le jugó una mala pasada? ¿Tal vez una disfunción sicomotora no coordinó sus pensamientos con lo que los dedos escribían? Quién sabe. Pero el producto habla de la fábrica de la que sale, y la columna de Lüers ensucia, injustificadamente, el nombre de algunas personas.

Intento pero no alcanzo a comprender cómo alguien dice que tiene tantas dificultades para imaginar que un periodista pueda hacer una investigación profesional, y sin embargo da cátedra sobre cómo rellenar con imaginación, mentiras e inventos lo que en su cabeza solo es un cúmulo de interrogantes.

Intento comprender cómo en la sección Cartas al Editor de tu periódico se previene que no se publicará misivas que incluyan -por ejemplo- acusaciones no fundadas, que sí se permiten en una columna de opinión. ¿Por qué no poner, al menos, la misma barda?Esperaré una próxima columna de Paolo Lüers en la que sustente las acusaciones no fundadas que hizo en su columna del lunes 21, o en la que se retracte de sus palabras. Por respeto al oficio y a la gente.

Atentamente, Ricardo Saúl Vaquerazo, editor de la revista Enfoques de La Prensa Gráfica


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Lo menos que puedo decir es que me parece muy triste que un medio como El Faro retiré una de las columnas más interesantes, no sólo de su periódico digital sino de los medios de comunicación salvadoreños en general. Y bueno, si van a aplicar esos famoso "filtros" ya habrían podido comenzar hace mucho con una serie de afirmaciones que se dan en ciertos de sus artículos, que además de ser un plomo, se eternizan en entregas y en toda una serie de supuestas "verdades" que están muy lejos de ser comprobadas.A juzgar por las opiniones vertidas en dichas columnas el mismísimo Muro de Berlín aún no ha caído. La de Paolo es una columna de opinión si no se está de acuerdo se le debería rebatir, no retirar. Elemental para una publicación democrática según me parece.Gracias por su atención y mucha suerte en el futuro.

Leo Argüello


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Escribo sobre la columna de Lüers, donde ¿opina? sobre el reportaje que LPG publicó en dos entregas y que firmaba mi amigo Ricardo Valencia.
Creo que lo que se desprende esta vez del artículo de Paolo es un asunto grave, quizá no más grave que otras columnas que pudo haber publicado en el pasado (¿será acaso esto lo más grave?), pero resulta que ahora yo conozco el otro lado, es decir: a Ricardo y a su reportaje.

Algunas ideas:

1)Paolo: no es que yo simpatice con tu estilo polémico y provocador de escribir columnas, es que lo admiro. Creo que vos lográs hacer algo muy difícil: que la gente desprecie profundamente tus columnas o que las ame.

Creo que tenés todo el derecho de opinar y publicar tus opiniones, aunque no siempre coincida con vos (como aquella vez que dijiste que El Faro era cobarde y un lugar lleno de censura porque no se publicaron aquellas caricaturas de Mahoma que según vos había que publicar). Pero Paolo, no tenés derecho a inventar mentiras y a publicarlas. ¿A qué me refiero?

"Está bien que un reportero reciba del PC salvadoreño la oportunidad de ir a Cuba y entrevistar a un general del KGB retirado (porque cuesta imaginarse a un periodista de La Prensa Gráfica llegando por cuenta propia a La Habana buscando a generales retirados del KGB); está bien que reciba del PC toda la información y las pistas para reconstruir la historia de las armas recuperadas por el Vietcong y después regalados a Schafik". ¡Ey! Eso es mentira, eso salió de tu imaginación. A vos te cuesta imaginarte a un reportero consiguiendo por sus medios esa información, esos contactos, pero generalizás, (a mi no me cuesta imaginarme a Ricardo consiguiendo eso), lo das por hecho y lo publicás así. No me parece justo.

2) Paolo: No solo es mentira lo que publicás, sino que parece que sentís que la gente debe demostrarte lo contrario. Es decir, que las cosas serán como vos te las imaginás hasta que alguien no te de pruebas de que no es así ¿Eso no es prepotencia? No hiciste el mínimo esfuerzo por averiguar nada, no hiciste el mínimo esfuerzo por hacer periodismo, Paolo, ¡el mínimo! El Salvador no es un país grande. Vos conocés a Ricardo Valencia y cualquiera te pudo haber dado su celular para que lo invitaras a tomar una limonada en La Ventana y te contara cómo le hizo. Vos tenés el celular de Saúl Vaquerano, el editor de Enfoques, quien no ha tenido ningún reparo en asistir a los debates que vos organizabas cada vez que se lo pediste. Hubieras podido llamarle y preguntarle. Pero no. No lo hiciste, no preguntaste, preferiste imaginarte todo y publicarlo tal y como salía de tu imaginación y decirle a Ricardo y a Saúl que eran periodistas fáciles, faltos de experiencia, poco profesionales, cuando vos no te tomaste la molestia de preguntar nada a nadie.

3) Paolo: Tu problema es que tenés una buena columna. Las cosas fueran más claras si se tratara de un material como el de Geovanni Galeas sobre el mayor D’aubuisson, lleno de agujeros por todos los lados, pasándose todos los semáforos periodísticos en rojo; o como la columna de Regina de Cardenal, llena de mentiras y de fanatismo religioso. Pero no, vos tenés ese problema: tu columna es buena y por eso hace más daño. Argumentás bien y parece que te has preocupado por sustentar lo que decís. Ahora pienso: ¿Cuántas otras veces mentiste y yo te creí por no conocer la parte sobre la que mentiste?; ¿Cuántas otras veces no has escrito cosas que salen de tu imaginación y las has publicado como verdades? ¿Sabés lo peor, lo más triste? Esta vez, Lüers, te llevaste entre las patas (las patas de tus propios odios personales, de tus fobias hacia esa parte de la izquierda) a uno de los buenos, de los pocos buenos que quedan. Le estás pidiendo a tus lectores que dejen de creer en uno de los pocos a los que se les va la vida en hacer las cosas bien. La cagaste.
4) El Faro: Sé que no pueden tener "revisadores de datos" para cada Columna. Aprecio y defiendo como valor inviolable la libertad de expresión de sus columnistas (EF es el único periódico donde los columnistas pueden criticar duramente al mismo medio, como en el caso anterior...) Pero esta vez dejaron pasar una columna que estaba en sus manos impedir. Hablaba sobre Ricardo, ese mismo tipo que fue parte, durante años, de El Faro. En este caso particular ustedes dejaron que uno de los columnistas difamara a alguien del gremio, a quien conocen. También pudieron llamar a Ricardo, también pudieron llamar a Saúl, también pudieron llamar a Paolo, para preguntar si había hablado con alguien, que no fuera su propia "creatividad"... Creo que ustedes también le deben una disculpa al equipo de periodistas sobre quienes Paolo mintió.
Ojalá mis comentarios se entiendan como opiniones profesionales y no como encachimbamiento ante el agravio a un amigo. Aunque para ser honesto, algo tiene de eso último.

Carlos Martínez, México


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No tuve oportunidad de leer dicha columna antes de su retiro, por lo cual desconozco su contenido, pero aun desconociéndolo, me parece una decisión equivocada de la dirección de este semanario haberla retirado.

Según entiendo una columna de opinión es solamente la opinión personal del columnista, y por lo tanto su contenido: argumentaciones y fuentes, correctos o incorrectos, son de entera responsabilidad del mismo.

Supongo que las opiniones de sus varios columnistas no necesariamente reflejan la opinión o el pensamiento de su semanario, por lo tanto ustedes no pueden darse por aludidos o pretender ser los responsables. Sería mas honesto decir que no están de acuerdo con lo que Lüers escribió y por eso lo censuran.

Me parece inconcebible y reprobable que una publicación tan seria como El Faro, a la cual he admirado y respetado desde su nacimiento, quite y ponga opiniones de terceros a su antojo. Los lectores, señor editor, merecemos mas respeto.

Lo único que cabe aquí, para enmendar tan craso error, es dejar que la libertad de expresión continúe fluyendo libremente por su espacio, para lo cual El Faro debe de volver a publicar la nota de opinión de Lüers. Quien dicho sea de paso es uno de sus mejores columnistas y uno de los motivos por los que yo fielmente leo su semanario.
Atentamente, pero sumamente molesta,

Yadira ArévaloLos Ángeles, CA


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Amistad aparte con Paolo, me sorprende la decisión de El Faro de suprimir su columna y no dejar al autor cualquier consecuencia. Respecto a la veracidad del contenido, pues habemos bastantes que podemos dar testimonio de la pérdida de la soberanía del FMLN por trabajo del PC y podemos también atestiguar la veracidad cronológica de los acontecimientos que Paolo señala.

Me preocupa su decisión pues cada vez que esto sucede nos preguntamos cual entonces es la diferencia de su periódico con los tradicionalmente alineados...lo que les corresponde a uds. es emprender investigaciones que aclaren las cosas, por ejemplo: volver a entrevistar a Francisco Jovel y preguntarle ya no sobre el amor en el frente de guerra, si no la forma en que ayudó a que el Frente perdiera su independencia y soberanía y pasara a alinearse con la cominter.

Uds. se han caracterizado por su independencia, iniciativa y frescura periodística, tengan cuidado con la vejez porque también afecta el cristal con que vemos la realidad. Por favor, hagan lo imposible por no dejar de ser la alternativa.

Tito Hasbún


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¡Qué decepción! Haber retirado la columna de Paolo pone a El Faro en una categoría periodística muy baja. Si la dirección del periódico "tiene reservas sobre la veracidad de algunas de las aseveraciones" hechas por Paolo, sean transparentes y digan cuáles son esas reservas; permitan el debate, como siempre lo han hecho.

Es absurdo que hablen de "aplicar filtros de calidad" precisamente a una de las mejores columnas que se han publicado en los nueve años de vida del periódico. Los lectores tenemos derecho a ponderar los elementos de juicio que aporta Paolo en la columna "Del PC y su madre KGB" sobre uno de los períodos más importantes de nuestra historia personal. Si El Faro va a empezar a ser aguado y a impedir que se cuestione la visión de los hechos históricos que aportan otros medios de prensa, perderá rápidamente lo que tanto esfuerzo les ha costado construir: el aprecio de los lectores que creíamos tener en El Faro un medio de prensa diferente.

Joaquín Samayoa


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En realidad los argumentos que esgrimen contra del autor y del artículo son de igualmente cuestionables que el articulo en todo caso. Creo que nadie está en posición de juez supremo. El ejercicio periodístico debe ser amplio, variado, plural y en muchos casos, especulativo, porque se sepa nadie de los actores reales del tema que aborda Lüers ha dicho la verdad, ni la dirán, entonces, no hay base para decir si este es mejor que el otro.

Ismael Ortiz


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Para mi sorpresa la columna ha sido censurada y al entrar en la columna transversal encontrará dos pequeños párrafos explicativos del porque de tal decisión, aunque la verdadera explicación se quedó en la mente de los directores y lo que se publicó fue lo que se considera políticamente correcto escribir, la que ellos quería decir fue lo siguiente: Lo cierto es que, no vivimos en la República Bolivariana de Venezuela pero vemos con gran admiración y simpatía la manera como el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías está dirigiendo ese país, por tal motivo y para ser coherente con nuestro pensamiento hemos decidido elogiarlo asumiendo una dirección Chavista del periódico El Faro, por tanto, a los columnistas que se nieguen a someterse a las nuevas leyes de la información serán censurados dentro del artículo 58 de la Constitución Bolivariana, a través del cual se pretende garantizar a los ciudadanos información veraz y precisa.

La dirección de El Faro pide disculpas por no haber institucionalizado desde un primer momento el control soberano de la veracidad de la información, ya que nuestra habilidad para el apoyo con criterios de pluralidad y tolerancia eran solo lindas palabras para ocultar el autoritarismo.

Es paradójico como en una columna publicada el 15 de enero de 2007 titulada “El Talón de Chávez”, se critique fuertemente el cierre de RCTV y meses después se censura una columna porque molesta y provoca escozor, no solo en la dirección del periódico sino también en aquellas personas que han contribuido de manera directa a la realización de las entregas seudo-históricas de La Prensa Gráfica.

Me pregunto, quién se puede molestar por las críticas de Paolo, los lectores, si estos se molestan tienen varias opciones, como en todo país democrático se le puede escribir directamente al columnista o al medio expresando el descontento y como lector prefiero usar mi derecho de expresión a abdicar a que un director de medio me diga que puedo o que no puedo leer. Se podrá molestar la publicación, esto mejor ni se responde porque atribuirle afecciones humanas a objetos inanimados es irracional. El periodista, éste como profesional debe saber que esta expuesto a las criticas, pero que de igual forma tiene mecanismos para discutir ideas con ideas. Será entonces que los molestos son nuevamente las dirigencias de los partidos políticos, porque se han visto desenmascarados en unas cuantas palabras de sus verdaderas intenciones, unos de tener justificativo para sus campañas publicitarias y otros como probatorio de su posición de poder dentro del partido. Dejo abiertas las interrogantes, para que cada quien concluya.

Aldo Salazar Marxelly


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Cierto... cierto... cierto. Las notas sobre la investigación de LPG son en buena medida bastante bien elaboradas y hasta útiles, a quien no sé, pero lo serán, seguro. Pero debo conceder toda la razón a Ribera en el sentido que el medio no aporta más que una arista de la amplia participación de otros en el pasado conflicto salvadoreño.

Se reduce el reportaje entonces a cumplir periodísticamente con la confirmación de una sospecha y además a servir como medio de prueba a las declaraciones aparecidas también sobre el papel de un ex embajador salvadoreño ante la ONU y las oportunistas declaraciones de otros como el Ex embajador Rivas Gallont. Hasta la saciedad sostuvieron los gobiernos durante y después del conflicto esa intervención soviética, pero son mudos y sordos cuando se pregunta sobre la intervención de personeros extranjeros, no solo en logística sino en el combate directo con las fuerzas guerrilleras.¿Alguien ha leído un trabajo periodístico del trabajo de Posada Carriles al amparo del gobierno salvadoreño?... Solo falta que cuando mis hijos crezcan y estudien sociales se les presente la historia de Roberto D’aubuisson, según Giovani Galeas/LPG. Las fuentes... esas fuentes fueron su pecadillo.

Reynaldo Bautista


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(Comentan columna de Ricardo Ribera ¿Periodismo o historia?)

El autor considera que las referencias bibliográficas que hace el periodista sobre el flujo de armas durante el conflicto armado en nuestro país, son fuentes verificadas. Pero esto no explica como sin ese armamento el conflicto a finales de los 70 y principios de los 80 era ya generalizado. El tema de las armas es apenas un componente del conflicto. Sobre la fuentes, esta muy cercana la conclusión del conflicto como para tener información que sea posible verificar. Muchos de los actores involucrados podrían ver en riesgo su seguridad si develan los mecanismos que hicieron posible el trasiego de armas, hay que recordar que en los ochenta circularon por toda la región muchisimos tipos de armas, el conflicto era practicamente regional, USA financiaba y armaba a la contra en Nicaragua, armo -y muy bien- al ejército de Honduras, y no se quedaron atras los chapines. En El Salvador, el flujo en armamento y demás pertrechos llego a representar mas de la mitad de la ayuda que Estados Unidos proporcionaba, y esta en todo el período fue de muchos centenares de millones de dólares.

Creo que alabar a un periodista, que usa un lado de las fuentes -y cada bando tenia muchas fuentes, creibles además- es superficial, empaña la visión del conflicto y pondera actores que fueron de reparto como si fueran prima donas.

Para atisbar -no solo por la superficie-, las complejidades de un conflicto que no tuvo su origen en el conflicto este-oeste, hay que establecer primero quienes fueron los grandes protagonistas, empezando por la gente y la del campo en primer lugar, después por las condiciones políticas, sociales y económicas de aquel momento, por último aquellos que pretendieron encabezar el proceso.

Me parece poco acertado este comentario, pero además bastante superficial.

Oscar Samayoa


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Lamento la posición de censurar una columna como la de renunciar a la pluma. Comparto que la solución hubiera sido una columna editorial de El Faro desvirtuando o expresando las dudas sobre el criterio de un columnista. Los lectores de El Faro son pensantes. Saben diferenciar entre un reportaje, una crónica, una nota investigativa, de una columna que refleja la opinión personal de una persona. Con mayor razón de la posición propia de un medio y esa opinión de la pluma de un editorialista. Lamento que la luz editorial de El Faro en esta oportunidad se haya quedado sin luz. Espero que cuando vuelva a iluminar no lo haga ni con pantallas y velos apaciguadores de compromisos de ningún tipo. Mucho menos de conflicto de intereses o de amistad.

Rolando Medina


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En mi opinión, y como periodista de más de 40 años de carrera, comparto la opinión y crítica del periodista Ricardo Valencia de La Prensa Gráfica en cuanto a las aseveraciones, críticas y acusaciones del periodista Paolo Luers. Consta que no conozco a ninguno de los dos protagonistas en esta controversia. Sin embargo, he leído TODOS los documentos de que se trata aquí y - otra vez, periodísticamente hablando -El Faro tenía razón en hacer lo que hizo. Su acto no fue violatorio de la libertad de expresión y/o la libertad de prensa.

Yo fui editor de la página editorial y de opinión del periódico USA TODAY por más de ocho años y - estrictamente hablando - la columna del Sr. Luers tenía varios asuntos que requerían pruebas. Si yo hubiera sido el editor o redactor en este caso, hubiera solicitado esas pruebas y si no me las presenta o quiere dar, le hubiera dicho: Lo siento mucho, pero no podemos usar su columna.

Cualquier periódico o revista seria en Estados Unidos (y tengo que decir que EE.UU., es mi único punto de referencia) tiene el derecho de editar una columna de opinión en cuanto a estilo, gramática, hechos y longitud, pero no tiene derecho a cambiar las opiniones expresadas o el contexto. El Faro, en mi opinión, hizo lo primero y estaba correcto. El Sr. Luers - en su comentario luego de que El Faro había rechazado su columna - dijo algo en el sentido de que o aceptan todo o nada. Las cosas no funcionan así en el periodismo serio, libre y profesional que yo he practicado y en el que yo creo.

Juan J. Walte


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No es posible que un periodista de la calidad del señor Luers abandone al único periódico de la calidad de El Faro. Por favor, señor Luers piénselo de nuevo, aunque entiendo los motivos que expone y creo que tiene toda la razón.¿No será que el único periódico aceptable está queriendo parecerse a los otros?

Lety de Parada


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Se va Paolo Lüers y eso solo refleja lo que el pais es en materia de tolerancia y aceptación del otro. El Faro estaba demostrando una apertura editorial nunca vista, pero ha perdido esta batalla momentáneamente. ¡Qué lástima! Pero vendrán más batallas que librar y dependerá de ellos mismos salir airosos o derrotados como hoy.

Carlos Reinaldo Melgar


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El artículo giró por miles de correos electrónicos alrededor del mundo. Yo lo reenvié, cuando entró en la página web de El Faro y quiero abrir el artículo. Me encuentro con una gran sorpresa: suspensión y censura de un artículo que ya había leído.

Para mi fue realmente una sorpresa que jamás iba a encontrar en este periódico digital que ha abierto los espacios. Mi cabeza empezó a buscar miles de respuestas de por qué habían suspendido este artículo, que había sido una respuesta, una critica a un artículo que con su tema histórico y llamativo, sin juzgar las intenciones, quiso confundir más a un pueblo que no ha logrado encontrar la verdad de su reciente pasado. Y creo que el artículo de Paolo está bien fundamentado en lo referente a los verdaderos actores del conflicto. El enfoque que hace La Prensa Grafica sitúa al PCS y a Schafick como las principales figuras de la revolución salvadoreña, cuando dentro de la izquierda salvadoreña y del mundo se sabe que los que menos aportaron a la lucha y los últimos en integrarse a ella fue Schafick y el PCS, que durante toda la década de los 70 estuvieron enfrascados en la lucha electoral, mientras que en el campo, en la ciudad, en la fábrica, en los tugurios, se preparaban los primeros batallones para la guerra.Pienso que si el mundo conoce nuestra historia, no podemos permitirnos que nosotros mismos nos confundamos, porque sería peligroso para la Historia. Estaríamos perdiendo la memoria, de repente aparecerá otro periodista destacado de otro periódico sacando un reportaje brillando donde nos ponen a d’aubuisson y ARENA como los actores principales de la revolución salvadoreña.

Héctor Cruz


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Debate sobre columna retirada Respecto a la nota aclaratoria, quiero felicitarte por la humildad y honestidad al aclarar los aspectos que fueron puntos de crítica y reclamo por parte de algunos lectores.Quiero decirte que somos humanos y errar es de humanos sin embargo reconocer y admitir los errores cometidos es de valientes. Ánimo y adelante, pues si nos quedamos estancados lamentando los errores no estamos en nada.....Tenemos que ser propositivos.

Víctor Esquivel


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Me pareció totalmente desatinado retirar la columna del Sr. Paolo Luers en una muestra clara de salvaje censura.

A mi me provoca gracia que el tema sea que a un periodista los del PC le facilitaran una entrevista con un ex-KGB para, según el señor Luers, el PC tejiera su leyenda. Puede ser (y personalmente me parecería bien si esto fue así). Si a Luers esto no le gusta, ese es su problema, y puede decir lo que quiera. Lo que es inaceptable es que un medio periodístico que se dice plural y de avanzada, ocupe métodos tan retrógrados, que sólo producen pena. La columna aclaratoria en nada mejora la situación y sólo es un estéril intento de maquillar las cosas.

En su columna de despedida, dice que lo suyo era un espacio de opinión, no de investigación. Por eso mismo, no estaba en obligación de presentar pruebas, pudiendo verter su opinión siempre y cuando no haya insultos.

Personalmente no voy a extrañar su columna, pero la forma en que se retira es una vergüenza para el Faro (que por cierto tiene un editorial donde crítica a Chávez por cerrar RCTV). No sé que le critica, si son iguales.

José Rodríguez Montes de OcaTal vez la columna de Paolo Luers sea más interesante por el hecho de haber sido retirada y por la polémica que generó que por su contenido en sí. A El Faro yo pregunto, ¿para qué existen los consejos editoriales de un periódico? Por otro lado, también existe la "libre cátedra" para las columnas que expresan la opinión de un articulista, pura y exclusivamente, desde que estas vengan firmadas por su autor y con una nota dejando claro que no expresan la opinión del periódico. Si Paolo erró, El Faro erró doble. Quizás lo hizo para estar en coro con Chávez, justamente en un momento en que ese señor decir censurar una televisión privada no extendiéndole su permiso de difusión, irónicamente tema del editorial de esta semana de El Faro. Paolo sale de El Faro expontáneamente pero no así su columna. Pierde El Faro y pierden los lectores. Paolo seguramente encontrará otro lugar para expresar su opinión. Paolo, ¿qué tal comenzar tu propio blog, tan en moda por el mundo afuera?

Edwin Lima, Holanda


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El Faro tiene lo que Lüers dice que tiene (lo mejor del periodismo salvadoreño), y sin embargo no en la medida de lo que es necesario para sacar nuestro país de la mediocridad y oscurantismo periodístico. En otras palabras, es exageración que se afirme que El Faro es la alternativa. La inquisitoria medida tomada contra La Columna Transversal, muestra dos verdades. Una es que El Faro, como un cohete de feria, alcanzó la mayor altura que pudo, y ha comenzado su caída. La otra es que no existe esa supuesta alternativa periodística en El Salvador. Más correcto es decir que El Faro era la esperanza de alternativa, pero cuando esa esperanza ya no avanza, sino, retrocede, deja de ser esperanza. Paradoja es que lo que vino después de la guerra es un pantano que succiona y ahoga lentamente todas las esperanzas surgidas con los acuerdos de paz. Conozco a muchos que calificaban de alternativa a El Faro, porque usaban como vara para medirle, La Columna Transversal. Para otros, El Faro nunca fue alternativa y se demuestra con ese rótulo inquisitorio que coloca a la entrada de Cartas al Director, en que limita hasta el número de palabras que decir. No se dio cuenta El Faro, que Lüers, con su exquisito dominio de la lengua de Cervantes, y su mentalidad anarcorevolucionaria, era el matapalo, que invade tanto el organismo del árbol receptor, que de extirpar al matapalo parásito, el árbol parasitado muere.

Aún puede evitar, El Faro, su prematura muerte, humildemente, pidiendo perdón a Lüers, y restituyendo lo extirpado, pues a estas alturas la invasión de este medio por el estilo Lüers, es tal, que La Columna Transversal, es una sola con la columna vertebral de El Faro. Extirpada la una, la otra, irremisiblemente, entrará en agonía.

Juán Colón


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Como periodista, como salvadoreña, quiero expresarles mi total rechazo a la medida tomada por ustedes de retirar la columna de OPINION de Paolo Luers. Ese retiro es un acto de censura, a la que me opongo totalmente.

En nuestro país, donde la respuesta a las opiniones contrarias ha sido siempre la violencia, la represión y la censura por todos los medios, el debate y la polémica son las armas que deben estimularse y apoyarse. Y El FARO, como único medio independiente en El Salvador, tiene una gran responsabilidad en ese campo.
Vuestro diario no debió nunca retirar esa columna. Por el contrario, debió abrir el debate. La polémica es siempre más sana que la cuchilla.

Me parece que El Faro hace frente en estos momentos a una coyuntura decisiva en su historia. Tiene dos alternativas: mantenerse en su posición, o rectificar, colgando de nuevo esa polémica columna y abriendo el debate, tanto sobre ese periodo crucial en la historia de El Salvador como sobre el periodismo, ya sea de opinión o investigativo.Ustedes, y nosotros, como salvadoreños, podemos perder mucho si no toman la decisión de abrir la polémica, y mantienen su censura de una columna de opinión.

Hay mucho en juego, por lo que espero que El Faro, que ha dado muestras durante nueve años de su voluntad de cambiar las cosas, a través de un periodismo inteligente y abierto, no se dejará llevar por una obstinación que les puede y nos puede, a los salvadoreños que deseamos ver un cambio en el país, costar muy caro.
Los mejores diarios del mundo, como el New York Times, no han dudado, en más de una ocasión, en pedir disculpas a sus lectores y admitir que se equivocaron. ¿Por qué entonces no lo puede hacer El Faro?

Con preocupación y cariño,

Ana María Echeverría Armijo


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Es ilustrativa la explicación pero más que ello es oportuna por los tiempos que se avecinan. En este período de definiciones electorales la polarización política congelará los sempiternos epítetos que han caracterizado las elecciones anteriores. Instalar la pedagogía política es un proceso duro e ingrato, pero necesario para construir el pensamiento prospectivo que permitirá desarrollar los diversos niveles de república que requiere el derecho como escenario de convivencia, pertenencia y desarrollo.

Carlos Calles, Estados Unidos


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En lo personal, considero que es un error sacar de la palestra pública la opinión de Luers. Mi razón es la siguiente: Siempre debe haber una opinión contraria a lo argumentado por otros. La columna de Luers le daba una frescura crítica e irreverente a lo que es considerado por muchos como una verdad irrefutable. Sobre todo con el paupérrimo trabajo periodístico que hizo el de La Prensa Gráfica.

Fue un error.

Edgar Johans Ventura


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Antes que todo, felicitaciones por el periódico muy bueno.Deberían tener una sección que se llame "A SU PROPIO RIESGO", que fuera como cuando alguien paga por dar una opinión en TV, el medio saca que los conceptos vertidos en ese programa son de exclusiva responsabilidad de la persona o institución que lo presenta. Así se podría dar más libertad de dar opinión y sería bajo la responsabilidad de quien lo publique.

Jorge Doñas


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Soy de esa “generación joven de periodistas” a la que con anterioridad, algunos se han referido. Y lo soy preferentemente. En esta práctica siempre se es, como en muchos otros ámbitos de la vida, otros calificativos son para egocéntricos o jubilados. Tengo dos preocupaciones:

1- ¿Es censura quitar una columna de opinión publicada y hasta juzgada? Para mi si lo es. Hay aparentemente juzgamientos subjetivos de Paolo en sus párrafos, y probablemente él lo sepa. Pero los años de este columnista escribiendo en esta edición digital, más la colaboración en otros acertados proyectos dentro del mismo, le dan el derecho, sino como colaborador; sí como columnista, a que los lectores seamos los que descubramos si hay sesgos erróneos de Luers sobre Ricardo Valencia por su trabajo periodístico.

2- ¿Hay filtros de calidad en una columna de opinión? Quizá por mi inexperiencia, es un término nuevo para mi. Aunque yo aplicaría este colador a seudo columnistas que más bien parece hacer trabajo político partidario, que labor de análisis, crítica o reflexión.

Amigos de El Faro... ¿Esperaríamos entonces los lectores, columnas de opinión filtradas en el futuro?

¿Las ideas venideras de sus columnistas llevaran autocensura y temor en el teclado?

Se que es un momento álgido, por que ahora se nos es fácil meter crítica a un medio que abre su web para recibir los comentarios de sus lectores, pero no dudo en una respuesta sabihonda de parte de los directores.

Quiero confesar que soy de esos lectores impacientes que esperan encender su ordenador cada lunes, para devorarse el contenido de su semanario. Leer sus editoriales y obtener reflexión e información, sobre temas que investigan. Y claro, sus columnas de opinión. Esas mismas que van a extrañar las líneas de Paolo, quien creo cayó en una trampa, que le puso su más cercana amiga: la polémica. Quién no le permitió diferenciar entre lo que consta y lo que se interpreta. A hora eso nos cuesta a sus lectores despedirnos de su irrepetible estilo. Pero le cuesta más a El Faro, porque llenar los escritos de este periodista irreverente, es una paradoja.

Francisco Bonilla


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Lamento que Paolo Luers no siga proporcionándonos su crítica. Cada lunes espero con ansia leer EL FARO, quien me ha proporcionado otra visión de "digerir" las noticias que los otros periódicos del pais ofrecen. Espero Sr. Luers que encuentre otro sitio donde poder leerle.

Glenda Torres



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Este es el mundo al revés. Leyendo la despedida de Paolo de las páginas electrónicas de El Faro, recordé mi propia experiencia como columnista de El Diario de Hoy, periódico habitualmente criticado desde diversas plataformas de izquierda. Pues bien, en ese medio escribí todas las semanas durante tres años, al cabo de los cuales me retiré por voluntad propia, sin haber experimentado ni la más mínima interferencia de los propietarios y editores con mis opiniones.

Revisando esas columnas -que conservo íntegras- puedo afirmar con certeza que en incontables ocasiones expuse planteamientos incomparablemente más atrevidos, provocativos y alejados de la línea editorial del periódico que los que presentó Paolo en su columna de la discordia. Más aún, en varias ocasiones hice críticas directas, duras, claras y peladas al Presidente de la República o a sus Ministros, que bien pudieron traducirse en quejas, presiones o costos para el periódico. En otras ocasiones critiqué sin ambages algún reportaje del mismo periódico. y en una ocasión que recuerdo perfectamente critiqué hasta con mordacidad una nota editorial escrita sin firma por el propietario del periódico. A pesar de ello, nunca, ni una sola vez, me pidieron que modificara algo de lo que había escrito. Sabían, como deben saber ahora los editores de El Faro en relación con los escritos de Paolo, que mis columnas eran con gran diferencia las que más se leían en el periódico. Y me respetaron. Y se ganaron mi respeto.

A la luz de esta experiencia personal, me parece increíble y muy lamentable que El Faro, que debiera tener más tolerancia, pluralismo y audacia que otros medios, haya perdido a su mejor columnista. Y más triste aún, que lo haya perdido por un argumento claramente equivocado, aunque bien intencionado, de los editores.

Paolo tiene razón en dos cosas centrales: la primera es que una columna de opinión está sujeta a la ética y a la buena fe, de igual manera que una nota informativa o un reportaje investigativo, pero tiene reglas de razonamiento y criterios de sustentación formalmente diferentes, entre las que valen la propia experiencia y la especulación con sentido, justamente porque el ejercicio consiste, simplemente, en expresar una opinión razonable, aunque el carácter hipotético de alguna de sus premisas no sea explícito.

En este sentido, creo que Paolo también tuvo razón -opinable, por cierto- en el contenido del planteamiento que le fue cuestionado, a saber, la muy alta probabilidad, aunque no lo haya expresado con esas palabras, de que el viaje a La Habana y las entrevistas con ex funcionarios de la KGB no se hubieran podido conseguir sin contar, de una u otra manera, con los intermediarios a los que se refiere Paolo. Esto lo puedo afirmar con sentido de realidad -no con pruebas "judiciales" de que así ocurrió en este caso- por mi propia experiencia, después de haber conocido de cerca durante once largos años el alambicado proceso de ese tipo de gestiones.En resumidas cuentas, y para no hacer este comentario infumable, creo que se equivocó El Faro, y creo que las opiniones de Paolo, si bien urticantes y en la frontera de lesivos juicios de intenciones, cabían perfectamente en los límites, formas y propósitos de una columna de opinión o de una pieza de fuerte pero sano debate político.

Salvador Samayoa


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Un gusto escribirle y desearle lo mejor en sus labores. Soy lector constante del periódico y a mi juicio, con las imperfecciones propias del ser humano, me parece un periódico interesantísimo, generador de opinión, discusión y sobre todo, de reflexión para este nuestro país, que tanto la necesita. Su aclaración a todo esto, me parece un gesto de responsabilidad y sobre todo, de madurez periodística, aclarando no sólo la salida de la columna de Paolo Luers, sino también las razones que llevaron a ello, asumiendo la responsabilidad que esto implica. Es sumamente importante lo que Ud. ha hecho y a mi juicio, es una importante lección que los demás medio de comunicación y no sólo los periódicos escritos, deberían aprender. Con un atento saludo,

Álvaro Enrique Sánchez Turcios


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Lo felicito por la columna que ha escrito durante bastante tiempo. Aunque en varias ocasiones no comulgue con su contenido no por eso deje de respetar su independencia.
He leído la columna de la discordia y estoy totalmente de acuerdo con su contenido. uiero recordarle un refrán Guanaco: "Chucho no come chucho y si lo hace no come mucho".

Ernesto Gutiérrez Quehl


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Estuve de viaje y lamento llegar tarde a este debate sobre el retiro de la columna de Paolo Luers. He tratado de encontrar una explicación para entender qué los hizo llegar a la decisión de retirar la columna de ese modo en vez de abrir el debate a quienes se sintieran agraviados por las opiniones y argumentos de Paolo. Medios de comunicación que decidan prepotentemente qué debemos y qué no debemos leer o saber ya tenemos muchos, gracias. Creo que no sería la primera vez que alguien estuviera en desacuerdo o incluso que de plano aborreciera una columna de Paolo, por su dureza, por su penetrante franqueza, por como habla y piensa. Pero que yo recuerde, eso no los ha llevado a ustedes a retirar columnas antes, ni de Paolo, ni de otros autores. Dicen que la fuerza del acero se prueba al ponerlo al fuego… en esta ocasión el de ustedes se venció al sentir que subió la temperatura.

No tengo ningún interés de que se publique esta carta. Sólo siento el derecho como lectora de decirles que la columna de Paolo era una de mis principales razones para leer El Faro, aunque en muchas ocasiones no haya estado de acuerdo con lo que él escribe o piensa. ¿Pero de eso se trata o no? ¿O no asumen ustedes que los lectores tenemos la capacidad de discernir? Lamento mucho lo que ha pasado pero, sacando algo positivo de esto, me alegro del debate que ha generado, del cual espero que resulten muchas lecciones aprendidas para todos.


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Lamento el retiro del señor Luers, extrañaremos la crítica audaz y transversal, sobretodo lamento la decisión editorial sobre la critica al periodista de La Prensa Gráfica, lo más sano hubiese sido una respuesta de dicho periodista a Luers.

Veremos como sigue El Faro y no llegue a defraudarnos, necesitamos de medios independientes y críticos.

Pacífico Chávez


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¡Qué lástima que se va Paolo, realmente era el columnista más sensato, objetivo y honesto que tenía el FARO! Resumía las aspiraciones que tenemos muchos salvadoreños para sacar a nuestro país de la polarización inútil en que nos tienen los dos polos, y que nos mantienen estáticos en El Salvador.

Saludos y mis mejores deseos a Paolo.

Quizá ahora me sea menos atractivo leer el FARO.

Gustavo Galea


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Es una lástima lo sucedido. El Faro y sus lectores pierden a uno de los escasos periodistas con una gran capacidad. ¿Tenemos que seguir siendo mediocres?

Margarita Estrada


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Con mucho respeto y admiración reitero mi apoyo a la decisión que han tomado de cerrar dicha columna. Si bien es cierto, siempre se necesita una pluma crítica, la misma tiene que estar respalda por una alta calidad ética. A pesar de los años de experiencia de Luers, siento que últimamente se había dedicado a la exposición de sus monstruos internos que a la crítica veraz y tajante.

Enhorabuena.

Nelson Pleités


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Es una lástima que hayan suprimido la columna de Luers porque se necesita pensamiento y crítica donde todo el mundo tiene miedo a criticar. Todas las semanas esperaba con ansias la columna de Luers y, ¿se critica a Chávez aquí? El Faro se equivocó, lástima.

Enrique Ochoa


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Dada ha salido en varios medios de comunicación criticando el cierre de la televisora Venezolana RCTV, pero lo mismo está haciendo con la columna de Paolo Luers, y no es acaso esta televisora la que critica y ridiculiza al presidente Hugo Chávez, le hace señalamientos sin tener prueba alguna. Ahora que se da la oportunidad de cerrar la televisora, el gobierno de Chávez la saca del aire, sin embargo El Faro está haciendo exactamente lo mismo.

Los salvadoreños necesitamos mentes críticas como Paolo, lo alentamos a buscar nuevos medios por los cuales de a conocer sus puntos de vista de la realidad nacional.

Plutarco Xenobias


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Estoy de acuerdo con Ricardo Ribera al respecto que fue un error el haber sacado la columna de Paolo Luers de su espacio. Principalmente, porque fue una decisión tomada durante la misma semana en que se están viendo tristes ejemplos de censura en otros países latinoamericanos y secundariamente, porque las avenidas abiertas para corregir la falta de filtros de calidad, pasaban por la publicación de una nota de corrección editorial.

El retirar la columna del espacio pareció censura y es algo que no hubieran podido hacer si fueran un periódico impreso, pero quizás esos son los riesgos de tener el Primer Periódico Digital de El Salvador.

G. Jaime Quelle


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He leído la columna de despedida de Paolo Lüers, que por diferencia de opinión con la dirección de El Faro, sobre lo que debe o no debe publicarse, dejará su ya institucionalizada Columna Transversal. Conocemos la manera de ser y el estilo de Paolo, y también conocemos la manera de ser y el estilo de los responsables de El Faro. Por eso a mí se me hace muy difícil entender este problema. Me han llamado muy positivamente la atención el tono y el contenido de esta "última" columna de Paolo. Serenidad y análisis, como debe ser. Yo nunca me cansaré de esperar soluciones razonables a cuestiones importantes, y esta sin duda lo es. ¿No será posible que personas sensatas, comprometidas con la verdad y con la libertad, puedan zanjar esta diferencia, para que las cosas se mantengan como están?

David Escobar Galindo


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Me encontré con una triste sorpresa al abrir como de costumbre la página de éste periódico cada semana, el retiro del señor Luers, lo cual me parece una verdadera lástima ya que seguía con mucho interés su columna transversal, la cual creo que ayudaba a enriquecer muchísimo el contenido de éste tan prestigioso medio informativo, el cual siempre he admirado y elogiado por su naturaleza objetiva e imparcial, pero ahora ante éste acontecimiento me deja muy desconcertado.

Óscar Monge Flores


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Francamente se les pasó la mano. A ver, estamos hablando del derecho de opinar a través de una columna que se llama Columna Transversal, de que además conocen a Paolo, que no solo es periodista, es un militante librepensador -digo yo-, con una enorme capacidad de análisis, con mucho peso en sus opiniones, que además tiene la autoridad de haber militado durante todo el conflicto armado a riesgo su propia vida porque en este país no tuviéramos un El Faro, sino muchos.

Óscar Samayoa


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Me parece contradictorio que El Faro critique en su editorial "el error de Chávez" por cerrar un medio de comunicación cuando al mismo tiempo cierra una de sus columnas por no compartir las conclusiones del periodista. ¿No es este un error igual dadas las concepciones de intolerancia que se mueven de fondo? Uno de los problemas típicos de los políticos así como de los medios de comunicación es que cuando están en la llanura juegan a jugar con los valores de la honestidad y la integridad para atraer adeptos o lectores pero cuando comienzan a crecer en influencia comienzan a comprometerse con los poderes de uno u otro tipo para conseguir apoyos y entonces terminan practicando los antivalores que antes criticaron.

Cuidado El Faro no coqueteen con el otro poder sólo porque las encuestas dicen que pueden ser presidenciables. No critiquen la paja en el ojo de Chávez dejando de ver la vija en el ojo de sus directores.

Carlos Argueta


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Sus lectores estamos expectantes sobre la posición y explicación de El Faro sobre la polémica retirada de la columna de Paolo. Independientemente de los detalles, he leído las interrogantes y desconcierto de otros lectores por lo que creo que deberían dar una posición al respecto.

Edgardo Amaya


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Qué impropio realmente la clausura de la columna, sobre todo porque se ha dicho tanto en las últimas semanas sobre el cierre de la televisora y la libertad de expresión. Creo que debemos aprender a escuchar y respetar lo que el otro piensa y siente, desnudándonos de cualquier pasión o prejuicio, esto es parte de la madurez y la democracia.

Cryseida de Franco


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Es de lamentar la censura (sí, censura, según la RAE: Nota, corrección o reprobación de algo..., no hay donde perderse...) que El Faro aplicó al artículo de Luers sobre el reportaje de la KGB...

Lo mas chistoso del asunto es que la retiraron y yo leí la nota en otro sitio que la publicaron en Internet, personalmente me pareció ridículo y me sorprendió que este periódico digital tomara tal medida y sobre todo las razones para retirarlas me parecieron absurdas. Con todo, felicito al señor Luers por sus columnas y lastimosamente decir que este faro (el periódico) se ha apagado.

De todas formas es de bien nacido ser agradecido y también expresó un agradecimiento a El Faro que hasta la semana pasada contaba con mi respeto y admiración por la labor que realizaban.

Ernesto Rubio


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Al igual que el periodista Paolo Luers, siento mucho que no podamos continuar leyéndolo en su prestigioso medio de comunicación. El legado de Paolo es hacernos pensar y dejar la agenda noticiosa impuesta en los medios de comunicación y ¡qué difícil es hacer eso! porque resulta que los medios están viciados de una sola voz: la oficial.Sigan trabajando así, siguen siendo mis preferidos, pero, pero y pero, no permitan que salgan de su plana, alguien que de verdad escribe por amor al arte, sin dejar fuera el profesionalismo y aún sabiendo que los problemas de hoy difícilmente tengan remedio.

Creo que una forma sería, que ustedes le pidan que regrese, que se siga sumando a su buen desempeño como medio y es un excelente precedente para actuar como periodista, sin tintes políticos y muy alejados del falso protocolo.

Bueno no tengo ni voz, ni voto, pero sí les pido que lo consideren. Hay muchos periodistas de la La Prensa Gráfica que no han hecho historia, Paolo por sí solo ya ha hecho mucho, eso hace la diferencia.

Yanira Flamenco


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Es una pena leer que el señor Luers dejará de escribir para El Faro. Una pena porque leo su periódico precisamente por ser diferente a los medios tradicionales, por mostrar puntos de vista sin la influencia del gobierno de turno o las alcaldías de turno o los empresarios de turno.

No importa que sus columnistas disientan, precisamente por eso los leo. Sus columnistas han criticado funcionarios, instituciones y hasta periodistas como Funes y eso es bueno. El poder disentir construye democracia. Me extraña que se critique la decisión de Hugo Chávez de cerrar RCTV, cuando ustedes no predican con el ejemplo. En fin, me gustaría que reconsideraran su posición, pero sino al menos explíquennos qué paso. Nos lo deben.

René A. Portillo


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Retiro mi afición a la lectura de El Faro. No creo en la censura. Espero que los salvadoreños, después del horror del comunismo en El Salvador, sepan reconocer la verdad de sus intenciones. Paolo Luers es un maestro del escudriño y a El Faro no le conviene tal aventura. La opinión moldeada parece ser lo que busca.

Juan Cuéllar Miami Springs, Florida


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Lamento muchísimo haber leído la columna de la discordia, así como haber leído la de despedida, lamento haber leído las cartas de opinión y que me interese tanto este medio porque creo que por eso me afecta más el estar de acuerdo con Jorge Ávalos y apoyar su comentario sobre la libre expresión y su libertad... lo lamento porque pienso que no podemos estar tan aferrados/as a lo poco que tenemos, porque es triste pensar que si igual no se tuviera El Faro, no se tendría más que visiones parcializadas, porque es de los pocos espacios de calidad... calidad que se ve cuestionada con muchas decisiones, con falta de temas tratados, con vacíos que igual encuentro pero que al final me digo: mejor esto a nada... pero verdaderamente en casos como estos, me lamento de mi conformismo. Espero poder seguir leyendo a Paolo en otros lados... Espero encontrar siempre cosas que valga la pena leer.

Paola Lorenzana


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Que tristeza me ha dado conocer el retiro de Paolo Luers de su periódico. No se si su periódico será lo mismo sin el señor Luers, porque siempre lo extrañaremos... El mismo era una muestra del pluralismo ideológico de su periódico, al que siempre he defendido como "imparcial" en El Salvador.

Dora de PérezQué lastima que ya no podremos leer esta columna, personalmente desde que conocí este periódico era una de las secciones que mas me gustan. Dice mi hijo de 10 años: “los grandes son tontos porque se pelean por puras tonteras, nosotros los niños por cosas que valen la pena......” Ya no le entiendo, ustedes talvez si....

Luis Enrique Aguilar Aguilar


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Octavio Paz sostenía que "nada era sagrado o intocable, a excepción de la libertad de pensar". Es el mismo argumento que Noam Chomsky sostuvo al prologar el libro de un autor neonazi, quien cuestionaba la existencia misma del holocausto. La libertad de expresión -venga de donde venga- para serlo, tiene que ser prácticamente ilimitada. De lo contrario, se cae en monolitismo intelectual, causa del desmoronamiento de más de un muro físico y/o intelectual.
Mi solidaridad con el senor Luers: la controversia-derecho inalienable y universal a disentir- razón de ser de "la apasionada energía del pensamiento", como defendía Robert Musil.

Ernesto Vela


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¡Qué lástima que ya no contaremos con la buena columna de opinión del Señor Paolo. Me imagino que son decisiones a las que se tienen que llegar...lástima. ¡Ojalá lo encontremos en otro lugar!

Georgina Villalta


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¿Y cuál es el ruido de la decisión tomada por lo editores de El Faro, sobre el retiro de la columna que ni tiempo me quedó de leerla por la rapidez con que la retiraron del ciberespacio?

Según entiendo yo el funcionamiento de los medios de comunicación del pais es que periodistas, editores y columnistas sirven a la merced del placer de los propietarios de esas empresas mediáticas privadas. Por más que la imagen de esos medios sea de incluyente, abiertos, defensores de los principios democráticos occidentales y paladines de la libertad de expresión, al final del día si alguien se sale del redil se le aplica la guillotina editorial y se le invita diplomáticamente a salir del medio y buscar otro futuro o como hemos visto en otros casos se le saca del aire. Por lo que mi reflexión es: ¿De qué nos sorprendemos por la decisión tomada por los propietarios de El Faro? ¡Alguien argumentaría que están en todo su derecho!

Sugiero que si alguien guardo copia electrónica de la opinión expresada por el Sr. Luers la postee en un blog y que siga el debate sobre lo expresado por su artículo y las posteriores opiniones del periodista criticado el Sr. Ricardo Jose Valencia.

Salvador Sanabria


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Definición de calumnia: Acusación falsa hecha maliciosamente para causar daño. Otra más: Delito que consiste en la imputación a una persona de haber cometido un hecho constitutivo de delito siendo esa información falsa. Dada en su columna afirma que Luers calumnió a Valencia. Pregunto yo: ¿puede asegurar que Luers actuó maliciosamente? Además, ¿dónde acusa a Valencia de un delito?Se me ocurre entonces la aplicación de este silogismo:Premisa 1: Dada acusa a Luers de calumnia.Premisa 2: Luers no acusa a Valencia de un delito, ni tampoco se puede probar que actuó maliciosamente.

Conclusión: Dada no puede probar que exista tal calumnia y, siguiendo su misma lógica, debería quitar su columna del periódico al no probar hechos que asume como ciertos.

Jean Paul Geoffroy


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Cualquier columna de opinión puede contener errores o "hechos no comprobados" y el autor es responsable de responder si su opinión es retada basado, por supuesto, en un reto válido.

El Faro, de no publicarla, se autocensura. Aquí en EEUU hay de todo, incluyendo autocensura y censura velada, no es sorpresa. Y muchos medios no pregonan ser objetivos.
Así, todos perdemos. Al menos Chávez no es hipócrita en eso, dictatorial, sin duda.

Ricardo Cañas, Estados Unidos


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Lamento su retiro, especialmente en esas condiciones. El Faro se ha convertido en un medio distinto y serio de hacer periodismo, espero que no decline ahora con su salida y repita la historia de muchas cosas buenas que ha visto fugazmente El Salvador.

Le deseo mucho éxito a Paolo y lamento que no le hayan publicado las caricaturas danesas sobre Mahoma, hubiera sido bueno.

Enrique Dubón


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Si tuviera que escribir una columna periodística en este momento sin duda le pondría como título: ¡¡¡Ya basta de tanta hipocresía y mediocridad!!!

Como ciudadana de este pequeño rincón del mundo, leí con mucha atención los dos artículos publicados en la revista Enfoques del talentoso periodista Ricardo Valencia. Y luego de leerlas pensé con mucha tristeza lo terrible que es este país, y lo fácil que es perderse en los tentáculos del periodismo oficial. Lo superficial y tergiversado que había escrito un joven periodista, con muchas cualidades, pero que no aparecían en ninguna de las líneas de este ahora tan famoso reportaje. Que podría ser un material interesante –aunque desafortunadamente no es ese mi estilo favorito- para una novela de espías y ladrones, pero como material periodístico era verdaderamente malo. Lo lamenté por Valencia, al que había seguido de cerca en su carrera periodística con mucho interés, pero lo lamenté más por la gran mayoría de jóvenes periodistas que aún siendo muy buenos no logran salir de estas fronteras y son consumidos por los intereses de medios que están muy alejados del profesionalismo.

Al leer la columna de Paolo Lüers, no sólo me identifique con su opinión -ojo, con su opinión- sino que además expuso magistralmente el problema del periodismo actual.

La veracidad o no del reportaje de Valencia en este comentario era para mi irrelevante – porque en realidad el mismo reportaje lo es-, pero la columna de Paolo ponía en una discusión central el rumbo que el país está teniendo en un área significativa en relación con la construcción de la ciudadana y el fortalecimiento de la democracia, la preocupación por fortalecer una nueva generación de periodistas que podrían hacer un cambio en este país.

Y la respuesta del medio a este central debate es censurar la columna de Lüers, por razones ridículas y nuevamente superficiales. Por supuesto que no soy yo –y lo digo muy humildemente- quien puede defender al columnista Lüers, el ya lo hizo, con la única actitud que caracteriza a un buen periodista: renunciar al medio.

Mi problema ahora es que tampoco me creo la necesidad de rendir un homenaje a esta como le llaman “aventura periodística”. Para mi, el medio ha demostrado sus limitaciones, y más aún sus lealtades. Con esta actitud no se hace más que potenciar la actitud irreverente de periodistas jóvenes como Valencia que nos anima a millones de salvadoreños a opinar “como se nos antoje”, pero que además determinan lo que puede o no decirse, y más aún a potenciar el estilo superficial del periodismo investigativo actual que no abonan en nada al cambio de este país.

Que Valencia ha recibido o no la ayuda del PC la verdad me vale un comino. Que Valencia y su periódico tengan el atrevimiento de creer que esta ha sido una de las mejores piezas que se han publicado en los últimos años, me vale un comino. Pero que El Faro no tenga la menor idea de lo que es una columna de opinión, y que no tenga la capacidad de abrir un debate constructivo y de altura, eso si no me vale un comino. Como Paolo yo creía en esta “aventura”, pero a diferencia de él creo que esto ha evidenciado que se ha convertido más bien en una aventurera.

Lina Pohl


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Después de enterarme la semana pasada del retiro de la columna de Paolo Luers y de ver ahora que no será más columnista de El Faro; además después de leer los comentarios escritos en “Cartas” del propio Ricardo Valencia y de muchos lectores de El Faro, me queda clara una cosa. Se han equivocado. La “opinión” de Luers me parece completamente válida, es más es una opinión que muchos intelectuales críticos comparten. Al leer a Carlos Martinez y Saúl Vaquerano, me queda más claro todavía que Luers efectivamente toca una fibra muy sensible. Que cuando la crítica cae sobre los periodistas (que era la función de la columna transversal) no se puede hacer. No me parece justo. Creo que está claro que Luers escribe su opinión sobre lo que él cree que pasó, él no está haciendo un reportaje o una investigación; el está escribiendo su opinión. Su opinión que en este caso fue sobre Valencia, pero que también creo que es rescatable para otros reportajes, como varios de los relacionados con Irak. Muy bien, que un reportero vaya a Irak y nos de información de primera mano de lo que el batallón Cuscatlán está haciendo, pero por favor no pretendan que esos viajes nos cuentan la realidad sobre Irak, para eso hay que ir independientemente y no con el uniforme del ejército, por lo menos en mi humilde opinión.

Es cierto que Luers no sabe lo que hizo Valencia, pero precisamente el contexto de cómo está estructurado ese reportaje y los titulares sobre todo, inducen errores. Dan la impresión de que es un reportaje novedoso, que un gran secreto se ha dado a conocer y no es cierto, es algo que muchas personas ya sabían. No es cierto que esa allá sido el único mecanismo por el que se consiguieron armas o que allá sido trascendental, y eso parece por los titulares del artículo, además esas armas eran viejas y no sirvió la mayoría, por favor no me crean a mí, ¡pregunten! Así que efectivamente cuando leí la opinión de Luers, concordé, me hizo sentido, dije: mira puede que tenga razón.

Ahora con respecto al cebo del PCS, pues aunque no allá sido algo que ellos lo planificaran, seguro estarán muy felices con el reportaje, seguro que cuando les preguntaron o se enteraron hicieron todo lo posible para facilitar que en el reportaje se dijera esto y además con letras grandes, cuestión que no la decide el periodistas sino el editor. Entonces, el punto esencial que debió haber hecho Valencia es consultar con otras fuentes dentro del FMLN y no tenía que ir a Cuba o Moscú, tenía que preguntarle, o encontrar la manera de informarse con los miembros de los aparatos militares del FMLN (no partido sino los históricos) como funcionó el asunto. Poner un contrapunto. Si Valencia es capas por su propia cuenta de conseguir hablar con un ex - general soviético, seguro puede encontrar alguien en El Salvador que le diga de donde provenían la mayor cantidad de armas, las de verdad, que el FMLN consiguió.

En fin, me ha decepcionado tremendamente, el resultado de esto, me ha desilusionado que El Faro ya no contará con la columna de Paolo Luers, me ha decepcionado la respuesta de los “amigos de Ricardo”, me entristece que en la misma edición en que Paolo se despide, El Faro hable tanto de la libertad de expresión, en el tema RCTV.

Me enferma, pensé que El Faro era diferente y si se podía debatir con ideas y no quitando columnas, que Paolo podía escribir y Ricardo o Carlos le podían contestar; yo que no pinto nada en esto, también les podía decir, se han equivocado.

Rodrigo Samayoa Valiente


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Lamento mucho tu decisión Paolo y te reiteraría un llamado a someterte a las normas institucionales que en alguna medida son fundamento de todo tipo de organización. Me han gustado de sobremanera tu visión certera y aguda de lanzar tus criticas a través de la pluma, más sin embargo debo de respetar la inteligencia y sagacidad de Carlos Dada al haber fundado un periódico que se ha insertado dentro del periodismo critico de nuestra sociedad y ello se convierte en algo valioso e importante para nuestra débil estructura periodística.

Volvamos a lo tuyo y con una capacidad de reflexionar muy propia de un revolucionario. Me gustó la columna donde hablas de tu padre y su incorporación o mejor dicho colaboración con el régimen nazi y los cuestionamientos que tú le hiciste, aunque creo que tu padre actuó de acuerdo al contexto personal que le tocó vivir y creo ha de haber sido muy duro vivir y salvaguardar la alimentación de sus hijos en un régimen vulgarmente totalitario.

Ahora te digo, ponte en los zapatos de Carlos y te toca a ti responder de forma institucional ante la agudeza critica de una pluma como la tuya (suponiendo que Carlos es tu doble), pregunto e interpelo ¿Cómo responderías? Fueras lo suficientemente abierto para entender la posición de tu doble, bueno el meollo es de que hay contextos políticos a los cuales se debe de responder y en ese sentido valoro que hay veces en las cuales las decisiones personales deben prevalecer y te reafirmo que te sigo admirando por tu mordaz crítica y desnudo de algunos mitos que introyectamos la sociedad entera.

Te felicito y no desestimo que los tomes como tú lo desees y te animo a que sigas escribiendo. Reafirmo que has sido valioso en El Faro, pero ni modo tu pluma y tú son únicos y debemos de aprender a respetarnos…

José Martín Ramossa Mayoa


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A mí me parece mucha paja. El Faro tiene derecho a publicar lo que le da la gana y a no publicar lo que no le da la gana. Sin embargo, es un insulto a los lectores retirar una nota y yo, al menos. lo considero imperdonable. Vaya el Faro a quedar bien con el PC, ese es su derecho. A mí me queda la sensación que la libertad de expresión en El Salvador es para aquellos que pueden pagar por ella, y allí, si doy gracias al Padre Celestial que me dio la oportunidad de salir de mi país. Es cierto, el PC se desintegró con los Acuerdos de Paz y fueron una fuerza fundamental en la guerra, y el problema es de Paolo, que no es capaz de entender la verdad cuando la ve.

Moisés Rodríguez (alguien que comparte (eso espero) con Paolo la idea de que el PC se adueñó de la historia, cuando fueron incapaces de escribirla con el fusil).


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Con este mensajito pretendo dos cosas: felicitar a la dirección de El Faro por su actitud ante la columna de opinión "El PC y su madre la KGB" y pedirle a Paolo que piense de nuevo su radical postura de dejar de escribir su columna transversal.

Felicidades a El Faro, porque, aunque muchos lectores no lo hayan sabido interpretar, supo hacer lo que ningún otro medio salvadoreño suele hacer. Porque supo autocriticarse, reconocer un error, tomar medidas, retirar una columna y permitir, aún así, que el debate siguiera, que los lectores inconformes se expresaran en su medio. Esto los enaltece. Dice de ustedes que son lo que, a raíz del retiro de la columna de Paolo, muchos lectores piensan que pueden dejar de ser: un medio responsable, plural, comprometido solo con la información.

El análisis que hace Carlos Dada en su explicación publicada en la edición de esta semana no puede ser más atinado, y el que hace Paolo en su defensa en su columna de despedida no puede ser más erróneo.

Una columna de opinión no debe de versar sobre un hecho comprobado, como sí un reportaje. No tiene que presentar pruebas irrefutables ante cada afirmación. En una columna de opinión sí se puede OPINAR sin dar, como dice Paolo, archivos secretos, memorándum o cifras que demuestren la veracidad de esa OPINIÓN. Sin embargo, tanto el reportaje como la columna de opinión deben cumplir con la lógica argumentativa del periodismo: dejarle claro al lector de qué es producto tal aseveración. ¿De pruebas? ¿De valoraciones? ¿De lo que dicen los contactos del que escribe? ¿Son interesados esos contactos? ¿Quiénes son? Ahí fallaste, Paolo, y ahí continuaste fallando cuando trataste de justificarte en tu columna de despedida que espero no sea la última. Hiciste una aseveración, cual si tuvieras pruebas y te zafaste la responsabilidad de decir que era según tu interpretación. Engañaste al lector haciéndole pensar (Sí, por cómo está escrito el párrafo, que de escribir vivimos) que vos sabías a ciencia cierta lo que decías. Ponés otros ejemplos en los que has hecho lo mismo para justificar lo que hiciste en esta ocasión, pero eso no es válido.

En esta ocasión, tu columna desató polémica, se comprobó que estabas en un error y, en esta ocasión específica, te la retiraron, porque fallaste en la cadena de argumentación que este oficio nos exige. Esto no tiene por qué comprenderlo los lectores, que no se dedican a este oficio, pero sí los periodistas. A veces nos juzgan como si los medios fuéramos partidos políticos diciendo que se censuró por uno u otro interés, pero en este caso todos sabemos que fue por método de un oficio que, aunque muchos no lo crean, tiene reglas, método. ¿Reclamarían igual los lectores que se quejan del retiro de la columna de Paolo si alguien hubiera escrito en una columna de opinión, solo porque así lo cree desde su experiencia, que Monseñor Romero fue un guerrillero, un comunista? Es el mismo caso. Paolo dice que Ricardo Valencia es un ingenuo que fue manipulado por los intereses de ex miembros del Partido Comunista. En el periodismo no hay una difamación u otra, hay difamación, y eso es un error se haga contra quien se haga.

Te repito, Paolo, lo que vos nos has dicho cuando nos has criticado a algunos periodistas: los critico porque me importan. Eso mismo ocurre conmigo en este caso. Me importa que tu columna siga leyéndose. Te admiro como columnista y se que te la jugás en el campo de la polémica, pero también sé que vos sabés que jugártela en ese campo implica atenerte a las consecuencias que pueden generarse. Y en este caso fue el retiro de tu columna. Un error puntual, como dice Dada, que vos, de mala manera, interpretás como que una dirección que se la ha jugado por vos en tantas ocasiones ha dejado de creer en vos.

No te cerrés al debate, Paolo. No dejés tu columna. Vos sos el que ha dejado de confiar en la dirección de El Faro, y no al revés, y solo porque aplicaron criterios de calidad. Sé que vos entendés en el fondo las razones por las que retiraron tu columna: una mala construcción. Unas palabras que te faltaron: "Yo, según mi experiencia, opino que..."

Hablaría muy bien de vos que el próximo lunes viéramos de nuevo tu columna. Sobretodo porque has dicho que ya no la escribirás.

Hay preguntas que hacerse y que inevitablemente llegan a una respuesta: ¿Algún otro medio del país, conociendo tu perfil, te publicaría durante tanto tiempo una columna? ¿Algún otro medio, en caso de que te la publicara, te la retiraría en un ejercicio de autocrítica? ¿Alguno de los columnistas a los que estamos acostumbrados en el país volvería a escribir su columna a pesar de que prometió no volver a hacerlo? ¿Otro medio te daría el espacio para despedirte que El Faro te dio? ¿De verdad creés que te perdieron la confianza? Respuesta: ¡Ya, Paolo, dejate de berrinches y volvé a publicar tu columna, carajo!

Desde México, un fuerte abrazo para todos ustedes.

Óscar Martínez


...

Los saludo a todos y no me extiendo en decirles cuanto valoro lo Uds. hacen por la libertad de ser informado y el periodismo en nuestro país.
He seguido con interés la polémica en torno a la retirada de la columna de Paolo de su publicación, pero me había abstenido de hacer juicios mientras no leyera el artículo que la originó. Por fin he podido hacerlo, junto con todo lo demás que se ha publicado, y quisiera compartir con Uds y si a Uds. les parece, con sus lectores, algunos comentarios.

Lo primero que quisiera señalarles es que la acusación a Paolo deque "calumniaba y difamaba" al periodista Valencia y que dio pie a la conducción editorial de El Faro para retirar su columna, me parece exagerada. Leyendo la columna del marras, lo que Paolo claramente implica es que a Valencia lo engañaron poniéndole el "cebo" de un reportaje sensacional - al ex de la KGB- y que el reportaje lo que haced es desenterrar viejas acusaciones al PCS, y por implicación a todo el FMLN, de levar adelante una guerra en suelo patrio en base a los designios de Moscú. Implicar que alguien ha sido engañado, con o sin "cebo" no es difamarlo ni calumniarlo, ambas figuras penales castigadas por la ley y que constituyen pecado mortal; a lo más implica decirle que no ha sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta del timo o de las segundas intenciones de quienes lo embaucaron. Yo me pregunto cuantas veces en su publicación y todos nosotros hemos recurrido a este calificativo, sin que ello sea entendido como difamación.

Lo que el artículo de Paolo tiene como fondo es el resucitar otra vieja disputa, esta vez entre las organizaciones integrantes del FMLN, sobre quién o quiénes realmente hicieron la guerra. Lo que Paolo trasluce y remueve en muchos es el fuerte resentimiento que existió entre los integrantes de las organizaciones guerrilleras, especialmente de parte del ERP contra el PCS y de este contra aquel por un conjunto de apreciaciones y hechos: el pasado maoísta del ERP vrs. el pasado "electoralista" y del PCS; el conflicto entre los comprometidos con "hacer la guerra de verdad", y los que se dedicaban a hacer trabajo diplomático, político y que nunca había estado en combate; entre los que se consideraban como "verdaderos revolucionarios" -para usar la expresión de Paolo en su artículo- y los reformistas y así podría seguir enumerando; al leer el artículo de Paolo se me hizo diáfano que a quien le estaba disparando realmente no era a Valencia, sino a sus viejos aliados del Partido Comunista de El Salvador.

Respecto al reportaje de Valencia, al leer las dos partes y terminar con la "entrevista" con el ex jefe de la KGB, para mi es claro que la crítica que Paolo le levanta es totalmente mal dirigida; lo que el crítico reclama es la ausencia de contextualización de todo el esfuerzo bélico del FMLN; pero, a mi juicio, esta crítica es injusta, pues Valencia no estaba haciendo ni la historia del FMLN ni una evaluación de la contribución de las 5 organizaciones a este esfuerzo, simplemente presenta un reportaje sobre el involucramiento de los Soviéticos en nuestro conflicto. De lo que el "reportaje" adolece es de sobre-contextualización. La famosa entrevista no dice nada: simplemente el ex-espía, como buen profesional que es, le da una serie de frases ambiguas al periodista o simplemente le niega los hecho o dice que nada sabe de eso, por otra parte se extiende con relatos de nuestra historia: le cuenta de Martínez y la masacre del 30, de Morazán, Gerardo Barrios, lo buenos unionistas que eran, etc.. en otras palabras le contó "historias" pero no le contestó las preguntas. Si en este caso podemos hablar de quién le dio camelo a quien, no hay duda que fue el ex-espía al periodista.

Valencia, aunque no lo dice, me da la impresión que es lo suficientemente profesional para darse cuenta de ello y por ello tuvo que "sobre-contextualizar" una entrevista que lucía glamorosa, que lo había hecho viajar hasta Cuba y someterse a procedimientos de espía amateur, solo para juntarse con un anciano que no se tragó el anzuelo; por supuesto que su periódico, que había corrido con los gastos, también tendría que sacar el costo de lo invertido y para ello no importaba hacer un poco de amarillismo, aunque este se disimulara con el recurso a una serie de publicaciones disponibles a cualquier mortal (el Libro Blanco, el trabajo del periodista Rafael Poch Feliu ex -corresponsal de La Vanguardia de Barcelona en Moscú, el "documento Mitrokin" que son las declaraciones de un ex-agente soviético que se paso al lado de los Británicos e innominados informes de inteligencia norteamericanos). El doble hecho de la nulidad de su entrevista con la estrella del espionaje soviético y el relleno de sustancia con otras fuentes, junto con el escándalo que han armado con las "revelaciones", no puede menos que calificarse de amarillista.

Mas oscuro queda el papel del académico Soviético Madanik; pues afirma que le dio un reportaje a Enfoques “antes de morir” (¿Cómo sería recibir un reportaje “después de morir”?), pero ya estaba muerto desde diciembre del 2006, según dice Valencia: cuándo y dónde lo entrevistó?, qué le pregunto? y realmente Qué le contestó?. Esto no queda claro y es crucial, pues es Madanik quien le pone el dedo a Leonov y se convierte así en la única fuente interna del complot negado por Leonov. Una interrogante final: ¿Si Enfoques o Valencia tenían la información de boca de Madanik, es plausible que el periodista y su rotativo se la guardaran por más de 6 meses sin publicar una palabra?.....

Que si hubo involucramiento soviético en nuestro conflicto es algo que sólo un ciego podrá negar; al igual que, si hubo involucramiento de la CIA en la lucha de Solidaridad, en Polonia durante esos mismos años contra el régimen comunista; pero explicar el fenómeno de Solidaridad y su lucha por la presencia de la CIA sería síntoma de una ceguera política total; de igual manera, pretender explicar la lucha del pueblo salvadoreño contra el autoritarismo militar por un par de toneladas de armas que aviones soviéticos transportaron desde Vietnam a Cuba y por el entrenamiento a unos cuantos guerrilleros, sería, una aberración política que solo la ceguera ideológica puede explicar o el interés de hacer propaganda contra el enemigo político en vísperas de elecciones.

Lo que me parece que este incidente evidencia, es que en todos los actores involucrados en el mismo, el espectro de la guerra que vivimos, con sus resquemores, temores, cautelas y estridencias, aun está más que fresco y que es necesario que esto salga a luz y se discuta una y otra vez para poder hacer las paces, no solo entre nosotros sino con nuestra propia historia, es decir, con nosotros mismos.

Rubén Zamora


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Hola Paolo:

Yo soy una de tus lectoras fieles. Siempre que entro a El Faro busco tus columnas y son pocas más las que leo. Lamento mucho que ya no vas a escribir allí pero no dudo de que el periodista que hay en ti ha renacido y que podremos esperar volver a leerte pronto. Al menos ese es mi deseo.

Pero te debo decir que yo en realidad me alegro un poco por esa discusión, pues, aunque lamento que hayas decidido dejar tu columna, creo que es muy sano que la gente esté dispuesta a discutir y a debatir sobre la censura, la desaparición de espacios, la legitimidad de la información, la necesidad de que la opinión sea reconocida como tal, etc.

Creo que tu voz en los espacios de opinion que abrió El Faro es una de las que más mueven a reflexión, a debate, y ahora sabemos que somos muchos los lectores que necesitamos eso para pensar, ya sea para estar de acuerdo o para disentir.

Espero que la mayoría de esas cartas o correos que estás recibiendo sean de apoyo y para alentarte a que sigás expresando esa voz que nos mueve al pensamiento.
Con mucho cariño,

Sarah Curlin


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Es necesario que volvas a escribir. Este caso va a tener que ser superado y la mala uva que hay de por medio debe irse diluyendo. De este debate debe emanar la luz entre ustedes y nosotros los lectores y ocasionales escribidores y blogers.
No sé si has pensando en esta última alternativa.te la dejo como una idea. El Blog de Paolo Luers sería sumamente atractivo. Muy cordialmente,

Ernesto Arrieta Peralta


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Querido Paolo:
Había pensado escribirte una carta larga para pedirte, básicamente, que no dejaras El Faro. Pero he leído tu columna y me queda claro que no escribirás más ahí. Supongo también, conociéndote, o medio conociéndote, que estarás harto ya del tema y de la avalancha de correos que seguro has recibido, así que seré breve, todo lo breve que pueda.

Solo quiero que sepás dos cosas:

Que creo que el hecho de que ya no seás columnista en El Faro me parece un hecho triste, muy, muy triste. Alguna vez creo habértelo dicho: siempre consideré que vos sos el mejor columnista en El Salvador. Creo que El Faro pierde demasiado por este episodio que no dejo de ver como anecdótico. Pero también creo que no será lo más cómodo para vos que sos igual o más adicto que nosotros a esa Columna Transversal.
Y en segundo lugar, reiterar lo que dije en mi primero correo sobre este asunto: Yo admiro como vos escribís, admiro la lucidez virulenta con la que gruñís en tus textos. Ojalá vos y esa tu columna rampante encuentren otro lugar - un buen lugar – donde seguir peleando contra el mundo. Ojalá, eventualmente, ese lugar vuelva a ser El Faro.

Un abrazo:

Carlos Martínez



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Querido Paolo,

Finalmente pude leer su columna despues de haber leido TODO lo relacionado a esta en EL FARO ( incluida la despedida), y quiero en primer lugar felicitarlo porque es excelente. En ningun momento hay mentiras, difamacion, inventos sino -entre otras- el planteamiento de interrogantes que debieron ocurrirsele al periodista.

El Faro pierde no solo un columnista, sino prestigio y lectores, pues se muestra cobarde. Bajaron la columna porque alguien les "soco el buche" y que pena. Al final es mas importante la vanidad herida del periodista y del editor de Enfoques de LPG, que el cuestionamiento en la columna...siempre es mas facil irse por la tangente verdad.

Aplaudo su integridad. Saludos!

Ximena Diaz Barraza


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Hola Paolo,

Te escribo para decirte que me gustó mucho tu columna y que me parece que las opiniones críticas están centradas en el aspecto menos interesante del asunto como es la posición disminuida en que queda el periodista que no puede defenderse solo de tus argumentos. Lástima que el asunto nuclear de la discusión, la supuesta y magnificada importancia de la participación del PC en la guerra, haya quedado oculta por toda estas reacciones de "lemures en pánico", que han tenido quienes escriben.No tengo ideas para un blog pero creo que no debes callarte.

Nos vemos,

Beatriz Barraza


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Hola Paolo,

te saluda David Rivas, ex presidente de APES. Acabo de leer tu columna censurada en El Faro. Soy fiel lector de El Faro y de Raices. Se nos ha dicho que en una democracia podemos disentir y respetar a quiees no piensan como como nosotros. Es más, yo creo que ahí está la clave, donde se nutre la democracia. Dicho esto, te diré que en algunas ocasiones no he estado de acuerdo con tus columnas. Por ejemplo, no compartí tus conceptos tras el despido de Mauricio Funes, porque algunas cosas no te las contaron bien. Pero sí estuve de acuerdo cuando abordaste el tema de Geovanni Galeas, tanto en su programa en Canal 10 como en tus columnas. Lo mismo ahora, con tu columna sobre el pajaso de La Prensa Gráfica sobre la KGB. Tenés razón. Ahora resulta que fue el PC el vergón de la guerra y que el resto de gente, incluso Joaquín Villalobos y Jonás, apenas tuvieron un rol secundario en la guerra vivil salvadoreña. Mal manejo del periodista. Imperdonable. Ciertamente, no encuentro razón para que hayan sacado tu columna. Cuando se censura a los periodistas por parte de los gorilas uno ya sabe que eso puede ocurrir, porque estos señores son intolerantes. Incluyendo a muchos empresarios dueños de medios que prefieren conservar su factura publicitaria en vez de una publicación, por más necesaria y buena que sea. Pero cuando la censura viene de los mismos periodistas eso si que es mucho más grave.

Bueno, estas eran mis palabras.

Saludos,

David Rivas

lunes, 4 de junio de 2007

Entertainment by El Faro (Guaya Molina)

¡Él fue el que empezó, Seño!!
Bien cabalito lo agarré
con mi poema en la mano
y todo el grado risirisa
que ya se hacían pipí.

¡Es quel asiés, seño!
Cré que ya sólo porque no mano…
Dijimos que no valían pollas
y él más se aprovechaba
cuando venía con catarro…
Solo porque yo me orinéen su cuaderno de Sociales.
Pero yo de cariño luago….
____._____.______._______

A los dos los voy a agarrar a cinchazos
si no se dan un abrazo de media hora
enmedio de la cancha de básquet.
¡Monos desocupados!

Otras opiniones

QUE RARO LO DE PAOLO LUERS

Rafael Menjivar en su blog Tribulaciones y asteriscos, 26 de mayo 07


Hace unos días escribí un post titulado La KGB, Cayetano y el silver-roll, que tomaba como pretexto un artículo de Paolo Luers titulado "El PC y su madre la KGB". Como casi todo lo que escribe Paolo me pareció fuerte, divertido y, desde luego, irritante, que es la característica principal de sus notas, sin que ello vaya en su contra. El martes o miércoles por la noche me llamó una buena amiga para decirme que El faro lo había retirado y, a cambio, había puesto una nota de disculpas, que --si no la quitan también-- debe estar aquí; que lo único que quedaba del artículo era lo que está en mi post.


La nota dice:


El Faro ha decidido retirar de esta edición la columna de Paolo Luers titulada “Del PC y su madre KGB”, que originalmente apareció publicada el lunes 21 de mayo en este espacio. La dirección del periódico tiene reservas sobre la veracidad de algunas de las aseveraciones vertidas en la columna de Luers, referidas a las fuentes y la manera en que se llevó a cabo un reportaje del periodista Ricardo Valencia publicado recientemente en la revista Enfoques de La Prensa Gráfica.El Faro asume la responsabilidad por no haber aplicado en el momento oportuno los filtros de calidad necesarios y lamenta los posibles efectos de este hecho para el periodista, su publicación o nuestros lectores.


No me voy a poner a hablar cosas acerca de la libertad de expresión y todo eso, porque uno siempre termina poniéndose llorón, sacerdotal o confundiendo gimnasias con magnesias. Creo que todo medio de comunicación tiene una línea editorial (una apuesta política), que debe moverse dentro de ella, con márgenes tan amplios como pueda o quiera, y que ya sabrán los editores qué publican, qué no y --en el caso de un medio electrónico-- qué retiran cuando ya esté publicado. Es su apuesta y su responsabilidad ante sus lectores y ante ellos mismos; colaboradores siempre habrá. Paolo, como periodista curtido, sabe que sus escritos siempre se mueven in the edge, y en esos casos uno asume su responsabilidad de antemano. Y ya sabrá uno si quiere seguir escribiendo o no en el lugar de antes.


Lo que me extraña es que he leído notas mucho más duras que la que escribió acerca de la KGB y el PC salvadoreño, con más nombres y apellidos, especulaciones mucho más fuertes y tonos bastante más elevados. Y me extraña, también, la ambigüedad de los argumentos de El faro: que es dudoso lo que escribe acerca del modo en que Ricardo Valencia llevó a cabo el reportaje y sus fuentes, y que tiene "reservas".Según recuerdo (por desgracia no guardé el artículo de Paolo, como a veces hago; si alguien lo hizo, agradecería que me lo enviara), lo más que decía al respecto era que de seguro Valencia había viajado a La Habana por contactos del PCS, ya que no veía otro modo en que un reportero pudiera conectarse --precisamente en La Habana-- con un agente retirado de la KGB. No sé si sea cierto, pero suena lógico. Si me preguntan, y si fuera mi decisión --obviamente no lo es--, lo que correspondía era que Valencia respondiera a las "acusaciones", si es que se le daba la gana, y me parece que, en caso de respuesta, bien podía usar un tecnicismo ("no voy a revelar mis fuentes") o decir tanta verdad como quisiera.


Otra cosa que decía Paolo era que Valencia se había creído lo que le habían dicho sus fuentes primarias y no se había puesto a cotejar con otras, en busca de contrapartes. No sé a los demás, pero a mí me resulta obvio que así fue. (Lo que me pueda constar personalmente me lo reservo por ahora.) Los datos están tan bien manejados que un lector poco avezado no se da cuenta de que no tienen mucho sustento, y están llenos de vacíos y ambigüedades. Por ejemplo, hablé con algunos ex militantes del ERP y me dijeron que en efecto existió un lote de armas de la URSS, y que muy pocas entraron de Managua a El Salvador por un motivo sencillo: eran inservibles. Eso es consistente con la política de la URSS hacia el FMLN (que se negociara y se acabara la guerra de una buena vez): mandar un montón de armas es un gesto político, y que no sirvan también. Eso si las personas con las que hablé tienen razón. Si no, queda la teoría de la triangulación: eran para Nicaragua, llegan a través de Cuba, y los sandinistas las remiten al FMLN. Total, especular es gratis. Como editor de Enfoques (que no lo soy ni de cerca), no hubiera dejado pasar el reportaje, por el simple hecho de que estaba incompleto y sin contrapartes.


La otra es que Paolo decía que Valencia le parece un periodista talentoso --también lo comparto--, pero que aún le falta, y le da, basado en el reportaje, algunos consejos, entre ellos que no crea tan fácilmente en una revelación como la que le hicieron, que puede venir envenenada (no usó esa palabra, pero vale). Seguro que eso debió ser irritante para el reportero, y allí hubiera sido interesante su respuesta. No por el morbo de ver a dos personas peleando, sino porque de seguro se hubiese desatado un interesante debate acerca de periodismo que buena falta nos hace. Se publica casa cosa, y con tan poca consistencia en nuestros medios de comunicación...


Lo otro es que la "aclaración" de El faro me parece ofensiva para Paolo, innecesariamente: eso de asumir "la responsabilidad por no haber aplicado en el momento oportuno los filtros de calidad necesarios" suena a golpe bajo. La calidad de un reportaje se puede medir técnicamente; la de una opinión, salvo insultos, difamación o crímenes contra la gramática, no. Va en gustos, e igual se publica cada cosa... Paolo, hasta donde sé, no estaba haciendo un reportaje, sino dando su opinión acerca de uno, dentro de márgenes admisibles (insisto: ha escrito cosas más fuertes y no se ha dudado de su "calidad").¿Qué veo en el retiro del artículo y en una aclaración que resulta extrañísima en un medio que se ha caracterizado por su apertura politica, ideológica y de la que sea? (Por eso de vez en cuando me he atrevido a escribir allí.) Sensibilidades heridas, apresuramiento y un modo no muy periodístico de resolver un problema que no existía. Ahora quizá exista un problema, de la magnitud que uno quiera imaginarse, pero ya dije que de eso no voy a opinar.


Lástima. Diez años de trayectoria pueden sufrir más de lo que uno quisiera por un detalle de ese tipo. Ojalá no ocurra; leo El faro desde que se fundó (aún vivía en México) y siempre me pareció de lo más interesante que podía encontrarse, junto con Vértice y --ni más ni menos-- Enfoques.


...

Rafael Menjívar en su blog, 28 de mayo



Paolo Luers publica hoy su última "Columna transversal" en El faro y, curiosamente, su contenido es tanto o más fuerte que la que se retiró de la edición de la semana pasada. Los señalamientos, me parece, son más profundos y, en suma, sigo sin entender por qué quitaron la anterior. En algún momento dice Paolo algo que me parece bastante maduro y acertado:

No había necesidad ninguna que El Faro suspenda la columna, sólo porque tenemos un dilema, aunque sea en un punto de gran importancia de su definición como medio. Si El Faro llega a este extremo de suspender mi columna, tengo que aceptar que sus dueños y directores perdieron la confianza en mi criterio, en mi integridad, en mis intenciones en el uso de la crítica. Para ser columnista, no necesito que los editores estén de acuerdo con mis puntos de vista, ni siquiera con mis métodos. Pero sí necesito saber que me tienen confianza.

Hay otro par de columnas el El faro en las cuales se discute el acierto o no de retirar la columna y de Paolo al escribirla. Creo que esa apertura es un tanto tardía (o más bien: retirar la columna fue una falta de apertura un tanto tardía, a nueve años de fundada la revista), y espero de corazón que el hecho no afecte seriamente la credibilidad de El faro, ganada a pulso. En serio que un "incidente" así puede hacer mucho daño, sobre todo si no se ven claros los motivos, más allá de lo que Paolo o los editores pudieran decir, que no aclara mucho. A menos que la idea fuera deshacerse de Paolo --lo dudo--: si había un modo, era ése.Ahora bien, veo un ejercicio interesante e importante de honestidad en la columna de Ricardo Ribera, a quien no conozco, por cierto. Al terminar de elaborar su columna, se enteró del retiro de la nota de Paolo y, aunque su texto contiene un fuerte ataque a éste, hay un paréntesis al final en el que plantea puntos básicos de solidaridad, reconoce los puntos acertados o "no negativos" de su adversario y habla de la necesidad de que los lectores de El faro conozcan la columna que se retiró.Para ser sincero, no sé qué pensar ni qué hacer. Creo, por lo poco que puede verse, que hubo sensibilidades heridas --y más bien hipersensibilidades-- y apresuramiento de parte de los editores. He creído en El faro desde que comenzó a aparecer, y leo regularmente buena parte de su contenido. ¿Quiero seguir leyéndolo? Supongo que sí. Pero hoy que lo vi recién puesto en internet sentí una cierta molestia, incluso al encontrar que se incluía la última columna de Paolo y las críticas a la anterior. No es que esté de acuerdo con él siempre, y a veces no lo estoy durante semanas, pero es de las que no me pierdo --o perdía--, y lo primero que busco --o buscaba-- en El faro. Me molestó también que se trate "tan abiertamente" el tema en este número. Esperaría que un gesto de autoridad fuera seguido por otro, aunque fuera por coherencia; no se puede jugar --creo-- a las dos cosas al mismo tiempo. Cuando uno mete la pata, hay que meterla completa, o el juego no tiene chiste.


(...)

Pues sí, sensibilidades heridas. En la sección de cartas de El faro se publican las respuestas del reportero Ricardo Valencia y de su editor, Saúl Vaquerano, no acerca de la columna de Paolo Luers, sino en contra del propio Paolo. Me parecen viscerales y, perdonen la franqueza, más dignas de una hija de dominio ofendida que de periodistas que andan en lo que se supone que andan. Por ejemplo lo que dice Vaquerano:

No es primera vez que leo con tal atención a Lüers. Porque con frecuencia escribe con lucidez, con ecuanimidad, con amenidad, con agudeza y a salvo de garbos absurdos. Porque, antes que juzgar, argumenta. Porque, antes que inventar, averigua. Porque, antes que usar los dedos de las manos en su computador, los conecta a su cerebro. En fin, porque me da la impresión de que es un periodista que tiene algún respeto por el periodismo. ¿O lo tenía? ¿Qué cortocircuito desafortunado le hizo mezclar opinión con falso testimonio? ¿Acaso una falla de sinapsis le jugó una mala pasada? ¿Tal vez una disfunción sicomotora no coordinó sus pensamientos con lo que los dedos escribían? Quién sabe. Pero el producto habla de la fábrica de la que sale, y la columna de Lüers ensucia, injustificadamente, el nombre de algunas personas.


El periodismo es un oficio que requiere de dos cosas: pasión y sangre fría (además de técnica, ejem). En este asunto se han movido más por lo primero que por lo segundo y, si se lee las cartas, hay más necesidad de destruir que de aprender algo. Y hay muchas cosas que aprender. Siempre.


Sigo sin entender qué diablos pasó allí. Creo que sería interesante que se contara La Verdadera Historia, porque lo que veo no pasa de berrinches (y no incluyo en ello a Paolo, y no necesito defenderlo, que para eso tiene dientes).


...

Rafael Menjívar en su blog, el 29 de mayo

Carlos Dada, director de El faro, publicó hoy una nueva aclaración acerca del retiro de la columna de Paolo, que --si no cambia de opinión por criterios de calidad-- puede encontrarse aquí. En lo que me parece la parte medular, dice:


La columna de Paolo la recibí yo el domingo 20 de mayo por la noche, justo enmedio del cierre y puesta en página de la edición del lunes 21, y cometí el error de no revisarla con el cuidado que amerita cada material que publicamos. En ese momento fui incapaz de ver que, cuando la pasé para publicación, estaba avalando un error (el que Paolo cometió con su columna) y cometiendo otro (publicarla). Ambos parten del mismo lugar: Paolo, en su columna, hacía afirmaciones que calumniaban y difamaban a un periodista, Ricardo Valencia, autor de un reportaje publicado en La Prensa Gráfica sobre la transferencia de armas de la KGB al Partido Comunista en los años ochenta.

Pues sí. Y, en el fondo, el del "error" fue el columnista, por escribir lo que escribió; el editor apenas habrá cometido un descuido.


Quizá hubiera sido bueno que Valencia dijera, en una nota, simplemente: "Eso no fue así, sino de este modo." Y listo. No veo difamación, o no veo que por eso se vaya a sentar precedentes jurídicos, ni por la afirmación de Paolo ni por la respuesta de Valencia. A lo sumo, una interesante discusión acerca del periodismo y sus alcances, en la que los protagonistas son precisamente los protagonistas, no las... uh... autoridades. Ah: porque la aclaración de Dada ocurre sin que uno pueda leer, en El faro, la nota acusada y recusada. Bien cómodo.


Y si mi tía tuviera ruedas.


Lo que me parece es que El faro se enfrenta a un replanteamiento ético (la "institucionalzación" de la que habla Dada). Durante nueve años mantuvo una línea, de pronto se modifica durante un número y al siguiente... bueno, se arma el relajo, como era de esperarse. No me parece que lo del retiro sea una excepción a la regla (o una confirmación de una regla "de calidad"), sino un nuevo punto de partida: cómo van a funcionar las cosas y bajo qué reglas a partir de ese momento. Por ejemplo, quizá empiece un rechazadero de columnas --he leído varias malísimas-- y así se pierdan colaboradores, en aras de justificar lo que pasó sólo una vez; o que se publique de todo, para mostrar apertura, y decaiga la sección de opinión. O qué sé yo. A lo mejor encuentran un buen equilibrio y hasta ahora he estado diciendo tonterías, que también puede ser. (Aunque me esté autodifamando, no voy a borrar este post.)


No tengo nada contra El faro. Al contrario. No tengo nada espacial con Paolo, excepto que a veces platicamos y nos reímos y que en La ventana venden unas ricas salchichas con col agria. Estoy desconcertado. Creo que el editor se aceleró, hizo algo que quizá no debió y ahora trata de salir lo más limpio posible. Y de algo así uno no sale limpio, y menos si sigue buscando responsabilidadesen otros lados que no sean el espejo.


Espero que todo sea para bien. Lástima por la columna.



...

Paolo Y El Faro
de Jacinta Escudos, el 29 de mayo 2007, Blog jacintario


Estoy segura que no fui la única sorprendida el día de ayer cuando al leer el periódico digital El Faro supimos que Paolo Luers publicaba la última entrega de su Columna Transversal. En lo personal lamento muchísimo la futura ausencia de las opiniones de Paolo. Su columna se caracterizó siempre por sus críticas agudas y provocativas, por poner el dedo en muchas llagas. De hecho, la carrera periodística de Luers se caracteriza en su totalidad por ello. Su columna era sin duda una de las más leídas del Faro.Para los que vivimos fuera de El Salvador, El Faro es un medio electrónico importante, fuente de noticias enfocadas desde un punto de vista diferente, proporcionando un contexto que, para los que no estamos en el territorio nacional, ofrecen un complemento de apreciaciones que nos permite comprender algo mejor lo que ocurre en el país. Precisamente ese carácter diferente, de querer abarcar la noticia de manera completa, sin favorecer intereses económicos o políticos, es lo que ha hecho que El Faro haya ganado prestigio como medio alternativo y serio de información. Desde El Faro se promovieron también algunas instancias de diálogo como los encuentros entre diversos actores de la vida política, social y económica del país que implicaron un intercambio de ideas y un debate tan saludable y sobre todo necesario en El Salvador, un país donde sus habitantes están más dispuestos a arreglar las cosas con insultos, desprestigio público o balazos que con la discusión respetuosa.


Que un medio publique algo que después probó ser un error o algo con lo que sus editores no estén plenamente de acuerdo, ha pasado más de una vez en la historia de los medios de comunicación. Pero la “solución” a ello no es retirar la nota que causó la discordia. Si El Faro hubiera sido un periódico impreso ¿qué hubieran hecho?


No sé qué pasó entre bastidores para que los editores de El Faro hubieran retirado una columna, pero como lectora de años de este periódico, hubiera esperado otro tipo de reacción. Lo hecho me parece desproporcionado y sinceramente no puede comprenderse. Y eso me hace preguntarme qué cosas ocurren tras bastidores de las que no nos hemos ni dado cuenta.


Una nota del editor criticando a su columnista y reiterando que las opiniones de éstos son responsabilidad de quien escribe, nunca hace daño. Pero suponer que la columna de Paolo no pasó por “los filtros de calidad necesarios” como argumentó El Faro, habla mal del periódico mismo. A fin de cuentas, nadie se tragó ese cuento. Más edificante hubiera sido un debate abierto. Un debate que todos hubiéramos podido leer y seguir y en el que hubiéramos podido participar y opinar, incluso desde nuestros blogs. Y digo que hubiera sido edificante porque este tipo de situaciones ya las hemos vivido hasta el cansancio, desde los años de la censura y la represión militar. Y porque precisamente eso ha condicionado entre los salvadoreños una actitud de huir del intercambio de ideas, escuchar las opiniones del otro, argumentar las propias y llegar a un punto de respeto con quien tiene una visión diferente de las cosas. Me decepciona que estas cosas ocurran todavía en El Salvador. Y decepciona más viniendo de un medio que uno consideraba “diferente”, de un medio que insistió en promover el diálogo y el debate entre los diferentes actores del panorama nacional sentándolos en una misma mesa. En casa de herrero, cuchillo de palo.

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Neto Rivas en su blog:
Si un medio cancela la participación semanal de uno de sus columnistas, ¿se ha violado la libertad de expresión? Yo creo que no. Un medio tiene absoluta libertad de escoger quien va a colaborar en sus páginas editoriales como columnista. Y si se llega al momento en el que medio no está de acuerdo o conforme con lo que su columnista escribe, puede, con toda libertad, cancelarlo.Lo que el medio no puede hacer es editar el contenido de una columna, hasta cambiar su contexto y desfigurarla.En la edición actual de El Faro, el columnista Pablo Lüers se despide de sus lectores, porque el Director del semanario decidió retirar de la edición pasada su columna Del PC y su madre KGB, que ya había sido publicada. Dice El Faro (la dirección) ha “decidido retirar de esta edición la columna de Paolo Luers titulada “Del PC y su madre KGB”, que originalmente apareció publicada el lunes 21 de mayo en este espacio. La dirección del periódico tiene reservas sobre la veracidad de algunas de las aseveraciones vertidas en la columna de Luers, referidas a las fuentes y la manera en que se llevó a cabo un reportaje del periodista Ricardo Valencia publicado recientemente en la revista Enfoques de La Prensa Gráfica”.La disposición de su Director provocó que Lüers decidiera retirarse del periódico. Las decisiones de ambos, de El Faro de retirar la columna y de Lüers de retirarse, son correctas desde el punto de vista de cada uno. Y, de ninguna manera, violan la libertad de expresión.

Reportaje y sospecha (de Álvaro Rivera Larios)

Sí, posiblemente Paolo Luers se excedió en el planteamiento de sus ideas, pero su observación de fondo era razonable: el reportaje de Ricardo Valencia es parcial. Aunque sea un trabajo meritorio, no puede ofrecerse a los lectores como un sustituto de la investigación histórica. Su verdad, que la tiene, hay que examinarla cuidadosamente.

Las tesis de Paolo pueden sostenerse sin que haga falta recurrir ni a la intención del periodista ni a la de sus fuentes informativas. En estos casos, demostrar la intencionalidad (buena o mala) resulta difícil. Sí se puede aventurar las posibles consecuencias e interpretaciones que tendrá el reportaje. Nadie tiene por qué rasgarse la ropa si un articulista señala que el reportaje de Valencia le viene bien al discurso nacionalista de Arena y al deseo que tiene el PCS de confeccionarse una historia a su medida.

Al igual que la mercancía, los hechos nunca van solos al mercado de la noticia. Siempre los acompaña un marco interpretativo y unos criterios implícitos de oportunidad y valoración que es necesario “leer” de forma crítica. Ante un reportaje es lícito hacerse la pregunta sobre la naturaleza y los límites de su verdad. Preguntar si la interpretación que da de los hechos beneficia directa o indirectamente a un sector social determinado, no es simple ociosidad baldía. Las verdades en el mundo de la noticia, no por serlo dejan de obedecer (a veces) a un criterio de oportunidad, a un por qué, un para qué y un para quién. Nadie discute que pueda existir la información pura, pero sabemos que en la vida real algunas noticias, por variados condicionamientos, son de incierta pureza.

Como bien dice el filósofo británico Julian Baggini: Ahora somos más escépticos, tanto respecto de nuestros gobiernos como de nuestros medios de comunicación. Ya no confiamos en que alguno de ellos nos presente la verdad. Masticamos una y otra vez lo que nos dicen antes que tragarlo todo de una vez. En resumen, el público es mucho menos ingenuo de lo que solía ser. (Julian Baggini, Más allá de la noticia, Ediciones Cátedra). Habría que precisar hasta dónde es lícito ser ingenuo y hasta dónde procede llevar la sospecha. Ser crédulo no es bueno en un mundo donde las palabras pueden torcer o magnificar los datos, al mismo tiempo que tratan de influir en nuestras valoraciones. Manejar la sospecha sin criterio también es arriesgado porque incluso ahí donde los hechos se deforman pueden haber rastros valiosos de lo cierto.

No podemos sostener la teoría maniquea de que todos los periodistas están teledirigidos. Pero tampoco es malo recordar que a veces “una persona no sabe para quien trabaja” y tampoco es malo recordar que los periódicos tienen una línea editorial y una agenda informativa que no siempre se hayan a salvo de orientaciones ideológicas.

La sospecha, como forma de lectura, es el mecanismo de defensa que tiene el público para impedir que le vendan gato por liebre. El periodismo, como cualquier otro discurso con pretensiones de veracidad, debe someterse a la mirada crítica del lector y más cuando sabemos que no todos los reportajes son inocentes.

La guerra de Iraq ha suscitado un debate filosófico sobre las problemáticas relaciones entre periodismo y verdad o entre periodismo y propaganda.

Hay un claro posicionamiento ideológico en el trato informativo y editorial que cierta prensa le da al principal grupo de la oposición en nuestro país. Y dicha prensa es libre de asumirlo. El problema surge cuando los enfoques parciales e interesados se venden como una noticia neutra.
Demostrar ese enfoque interesado no es fácil porque el periodismo moderno oculta las huellas evidentes de su posicionamiento ideológico. Hay que buscarlo en las mayúsculas, en la elección de los adjetivos, en la preferencia por ciertas palabras y no otras (no es lo mismo escribir muchedumbre que poner turba, por ejemplo). El ideario hay que buscarlo en la forma que tiene el periódico de interpretar/ narrar las principales noticias, en los rostros a los que otorga con más frecuencia primeros planos y en la valoración positiva o negativa que les atribuye con más insistencia. También en aquellas historias que minimiza o calla, puede descubrirse la tendencia de un medio. Su línea hay que rastrearla, de igual forma, en la docilidad con que acepta la versión de las fuentes gubernamentales o en la importancia que les asigna en la estructuración formal de la noticia. Y ahí están las fotos que se “seleccionan” y los pies de foto y los grandes titulares.

Dicha agenda, aunque sea difusa, tiene unos lineamientos básicos que no dependen siempre de la buena o la mala intención de los periodistas. Las estrategias comunicativas del medio y su filosofía de la información no las determinan las orientaciones de sentido particulares.

El partido gubernamental, como cualquier otro, tiene una política de trato con los medios informativos. El poder sabe cómo influyen radio, televisión y prensa en los avatares y el perfil de la opinión pública.

No es extraño, pues, que una de las batallas de la pugna por el poder se libre en el seno de la opinión pública. Lenin sabía que veinte comunistas locos no eran nada si carecían de un periódico de proyección estatal.

Vistas las cosas así ¿Por qué no íbamos a examinar del derecho y el revés un reportaje como el de Ricardo Valencia? ¿Por qué no íbamos a interpretarlo a la luz del contexto? ¿Por qué no íbamos a señalar sus carencias? Está bien escrito, desde luego, pero eso en el periodismo es sólo la mitad de la vida. Está bien escrito, desde luego, y es muy profesional, pero eso, a la luz de las verdades complejas, también es sólo la mitad de la vida.

Decir que es un fragmento, y un fragmento que le puede venir bien al PCS y al partido gubernamental, no es hablar de intenciones, sino de consecuencias ideológicas. Y que no se resienta Ricardo por la sospecha, que no va dirigida contra él, ni dirigida contra nadie. La sospecha es el mecanismo de defensa que tienen los ciudadanos en una democracia, el mecanismo que los vacuna contra toda posible manipulación del lenguaje y que los lleva a leer entre líneas para separar el trigo real de la paja aparente. Y todo esto, obviamente, no es un asunto personal ni de buenas o de malas intenciones.

PD/ Un fuerte abrazo a Paolo Luers.
(Publicado en El Faro)

martes, 29 de mayo de 2007

Un debate intenso (de Carlos Dada)

El retiro de la columna de Paolo Luers titulada “El PC y su madre KGB” ha generado un intenso e interesante debate, y deja ver, en primer lugar, que la nota aclaratoria que El Faro colocó a manera de explicación fue insuficiente. Dadas las interrogantes planteadas por algunos de nuestros lectores he decidido escribir estas palabras para intentar aclarar algunas de esas dudas o, al menos, aportar nuevos elementos al debate.

Hemos recibido una gran cantidad de cartas, preguntas, consejos, felicitaciones, llamadas de atención y reclamos por haber bajado la columna. (Un lector incluso aventuró que se trataba de un truco mercadológico de El Faro para “posicionarse como un medio donde está el mero jugo de los debates de interés”). Tomamos estas expresiones como muestras de cariño, interés y preocupación honesta de nuestros lectores por el trabajo que hacemos todos los que formamos parte de El Faro.

Nueve años se dicen fácilmente, pero ha sido un largo camino en el que hemos tropezado muchas veces e intentado aprender de nuestros errores. Aún falta mucho camino por recorrer, y de esta experiencia, como de las anteriores, esperamos poder también sacar las lecciones apropiadas.

La columna de Paolo la recibí yo el domingo 20 de mayo por la noche, justo enmedio del cierre y puesta en página de la edición del lunes 21, y cometí el error de no revisarla con el cuidado que amerita cada material que publicamos. En ese momento fui incapaz de ver que, cuando la pasé para publicación, estaba avalando un error (el que Paolo cometió con su columna) y cometiendo otro (publicarla). Ambos parten del mismo lugar: Paolo, en su columna, hacía afirmaciones que calumniaban y difamaban a un periodista, Ricardo Valencia, autor de un reportaje publicado en La Prensa Gráfica sobre la transferencia de armas de la KGB al Partido Comunista en los años ochenta.

No me toca a mí, ni a El Faro, defender el reportaje de Ricardo Valencia. Eso le corresponde a él y a sus editores. Y nada del contenido de ese reportaje tuvo incidencia alguna en la decisión de retirar posteriormente la columna de Paolo Luers. Esto lo digo ante algunos reclamos de que El Faro, al retirar la columna, ha querido impedir el debate sobre un capítulo del conflicto armado que sin duda alguna es más importante para algunos de nuestros lectores de lo que nos imaginábamos. Pero esto no es así. El Faro ha sido desde sus inicios un lugar de debate sobre nuestra historia y no pretende dejar de serlo, basta un rápido paseo por nuestros archivos para confirmarlo.

Pero Paolo, tal como él mismo admite, creyó a partir de su propia experiencia que Ricardo Valencia obtuvo toda su información, y consiguió viajar a La Habana, gracias a los buenos oficios del Partido Comunista. No deja espacios siquiera para la sospecha, asume, y asegura, que el periodista básicamente publicó lo que el PC le dijo que publicara. Pero el autor de la columna tampoco tenía otros elementos, más que sus propias elucubraciones, para creer esto. Y se equivocó, porque las cosas no fueron así. Al dar por hecho en su columna que el PC no solo fue fuente, sino creadora del reportaje, estaba calumniando y difamando a un periodista que, como el mismo Valencia expresó en una carta que publicamos en esta edición, vive justamente de que sus lectores le crean lo que publica. Cuando en la dirección del periódico dimensionamos lo grave de las afirmaciones decidimos retirar la columna y poner en su lugar una nota aclaratoria. Básicamente lo hicimos pensando en que, si ya habíamos cometido el error de permitir que se calumniara a alguien en las páginas de El Faro durante dos días, no podíamos permitir que se continuara haciendo. Esas son las ventajas del soporte electrónico, que no está sujeto a las limitaciones físicas ni a los tiempos de los medios impresos. Puedo estar equivocado, pero creo que hicimos lo correcto, lo que nos dictaba nuestro sentido del deber.

La opinión, creen algunos, entre ellos Paolo Luers, es un género puramente subjetivo y no está sujeto a otras reglas más que a la expresión de su autor. No estamos de acuerdo con eso. La libertad de expresión también requiere de responsabilidad. Nuestro compromiso de otorgar a la ciudadanía mejores herramientas a través de nuestras publicaciones, de proveerle de información y puntos de vista diversos, descansa sobre una premisa básica: la búsqueda de la verdad. Y la opinión es también un género periodístico. Cuando El Faro entrega uno de estos espacios a una persona lo hace porque confía en que aportará importantes elementos de reflexión a partir de los hechos que van marcando nuestra vida en sociedad. Confía en que sus opiniones parten de información valorada de manera responsable y, como saben todos nuestros columnistas, que el espacio no es ni para autopromocionarse o abusar del espacio para promocionar causas personales, ni para lanzar acusaciones infundadas. Estas son las normas para los columnistas, y se cumplen, casi siempre, por todos. Cuando alguno de ellos falla, objetamos la publicación y le hacemos saber las razones. Eso es parte de nuestro trabajo y ya hemos dejado varias columnas fuera.

Paolo dice en su última columna que cuando retiramos su texto anterior confirmó que los directores de El Faro le hemos perdido la confianza. Esto tampoco es cierto. La confianza no se pierde por cometer un error con una columna, que es lo único que yo veo aquí. Paolo es provocador por naturaleza, y él sabe bien que nos ha causado más de un dolor de cabeza. Pero su opinión siempre nos ha parecido importante, aún las veces en que no hemos estado de acuerdo con ella.

A Paolo Luers no sólo le hemos confiado una columna de opinión. Le confiamos un proyecto de dos años, que terminó recién el mes pasado, y que consideramos desde el principio fundamental para las aspiraciones de El Faro y sus aportes al país: Encuentros, la cena política de El Faro. Un espacio que tuvo por objeto fomentar la cultura del debate y que él coordinó desde el principio. Cuando a alguien le encomendamos un proyecto de tal envergadura es porque le tenemos una confianza que no se pierde por una columna mal puesta. A pesar de nuestros desacuerdos, y de varias discusiones –que sólo hacen más interesante este trabajo-, él y todos nuestros periodistas y colaboradores saben que irremediablemente viajamos todos en el mismo barco, porque buscamos lo mismo: un verdadero medio de comunicación independiente, inteligente y honesto. En este viaje, todos cometemos errores. A veces los columnistas, a veces los periodistas, a veces los editores y a veces los directores.

Hemos iniciado una reflexión sobre lo ocurrido en estas dos semanas, tomando en cuenta las opiniones de todos los que se han tomado la molestia de escribirnos. Esperamos que eso nos ayude a institucionalizar los procedimientos y avanzar en la consolidación de nuestra organización. Y esperamos que ustedes nos sigan aportando con sus ideas, reclamos y sugerencias. A través del debate y la reflexión, en El Faro buscamos constantemente institucionalizar el carácter de nuestro periódico como un medio plural, comprometido con la honestidad y con el ejercicio serio y responsable del periodismo como bien público, que sirve así a la democracia. Lo que está en construcción es un proyecto que se nutre de la diversidad, pero que es fiel a un núcleo de valores que le dan su identidad.

Pero para los tiempos que se avecinan, si algo El Faro no se puede permitir es quedarse atrapado en esta discusión. Vivimos ya, como parte de la campaña electoral adelantada, un ambiente de intolerancia y condenas absolutas a las que es tan proclive nuestro país, y a menudo también nuestro periodismo nacional. El Faro no va con eso, y nuestro compromiso y obligación es abordar la situación con la independencia y honestidad que nos han caracterizado.

(Publicado en El Faro)

lunes, 28 de mayo de 2007

Anticomunismo de izquierdas (de Ricardo Ribera)

Se nos dijo que el comunismo había desaparecido tras la caída del muro de Berlín y el posterior desplome de la Unión Soviética. Sin embargo le ha sobrevivido el otro fantasma: el anticomunismo. Es algo en lo que El Salvador no está solo. En pleno siglo XXI las derechas en otras partes también sacan a pasear su fantasmita cada vez que consideran que asustar al electorado puede rendirles votos. No es, por tanto, nada original de la derecha salvadoreña. Lo que sí empieza a ser un producto típico y exclusivo de nuestro paisito es que sigan con el mismo cuento gentes que uno creía de centro o incluso de izquierda. Es algo que ya no es fácil ver en el mundo.


De ahí que leer la columna de Paolo en El Faro la semana pasada no me haya sorprendido como debería. Dice cosas con las que puedo estar de acuerdo, pero su crítica a Ricardo Valencia es a todas luces desmedida e injusta. Lo peor, todo su escrito rebalsa de un anticomunismo visceral y poco razonable. Insiste en esa tesis de que hay coincidencias en lo que le interesa al FMLN y a ARENA que ya suena vieja y poco convincente. Presupone una identidad entre FMLN y Partido Comunista que es difícilmente sostenible. Y repite el mismo estribillo de las dos extremas que venimos oyendo desde los tiempos de Duarte. En fin, pareciera que tocar el tema “comunismo” le hace perder la brújula y el buen tino.


De ahí el bochornoso espectáculo de pretender impartir lecciones de periodismo al tiempo que su texto adolece de graves carencias. No se puede escribir “yo no pongo en duda los hechos reportados por La Prensa Gráfica” y a continuación, alegremente, especular con una serie de suposiciones y deducciones para rebatir hechos. No se puede afirmar “la mentira… está en el contexto” y después sacar totalmente fuera de contexto la temática. Si su preocupación es qué aporte hizo y qué papel tuvo cada organización integrante del FMLN durante el conflicto armado, cabría pedir un enfoque serio del mismo. A mí en lo personal el tema no me interesa, pero a quien le interese que lo aborde con seriedad. Un recuento y análisis pormenorizado de la guerra civil, que tanta falta hace, sin duda reflejará, aunque sea de manera indirecta esta cuestión. Mientras no se haga, el abordaje prejuiciado y subjetivista más invita a sudar calenturas ajenas. A revivir el sectarismo que creíamos superado.


Por lo menos, la columna en cuestión ofrece sin quererlo cierta claridad sobre lo difícil que habrá sido mantener la mínima unidad al interior del Frente. Deja clara la imposibilidad de mantenerla una vez concluido el conflicto armado. Y también da luces para que podamos entender por qué muchos de los que militaban en organizaciones revolucionarias que eran simultánea y rabiosamente anticomunistas hayan terminado donde han terminado. Querer ser radical o muy militarista no es garantía de nada, en especial cuando el escenario cambia, las formas de lucha también, y éstas exigen usar más el cerebro que los genitales, que están para otra cosa. De ahí el extraño coro de cierta izquierda - o centro, o ex-izquierda, que ya ni se sabe en qué están ni adónde- con la derecha más atrasada, fanática y recalcitrante. Ésa que todavía repite “Patria sí, comunismo no” y que en otro momento inventó el eslogan: “haga patria, mate a un cura”. Un coro desfasado y sorprendente, donde sí hay coincidencia de extremas, la extrema derecha coincidiendo con la extrema centro. Un coro tanto más alucinante y surrealista pues el fantasma al que señalan se autodisolvió hace ya varios años, integrado orgánicamente dentro del partido FMLN. Es un hecho. Comprobable. Aunque no importa pues, como hemos visto, los hechos pueden ser “refutados” con un poco de imaginación, capacidad de deducción y talento para la sospecha. Si no, relean en El Faro “Del PC y su madre KGB”. No tiene desperdicio.


(Postdata: Recién acababa de redactar esta columna, el jueves, cuando alguien me advirtió que El Faro había retirado la de Paolo. Incrédulo, corrí a comprobarlo. Era cierto. Mi primera reacción fue ya no enviar la mía, pues seguramente ya no tenía sentido. Pero después pensé que muchos de los lectores leen el periódico virtual en los primeros días de la semana, cuando la columna de Paolo aún no había desaparecido. Ellos tenían derecho a conocer mi réplica. Considerándolo más despacio, también el resto de lectores tienen el derecho de leer la de Paolo, así como mi respuesta. Es más, el propio Paolo está en todo su derecho a expresar su opinión, pues se trata de esto: de un espacio para la opinión. No me parece que él insulte a nadie, ni siquiera al reportero. Y no es cierto que falte a la “veracidad” o que diga mentiras. Supone cosas, deduce cosas, hace aseveraciones, tal vez de manera ligera y poco responsable. Pero es su opinión. Debe ser respetada. Quien no esté de acuerdo, que haga lo que yo, escribir otra columna para rebatir y para debatir. Por eso lamento la decisión de los editores de El Faro, que creo no tenía antecedentes. El error no está en “no haber aplicado en el momento oportuno los filtros de calidad necesarios”, el error está en censurar una columna de opinión. Justo cuando este medio acaba de cumplir su noveno aniversario, en cumplimiento con “el compromiso de entregar un periodismo honesto, atractivo y de calidad”. Faltaba añadir: ¡y sin censura! El error tiene enmienda. Sugiero un link para que esta semana se pueda acceder a la columna “Del PC y su madre KGB”, de Paolo Luers, permitiendo así el debate. En todo caso y como dice el dicho: “a quien le pique, que se rasque”.)

(Publicado en El Faro)